APUNTES SOBRE EL PRESENTE Y EL FUTURO DEL 8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA.

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“La lucha de emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas." - Clara Zetkin

El 8 de marzo es una fecha marcada en rojo en el calendario de millones de mujeres en todo el mundo, ya que se celebra el día de la mujer trabajadora. Al igual que otras muchas «festividades» actualmente vacías de contenido proletario, el Día de la Mujer Trabajadora tiene su origen en la ardua lucha de las mujeres proletarias contra las calamidades del capitalismo. El origen del Día Internacional de la Mujer se remonta a 1909, el primer año que se celebró. Fue el Día Nacional de la Mujer en Estados Unidos organizado por mujeres de un partido socialista. Congregó a más de 15.000 mujeres en una marcha por la ciudad de Nueva York, exigiendo una reducción de la jornada laboral, mejores salarios y derecho al voto. Fue en 1910 cuando en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague se designó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el cual se celebró por primera vez el año siguiente, en 1911.

Como podemos apreciar, las mujeres socialistas siempre estuvieron situadas a la vanguardia de las reivindicaciones concretas de las mujeres, siendo la camarada Clara Zetkin una de las cabezas más visibles del movimiento. La URSS tomó el legado de Zetkin y propulsó a todas las mujeres rusas hacia la emancipación, a pesar de las limitaciones que se dieron más tarde a partir de 1930. En 1975 la ONU despojó al 8 de marzo su contenido obrero declarándolo Día de la Mujer. El cambio parece pequeño, pero es significativo, pues mediante este paso, la burguesía consiguió conquistar teórico y prácticamente un movimiento con orígenes obreros.

En fin, dejando a un lado la historiografía (pues este no es el lugar para hacer un balance histórico), lo que a los comunistas vascos nos concierne es lo siguiente: ¿qué enfoque debemos darle al 8 de marzo (y a los 364 días restantes) para diferenciarnos del oportunismo burgués y del revisionismo? Al observar las legítimas reivindicaciones de las mujeres (hoy en día constituyen la gran mayoría de la población mundial), vemos que todas ellas protestan contra la brecha salarial. Está reivindicación es vox populi porque hasta las mujeres burguesas y pequeño-burguesas adoptan estas consignas en sus manifestaciones, además de pedir un reparto equitativo en los consejos de administración de las empresas, es decir, en los órganos de poder de la burguesía en las empresas; toda una declaración de intenciones. Analicemos un poco la cuestión.

Como es bien sabido, la incorporación de la mujer al mercado del trabajo, es decir, al mercado donde el capitalista alquila mano de obra al mejor precio, fue muchísimo más tardía que la del hombre ya que las mujeres se dedicaban a las tareas domésticas, cuidado de los niños y reproducción de la mano de obra masculina (mediante alimentos, servicios de higiene, sexo, etc.). No fue hasta los años 20 cuando la mano de obra empezó a feminizarse paulatinamente en muchos lugares de Europa y EEUU. Después de las

Segunda Guerra Mundial, este proceso creció con más velocidad. Con la rápida incorporación de las mujeres al trabajo, el capitalista encontró una sobredemanda de trabajo, lo que le proporcionaba la posibilidad de devaluar el precio de la mano de obra y extraer más beneficios del proceso productivo. Muchas mujeres consiguieron independizarse de los ingresos de sus maridos, pero la desigualdad salarial seguía (y sigue hoy en día) imperando en el mercado de trabajo. Como podemos apreciar, la brecha salarial es inherente al trabajo asalariado, ya que todo el sistema basado en el trabajo asalariado descansa sobre la desigualdad ya existente en las relaciones de producción capitalista. No pueden ser independientes uno del otro ya que la desigualdad parte ya de la propia producción, de las propias relaciones de producción que se establecen entre capitalistas y trabajadores. De ahí que aunque la reivindicación por una igualdad salarial entre trabajadores y trabajadoras sea justa y legítima, esta no deja de ser una reivindicación reformista. Además, está desigualdad salarial es muchísimo más bestial y monstruosa en los países de la periferia, allá donde la explotación muestra sus peores formas (véase el caso de las proletarias en las fábricas textiles de Bangladesh, las mujeres que recolectan coltán en el Congo o las millones de campesinas pobres en la India). No obstante, es bien sabido que al actual feminismo eurocentrista poco le importan las millones de proletarias que son explotadas a miles de kilómetros de sus fronteras.

Debemos empezar a afrontar las tareas que se nos presentan para establecer una línea acertada de la cara a la cuestión de la mujer, la cual, solo la lucha de clases y la praxis demostrarán si es así o no. La bancarrota del oportunismo, nos ha abierto un nuevo paradigma que no podemos dejar pasar como si nada. ¡Expliquemos a nuestras camaradas y a las miles de mujeres trabajadoras, cómo su desigualdad respecto a su compañero varón obrero está absolutamente vinculada al sistema capitalista! Por eso, los comunistas vascos que reivindicamos la igualdad real entre hombres y mujeres gritamos ¡Abajo el trabajo asalariado! ¡Abajo el capitalismo! ¡Gora emakune eta gizon langileon boterea! ¡Gora Martxoaren 8a! ¡Gora Emakune langileriaren Eguna!

Beltza