Documento Sirimiri 2. Sentitu, pentsatu eta ekin

Sirimiri
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SENTITU, PENTSATU ETA EKIN

 

INDICE

  1. Espacio político y organización comunista
  2. Mirando la historia
  3. Sobre el sindicalismo en Euskal Herria
  4. El papel de la represión en el proceso emancipatorio
  1. ESPACIO POLÍTICO Y ORGANIZACIÓN COMUNISTA

Siguiendo la línea marcada por el Sirimiri primero, publicamos este nuevo documento (Sirimiri II) para profundizar en lo que denominamos “la apertura del espacio político de los abertzales comunistas” y la construcción de una organización revolucionaria de clase que luche por la liberación nacional y el socialismo en nuestro País.

Es nuestra intención en este segundo Sirimiri realizar una retrospectiva histórica del nacimiento del comunismo vasco como tal y abordar varias cuestiones de interés respecto a la coyuntura actual y nuestra posición en el Frente sindical respecto a nuestra apuesta organizativa.

 

  1. MIRANDO A LA HISTORIA

El comunismo vasco, o mejor denominarlo como abertzalismo de carácter comunista, encuentra su origen, como el resto de los comunismos de las distintas naciones y nacionalidades europeas y los Estados Unidos, en Octubre de 1917, en el marco de la victoriosa Revolución en Rusia. A partir de ese momento, comienzan a aparecer partidos comunistas que, imitando lo realizado por los bolcheviques, pretenden dar el salto que los viejos partidos socialistas no fueron capaces o no quisieron de realizar como fue pasar del capitalismo al socialismo mediante la toma del poder político.

Hacemos un breve repaso sobre la aparición organizativa del comunismo en dos escenarios concretos, en este caso en el Estado español y en Euskal Herria.

                      Comunistas en el Estado español

En los años 1920-21 le toca el turno al Estado español momento en el cual llegan las ideas comunistas procedentes de la URSS y que cristalizan, en dos partidos, que luego quedarán reducidos a uno solo, el PCE. Hagamos un poco de historia:

Tras el Congreso Extraordinario del PSOE en 1919, por el cual se aplazaba el ingreso del Partido en el Komintern, la Federación de Juventudes Socialistas decidía, en su V Congreso, escindirse del PSOE para adherirse a la Internacional Comunista y crear su sección española, transformando la Federación de Juventudes Socialistas en el nuevo Partido Comunista Español. Entre los fundadores de la formación destacan Ángel Sopeña Ibáñez y Dolores Ibarruri (Pasionaria), que se unió a la escisión con la Agrupación Socialista de Somorrostro (Bizkaia).

El Partido Comunista Obrero Español (PCOE) fue un partido político, escindido del PSOE tras la decisión del III Congreso Extraordinario de 1920, por la cual el PSOE se adhirió a la Internacional dos y medio o Internacional de Viena y rechazó las 21 Condiciones de ingreso en el Komintern. El sector minoritario (Tercerista) partidario de adherirse a la Internacional Comunista(Komintern) y en el que se incluía la Federación de Juventudes Socialistas, decidió salir del PSOE para fundar el Partido Comunista Obrero Español, y formar parte de la IIIª Internacional. De esta manera, el PCOE, era la segunda organización española sumada a la Komintern, junto con el Partido Comunista Español, escindido el año anterior.

La fundación del nuevo partido se produjo el 13 de Abril de 1921, cuando los Terceristas  manifestaron su voluntad de sumarse por su cuenta a la Internacional Comunista. Entre los firmantes de ese manifiesto se encontraron numerosos fundadores del movimiento socialista como Antonio García Quejido (uno de los creadores y presidente entre 1888 y 1892 de la UGT), José Rojas (de la nueva Federación Nacional de Juventudes Socialistas), Virginia González (también de la UGT), Daniel AnguianoFacundo PerezaguaRamón Lamoneda y Óscar Pérez Solís.

En noviembre de 1921, y debido a las presiones de la Internacional Comunista, el PCOE y el Partido Comunista Español se fusionaron en el Partido Comunista de España (PCE).

                      Comunistas en Euskal Herria

¿Y qué ocurría entre tanto en Euskal Herria? Repasemos un poco aquellos convulsos momentos:

En Bizkaia fundamentalmente y en menor medida en Gipuzkoa, existía una experiencia de luchas obreras que hacía tiempo habían dejado atrás el pactismo del PSOE, política que luego se acrecentará con la Dictadura de Primo de Rivera y las huelgas, entre otras,de 1890, 1903,1910 y 1917.

Aquellas huelgas habían dejado abierto el camino al nuevo partido que acababa de nacer. Pero junto con la potente lucha de clases, la cuestión de la liberación nacional había adquirido plena vigencia. Sabino Arana, había muerto en 1903, el partido nacionalista se expandió con fuerza por Bizkaia y Gipuzkoa, se dividió en dos ramas, la nacionalista encabezada por Luis Arana y "Kondaño", mientras Ramón de la Sota y Engracio de Aranzadi "kizkitza", dirigían el sector autonomista del nuevo partido llamado "Comunión Nacionalista Vasca", nombre que adquirió el PNV en 1910. En 1915, ante la renuncia a la independencia nacional de la derecha vasca, Luis Arana Goiri y "Gudari" Eli Gallastegui crean Aberri.

En este ambiente de convulsión social y nacional aparece la Federación Comunista Vasco-navarra que en 1921, recoge de un lado la tradición obrerista y de lucha del partido socialista, superándola, y de otro lado, los anhelos de libertad para Euzkadi (neologismo creado por Sabino Arana, para denominar a Euskal Herria), enlazando con la teoría del derecho de autodeterminación de los pueblos de Lenin. La Federación Comunista hace suyo el derecho de autodeterminación e incluso asume la secesión de las cuatro provincias vascas del Estado español si ese es el deseo mayoritario del pueblo y de la clase obrera vasca.

En 1930 la Federación Vasco-navarra declaraba:“ayudaremos a crear la República Socialista Vasca” palabras posteriormente traicionadas por el Partido Comunista de Euzkadi y de España.

En 1935 se producirá la fundación del Partido Comunista de Euzkadi. Tanto en la Federación como en el subsiguiente Partido Comunista, tomarán parte militantes de gran categoría humana y política que sin ningún problema conciliarán las reivindicaciones nacionales y sociales, tomando parte en los primeros intentos de construir una Unidad Popular. Así en 1927 se busca, por parte de los comunistas vascos, la unidad abertzale y socialista entre Acción Nacionalista Vasca, Eusko Mendigoizale Batza, La Federación Comunista Vasco-navarra y Solidaridad de Obreros Vascos (posteriormente Solidaridad de Trabajadores Vascos y hoy ELA-STV).

En los próximas entregas de este recorrido iremos recuperando nombres como los de Jesús Larrañaga, Juan Astigarrabia, los hermanos Zapirain y otros muchos que lucharon por la liberación nacional y social de Euskal Herria, combate en el que aún seguimos empeñados, e iremos narrando capítulos gloriosos de la historia que nos ha sido negada y ocultada, sacando a la luz los entresijos de las traiciones de nuestro pasado reciente como la del PNV en la Guerra Civil (Pacto de Santoña), que como en su momento aclararemos, ni fue pacto, ni fue en Santoña, y las maniobras de la dirección del Partido Comunista de España, durante y sobre todo tras la Guerra de 1936, para convertir al Partido Comunista de Euzkadi en una organización subordinada y sucursalista del Partido Comunista de España, abandonando por el camino sus ideas de liberación nacional y de clase, para representar hoy en día un partido autonomista y socialdemócrata de perfil bajo.

 

  1. SOBRE EL SINDICALISMO EN EUSKAL HERRIA

En el anterior Sirimiri empezamos a definir las intenciones y el carácter de la organización que pretendemos construir en los próximos años. Manifestábamos además como uno de nuestros principios básicos no ser una organización de masas pero como abertzales y comunistas que somos, nuestro lugar está dentro de ellas.

Hay varios Frentes donde debemos hacer notar nuestra influencia y uno de los principales es el sindicalismo. ¿Cuál es nuestra apuesta en ese campo? Obviamente el sindicato de los trabajadores LAB, y el motivo es muy simple: Los demás sindicatos no conjugan, ni siquiera a nivel teórico, las luchas en el ámbito nacional y de clase, algunos sindicatos como los de obediencia estatalista, niegan la existencia de una nación que busca, desde hace mucho tiempo, su liberación, e igualmente niegan la existencia de la opresión de clase, encontrando en los pactos y en las meras reivindicaciones economicistas su campo exclusivo de trabajo lo que no significa que los comunistas organizados en LAB, debamos desentendernos de reivindicaciones que supongan mejoras inmediatas de las condiciones de vida de los y las trabajadoras. Pero no podemos quedarnos ahí, nuestra lucha no es para mejorar un poco la situación, sino para acabar de una vez con la opresión nacional y social que sufre nuestro pueblo, para conseguir en definitiva que nuestra patria sea independiente y socialista.

Esto no significa tampoco que no existan cosas que se deban mejorar e incluso cambiar. Si nuestro objetivo es el socialismo, desde ahora, tenemos que ir preparando las bases para el avance. Llamamos a militar en el único sindicato nacional y de clase para que mantenga una lucha firme por los derechos nacionales y sociales y cuyo objetivo sea un proyecto socialista cada vez más definido.

 

  1. EL PAPEL DE LA REPRESION EN EL PROCESO EMANCIPATORIO

El conflicto entre Euskal Herria y los estados español y francés sigue vigente en casi todas sus expresiones y las cuestiones sin resolver están plenamente abiertas, no siendo nada descartable un recrudecimiento del conflicto como de sus consecuencias, por la sencilla razón de que éste no ha desaparecido.

La irrupción hace unos años, en el debate político de la lucha por el relato histórico, sobre las décadas de combate insurgente, está íntimamente ligada a un intento de distorsión de los partidos sistémicos y de la mayoría de los medios de comunicación para lograr un enfoque manipulado del enfrentamiento armado de raíces políticas que este País vivió, haciendo responsable a la organización ETA del origen del problema y a la lucha armada como su hilo conductor sobre todo tras la mal denominada “Transición española".

                     Represión y presión combinada

Para que nuestros enemigos puedan realizar un relato manipulado de la historia se hace necesaria, inevitablemente, la represión centrada en dos aspectos fundamentales:

  1. Negar la propia existencia de Euskal Herria.
  2. Despolitizar las causas por las que este pueblo recurrió a la defensa armada.

Negando la existencia de un Pueblo se niega la existencia de un problema político. Se trata de que las reivindicaciones caigan en el pozo del olvido mientras se criminaliza la cuestión política para convertirla, posteriormente, en un mero problema de orden público. Las leyes de excepcionalidad aplicadas en la década de los 90 fueron el punto culminante de todo este proceso, amenazando de cárcel a todo aquel que se atreviese a disentir de las interpretaciones oficiales dadas.

Una presión combinada de las distintas luchas debe de ser capaz de hacer crecer en torno a ella no sólo a una masa cuantitativa reflejada en lo electoral e institucional, sino una masa cualitativa que empuje los objetivos estratégicos, cambie la hegemonía social y movilice a la masa cuantitativa para que sea capaz de poner coto a los desmanes represivos. Sin embargo, el miedo a perder lo poco que se tiene lleva a confundir las situaciones y muchas veces de enemigo, por eso mismo hay  que recuperar los vínculos con la calle, estar fuertes y en todas partes, para que no haya espacios de impunidad represiva.

                  Apuntes de una despolitización anunciada

Aprovechando el vacío existente de presión combinada, la represión despolitizadora avanza implacable y se centra, en primer lugar, sobre los presos y presas políticas. Son los más vulnerables. Ellos representan la fuerza de la organización popular, la autoridad ética y moral ante nuestro pueblo y la voluntad de seguir luchando.

Precisamente, por lo dicho hasta ahora, es por lo que nos marcamos la Amnistía como objetivo político, y debemos dejar claro que ésta es mucho más que la simple excarcelación de presos o el regreso de exiliados, pues consiste, además, en la desaparición de las causas (opresión nacional y social) que dieron origen al conflicto.

Ahora bien, la lucha por la Amnistía y aquellas otras confrontaciones en favor de medidas concretas que ayuden a mejorar las condiciones de vida de los presos, (acercamientos de éstos a cárceles de Euskal Herria, concesiones de grados o permisos penitenciarios, libertad de los presos enfermos…) son objetivos complementarios entre sí.

Una organización revolucionaria que aspire a transformar la sociedad desde una óptica nacional y de clase, debe ser consciente de que su lucha debe desarrollarse en dos ámbitos:

  1. El primero en el ámbito institucional
  2. El segundo en la calle.

En el primero, nuestro lenguaje debe buscar la acumulación de fuerzas para conseguir objetivos tácticos, lo que se conoce como "respeto de los derechos humanos de una de las partes intervinientes en el conflicto, los represaliados y exiliados, segmentos del conflicto interesadamente olvidados por los estados en este momento. Reivindicación, que pese a lo limitado del mismo, debemos considerar como un éxito que sea asumido por otras fuerzas políticas e incluso cree unos niveles importantes de movilización aún sabiendo la estrechez de los objetivos. Nuestro lenguaje en las instituciones nos debe posibilitar generar contradicciones entre la base y la dirección de estas fuerzas políticas si no asumen las citadas reivindicaciones. Pero nuestra lucha no debe acabar ahí puesto que la presión en el marco institucional conseguirá mejoras, no transformaciones, y lo que reivindicamos es el cambio definitivo de la sociedad conforme a nuestro modelo: "Independencia y Socialismo para Euskal Herria".

En la calle nuestro lenguaje debe ser distinto, debemos hablar claramente de nuestros objetivos, como la Amnistía, con el carácter que antes le dimos, es decir, "desaparición de todas aquellas causas que generaron el conflicto", única garantía de que se producirá la superación real y definitiva del enfrentamiento que como pueblo y como clase llevamos mucho tiempo sosteniendo.

Por último, debemos hacer hincapié en la cuestión de las víctimas y/o militantes. Independientemente lo que digan otras fuerzas políticas o sociales es importante dejar claro, como desde EHK lo venimos manifestando hace ya muchos años, que las personas que siendo militantes hayan muerto en acción, asesinadas, desaparecidas forzosas, presas, no deben considerarse víctimas, sino tener el reconocimiento de militantes, ya que, libremente, optaron por organizarse para liberar a su pueblo de la opresión nacional y social. Personas libres y conscientes de lo que decidieron hacer, esto es, intentar transformar una realidad negadora de derechos.

Así, los y las militantes tenían objetivos políticos, combatían por los derechos de este pueblo y la clase trabajadora renunciando incluso hasta a su propia vida. No fueron individuos que pasaban por allí casualmente. No se las perseguía por estar, sino por ser militantes de una causa, concretamente la de la lucha por la independencia y el socialismo para Euskal Herria.

 

EHK (Euskal Herriko Komunistak)