Tres jóvenes de Oarsoaldea deciden esconderse para seguir con su labor política

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Xabier Lujanbio, Maitane Linazasoro y Arkaitz Anza, tres jóvenes de Errenteria condenados a seis años y medio de prisión por su militancia en Segi, anunciaron ayer su intención de esconderse. Esta decisión, a la que no se han sumado Aitor Franco y Aitor Alberdi, los otros dos jóvenes condenados por la misma causa, se ha dado a conocer después de que el Tribunal Supremo ratificará el pasado 18 de diciembre la condena impuesta en enero de 2012 por la Audiencia Nacional española.

En un video enviado a NAIZ, Xabier Lujanbio explica que la decisión de ocultarse nace con un objetivo claro: poder desarrollar en libertad la actividad política por la que fueron condenados hace un año. «Creemos que continuar nuestra labor política es la mejor respuesta que podemos dar a la sentencia, y por eso hemos decidido escondernos», señala.

En cuanto a los motivos que propiciaron su condena y la de los otros cuatro jóvenes guipuzcoanos, Lujanbio destaca que el fallo de la Audiencia Nacional española, que les imputó pertenencia a Segi, se basó en una autoinculpación firmada durante el período de incomunicación que se inició tras su arresto, en abril de 2008. Cabe recordar que dicho período de incomunicación, al que se enfrentaron diecisiete vecinos de Oarsoaldea, estuvo marcado por las denuncias de torturas.

En una entrevista concedida a GARA el pasado mes de noviembre, el propio Lujanbio detalló los malos tratos a los que fue sometido en Madrid. «Para torturarme me colocaron frente a mi pareja -también fue detenida en aquella operación policial-, con un espejo en medio. Si la respuesta que les daba no les gustaba, le quitaban una prenda; acabo desnuda», denunció.

Por su parte, Arkaitz Antza comentó que «lo peor» de aquellos días era oír los gritos del resto de detenidos. «Llegué a la Audiencia Nacional, vi los restos de sangre en la pared y un policía me dijo `esto es sangre de un compañero tuyo'», relató mientras narraba las agresiones sufridas durante los cinco días que permaneció incomunicado.

Muestras de solidaridad

Estos relatos despertaron el malestar de la ciudadanía guipuzcoana, que desde el año 2008 ha tomado en diferentes ocasiones las calles de Orereta para defender la libertad de los imputados. La última marcha solidaria tuvo lugar el pasado día 23 de diciembre, cuando cientos de personas se dieron cita en Errenteria para mostrar su apoyo a los cinco jóvenes de Oarsoaldea.

Tras una pancarta en la que se podía leer «Gure etxeko atea zabalik dute», vecinas y vecinos y colectivos relacionados con la defensa de los derechos civiles y políticos, como es el caso de Eleak, denunciaron que «no existe un defensa jurídica si se juzga la militancia política». Asimismo, durante el transcurso de la manifestación los asistentes defendieron a los integrantes del movimiento juvenil abertzale, que, en muchas ocasiones, han padecido en primera persona las medidas de excepción impuestas por los gobiernos de Madrid y París.

En aquella marcha estuvo presente la matrioska solidaria creada en por el movimiento Plazara! -denominación empleada por Eleak en Araba-. Esta muñeca rusa, que se ha convertido en un icono en defensa de los represaliados políticos, fue presentada ante la sociedad vasca en enero de 2012, cuando se hizo pública la orden de detención contra Ekaitz Samaniego.

El joven gasteiztarra, que había sido condenado por el Tribunal Supremo español a ocho años de prisión por pertenencia a Segi, decidió esconderse tras protagonizar un encierro solidario en los locales de una parroquia situada en el centro de la capital alavesa.

Sin embargo, su etapa como refugiado político no duró demasiado, ya que, precisamente, Samaniego aprovechó una manifestación convocada en su apoyo -conocida como Matrioska Martxa- para volver a la vida pública y para reclamar respeto para los derechos civiles y políticos de toda la ciudadanía vasca.