Julia Berrojalbiz, impulsora del movimiento de Ikastolas

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Julia Berrojalbiz nunca se rindió ante las adversidades. En una época, el franquismo, donde todo lo que no fuera español estaba prohibido, la profesora trató de difundir entre los niños bilbaínos el euskera que había aprendido en su caserío de Gernika. “Se encontró con una situación que no era de su agrado, quería que sus hijos creciéramos en ambiente euskaldun y eso la llevó a crear esas primeras ikastolas”, explica su hija Isabel Andia. No fueron pocas las dificultades que Julia y el grupo de padres y profesores que trabajaron por una educación en euskera se encontraron en el camino, “pocos medios, clandestinidad y lo más duro, la amenaza de ser detenidos”.

Profesora, impulsora del movimiento de ikastolas en Bizkaia y una de las fundadoras de la Ikastola Lauro en Loiu. Nació en Ajangiz (Vizcaya) el 19 de febrero de 1923 y murió en Bilbao en 1998.

Creció en un ambiente euskaldun; con 5 años comenzó en la Escuela Pública y no sabía ninguna palabra en castellano. Con 10 años se trasladó a Bilbao para estudiar en un colegio de monjas, y después se fue a Vitoria para realizar el bachillerato superior, en las teresianas. Aunque quería estudiar medicina dejó de lado esa idea al no recibir apoyo de su entorno; entonces comenzó la carrera de química en Valladolid, pero también lo abandonó. Al final, al igual que muchas mujeres de aquella época, realizó los estudios de magisterio, terminándolos a los 26 años.

Al casarse se mudó a Bilbao en 1951. Se dio cuenta que, aunque sabía leer en euskara, no sabía la gramática, y entonces acudió a Xabier Peña, persona que trabajaba la alfabetización en euskara en la capital vizcaína; estuvo con él durante los cursos de 1952-1953.

La primera ikastola de Bizkaia se abrió en la catequesis de la iglesia San Nicolás de Bilbao, el 9 de octubre de 1957, por iniciativa, entre otros, de Xabier Peña. La primera andereño fue María Ángeles Garai y se hizo cargo de 14 alumnos. Pero con el tiempo el alumnado fue creciendo y se necesitaron más docentes, y entre otros, empezó Julita. Duraron un año en aquel lugar, puesto que a causa de una demanda fueron expulsados; entonces se movieron a un local de los franciscanos de Iralabarri; al final comenzaron las clases el 9 de enero de 1959, con niños de entre 3 y 8 años.

Pero también les echaron de allí. No sabían a dónde ir ni qué hacer y a Julita se le ocurrió que tenían que empezar a ir de casa en casa. En el trabajo Bidegileak se recogen sus palabras:

"Yo tenía la carrera de magisterio y a mí me gusta la enseñanza, y además no quería mandar a mis hijas a un sitio que enseñaban castellano y un día dijimos lo siguiente, a saber, si terminamos en la cárcel, pero tenemos que empezar de casa en casa. Y de ese modo aguantamos años."

En 1960 funcionaban en Bilbao cinco ikastolas-cocina; en casa de Julita estudiaban 12 alumnos, entre ellos sus dos hijas pequeñas. También se ocupaba de buscar otras andereños, y además acogía en su casa, como también lo hacía María Ángeles Garai, las clases de preparación de euskara que impartían Gotzon Garitaonaindia y Xabier Peña.

Pero en 1965 entró en vigor la Nueva Ley de la Enseñanza, y desde entonces, para poder realizar el bachillerato se tenía que haber estudiado en un centro oficial; de ese modo, se propusieron como meta legalizar la ikastola. Al final se abrió la ikastola Resurrección María de Azkue el 8 de junio de 1966 en la calle Elcano 6; en 1968 se vio la necesidad de un lugar mayor y se trasladaron a Gran Vía 33. Las cifras de alumnos ascendían y en el curso 1971-1972 la ikastola ya contaba con 530. Julita era directora pedagoga y se centraba en el aprendizaje y aplicación de nuevos métodos pedagógicos.

Julita acudió a Euskaltzaindia en busca de apoyo al inicio del proceso de la legalización de las ikastolas. Gregorio Arrién recoge las palabras de Berrojalbiz en el trabajo Las ikastolas de Bizkaia, 1957-1972: sus orígenes y organización:

"La reforma de la enseñanza primaria, producida y dada a conocer al público hacia finales de 1965, vino a introducir elementos nuevos en la educación. Hasta ese momento, la enseñanza se puede decir, que era una selva enmarañada e incontrolada. Seguramente, con la idea de efectuar un mayor control sobre los centros docentes, el Estado empezó a exigir el libro de escolaridad y el certificado de estudios primarios, conocido aquél también como la cartilla de escolaridad.

(...) Después de reflexionar largamente sobre todo esto y consultar también a varias personas, entre ellas a Xabier Peña, decidí acudir a la Academia Vasca, pues era la única institución que se dedicaba al euskera.

Fue esencial para nuestro futuro la ayuda y protección que nos brindó Euskaltzaindia: Alfonso Irigoyen, que hacía entonces las veces de secretario de la Academia, muy pronto se dio cuenta de la importancia del tema y no dudó en apoyar con todas sus fuerzas el proyecto de la legalización; desde entonces ambos trabajamos conjuntamente..."

Al conseguir la oficialidad, el número de alumnos creció y pensaron que tenían que buscar una solución poder hacer frente a la demanda. Unos pensaban que la ikastola tenía que estar vinculada a la religión y crearon la Ikastola Begoñazpi; otros, como Julita, estaban a favor de una ikastola laica, y después de hacer una cooperativa nació en Loiu la Ikastola Lauro, en 1972. Julita no impartía clases, pero gracias a su presencia hacía que se cumpliese la disciplina académica. Dejó el cargo de directora pedagógica de Lauro el curso 1975-1976.

Pero su cometido no acabó allí, ya que ayudó a muchas ikastolas que se estaban poniendo en marcha en Bizkaia; asesoró y buscó andereños para las ikastolas San Nikolas de Algorta, Astileku de Portugalete, Elizalde de Bermeo o Andra Mari de Zornotza, entre otros.

Euskaltzaindia le nombró miembro correspondiente en 1967 y miembro honorario en 1998.