Homenaje a Natalia Sedova, la “víctima” de Trotsky

MUJERES REVOLUCIONARIAS
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x Pepe Gutiérrez-Álvarez

NATALIA Sedova, ha pasado a la historia como la compañera –“el hada”, para decirlo en palabras más exactas de Virginia Woolf-, y como tal actuó. De entre todos los momentos que ella vivió con Trotsky, quizás el más revelador sucedió con ocasión del atentado en comandado por David Alfaro Siqueiros y en el que tomaron parte algunos españoles, en la casa de Coyoacán en México. Sucedió unos pocos meses antes del asesinato de León. Mientras los agentes estalinianos comenzaron a disparar a diestro y siniestro, Natalia se precipitó sobre Trotsky cubriéndolo con su propio cuerpo el suyo y el de Liova, que resultó ligeramente herido en una oreja. En un artículo sobre “La revolución en el género femenino” publicado en la Web de IA,

Bárbara Funes y Gabriela Vino dicen: “Cualquier comentario palidece ante un acto como ése, la palabra heroísmo debe resignificarse aquí lejos de toda épica de casta dominante, porque la acción rehúsa fosilizarse en los bronces burgueses. La memoria y en particular la memoria de clase es esa cosa viva que escapa al monumento”. De alguna manera, este acto culminaba toda una vida juntos, una vida a la que la muerte de sus hijos había desprovista de toda juventud.

Hubo otros tiempos en los cuales Natalia disfrutó de los grandes momentos de la exaltación revolucionaria, y otros en los que sufrió las consecuencias de una opción que fue duramente perseguida por la policía zarista, por las policías de Europa durante la “Gran Guerra”, y luego, aquel exilio en el que el mundo se convirtió en un planeta sin visado. En ese tiempo, el POUM hizo todo lo posible para que Trotsky pudiera recabar en la España republicana, luego, durante su proceso, utilizaron esta actitud como una prueba de su filiación “trotskista”.

En su última etapa, la de la “resurrección” en México, ambos viven una historia a tres, el “viejo” se siente “como un cadete”, y vive una efímera pasión amorosa por Frida Kahlo que juega, y el descubrimiento abre una fase de amarguras. El la escribe una y otra, la llama “su víctima”, y las aguas vuelven a su cauce.

La prueba ha reforzado los sentimientos, y esto se trasluce en las memorables palabras que Trotsky escribió sobre ella en “Testamento”: "Agradezco calurosamente a los amigos que me siguieron siendo leales en las horas difíciles de mi vida. No nombro a ninguno en especial porque no puedo nombrarlos a todos. Sin embargo, creo que se justifica hacer una excepción con mi compañera, Natalia Ivanova Sedova. El destino me otorgó, además de la felicidad de ser un luchador de las causas del socialismo, la felicidad de ser su esposo. Durante los casi cuarenta años que vivimos juntos ella fue siempre una fuente inextinguible de amor, bondad y ternura. Soportó grandes sufrimientos, especialmente en la última etapa de nuestras vidas. Pero en algo me reconforta el hecho de que también conoció días felices (...). Natasha se acerca a la ventana y la abre desde el patio para que entre más aire en mi habitación. Puedo ver la brillante franja de césped verde que se extiende tras el muro, arriba el cielo claro y azul, y el sol brilla en todas partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente."

Obviamente, Natalia tuvo también una proyección propia, la tenía ya antes de conocerlo, venía de una familia culta y rebelde, su padre, Iván Sedov, fue un reconocido explorador, ella fue de las mujeres que estuvo en todas las refriegas, que tuvo su propia página en la revolución y en la guerra civil, lo cierto es que la suya fue ante todo, una implicación de Natalia fue ante todo personal, no interviene en ninguna actividad específica, no escribe ni hace declaraciones, y año más tarde, cuando victor Serge la requiere para escribir su Vida y muerte de León Trotsky (que tendremos que editar más pronto que tarde), su testimonio abunda en los detalles personales, la descripción de ambientes y personajes, y por supuesto, en su rechazo radical del estalinismo, ¿quién podría tener mayores motivos que ella?.

Es por eso que resulta perturbador que su única acción política digamos abierta fuese su renuncia en 1951 a la Cuarta Internacional que atravesaba una crisis de la que no se recompondría hasta la segunda mitad de los años sesenta. La historia había pasado por lugares muy alejados de la hipótesis central de su fundación –la Guerra Mundial sería prólogo de grandes crisis revolucionarias y de desbordamientos de los aparatos burocráticos-, y sus líderes se debatían en el dilema de la “continuidad” y la renovación. Al igual que toda la izquierda radical –anarquistas, socialistas de izquierdas, consejistas-, habían quedado reducidos a la marginalidad y señalados como “apestados” por el estalinismo que gobernaba medio mundo y que disputaba la hegemonía del movimiento obrero en el resto. Su declaración era ajena a este debate y a esta compulsión, y se afirmaba en el terreno de lo que algunos llamaron la estalinofobia. Básicamente, la consecuencia del análisis de los textos que firmó como Natalia Sedova-Trotsky. era que no existía ningún “doble carácter” en los regímenes llamados “socialistas”, que eran inequívocamente contrarrevolucionarios…Este debate estaba amargando la vida de la Cuata Internacional desde casi sus primeros días, y fue el “gran motivo” para que algunos grupos siguieran su trayectoria propia en oposición al “revisionismo” y cosas así.

Evidentemente, la argumentación se correspondía con lo que Natalia había conocido en su propia vida, especialmente en los años de exilio, de exterminio de sus seres más queridos y finalmente el asesinato de su compañero del alma. Todo eso influyó en esa decisión en la que –desde luego- no preveía su dinámica rupturista que, especialmente en la primea mitad de los años cincuenta, daría lugar al florecimiento de lo que Daniel Bensaïd llamaría los “trotskismos”, título por lo demás inexcusable para conocer y comprender toda esta historia fraccional, muchas veces patéticamente fraccional. El propio Trotsky en su correspondencia con Bruno Rizzi, el autor de La burocratización del mundo (que aquí tradujo Juan Ramón Capella para Península), le venía a decir a este que, más allá de las diferencias propias de un proceso histórico tan nuevo y desconcertante, lo fundamental pasaba por amarrar unos acuerdos básicos en términos como lo siguientes:.la revolución rusa fue una revolución democrática que transcreció como localista…que el curso tomado por la burocracia era una traición de ese carácter…que era necesaria una nueva revolución que restituyera la democracia socialista…

Este texto fue escrito por Margarita Bonnet quien durante muchos años fue la amiga más íntima de Natalia, y gestionó después de su muerte el legado literario de Trotsky. Especialista en el surrealismo, en particular en André Bretón del que publicó una Antología (1913-1966) (Ed. Siglo XXI, Madrid-México-Bogotá, 1973 y 1977), así como la edi­ción de sus Obras Completas que están apareciendo en Editions La Pleyade, París. Margarita fue invitada en 1990 por la Fundación Andreu Nin dio una conferencia sobre arte y revolución en el Ateneo de Madrid en el marco de unas jornadas sobre el 50 aniversario del asesinato de Trotsky, lo que me permitió hablar con ella para que me otorgara permiso para su traducción y edición.

Originalmente fue publicado en A Natalia Sedova-Trotsky ( 1882-1962), París, 1962, edición fuera de comercio propiciada por un "grupo de amigos de Natalia Sedova- Trotsky", con prólogo de Maurice Nadeau, y aportaciones de André Bretón, Margarite Bonnet, Pierre Naville, Laurent Schwartz, Isaac Deutscher, Joseph Hansen, Pierre Frank, Livio Maitán, con testi­monios y recuerdos de Alfred Rosmer, Michel Pablo, Jack Weber, Laurent Orfila, Sara Weber, Raya Dunayevskaya (Rai Spielgel), Gerard Rosenthal, así como el texto de Natalia sobre el asesinato de Trotsky y las notas de éste sobre Natalia aparecidas en su Journal d' exil. La traducción fue incluida en mi antología titulada El asesinato de Trotsky: antes y después, libro editado por la Fundació Andreu Nin con motivo del 50 aniversario de dicho asesinato.

NATALIA SEDOVA por MARGUERITE BONNET

UNA VIDA DE REVOLUCIONARIA

Natalia Ivanova Sedova- Trotsky, muerta en Córbeil el 23 de enero de 1962, no hablaba nunca de ella misma. Su vida estaba hasta tal punto confundida con la de su compañero que todo lo que precedió su encuentro y su combate común, parecía separado. Sin embargo, un paisaje, una silueta, reve­laban a veces un pasado adormecido, y ella sabía revivirlo, con una frescura y un humor delicioso. Había nacido en abril de 1892, el 14 del antiguo calendario, en Rommi, una pequeña ciudad ucraniana. En 1955 pude ver a Natalia emo­cionarse al recuerdo de esta Ucrania convertida para ella en algo tan lejano --en el tiempo y en el espacio--, cuando la conduje durante las vacaciones en las montañas de Forez; ella señalaba, con una especie de sorpresa dichosa e incré­dula, la extraordinaria semejanza que encontraba entre este país y Ucrania: como en Ucrania, las praderas, los bosques, como en Ucrania los valles abiertos y las montañas a la redonda... Me hablaba también, el mismo día, del Cáucaso, de las largas excursiones que hizo a pie con el que llamaba invariablemente L.D. (1). La gran naturaleza caucasiana, los picos, sus precipicios, sus torrentes, sus árboles desploma­dos sobre sus frutos, sus tormentas terroríficas, habían dejado en ella un deslumbramiento nostálgico.

Su familia pertenecía a la pequeña nobleza pobre. Su padre, Iván Sedov, era de origen cosaco; su madre OIga Kolchev­sky de origen polaco. Tuvieron seis criaturas, varios murieron jóvenes. Natalia recordó una vez delante mío que uno de sus hermanos participó en la gran revolución de 1917 y ocu­po un puesto Importante en provincia, pero murió poco después.

Los padres murieron muy pronto: a los 18 años Natalia era huérfana. Fue educada por su abuela de la que evocaba con admiración la firmeza de su energía. Recordaba también con humor y afecto a una de sus tías, la primera mujer "moder­nista" de la familia, ganada a las ideas revolucionarias ya los cigarrillos. Muchos de sus familiares estuvieron impli­cados en el movimiento de los "norodnikis" en lucha contra la opresión zarista, muchos, entre ellos su tía, conocieron el exilio en Siberia... Criada en este ambiente, Natalia no podía escapar a la fer­mentación revolucionaria que se gestaba en la Rusia de final del siglo XIX. Así, desde su adolescencia, manifestó su re­vuelta. Alumna en Karkov de una institución para jóvenes muchachas nobles, organiza colectas para el apoyo de los prisioneros políticos y agita a sus camaradas para manifes­tarse contra la presencia obligatoria en los oficios religiosos, después de haberlos persuadidos de que la lectura de los fo­lletos revolucionarios clandestinos eran preferibles a la Bi­blia. Como es fácil imaginar esta acción implica su expul­sión.

Estudiante en una Universidad femenina en Moscú, entro más completamente en el movimiento revolucionario adhi­riéndose a un grupo de estudiantes socialdemócratas. Pronto se trasladó a Ginebra para estudiar botánica. La vida debía de llevarla bien lejos de la paciente observación de las plan­tas, aunque hasta el final de su existencia no cesó de intere­sarse en ellas. Sus conocimientos en este dominio continua­ron siendo importantes. Muy a menudo, en el curso de un paseo, en Francia o en México, me preguntaba: " ¿Cual es el nombre de esta planta en francés?". Yo le confesaba mi total incompetencia. Natalia insistía: "Pero venga, sí usted lo sa­be". Me mostraba las características de la planta para añadir, como para decidirme a descubrir el nombre rebelde: "En ruso le llamamos...". Entonces se acordaba que yo no sabía del ruso más que de botánica y nos poníamos a reír. Pero la pequeña escena recomenzaba pronto. Sin duda su amor por las plantas era muy grande para que se resignara ante mi ignorancia.

Cuando, estos últimos años su nieto, apasionado por la quí­mica instaló en el fondo del jardín de Coyoacán un pequeño laboratorio, Natalia se puso desolada: "El ácido mata el césped. Las plantas que trepaban por el muro están muertas. El rosa florece mal...." También quería defender sus camelias contra las empresas de sus biznietas, Verónica y Norita, que entonces con cuatro y tres años sentían el delicioso placer de arrancar de un zarpazo unos granos florecientes...

Pero Ginebra no aportó únicamente a Natalia una iniciación en la botánica; los problemas sociales continuaron apasio­nándola. Allí, Plejanov, el teórico marxista, había organiza­do un círculo de estudiantes. Natalia se incorporó a éstos ya los emigrados que se agrupaban alrededor del periódico Iskra, en el que Lenin era uno de los animadores. Natalia, con 19 años, recibió del grupo su primera misión: transpor­tar a Rusia textos revolucionarios ilegales.

Abandonó Ginebra por París donde compartió la existencia de los emigrados políticos que, para poder mantenerse me­jor, ponían en común todos sus recursos, y tomaban juntos sus comidas en un alojamiento de la calle Lalande. Fue entonces, en otoño de 1902, cuando se encontró con Trot­sky. Lo cuenta ella misma en un pasaje de su "diario" (2) del que Trotsky citará numerosos extractos en la autobiografía que publicó en 1930 con el título de Mi vida (3): "El otoño de 1902 fue rico en conferencias en la colonia rusa de París. El grupo de Iskra al que pertenecía envió primero a Martov y después a Lenin. Este había luchado contra los "economicistas" y los socialistas-revolucionarios.

En nuestro grupo se hablaba de la llegada de un jo­ven camarada, evadido de la deportación. Se había instala­do en casa de Catherine Mikhallova Alexandrova, antigua militante de la Libertad del Pueblo que se había unido a Iskra. Las jóvenes queríamos mucho a. Alexandrova, y las escuchábamos con interés y estábamos bajo su influencia. Cuando el joven colaborador de Iskra llegó a París, Ale­xandrova se encargó de buscarle un apartamento entre la vecindad. Había uno libre en la casa donde yo vivía, cos­taba doce francos al mes, pero era muy pequeño, estrecho, sombrío, y parecía una cueva. Cuando hice la descripción a Alexandrova, esta me cortó la palabra:

-!Está bien! iEstá bien!... Es inútil hablar tanto... Le ira bien. iQue lo coja!: .

Luego Natalia añadía: "Cuando el camarada joven, del que no diremos el nombre, se instaló en dicho apartamento, Alexandrova me preguntó:

-Bien, ¿prepara su conferencia?

-No lo sé, le respondí. Probablemente... Esta noche, al subir la escalera, lo he oído silbar en su cama.

~Dile que se prepare bien en vez de silbar. Alexandrova estaba muy inquieta con "él", se pre­guntaba sí hablaría con éxito. Pero su ansiedad no estaba justificada. La conferencia fue muy lograda, la colonia estaba entusiasmada, el joven militante de Iskra sobrepasó las expectativas".

Trotsky señala lo que le debía a Natalia: su primera inicia­ción al arte. Fue gracias a Natalia, que guardará hasta su último día un interés vibrante por todos los dominios donde se despliega la creación humana --pintura, escultura, música, literatura--, que Trotsky cesa, nos lo dice él mismo, de ser un "bárbaro", aunque reconoce no haber nunca superado en el conocimiento del arte los límites del diletantismo. Natalia tomó nota de cómo él se mostraba, en un principio, recalci­trante ante el arte (4): “La impresión general que hizo de París: "Se parece a Odessa, aunque” Odessa es mejor". Esta conclusión que iba en contra del buen sentido se explica así: L.D. estaba completamente absorbido por la vida política y no se daba cuenta de otras cosas de la vida más que en la medida en que se le imponían. Entonces las percibía como inoportunidades de las que tenía que escapar. Yo no admitía sus juicios sobre París y me burlaba de él"....

 

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