Astrea Barrios

Comunistas vascas
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ASTREA BARRIOS.

Astrea fue una joven activista socialista y de la Agrupación de Mujeres Antifascistas de Bilbao, que se vio implicada en un extraño accidente que cambió el curso de la guerra en el frente norte. Un accidente del que ni siquiera ella misma da cuenta en su biografía, y que la convirtió en protagonista a su pesar de uno de los episodios más oscuros de la guerra civil en el frente Norte.

Según informa ella misma, Astrea Barrios García nació en La Arboleda, Vizcaya, el 27-11-1914, en el seno de una familia de honda tradición socialista, aunque los datos apuntan a que quizás fuera una de aquellas hijas de familias mineras leonesas o asturianas, que fueron desplazadas a otras poblaciones y acogidas por destacadas familias socialistas, a consecuencia de la huelga que afectó a toda la cuenca minera en el verano de 1922, y que se extendió al sector metalúrgico, y a Vizcaya[1].

Siguiendo su propio relato biográfico, a los quince años comenzó a trabajar como aprendiza de sastrería en Baracaldo, oficio que desarrollará posteriormente en Bilbao, afiliada ya a las Juventudes Socialistas [JS], cuando menos desde mediados de 1934, momento en que se localizan las primeras noticias sobre ella, detenida a raíz de unas manifestaciones antigubernamentales en un mitin, en el marco de una serie de enfrentamientos entre jóvenes socialistas y tradicionalistas en Basauri..[2]

La militancia antifascista y feminista de Astrea Barrios no deja lugar a dudas, puesto que se confirma con su nombramiento como secretaria femenina de las JS y su papel en la fundación del Círculo Femenino de Bilbao en abril de aquel mismo 1934, actuando como presidenta en los momentos previos al estallido social de julio del 36; para luego, pasar al núcleo más reivindicativo de la Agrupación de Mujeres Antifascistas [AMA] de Vizcaya durante los primeros meses de guerra, criticando, desde dentro, el papel secundario atribuido a la mujer por esta organización.

“..(el) feminismo auténtico que proponía la AMA era el que estimulaba a una chica a coser ropa para los milicianos, elevar la moral de los heridos o sustituir en el trabajo a sus camaradas varones para que pudieran ir al frente..”.[3]

Relevante fue también su recorrido vital, que sigue con un viaje a la Rusia soviética en 1935, donde afina su formación política y sindical, que se completa con una serie de cargos organizativos y militares que, con toda seguridad, ejerció durante los primeros meses de guerra, derivados de su pertenencia a la ejecutiva provincial de las Juventudes Socialistas Unificadas [JSU] de Vizcaya.

Aunque no exista confirmación, fue de las que empuñaron un arma en el verano de 1936, en defensa de las libertades y la justicia social; siendo fácil atribuirle el papel de miliciana y/o comisaria del batallón Amuátegui, donde se integraron todxs los militantes de las JSU de Vizcaya.

Este batallón, en origen, esta relacionado con los grupos de milicianos voluntarios de Bilbao, que ya el 21 de julio acudían a San Sebastián para sofocar la insurrección militar.

Integrantes de la columna de auxilio que llegó desde Eibar, tomaron parte en los inmediatos enfrentamientos por la recuperación del cuartel de Loyola, en los que se dice que, los del grupo de milicianos que luego formarían el Amuátegui, tuvieron su primera baja y fueron varios condecorados por esta acción.

En especial, se habla de una asturiana, ejemplo de la fuerte presencia femenina en este grupo de milicianos del Amuátegui.[4]

Nombrado casi siempre como 3º de la columna Meabe y con base logística en Eibar, nunca llegó a ser una unidad militar al uso.

Comenzó como una especie de encuadramiento de diferentes milicias en la estructura organizativa de las JSU vizcaínas, y actuó de forma preferente en el frente guipuzcoano, el cual, mantuvieron estabilizado y gestionado con cierta autonomía durante 7 meses, hasta la ruptura de esta línea del frente en abril de 1937.[5]

Organizados con mayor solidez tras la caída de la efímera comuna de San Sebastián [18 de julio – 9 de Septiembre de 1936], y estabilizado temporalmente el frente vasco, parece que parte de la Columna Meabe, marchó hacia Asturias, destacando en el asedio a Oviedo y consolidando la conexión asturiana del Amuátegui.[6]

Otros hechos bélicos relevantes del Amuátegui, y con ellos Astrea Barrios, fue su incorporación a la llamada ofensiva sobre Álava que se quedó al final a la altura de Villarreal, suponiendo su primera integración en la estrategia de guerra bajo el mando del Frente Popular.

Esta batalla se desarrolla a lo largo del mes de diciembre de 1936, y los del Amuátegui entraron en combate en la zona del pinar del monte Albertia al que corresponde la foto, siendo una de las pocas cotas conquistadas y mantenidas unos meses como puntal del frente.

Pese al valor y las vidas humanas derrochadas, fue un episodio militar culminado con un rotundo fracaso y esta considerado como un antes y después en el curso de la guerra en el frente Norte, no solo porque puso a la defensiva a las fuerzas republicanas a a partir de entonces, sino porque aquella batalla determinaría el curso vital de Astrea.[7]

Para entender la evolución de Astrea hacia posiciones críticas con militarización de la revolución, y su afirmación como mujer libre y antifascista, hay que resaltar que el Amuátegui fue una de las milicias obreras que primero definió un nuevo organigrama revolucionario para las unidades militares, cambiando principios de organización interna, como la elección por sufragio de los mandos, sustitución de insignias o la igualación salarial,.[8]

Estamos ante el ejemplo de como las milicias juveniles, marxistas y confederales en especial, estaban llevando la iniciativa en la organización revolucionaria en el frente, y marcaban el camino al resto de organizaciones antifascistas.[9]

Además, consta que los del Amuátegui y la misma Astrea, desmarcándose de lo que fue pauta común entre las organizaciones marxistas del resto del estado, se resistieron cuanto menos de palabra, a la prohibición que las mujeres usaran armamento, o a la propia militarización, es decir, abandonar la vida de miliciano para pasar a un ejército convencional, con su verticalidad económica y sexual; opciones que se imponían por imperativo bélico a principios de 1937.

“..la mujer reclama hoy con más insistencia que nunca, porque los momentos son también más críticos que nunca, su puesto en la lucha contra la barbarie. No sirva la disculpa de la no preparación femenina para ciertos menesteres; la mujer como el hombre que es antifascista, no ve, no puede ver obstáculos de profesión cuando estos obstáculos sirven para abrir el paso a su enemigo común: el fascismo. ¿Es que el 19 de julio nuestros compañeros conocían el manejo de las armas? No; y, sin embargo, fueron al frente; el tiempo ha puesto en ellos la práctica… de la misma forma lo hará la mujer…”.[10]

En este sentido, recordemos que los del Amuátegui editaron desde Eibar el quincenal Voz Miliciana, [noviembre, 1936 – febrero, 1937] publicación de educación guerrera y anti-fascista, que fue uno de los mejores ejemplos de prensa de combate; rotativos de vanguardia editados a veces desde los mismos frentes que no se arrugaban al abordar el tema espinoso de la conversión de las milicias en ejercito regular, en su caso abogando por la unión de las Milicias Marxistas.[11]

 

Pero más que capacidades operativas y militares, esta incidencia en la descripción del contexto bélico, ubicando a Astrea Barrios en él, resulta necesario para entender el alcance de la asamblea que se organiza el 17 de febrero de 1937 en el 2º piso del nº 3 de la calle Arenal de Bilbao -en la imagen-, sede de la ejecutiva de las JSU de Vizcaya, reunión de alto nivel mantenida entre mandos de la milicianos, comisarios políticos, y periodistas vinculados a organizaciones juveniles socialistas y comunistas; y entre ellos, Astrea, delegada de la sección femenina de las JSU con representación delegada de la AMA nacional, y con toda probabilidad comisaria del batallón Amuátegui.

Poco se sabe de los contenidos a tratar, pero conocidas las circunstancias de una revolución cada vez más parecida a una guerra convencional, sondeada la trayectoria del Amuátegui y esbozado el perfil de Astrea, es muy probable que el tema central fueran las condiciones de la reorganización de milicias en torno al mando único, impuesto por imperativo gubernativo y que significaba, entre otras cosas, la retirada definitiva de las mujeres del frente con argumentos patrióticos.

…potente Juventud antifascista de sentido amplio que lucha contra la invasión extranjera. Por sostener este criterio se nos ha considerado como reformistas, que abandonando sus caracteres de luchadores caen en completa contemporización. Nada más incierto. Para que la patria de los demás sea libre hemos de preocuparnos de conseguir la libertad de la nuestra..”.[12]

Lo que sí se sabe, es que dicha reunión terminó de forma abrupta con la explosión de un obús guardado en aquella sede de Bilbao a modo de trofeo traído de la batalla de Villarreal, volando por los aires buena parte de la ejecutiva del comité provincial de las JSU de Vizcaya, con el resultado de tres muertos, y entre cinco y siete heridos.

Dadas las extrañas circunstancias del hecho y la significación de las víctimas, el suceso llegó a alcanzar repercusión mediática de alcance nacional, y quedó como uno de los episodios de consternación colectiva más sentido por aquel entonces y extrañamente menos recordado hoy día, del Bilbao de la guerra.[13]

Volviendo a la relación de víctimas confirmadas del 17 de febrero en Bilbao, podemos concluir entre los fallecidos a Agustín Zapiráin Aguinaga, uno de los fundadores del Partido Comunista en tierra vasca, y que desde el principio de la guerra pertenecía a la Junta de Defensa de Bizkaia, secretario de organización de JSU de Euzkadi, acudiendo además como comandante del batallón Stalin, 2º de la columna Meabe.[14]

También entre los presentes y fallecidos a consecuencia de la explosión, todos ellos altos cargos político-militares de inclinación marxista, destaca Trifón Medrano, dirigente de la Juventudes Comunistas [JJCC] y de la Unión General de Trabajadores [UGT], uno de los precursores de las JSU. Medrano fue uno de aquellos jóvenes al frente de las milicias populares de Madrid contra la sublevación fascista, organizó el batallón Aida Lafuente y luego, fue fundador y comisario del 5º Regimiento, el cual acababa de ser autodisuelto en aquellos aciagos días de febrero del 37, no sin resistencias, para integrar el Ejercito Popular Republicano.

Según la información oficial, estaba de gira por el norte para comunicar las resoluciones del Congreso Nacional de la Juventud, celebrado en Valencia a mediados de enero, pero no sería inverosímil que hubiera sido enviado a la zona para recomponer la unidad militar, resquebrajada tras los combates de finales de año y aliviar la tensión política de enero de 1937 en Vizcaya.

..Poco después Medrano era víctima de una explosión de obús cuando cumplía una misión de la organización..”.[15]

No vamos aquí a cuestionar este hecho nunca esclarecido, ni porque la figura de Medrano y los demás, quedó difuminada pese al solitario esfuerzo de los jóvenes socialistas vascos por recordarlo, ni siquiera desgranar la trayectoria de los integrantes de aquella reunión de la joven guardia del socialismo norteño, ni las consecuencias políticas que tuvo aquella explosión.

Por lo que se refiere a la única integrante femenina de la reunión, Astrea Barrios, casi peor que muerta como se apunta en algún caso, quedó mal herida, mutilada; cobrando sentido que su nombre se confundiera a la hora de escribirlo, o que desapareciera de la primera linea de combate militar y sindical.

..murieron los dos de Madrid, Zalacaín de Rentería se quedó cojo, Astrea Barrios de Barakaldo, se quedó tuerto, Felipe Larena de Eibar quedó cojo, Pedro Felipe perdió otro ojo. [..] La cosa fue tan sonada que desde Madrid mandaron por avión dos camaradas para que realizaran una investigación..”.[16]

Según cuenta en su biografía, que omite el suceso que acabamos de relatar e incluso su pertenencia al Amuátegui, fue atendida en el hospital de Basurto de las heridas, donde se le amputó una pierna; pasando luego a Santander con la caida de Bilbao, para de ahí exiliarse en París donde, según ella, permaneció el resto de la contienda alojada en la Casa de España; aunque otras fuentes consultadas afirman que al menos estuvo en Cataluña, donde nació su hijo.

Finalizada la guerra, y siguiendo a su compañero, ahora marido, cambió su nombre por el de Esther, y se fue a vivir nada menos que a Burgos, donde no consta que sufriera persecución alguna.

Hace algunos años, ya novegenaria, el PSOE local de Burgos le dio en abril de 2009 un pequeño homenaje como luchadora antifascista, momento que recoge la imagen.

 

https://alacantobrer.wordpress.com/2014/11/24/astrea-barrios-atajos-de-la-memoria/

[1] Con el nombre de Prudencio Barrios y sobre todo de Alfredo Barrio(s) García, existen sendos militantes confederales leoneses, el último de ellos natural de Robles de Laciana, conocido por el seudónimo del Zorro, y que ya aparece activo en las jornadas revolucionarias de octubre del 34 en Matallana, llegando a ser teniente del batallón 206 que combatía en el frente asturiano durante la guerra. Esto coincidiría con la transcripción del apellido de Astrea -aparece como Barrio, Barredo o Barroso-, hecha por diferentes periódicos de Madrid, llegando a ser apellidada como Barroso García. El drama social en tres actos, Astrea fue una obra estrenada en Santander en 1907 y editada varias veces en las décadas siguientes dentro de la colección Teatro de Combate, siendo original del dirigente obrero y escritor socialista Eduardo Torralva Beci [Santander, 1881–Madrid, 1929], uno de los iniciadores del comunismo en el estado español en 1921. Ver, IÑIGUEZ: Enciclopedia histórica del Anarquismo Español. Vitoria, AIP, 2008.

[2] Es probable su implicación en la huelga general de octubre, que tuvo su prolongación en Bilbao, ya que algunos de los dirigentes de la Juventud Socialista de Vizcaya fueron detenidos por ello. En la imagen, Congreso Nacional de la Juventud celebrado en Valencia a mediados de enero de 1937. Ver, El Sol 27-06, 01-11-1934.

[3] ASTREA: Feminismo, Mujeres 08-03-1937. El Círculo Femenino de Bilbao, presentándose en abril con un manifiesto en el periódico Lucha de Clases, se definía como organización autónoma, feminista y radical, admitiendo estar bajo influencia marxista, y dentro de la órbita socialista. Sus objetivos se centraban en el apoyo a los presos, y acogieron a un grupo de 29 huérfanos de luchadores asturianos tras la revolución de octubre de 1934. Se mantuvieron activas hasta el estallido de julio del 36, cuando parece que se integran en la AMA de Vizcaya, donde a principios de 1937, Astrea aparece como vocal por las Juventudes Socialistas. Un comité provincial de la AMA que, por cierto, disponía de un grado de autonomía considerable, ya que durante la guerra se les permitió tener atribuciones ejecutivas, como el nacional de Madrid, y eran responsables de la edición de la revista Mujeres desde Bilbao. Astrea se volcó además en labores electorales en defensa de la candidatura del Frente Popular de Bilbao en febrero del 36, interviniendo al menos en un mitin junto a Victoria Vela, Matilde Huici y Julia Serrano. Ver, UGALDE: Mujeres y nacionalismo vasco, génesis y desarrollo de Emakume Abertzale Batza, 1906-1936. Servicios editoriales de Universidad País Vasco, 1993, p. 230. También, Heraldo de Madrid 04-02-1936.

[4] Orígenes a parte, la presencia femenina en los batallones de las JSU fue constante, y según Cristina Ulibarri, en noviembre de 1936 hirieron a Santiago Viguera en el Urumea cuando era comisario del 2º batallón de la columna Meabe [Stalin], y fue condecorado junto a otra miliciana.

[5] La columna Meabe, toda ella configurada en base a unidades provenientes de las JSU de Bizkaia, estaba formada inicialmente por los batallones nº 1 Largo Caballero, nº 2 Stalin y nº 3 Amuátegui, a los que se añaden el Rusia, UHP, Dragones y Octubre. El nombre que dieron a la columna primero, Tomás Meabe, y en un momento posterior, específicamente al batallón Akinaldo Amuátegui, aluden a dos tendencias muy marcadas en el socialismo vasco, ya que si el primero era ferviente católico, Amuátegui fue un socialista heterodoxo, con puentes al nacionalismo y el anarquismo. Nómina de personal del Batallón Amuátegui: Archivo Municipal de Eibar EUA, GC-R-9.

[6] El Amuátegui, dirigido hasta la caída de Eibar por Martín Etxebarría, destacó por sus acciones en Asturias, donde se le refiere como 35º batallón, y fueron acogidos con júbilo por la población de Bilbao cuando regresaron a final de octubre de 1936. Redundando en la conexión asturiana del Amuátegui, se afirma que un grupo de obreros astures, expertos en explosivos, llegaron a instruir a los milicianos del Amuátegui en su base de Eibar. Ver, La Libertad 19-07-1922; ABC 20-02-1937; La Libertad 19-02-1937; La Vanguardia 19-02-1937; La Voz de Menorca 27-10-1936; Milicia Popular 24-09, 31-12-1936; España Libre-CNT 19-07-1953.

[7] En la batalla de Villareal, se nombra también al batallón Largo Caballero [nº 1 Meabe] ubicados en el pinar de Chavalopea, el mismo dónde combatió el Amuátegui, algunos de cuyos integrantes aparecen en la imagen central de la página. Aunque las JSU eran la organización que más efectivos aportaron a la ofensiva, no se conocen las bajas sufridas por el batallón Amuátegui, pero sabemos que uno de los que combatía con ellos, el de los confederales alaveses -batallón 3º de la CNT Isaac Puente-, sufrió más de 200, incluido un centenar de muertos, muchos de ellos fusilados o degollados por los moros tras su captura. También tomaron parte en las operaciones del área de Hernani; llegando a hacer prisioneros a unos 68 oficiales fascistas e incautando gran cantidad de armamento.

[8] Las confluencias entre socialistas y anarquistas, se pusieron de manifiesto en la posición de Eibar, por la cercanía que se alude entre los milicianos del Amuátegui y batallones confederales guipuzcoanos como el Isaac Puente, y la incorporación posterior de algunos de ellos el Amuátegui. Algo similar pudo pasar en el frente asturiano, donde combatieron a finales del 36 junto al batallón Malatesta, formado con guipuzcoanos y vizcaínos de la CNT, muchos de ellos veteranos de la campaña guipuzcoana. Ejemplos en primera persona, Juan Ibarra Aranzeta, de la CNT, nombrado capitán del batallón Amuátegui el 09-08-1937, y también, Felix Gallarreta Gaviño, de la CNT de Barakaldo, comandante del batallón Meabe. Ver, JIMÉNEZ: Guerra y Movilización Popular en el País Vasco, en AROSTEGUI: Historia y Memoria de la Guerra Civil. Encuentro en Castilla León, Salamanca, 24-27 de septiembre de 1986. Junta de Castilla León, 1998, p. 237.

[9] Aspectos que remarcaría Trifón Medrano, vinculado al 5º Regimiento, entre otros lugares en su informe sobre organización y cuadros de juventudes ante el pleno nacional de Juventudes de Valencia en enero de 1937, donde afirmó que este modelo era válido para la definición común del llamado Frente de Juventudes que se discutía con intensidad en aquellas semanas. Seguramente se estaba refiriendo a la creación del Frente de Juventudes de Euzkadi constituido en noviembre de 1936, y en el cual estaban representadas las JSU, JJLL, Juventudes de ANV, Juventud Republicana, FUE y Cultura y Deporte. El Amuátegui, que en cierta manera era la transposición del 5º Regimiento en tierras vascas, estuvo controlado por una Comisión de Guerra, comandante-comisario, encargada del control administrativo y formada por representantes del sindicato. Por tanto, los milicianos dependían de esta comisión y no de las autoridades vascas o incluso de los órganos centrales del partido, situación que había variado sensiblemente a principios de 1937, cuando se hizo cargo el Comité Central de Guerra de las Milicias Populares Antifascistas, dependiente del Comité Central del Partido Socialista de Euskadi, dotado de plena competencia y máxima autoridad de las milicias socialistas. Perdidas vidas y territorio, fracasadas las ofensivas republicanas de diciembre, tras la debacle de Málaga en febrero, fue creciendo un estado de opinión propenso a la aceptación de las estrategias militares unificadas, y aceptar la ayuda de Stalin como paliativo de la desigualdad de medios bélicos. Ver, La Vanguardia 08-09-1936; Euzkadi Roja 10-10-1946.

[10] ASTREA: .”¡Hombres a la vanguardia! ¡Mujeres en la retaguardia!,” Mujeres 17-04-1937. En la posición de Eibar, diversos cargos de responsabilidad eran desempeñados por mujeres, señalándose varias veces, el papel de las milicianas de Eibar, que pese a las normas legales sobre desmovilización, obtuvieron del Frente Popular la autorización para que algunas de ellas, unas 80, pudieran permanecer allí, en principio alejadas del manejo de armamento, y con responsabilidades en actividades diversas -dependencias oficiales, delegación de Trabajo, Asistencia social y Espectáculos-, contándose siete milicianas designadas por el Amuátegui, el batallón que más incluía. Existen algunas referencias a la convivencia que se estableció en el convento de Isasi de Eibar, entre religiosas no evacuadas y milicianxs del Amuátegui que lo ocuparon, repartiéndose los espacios fraternalmente y oponiéndose con su actitud a las disposiciones gubernamentales que obligaban a las religiosas a abandonar el recinto. Ver, Dokumentación: Senitartekoak. Gerediaga Elkartea. Jimeno Jurio eta Egaña (2004). Vargas, “Las milicias de izquierdas”, p. 401; NASH: Rojas. Las mujeres republicanas en la guerra civil. Editorial Taurus, 1999, pp. 122 y ss.

[11] Sus encargados eran los mismos miembros del Amuátegui, pero justo agotan su primera etapa en Bilbao en febrero de 1937, coincidiendo en el tiempo con la implantación de un servicio de censura, y todo ello, relacionado con la presión que empezó a ejercer el gobierno vasco sobre los medios, y las polémicas que sostenía con Patria Libre, órgano del gobierno vasco, aparecido en enero de 1937. Siguiendo al Amuátegui, pasaría Voz Miliciana luego a Santander, editándolo en Cantabria y luego Asturias hasta finales de 1937; pero al parecer esta publicación no terminó con la caída definitiva del frente norte, sino por una decisión de la cúpula política del partido. Ver, GARCÍA MIRANDA: Prensa republicana de guerra (Asturias 1936-1937). Biblioteca Popular Asturiana, 1982, pp, 135-136, 159. También, Avance-Gijón 18-02-1937; Patria Libre 21, 28-01-1937, 11-02-1937, 11-03-1937; Voz Miliciana 13-09, 31-12-1936.

[12] ARNAIZ: Joven Guardia-Alcoy 20-02-1937. Según relata Aurora Arnaiz, joven comunista y reformista, delegada de cuestión femenina por las JS dentro del Comité Ejecutivo Unificado elegido en septiembre de 1936, Astrea Barrios llevaba en aquella reunión la representación de la AMA de Vizcaya, y la de todo el estado por la imposibilidad de llegar de la delegada madrileña, Luisa Julián; añadiendo que allí se discutía la unificación regional del mando militar y político del frente vasco. Por otro lado, se ha de considerar que las JS de Vizcaya, ya desde su fundación en los primeros años 20, mostró una trayectoria autónoma dentro de la tradición socialista, propicia a la unificación marxista con los comunistas; pero cuando a mediados de junio de 1936, llegó Santiago Carrillo a Bilbao para mediar entre las Juventudes Socialistas y la Agrupación Socialista de Bilbao, tuvo que volverse a Madrid sin ser recibido. Ver, ARNAIZ: Retrato hablado de Luisa Julián, memorias de una guerra. Compañía Literaria, Madrid, 1996, p. 85. La Vanguardia 17-06-1936.

[13] La masacre la provocó uno de los obuses empleados por los fascistas en la batalla de Villarreal, y como los que destruyeron Eibar a finales de abril del 37, como recoge la imagen central; artefacto que estaba expuesto en la sede de las JSU de Bilbao, a modo de trofeo bélico. Descartadas por inverosímiles las leyendas sobre la ceniza de un puro vertida sobre el proyectil, como el detonante de la explosión, extraña que un artefacto de 44,5 kilos, peso de los obuses modelo 15,5, sin casquillo, estallara accidentalmente sin una manipulación indebida, y todo ello, después de ser desactivado por miembros de un batallón con sede en Eibar, donde se encontraba la famosa Escuela de mecánica y armería.

[14] La Libertad 19-02-1937. Otro mando comunista presente y fallecido fue Luis Rodríguez Cuesta, ondarrutarra (o asturiano) ya activo en octubre del 34, secretario de la consejería de Orden Público de Madrid, y secretario del Gabinete de Prensa nombrado por Carrillo el 8 de noviembre de 1936. Fue además comisario de guerra de la 22 Brigada Mixta en diciembre de 1936, interviniendo en la fracasada ofensiva sobre Teruel; y antes de ello, comisario del batallón Octubre nº1, autodisuelto para integrarse en el Ejercito Popular Republicano.

[15] España Popular 04-03-1940. Medrano, era además miembro del Comité Central del PC desde 1932, había sido iniciador de las JSU en abril del 1936 y por tanto, era el personaje clave en la unificación comunista y socialista en ciernes; es decir, máximo dirigente en el momento de su muerte, junto a Carrillo, aunque con un perfil más obrerista, integrador con las posiciones libertarias y menos reformista que éste. Entre otros heridos y mutilados, destaca Antonio Bueno, miembro de la Agrupación Socialista de Donostia, donde era colaborador del periódico marxista Euzkadi Roja, y residente por entonces en Bilbao; pero sobre todo Francisco Zalacain Illarramendi, natural de Rentería, a quién la explosión le hizo perder un brazo, según Jiménez de Aberásturi; un socialista luego pasado al Partido Comunista de Euzkadi, al frente de cuya dirección en el exilio estuvo hasta su muerte en 1971. Otro de los heridos fue Leoncio Peña, bravo comunista de origen asturiano que luchó en los primeros meses de la guerra en su tierra natal pero después se afirma que salió de España por el golfo de Vizcaya, para entrar poco después por Cataluña y seguir luchando contra Franco, y luego contra Hitler. También resultó herido Pedro Felipe, secretario general de la JSU de Euzkadi, que perdió un ojo. Ejemplo del reconocimiento popular a estos jóvenes antifascistas desaparecidos antes de tiempo, son la escuela de militantes Trifón Medrano, cerca de Valencia; y a quién, por aclamación popular, dio nombre a la plaza de Lavapiés de Madrid, solo unos días después de su multitudinario entierro en Bilbao. Uno de los heridos en la explosión de la sede del JSU en Bilbao, Leoncio Peña, actuó bajo el seudónimo de Alfonso Medrano en la clandestinidad antifranquista.. Ver, SAIZ: Indalecio Prieto, crónica de un corazón. Editorial Planeta, Barcelona, 1984, p. 228; VIÑAS: La formación de las Juventudes Socialistas Unificadas, 1934-1036. Siglo XXI, Madrid, 1982. También, España Popular 04-03-1940.

[16] HISTORIA 16: Revista, nº 369-374, Madrid, 2007, p. 242. Respecto a la identidad de Astrea hubo confusión y errores a la hora de trascribir su nombre; ya que el periódico La Libertad la nombra como Andrea Barroso García, La Vanguardia Astrea Barredo y ABC Astrén Barrio. Según Cristina Ulibarri, años después en una entrevista realizada por Matilde Mantecón en México “..un obús que regalaban a la juventudes, creía que estaba vacío, y explotó y mató a varios..” , p. 26; y afirma que Astrea Barrios, de las JSU de Bilbao, murió a consecuencia de aquel accidente. Por otro lado, Aurora Arnaiz, dice sin embargo, que Astrea quedó malherida de las piernas. A falta de datos más concretos, podemos recurrir a los circunstanciales, como el que alude a otro de los heridos en aquel accidente, Juan Herrero Palazón, que participa como miembro de las JSU en un mitin antifascista PCE-JSU-PS-UGT-AMA en Busdongo, frente de León, ya el 10 de abril 1937, a pocos kilómetros de la población de Robles de Laciana, de dónde eran Prudencio Barrios y Ramón Barrios García, a los que suponemos familiares de Astrea. Ver, ARNAIZ: Retrato hablado de Luisa Julián. Ob. Cit, p. 85.