ZUTIK! 53 El proletariado y la opresion nacional

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ZUTIK!  53

ORGANO DEL B.T. DE EUSKADI TA ASKATASUNA (ETA)

Setiembre 1971

 

SUMARIO:

A modo de introducción

La ruptura con el nacionalismo

  1. a) pueblo y clase
  2. b) nacionalismo – internacionalismo

El proletariado frente a la opresión nacional de Euskadi

Origen de la opresión nacional

Las distintas clases frente a la opresión nacional

Incapacidad de la pequeña y media burguesía para resolver el problema de la opresión nacional

La clase obrera debe encabezar la lucha contra la opresión nacional

Lo que aporta la clase obrera al combate contra la opresión nacional

- frente al inter-clasismo, lucha de clases

- frente al chovinismo, solidaridad de clase

- frente al pacifismo, violencia revolucionaria

 

A MODO DE INTRODUCCIÓN

“Quien quiera que espere ver una revolución social “pura” —dice Lenin— no la verá jamás. Ese tal no será más que un revolucionario de boquilla que no entiende nada de lo que es una verdadera revolución”. Y también, en su “Carta a los obreros americanos”; “Quien no “admite” la revolución del proletariado sino a condición de que se desarrolle con facilidad y sin sobresaltos; que se llegue de golpe a la acción común de los proletarios de los distintos países, que la eventualidad de las derrotas sea excluida a priori, que la revolución siga un camino ancho, despejado, bien derecho. . .  ese no es un revolucionario”.

La historia de E.T.A. es sin duda todo lo contrario a una trayectoria rectilínea, clara, sin errores. En el Zutik! 52 hablamos de esa marcha contradictoria y  rigurosamente, de las ambigüedades que, por efecto del marco ideológico nacionalista-interclasista en que nos movíamos, han caracterizado nuestros 10 años de historia.

La ruptura con el nacionalismo

Como culminación de esta historia, pero también, en cierto sentido, “contra ella”, en E.T.A. se ha producido en lo últimos tiempos una ruptura, un corte: El corte con la ideología nacionalista y con manifestaciones de dicha ideología en la práctica política. Sin duda, sin los avances parciales anteriores, ese corte no se habría producido. Por eso no debe entenderse como que “necesariamente” debía producirse. No olvidemos que el grupo fraccionalista excluido de E.T.A. ahora hace un año, es producto de la misma historia. Los conatos de cambio registrados a lo largo de nuestra trayectoria organizativa se mantuvieron hasta el presente dentro de un marco ideológico y de unos presupuestos doctrinales —cohesionadores del conjunto de nuestra actividad— que poco tienen que ver con una organización revolucionaria del proletariado y sí mucho con el nacionalismo burgués.

“El nacionalismo burgués y el internacionalismo proletario —dice Lenin— son dos consignas irreductiblemente opuestas que corresponden a dos grandes campos de clase del mundo capitalista y que traducen dos políticas (más aún: dos concepciones del mundo) en la cuestión nacional”.

Tenemos que ser muy claros en esto: No por casualidad hemos empleado la palabra “corte”. Una crítica desde las posiciones actuales a nuestra práctica desde las posiciones actuales a nuestra práctica anterior es cualitativamente diferente a la que podríamos hacer, por ejemplo, en 1967 respecto a la política desarrollada durante cinco años atrás. Se trataría en este caso de autocriticarnos por determinadas acciones concretas, por fallos mas o menos coyunturales, por no haber aplicado seriamente los principios en que nos apoyábamos. Hoy no es posible criticar aquellos estragos sin un rechazo del conjunto de tales principios, sin una impugnación global. Para decirlo de una vez: Sin impugnar la doctrina tradicional de E.T.A. y su concreta práctica política. Es por eso que decimos que no se trata de un paso más en una evolución ininterrumpida, sino literalmente, de un corte: La ruptura de E.T.A. con el nacionalismo.

Y ya, antes de seguir adelante, debemos precisar una cosa: Somos conscientes de que el hecho de dedicar un Zutik! a combatir explícitamente la ideología nacionalista vasca no puede dejar de chocar e incluso escandalizar a algunos. Si de todas formas lo hacemos así es porque estamos convencidos de que en el momento actual, el avance de la Revolución en Euskadi pasa por el combate contra las principales manifestaciones de la ideología nacionalista en el terreno de la práctica política: el interclasismo, así como el chovinismo y toda otra forma de estrechez y exclusivismo nacionalista. Y porque estamos igualmente convencidos de la necesidad —y urgencia— de evitar todo equívoco y toda ambigüedad a este respecto.

Procedamos con orden.

 

a) pueblo y clase

Por la naturaleza de la ideología en general y del nacionalismo en particular, la ideología nacionalista se manifiesta históricamente como factor cohesionador de las distintas clases que forman la colectividad nacionalmente oprimida. Destacando y absolutizando lo que de común hay a dichas clases en el seno de la nación (cultura, historia, tradición. . . ) se enmascaran, en distinto grado las reales contradicciones que oponen a dichas clases entre sí. El P.N.V., por ejemplo, expresión política de los intereses de la burguesía no monopolista vasca, ha tratado históricamente de arrastrar, tras el señuelo nacionalista y en defensa de sus particulares intereses de clase, a todo el pueblo vasco, llegando a crear su propia sindical amarilla. La finalidad era integrar en un mismo campo a la clase obrera vasca y a “su” burguesía, la cual se presenta como abanderada de los derechos nacionales de nuestro pueblo.

Pues bien; es en este punto preciso donde se sitúa el corte ideológico de que hablamos. El corte con el “interclasismo” inherente a la ideología nacionalista. A lo largo de nuestra historia ha habido sucesivas aproximaciones a este corte. Así por ejemplo, en el texto “Ideología oficial de E.T.A.”, elaborado en la segunda sesión de nuestra quinta Asamblea (Marzo 67) se dice al tratar de determinar el concepto de “nacionalismo revolucionario”: “La liberación nacional . . . (es) la negación total de una realidad actual opresora; esa negación solo la puede efectuar le Pueblo Trabajador Vasco (P.T.V.) a través de su situación de clase explotada”. En el mismo sentido en el Zutik! 51 (marzo 69) se defendía la idea de que “nuestra liberación nacional es nuestra liberación como clase”. Y también “El carácter nacional de nuestra opresión y de nuestra lucha nos viene dado por el hecho mismo de ser trabajadores”. Pero se sigue considerando como agente del cambio revolucionario al P.T.V., concepto sobre el cual, según las necesidades tácticas del momento. Hay diferentes definiciones, a menudo contradictorias. En los momentos de debilidad organizativa, cuando se insiste sobre todo en las consignas frentistas, el P.T.V. está formado por “todas las clases y capas no monopolistas”. En otras ocasiones el concepto se restringe a “los que venden su fuerza del trabajo en situación de dependencia nacional”.

*

Estas ambigüedades no eran debidas simplemente a incoherencia teórica, a falta de rigor científico. Eran ambigüedades e incoherencias necesarias en el sentido de históricamente determinadas por el marco ideológico nacionalista en que nos movíamos. Es decir: El nacionalismo como ideología produce necesariamente unas ambigüedades.

Dice Lenin: “El marxismo es irreconciliable con el nacionalismo, incluso con el más “justo” de los nacionalismos, con el más “puro”, con el más “fino y civilizado”.

Ante el tribunal militar que los condenaría a muerte, Eduardo Uriarte y otros compañeros declararon sin equívocos: “Somos marxistas-leninistas”, E.T.A. ratificaría oficialmente dicha declaración en el Berriak-2, fechado el 29 de Diciembre. Sin embargo, nadie es marxista-leninista simplemente porque lo afirme. Es en el terreno de la lucha concreta, en el terreno de la lucha de clases, en el del combate diario con el enemigo donde se demuestra hasta qué punto las afirmaciones, los slogans, expresan un contenido real. Somos lo que hacemos, es nuestra práctica quien nos define. En este sentido, y sin que ello agote el dignificado de la expresión, ser marxista-leninista define un objetivo bien concreto: la lucha por la revolución proletaria. Es decir, con palabras de Marx, la lucha por “La emancipación del proletariado y abolición del trabajo asalariado”. No ya, de una forma mas o menos genérica, la lucha por “los intereses nacionales” o por “la libertad del pueblo” o , aún más abstractamente, por “los oprimidos”, sino, muy concretamente la lucha por los intereses de la clase obrera y por su total emancipación.

Esto no significa que haya necesariamente una contradicción entre los intereses del pueblo vasco como tal y los de la clase obrera, entre la nacionalidad vasca oprimida y el proletariado en tanto que clase. En cada etapa histórica hay una clase de vanguardia, una clase que lleva en sí el germen del cambio social, el germen de la revolución. En este sentido, tal clase se hace portavoz práctico de los intereses de la sociedad en su conjunto. Es importante que precisemos claramente desde ahora mismo que esto no debe significar un olvido del importante papel, aunque subordinado, que algunos sectores de la pequeña burguesía —y no solo estudiantes— están llamados a desempeñar en las revoluciones nacionalistas oprimidas. Marx lo recuerda en la carta a  Annenkov.  tras señalar, no obstante sus necesarias contradicciones y ambigüedades, que la convertirán siempre en un aliado inseguro y vacilante. Lo importante es comprender la trascendencia de que la dirección de la lucha esté en manos de la única clase consecuente revolucionaria hasta el final, la importancia de que el proletariado (y no solo su destacamento: el partido) ejerza su misión histórica de clase de vanguardia.

A nuestro juicio —y tal como intentaremos demostrar a lo largo de esta serie de artículos— en Euskadi se han reunido ya las condiciones para que sea la clase obrera quien, arrebatando de manos de la burguesía nacionalista la bandera que ésta había antes monopolizado, encabece la lucha por la libertad nacional dentro de su proceso global de lucha por el socialismo. Es más: Pensamos que sólo en la medida que esto ocurra, en la medida en que sea el proletariado quien encabece la lucha de las masas vascas (arrastrando a los sectores mas progresistas del resto del pueblo y no, al revés, dejándose arrastrar por ellos) podrán Euskadi ser libre.

Y como conclusión de lo dicho: Será exclusivamente en función de los intereses específicos del proletariado como clase que deberán ser realizados tanto nuestros análisis como nuestra práctica concreta de lucha. En función del objetivo final (emancipación de la clase obrera y abolición del trabajo asalariado) y no en función de “los intereses nacionales de Euskadi”,  “lo que quiere el pueblo”, etc., nos aliaremos o no nos aliaremos con determinados sectores de a burguesía, nos inclinaremos o no, en su momento, por la separación, plantearemos y realizaremos nuestra estrategia, nuestra táctica, nuestra práctica política cotidiana. Y también desde este punto de vista abordaremos en este y posteriores números de Zutik! el problema de la opresión nacional en Euskadi.

 

b) nacionalismo-internacionalismo

El corte con la ideología nacionalista no solo se traduce en una ruptura con el interclasismo sino, paralelamente, en una afirmación neta de la solidaridad de clase del proletariado a nivel inter-nacional. Y esto tanto entre los obreros de las distintas nacionalidades sometidas a un mismo Estado burgués, como entre los obreros de Estados diferentes.

Para la clase obrera, el internacionalismo no es una relación de fraternidad abstracta, una simple cuestión de afinidad humana, sino una necesidad, una condición previa para su total emancipación.

Esta necesidad viene impuesta tanto por la naturaleza del objetivo histórico de la clase obrera como por el carácter mismo del enemigo. Frente a la “Internacional imperialista” del capital, Marx proponía oponer “no frases sobre la fraternidad, sino la fraternidad real de la clase obrera”. Su postura como la de Lenin, dista tanto del internacionalismo abstracto de quienes, como Proudhon, consideraban que la cuestión nacional “no es otra cosa que un prejuicio burgués”, como del nacionalismo burgués, tendente a subordinar los intereses de la clase obrera a “los intereses nacionales”, en nombre de los cuales se intentan enmascarar las reales contradicciones entre una parte de la nación (los explotados) y otra parte de la misma nación (los explotadores).

En la  teoría marxista la subordinación de los derechos e intereses particulares a los intereses generales de la clase obrera y de la revolución constituye la idea central respecto a esta cuestión. Pero de ninguna manera debe esto interpretarse como un abandono nihilista del problema. La clase obrera, fiel a su misión liberadora, no puede permanecer indiferente ante ninguna forma de opresión: Deberá luchar resueltamente contra todo privilegio para una nación o para una lengua, contra toda desigualdad nacional. Deberá luchar por la igualdad de todos los pueblos y naciones, afirmando a la vez, sin ambigüedades, la unidad de la clase obrera por encima de los “intereses nacionales”, por encima de cualquier mezquindad, de cualquier exclusivismo, de cualquier chovinismo nacionalista.

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Antes de entrar definitivamente en el tema tenemos que hacer varias puntualizaciones de tipo metodológicos:

a).- El título del trabajo (“El proletariado frente a la opresión nacional de Euskadi”) indica cuál es el tema concreto del mismo. Aunque necesariamente tendremos que hacer referencia a temas más generales, el objeto de este trabajo no es “la cuestión nacional” sino uno de sus aspectos y tal como se presenta políticamente en la actualidad y en Euskadi. Otros temas (“Autodeterminación”; “Frente Nacional y problema de las alianzas”,  etc.) serán abordados en los siguientes números de Zutik!. Un trabajo teórico más general será próximamente publicado en “Iraultza”.

b).- Somos conscientes de que “una cita no es una demostración” sino una ilustración al texto, que es, propiamente, donde se ha de seguir la línea argumental. Si en esta ocasión, contra lo que suele ser nuestra costumbre, hemos introducido citaciones de Lenin, Marx, etc., es con esta intención “ilustrativa”. El “análisis concreto de una situación concreta” que debe presidir toda investigación marxista, es todo lo contrario al método (que hemos visto más de una vez) de cambiar de postura política sobre cuestiones graves (por ejemplo: separación o no) sin que varíe en nada el análisis de la situación real: Simplemente como resultado de haber encontrado nuevas citas de Lenin sobre el tema.

c).- Cuando hablamos de “nacionalismo” o de “ideología nacionalista”, no debe confundirse con el concepto de “patriotismo”. Esta distinción podía ser impugnada con argumentos etimológicos: patria viene de “fratia” y tiene, a partir del siglo XVIII (ascenso dl liberalismo) el sentido ideológico de “hermandad” entre todos los ciudadanos, con independencia de la clase a la que pertenezcan. El propio diccionario añade un reforzamiento chovinista al concepto, definiendo patriotismo como “exaltación de los valores subjetivos de la patria”. Por su parte, el término “nación” tiene, el de los países centro-europeos y eslavos —donde se elabora políticamente el concepto de nacionalismo— un sentido antropológico. En los países eslavos “narod” expresa tanto la idea de “pueblo” como la de “nación”. Un derivado de esta palabra “narodnost”, que se traduce habitualmente por “nacionalidad” es lo que se entiende corrientemente como equivalente a “etnia” en el sentido antropológico-cultural.

De toda formas mantenemos la distinción, que se ha hecho clásica en la literatura marxista, sobre todo a partir de la ofensiva fascista de los años 30. Como decíamos en el Berriak 7, el principal elemento cohesionador del fascismo a nivel ideológico es precisamente un furioso nacionalismo, que pretende sobre todo en la pequeña burguesía, base social fundamental del fascismo en la Italia de Mussolini, la Alemania nazi, etc. Muy significativamente, todos los coronistas de la guerra civil española hablan d “republicanos” por una parte y “nacionalistas” (refiriéndose al campo franquista) por otra.

Sind duda hay que distinguir entre nacionalismo de gran potencia (España tiene voluntad de imperio”, se lee en los puntos programáticos de la Falange) y el nacionalismo de nación oprimida, que, como es el caso del nacionalismo vasco, tiene normalmente un contenido democrático general. Ahora bien: El tronco ideológico (nacionalismo) es común y se sustenta sobre el inter-clasismo, sobre la pretendida unidad de intereses de las distintas clases “nacionales”. Para reforzar dicha “unidad” se suelen resaltar, en tono chovinista, las diferencias nacionales, absolutizándolas. Es en este sentido de apoyarse sobre la diferenciación y no sobre la igualdad de derechos de todos los pueblos, que el nacionalismo es el contrario ideológico del internacionalismo.

Así pues mantenemos la distinción entre: Nacionalismo, concepción ideológico-política elaborada por determinados sectores de la burguesía consistente en considerar a la propia nación no sólo al margen y por encima de la lucha de clases sino al margen y a menudo por encima de las demás naciones. Llamamos patriotismo a la concepción de quienes consecuentes con los principios generales del internacionalismo, luchan por la igualdad efectiva de todos los pueblos y naciones y, por tanto, por la libertad nacional de los pueblos y naciones oprimidas.

EL PROLETARIADO FRENTE A LA OPRESION NACIONAL DE EUSKADI

 

“Cuando en un Estado cualquiera una nacionalidad tiene todos los derechos y otra no posee sino una parte, cuando una nación débil es anexionada por otra más fuerte, una lengua y costumbres extranjera le son impuestas y no le es permitido vivir a su gusto, hay opresión y desigualdad nacionales”.

(Bujarin y Preobrajensky: “El ABC del comunismo”)

 

Origen de la opresión nacional

- La opresión nacional, como toda opresión es una opresión de clase.

- Dicho con otras palabras: La forma particular de opresión del hombre por el hombre que es la opresión nacional, es una manifestación de la lucha de clases.

- La existencia de las clases va unida a determinadas fases históricas del desarrollo de la producción. Igualmente, las manifestaciones concretas de la lucha de clases van unidas al desarrollo histórico concreto de las relaciones de producción.

- Consecuentemente, la opresión nacional es no solo una opresión de clase, sino muy concretamente, una opresión de clase históricamente determinada.

- La opresión nacional en cuanto tal no existe de siempre([1]). Aparece en un momento dado del desarrollo de las fuerzas productivas.

Una vez liquidadas en lo fundamental las formas de producción feudales, la clase ascendente, la burguesía, necesita liquidar a la vez las formas supersetructurales (administración, leyes, ideología —especialmente bajo la forma de religión católica—) que habían quedado fosilizadas en la sociedad como restos de la etapa anterior. Tales fósiles constituían un freno para la expansión económica.

A nivel ideológico, la concepción medieval que consideraba a la política y a la economía como partes de la Moral (baste recordar las leyes sobre el préstamo con intereses, considerado como “pecado de usura”) es sustituido por la nueva ideología de la razón, de la patria (fratia), de la libertad, etc. En cada etapa histórica, la clase ascendente, para culminar su constitución en clase dominante (y más tarde para mantenerse en tal posición) necesita “universalizar” su propia reivindicación de clase y, para ello, extender a toda la sociedad su propia concepción del mundo. Los filósofos burgueses del siglo XVIII desarrollan (universalizándola) su ideología de clase: libertad, igualdad, fraternidad será el mito-emblema de la Revolución francesa de 1789.

La burguesía utiliza sus propios mitos para arrastrar a su combate particular a todo el pueblo. Será el “bajo pueblo” de París quien tomará la Bastilla, quien luchará por derrocar a la monarquía, por instaurar la Asamblea, la “democracia”, la “libertad”. Y, sin ellos sospecharlo, esa libertad en general será pura ideología para encubrir la concreta libertad de comercio, la concreta libertad de explotación: libertad para los burgueses y sacralización de su propiedad privada. Y en cuanto a la igualdad, los miembros de la sociedad serán “iguales en la medida en que lo sean sus capitales” (Engels).

El burgués no sólo vive dicha representación ideológica como una astucia que lúcidamente emplea para engañar a los demás. Para ello necesita, previamente, creer en su propio mito. La imagen que de su práctica concreta la realidad le devuelve a diario (burgués = explotador) le resultaría insoportable a no ser que viva su relación real en la sociedad cubierta por su relación imaginaria, por su representación ideológica.

Su máxima reivindicación será el Estado nacional. Y a la vez, su máxima mistificación. Lo que es en realidad expresión política de sus particulares intereses de clase y, consecuentemente, la máquina encargada de reprimir a las clases sobre cuya explotación se asienta su dominio, será presentado como el árbitro neutral de las disputas entre ciudadanos. Adam Smith, el más grande economista liberal, deducirá que de “la articulación de muchos egoísmos particulares resulta el bien para la sociedad en su conjunto”, asignando al Estado el papel de árbitro encargado de determinar y hacer respetar las reglas del juego que enfrenta entre sí a dichos “egoísmos particulares”. Justificará de esta forma la libre competencia y a la vez, la moralidad y neutralidad del Estado.

La fijación del marco donde dicho Estado realiza su función es también expresión de los intereses de la clase dominante en cada etapa de su desarrollo histórico y del desarrollo de las fuerzas productivas. El nacimiento y configuración de los "Estados nacionales" (que son en Europa casi siempre Estados multinacionales) refleja dichos intereses en la época del capitalismo ascendente. En dicha época la burguesía necesita, por una parte, instaurar fronteras rígidas que la protejan de la competencia de los demás Estados; y por otra, unificar mercados suficientemente amplios como para dar salida a su propia capacidad productiva y asegurar un ritmo conveniente de expansión de dicha capacidad.

Estos mercados "nacionales" se forman sobre la base de la existencia de unos intereses comunes a las burguesías que han ido surgiendo localmente en cada unidad económica de la época feudal. Es así como, en Europa, pueblos nacionalmente diferentes se ven integrados en unidades estatales multinacionales y en ocasiones, como el caso de Euskadi, divididos en dos Estados diferentes.([2])

Para reforzar la unidad de dichos Estados, las burguesías de las distintas nacionalidades en el integradas proceden (siguiendo su interés común de clase) a la eliminación de cuantas trabas puedan oponerse a dicha unidad: se procede al bloqueo de la historia y de la cultura de las nacionalidades, a comen zar por la lengua nacional. Se procede a la unificación administrativa y jurídica, eliminando toda legislación local, todos los fue- ros, franquicias o privilegios.

No es que esta burguesía ascendente aparezca repentinamente, con la creación de las prime ras factorías. En el siglo XVIII se convierte en clase dominante, pero su origen es muy anterior. El capitalismo y con él el burgués nace en el seno del feudalismo. Es una vez establecidas las formas capitalistas de producción cuando se rompe la superestructura política feudal. En ocasiones el proceso- fue gradual, pero siempre las relaciones capitalistas de producción aparecen primero en la industria, eliminándose después las trabas feudales en la agricultura y liquidándose entonces la superestructura política.

En Euskadi, desde la aparición durante los siglos XIII y XIV de una incipiente burguesía comercial vasca, basada en el comercio de lana y hierro hacia el Báltico y asentada en las villas, hasta la liquidación definitiva de los fueros en 1876, lo que se ha producido es el enfrentamiento paulatino de la formación social capitalista con la formación social feudal. La clase que en aquel momento representaba el progreso histórico, la burguesía, impuso, como no podía de otra forma, su propio interés de clase y, por tanto, las formas superestructurales correspondientes al modo de producción que representaba.

Así pues, cuando decíamos que la opresión nacional de Euskadi es una opresión de clase históricamente determinada queremos indicar cómo, en una etapa dada del desarrollo de las fuerzas productivas, la burguesía ha necesitado oprimir nacionalmente al pueblo vasco para realizar y más tarde mantener los intereses que, en cuanto tal clase, representaba.

 

Las distintas clases ante la opresión nacional

La opresión nacional, cuyo origen de dase acabamos de ver, se ejerce sobre el conjunto de la colectividad nacional. Sin embargo, las respuestas que las distintas clases van a oponer a dicha opresión serán distintas. En el caso de Euskadi:

- LA ALTA BURGUESÍA, que se consolida a fines de siglo como resultado de la fusión del capital industrial con el capital bancario. No ha sido nunca nacionalista; ni siquiera estatista, sino ferozmente centralista, lo mismo que la alta burguesía catalana, castellana, andaluza. Sus intereses estuvieron siempre ligados a la unidad del Estado español, que le proporciona un amplio mercado, una mano de obra barata, procedente de las subdesarrolladas zonas rurales y la protección arancelaria necesaria.

- LA PEQUEÑA Y MEDIA BURGUESÍA, (es decir: la burguesía no monopolista) vasca, cuyo ascenso va ligado al de la gran burguesía, se encuentra sin embargo opuesta a ella
 por....to. La prematura concentración monopolista que ésta representa supone su liquidación  como clase autónoma. Tal autonomía no 
se puede dar en el capitalismo....... ascenso de la gran burguesía monopolista, provoca en ella el sentimiento nacionalista. Este sentimiento nacional, cuya .... representa .... la burguesía, lo encuentran en ideología nacionalista-internacionalista, tratamiento..... arrastrar tras sus particulares intereses de clase (que insistimos, la enfrentan tanto al gran capital como al proletariado), al conjunto de la colectividad nacionalmente oprimida.

Las características especiales del proceso de industrialización del país (1] rapidísimo; 2] en base al capital financiero; 3] con una pronta concentración) determinan que apenas quede sitio para una burguesía media al estilo de la que constituye la base social del nacionalismo catalán. Pero al mismo tiempo, dichas características, y en particular el prematuro proceso de concentración, centuplica el numero de contables, pequeños comerciantes, rentistas, empleados de banca, propietarios de pequeños talleres auxiliares, etc., capas que, junto con los baserritarras y arrantzales por una parte, y el clero y profesiones liberales por otra, constituyen la base social fundamental del nacionalismo burgués.

- LA CLASE OBRERA, aparece dividida ante el problema de la opresión nacional. Por una parte, una porción importante del proletariado de origen vasco se deja arrastrar por la ideología clerical, patriotera y anticomunista de los burgueses del P.N.V., en cuyas manos deja la solución del problema. La creación de una central sindical cristiana por parte del P.N.V. (S.O.V., en 1911) tiene una intención claramente integradora; lo que no evita que ésta ocasione ciertas tensiones de izquierda dentro de la familia nacionalista en los momentos álgidos de la lucha de clases(por ejemplo en el 34, durante la insurrección de Asturias).

Otra gran parte del proletariado asimila rápidamente la experiencia de la lucha de clases y se va consolidando, junto con los mineros asturianos, como la clase obrera más combativa de la península. Entre 1890 y 1906 se producen 4 huelgas generales —con declaración de "estado de guerra" en Mayo de 1890 y el verano de 1903— y 17 grandes huelgas parciales. El centro de gravedad de estos combates se sitúa en la zona minera y fabril de la margen izquierda del Nervión.

La formación política obrera más influyente de aquella época es el Partido Socialista, cuyo primer centro se crea en Bilbao en 1886. En 1912 Tomás Meabe, que 
representa un incipiente patriotismo socialista, funda La "Juventud Socialista". Sin embargo, ni Meabe, ni Arteta ni otros socialistas de la época consiguen cambiar la política global del P.S.O.E. respecto al problema de la opresión nacional. Se ve esto como una intención de los burgueses que nada tiene que ver con la clase obrera.

Es así como la lucha 
contra la opresión 
nacional se abandona
 lastimosamente en manos de las clases medias, las cuales, a través del P.N.V. aprovecharán esta circunstancia para arrastrar a amplios sectores trabajadores tras sus intereses de clase.

 

Incapacidad de la pequeña y mediana burguesía para resolver el problema de la opresión nacional.

LA INDUSTRIALIZACIÓN DE EUSKADI y, con ella, la instauración definitiva del modo de producción capitalista y aparición del proletariado como clase mas numerosa, se produce en el último tercio del siglo XIX, completándose definitivamente tras la primera guerra mundial. Por las particulares condiciones de dicho desarrollo, la revolución económica y social no va acompañada, a nivel político, de su correspondiente revolución democrática burguesa.

El problema de la opresión nacional, que, bien o mal,([3]) había sido resuelto en la mayoría de los países que en el siglo XIX realizan su revolución burguesa, queda pendiente, como parte de las reivindicaciones democrático generales, en los países en que la - instauración del modo de producción capitalista se ha realizado, como en la Rusia Zarista o el Estado español, bajo formas poli- t iras autocríticas.

Es decir, la revolución industrial del País Vasco se produce:

a).- Sin la correspondiente revolución política democrático-burguesa.

b).- Tardíamente. No en la fase concurrencial, de capitalismo ascendente, sino en la fase imperialista del capitalismo.

Cada una de las clases que en su conjunto forman la colectividad nacionalmente oprimida actúa, respecto a la reivindicación nacional, con las mismas características que las distinguen en la lucha democrática en general, de la cual dicha reivindicación forma parte. Estas características vienen determinadas por sus intereses de clase y éstos, a su vez , por el lugar ocupado en las relaciones de producción.

Cada una de estas clases trata de "universalizar" su particular reivindicación. Así, la burguesía no monopolista vasca trata de universalizar su reivindicación de clase tras mistificaciones del tipo: "intereses nacionales", "autogestión de capital y trabajo", "hagamos primero una Euskadi libre y ya veremos luego si capitalista o comunista", etc. Más adelante veremos hasta qué punto dicha universalización es puramente ideológica. Lo que importa resaltar ahora es que la única clase que históricamente ha asumido políticamente la reivindicación nacional vasca es esta burguesía no monopolista y que su fracaso no es casual sino necesario.

Como hemos señalado antes, en cada etapa histórica hay una clase que defendiendo sus particulares intereses de clase camina en el sentido de la historia y asume, por así decirlo, la responsabilidad del avance de la sociedad en su conjunto. Por eso la constatación de Marx en el "Manifiesto" del alto papel revolucionario desempeñado por la burguesía. Pero pasada esta etapa, las clases que se aferran al pasado (ya sea para mantener sus privilegios ya para reconquistarlos) se convierten en reaccionarias. Defensoras de lo caduco, opuestas al avance de la humanidad y de la historia, su destino necesario es la destrucción. Solo pueden ser revolucionarias en la medida en que abandonen su propio punto de vista para adoptar, ante la inminencia del cambio, el punto de vista de la clase ascendente.

Los campesinos carlistas que a mediados del siglo pasado se echan al monte para defender los antiguos fueros plantean su reivindicación de forma reaccionaria: reivindican la vuelta al pasado, a la sociedad feudal, al absolutismo monárquico, a la ideología y organización clerical de la comunidad. Los Fueros eran en aquel momento un obstáculo legal para el desarrollo de las fuerzas productivas (recordemos el articulo del fuero de Bizkaia que prohibía la exportación del mineral de hierro), como lo eran las costumbres clericales o la institución monárquica tal como la concebían el pretendiente y sus seguidores. En nuestro tiempo, en la época del imperialismo ("fase superior del capitalismo") solo la sociedad socialista constituye una salida posible al actual sistema. La vuelta al capitalismo competitivo de libre concurrencia, es ya imposible, significaría "volver atrás la rueda de la historia".

La situación de esta burguesía no monopolista en el conjunto de las relaciones sociales de producción (opuesta tanto a la alta burguesía como al proletariado, cuyo triunfo significaría su eliminación total como clase explotadora) determina sus alternativas políticas. No se trata, pues, de que "la burguesía nacional lo ha hecho mal" o "ha traicionado al Pueblo Vasco". Se ha limitado a defender sus propios intereses de clase. Dada la peculiar constitución original del modo de producción capitalista en Euskadi, toda posible batalla de la burguesía no monopolista, intentando presentar una alternativa autónoma, está de antemano condenada al fracaso.

SUS VACILACIONES- Su comportamiento ha sido y será siempre vacilante. Cuando tras el salto definitivo de la guerra del 14, los sectores menos retardarlos de la burguesía industrial pretenden dar el golpe de gracia a la dictadura agraria de los terratenientes, influyentes aun en los órganos de gobierno, la pequeña y media burguesía catalana y vasca se suman en principio al combate; pero en cuanto ven al proletariado en la calle (tomando las fábricas en Barcelona, desencadenando huelgas generales, luchando revolucionariamente por las libertades democráticas) la marcha atrás es ostensible. Será precisamente la burguesía catalanista, que había desencadenado el movimiento, quien promoverá al capitán general de Catalunya, Primo de Rivera, como gobernante dictatorial de todo el Estado. Por su parte, apenas un mes antes del golpe Primoriverista, un ilustre representante del "vasquismo gradualista", Eduardo Landeta, delimitara con encomiable franqueza "hasta donde está dispuesta a llegar" la burguesía vasca para ser nacionalista y combatir, al mismo tiempo, la revolución.([4])

La opresión nacional es un efecto del capitalismo. Solo la destrucción del sistema, la destrucción del Estado en primer lugar podrá acabar con dicha opresión, es decir: La Revolución.

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Pero su temor a la Revolución no es menor que su rechazo del absolutismo. De ahí sus vacilaciones, sus ambigüedades en la lucha por las reivindicaciones democráticas, de las que la libertad nacional forma parte. Esta clase —dice Lenin— "teme la democratización completa del régimen político y social y siempre puede concertar una alianza con el absolutismo contra el proletariado. La pequeña burguesía tiene, por su propia naturaleza una actitud doble: de un lado se siente atraída hacia el proletariado y hacia el democratismo; y, de otro, se siente atraída hacía las clases reaccionarias, trata de detener la historia, es capaz de dejarse arrastrar por los experimentos y coqueteos del absolutismo , es capaz de concertar una alianza con las clases dominantes contra el proletariado en aras del fortalecimiento de su posición de pequeños proletarios".

En Euskadi, esas capas medias de que venimos hablando, no todas, se mantienen exactamente en la misma postura, las mismas alternativas. Y también en Catalunya es la burguesía media quien da el tono al conjunto del nacionalismo catalán (un nacionalismo que no es tal sino autonomismo o regionalismo todo lo más) En Euskadi es la pequeña burguesía, más próxima al proletariado, la que marca con su sello al nacionalismo vasco, que por eso mismo mucho mas “nacionalista”. La burguesía media, cuyos representantes aparecen siempre enquistados en el P.N.V., se muestran mucho mas dispuestos a archivar los "principios" ([5]) Lo que provoca tensiones e incluso escisiones en 1920, 1930....)

Esta burguesía es antes que nada anti-socialista y con reforzamiento ideológico de su estrategia interclasista hace hincapié especialmente en la religión, en el clericalismo tradicional del país. Cada vez que esta clase lograba el control del P.N.V., estrechando relaciones con los partidos de derecha, los sectores mas decididos de la base, predominantemente pequeño burgueses, reaccionaban promoviendo escisiones. Los escisioncitas se presentaban invariablemente como tendencia aconfesional frente al integrismo peneuvista. El principal reforzamiento ideológico de esta tendencia, mucho más radical en cuanto al problema de la separación, es el chovinismo antiespañol, chovinismo que es en ocasiones puro racismo.([6])

La preponderancia de una u otra corriente se manifiesta, en general, en una mayor o menor inclinación hacia el "intervencionismo" en la política estatal (pactos con los Mauristas, Jaimistas, con Acción Católica...; participación en las elecciones) o hacia el "abstencionismo" respecto a dicha política.

Sin, ni una ni otra corriente se plantean el problema fundamental: el de la destrucción del sistema. El carácter de clase del nacionalismo vasco le conduce siempre al dilema de tener que armonizar el radicalismo de su reivindicación con el mantenimiento de su status social. Desde quienes, a través de las Diputaciones, reducían su "patriotismo" a la defensa de las ventajas que el Concierto Económico de 1875 les dispensaba, hasta las formulaciones mas radicales del nacionalismo pequeñoburgués, pasando por la "sensata y pacífica espera de tiempos mejores" en que el Estatuto de Autonomía remediaría todos los males, todas las formulaciones de la burguesía nacionalista han escamoteado el fondo del problema: Nuestro pueblo solo será realmente libre cuando tenga el poder de autodeterminarse, de disponer de si mismo, de elegir libremente su separación o integración en pie de igualdad con los pueblos vecinos. Pero disponer de ese poder significa arrebatárselo a quienes hoy detentan todo poder. Pero insistimos: Eso significa, en nuestro tiempo, la Revolución. De ahí la posibilidad de coexistencia de un gran radicalismo en las proclamas e incluso en los métodos con una política globalmente centrista, tal como, a propósito de la antigua E.T.A., señalábamos en nuestro Zutik! 52. De ahí también las vacilaciones y ambigüedades de estas clases medias en la lucha por la libertad nacional y demás reivindicaciones democráticas. Vacilaciones y ambigüedades tan necesarias como su fracaso histórico. Porque tales sectores, a pesar de su enfrentamiento, a veces decidido y violento, contra el aparato represivo del Estado autoritario, carecen de una alternativa autónoma y homogénea como clase. No olvidemos que, históricamente, la base social fundamental de los movimientos fascistas ha sido extraída precisamente de la pequeña burguesía (Nazismo alemán, Poujadismo en Francia, fascismo italiano, falangismo..). De tal forma que, si bien es cierto que determinados sectores de estas capas medias están llamados a desempeñar aún un papel en el combate revolucionario por la libertad de Euskadi, el nudo de la cuestión reside en la capacidad del proletariado para organizarse y organizar, dirigiéndola, dicha lucha. Solo en la medida en que el movimiento de masas obrero se convierta en dirigente del movimiento revolucionario en su conjunto, arrastrando a esos sectores vacilantes, será libre Euskadi.

La clase obrera debe encabezar la lucha contra la opresión nacional

Resumiendo muy brevemente los apartados anteriores:

-La opresión nacional tiene un origen de clase y solo una respuesta de clase aportará una solución válida al mismo.

-Solo la alta burguesía, está" interesada en mantener la opresión nacional que se ejerce sobre nuestro pueblo.

-El resto de las clases burguesas toma, respecto a la opresión nacional» distintas posturas, pero todas ellas vacilantes, ambivalentes. Esto es así por:

  1. a) El contenido global de su reivindicación de clase, determinada por su posición de clase, que le enfrenta tanto al monopolismo como al proletariado
  2. b) Su ideología interclasista con reforzamientos chovinistas y clericalistas.

Como conclusión a estos puntos: En las actuales condiciones, solo la instauración revolucionaria de la democracia total (lo cual implica el socialismo) podrá solventar definitivamente la opresión nacional.

Pero no se trata de que haya que aplazar la lucha contra la opresión nacional a una etapa posterior a la instauración del socialismo (como algunas interpretaciones oportunistas —contra las que en varias ocasiones arremetió el mismo Lenin—, han pretendido dar a entender) sino introducir dicha lucha, como la lucha por toda reivindicación democrático general no satisfecha, dentro del proceso global de lucha por el socialismo. ([7])

Mientras exista el capitalismo no podrá haber verdadera democracia ni verdadera igualdad entre los distintos pueblos y naciones. Pero de eso no deben deducirse consignas desmovilizadoras respecto a la lucha democrática de la que la reivindicación nacional forma parte. "No es verdadero comunista quien olvida prácticamente que su deber es ser el primero en proponer, agudizar y resolver toda cuestión democrática de orden general"([8]). La revolución socialista no se produce de golpe, con el simple aprovechamiento de una coyuntura favorable, sino como culminación de toda una serie de luchas parciales: "Las revoluciones políticas son inevitables en el proceso de la revolución socialista, que no debe considerarse como un acto único, sino como una época de violentas conmociones políticas y económicas"([9]).La misma insurrección, fase culminante de la revolución, puede estallar no solo como consecuencia de una gran oleada de huelgas o una sublevación militar contra un régimen democrático-burgués dado, etc., sino también con motivo de cualquier crisis política al estilo del asunto Dreyfus o Zabern, o de un referéndum en torno a la separación de una nación oprimida, etc." ([10])

Es por eso que el proletariado, la clase revolucionaria de nuestro tiempo, debe apoyar y tratar de encabezar toda lucha por las reivindicaciones democráticas, la lucha por la libertad nacional de las naciones oprimidas comprendida. Pero solo se convertirá realmente en clase dirigente de dichas transformaciones democráticas precisamente en la medida en que no renuncie a su propio punto de vista, en la medida en que, manteniendo su independencia como clase, se destaque a sí misma: Tales "transformaciones políticas realizadas en un sentido auténticamente democrático no pueden nunca, en ningún caso y sean cuales sean las circunstancias, eclipsar ni debilitar la consigna de la revolución socialista" ([11]). En caso contrario, la potencialidad revolucionaria de la clase obrera no se transformaría en practica revolucionaria de la misma.

El que la clase obrera sea la clase mas consecuentemente revolucionaria no depende de ninguna razón mágica. Deriva, por el contrario, de sus concretas condiciones materiales de existencia: del hecho de ser la clase más explotada y oprimida, la más numerosa y mejor organizada. Las clases sociales son el producto del conjunto de estructuras políticas, económicas, ideológicas... de una formación social dada y de la relación que tales estructuras mantienen entre si. En las condiciones de nuestra lucha, la situación material de la clase obrera la convierte en la clase más organizada, más experimentada y más decidida en la lucha. Su situación concreta hace que en su seno se acumulen día a día, necesariamente y como efecto de las arbitrariedades de los explotadores, la indignación y rabia que constituyen su instinto de clase. Este instinto, una vez transformado en conciencia mediante la experiencia de lucha y por influencia de la vanguardia, se convierte en motor de la revolución.

Un ejemplo: Durante la gran movilización de diciembre, ¿quienes hacían la huelga, quienes luchaban en las manifestaciones y barricadas, quienes eran encarcelados en la ola represiva que siguió a los juicios?. Sin duda, la emoción que la estupidez y cruel arbitrariedad de los fascistas provocó, alcanzó a amplios sectores populares, mas allá de la clase obrera. Pero de todas formas, ¿quienes, qué clase constituyó el grueso de las fuerzas que supieron materializar esa emoción popular en actos de lucha concretos contra los fascistas?. Se nos dirá, quizás, que esto es normal, que es de cajón, que no van a hacer la huelga los patronos, ni siquiera los más "democráticos", los cooperativistas incluso. Se nos dirá, quizás, que es norma y que la mayoría de los que lucharon en las barricadas y manifestaciones fueran obreros porque la clase obrera constituye la mayoría de la población. Se nos dirá", quizás, que es lógico, que en las poblaciones con grandes concentraciones industriales, donde los obreros están mas organizados a enfrentarse con el enemigo, el enfrentamiento fuera mas extenso, el paro y la solidaridad casi generales.

Pues bien: justamente esto y no otra cosa es lo que queríamos decir. Insistimos en que no se trata de ninguna mágica razón, sino de las propias condiciones de existencia de la clase obrera, que vienen determinadas por el desarrollo actual de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Es decir: se trata del hecho de que los obreros estén concentrados en grandes empresas, lo que permite un alto nivel de concentración, del hecho de ser la clase más numerosa, del hecho de constituir la clase más explotada y como consecuencia la clase más decidida a la hora del enfrentamiento y mas adiestrada a la hora de materializar la indignación y rabia contra la opresión y explotación en actos concretos de lucha.

Es el capitalismo el que, siguiendo su propia lógica, ha creado tales condiciones materiales. Por eso la afirmación de Marx en el sentido de que "es el sistema que ha engendrado sus propios sepultureros". Por eso, también, la potencialidad revolucionaria del proletariado, que "solo puede perder sus cadenas y tiene en cambio todo un mundo por ganar".

Puesto que la potencialidad revolucionaría -de la clase obrera depende de sus condiciones materiales de existencia como clase, el proletariado solo se originará en clase dirigente del proceso revolucionario en la medida en que no renuncie a su propio punto de vista. El hecho de que, por ejemplo en diciembre, otros sectores populares no proletarios (arrantzales, pequeños comerciantes de las zonas semirrurales, estudiantes...) se sumasen valerosamente al combate se debe a que, en la actual etapa del capitalismo, son también, en diferente grado, víctimas de la opresión por parte del sistema. Por eso el proletariado debe intentar arrastrarles a su lucha. Pero dado que tales sectores y capas carecen de una alternativa autónoma global, su práctica solo será revolucionaria en la medida en que se una al combate global del proletariado, al combate por el socialismo y el internacionalismo, es decir por la eliminación de toda explotación y de toda desigualdad de los pueblos y naciones.

En conclusión, el que la clase obrera encabece la lucha contra la opresión nacional (única forma de conseguir la libertad para nuestro pueblo) depende de que, al sumarse al combate hasta ahora abandonado a las vacilaciones de las clases medias, no renuncie a sus propios intereses de clase, sino, por el contrario se apoye en ellos; no renuncie a su propio punto de vista, sino, por el contrario los realce; no se deje arrastrar por alianzas temporales, sino por el contrario, sepa destacar la especificidad de su combate: "Señalando la solidaridad de unos y otros grupos oposicionistas con los obreros, los comunistas destacarán y explicaran siempre a los obreros el carácter temporal y condicional de esta solidaridad, subrayarán siempre los intereses particulares del proletariado como una clase que mañana puede ir contra sus aliados de hoy". Se nos dirá: Esta indicación debilitará a todos los que luchan por la libertad política en el momento actual. Nosotros respondemos: Esta identificación fortalecerá a todos los que luchan por la libertad política. Solo son fuertes los luchadores que se apoyan en intereses reales claramente comprendidos de determinadas clases, y todo factor que vele estos intereses de clase, que desempeñan ya un papel dominante en la sociedad actual, no puede sino debilitar a los luchadores... (por otra parte) en la lucha contra el absolutismo, la clase obrera debe destacarse a sí misma, pues solo ella es consecuente hasta el final e incondicionalmente enemigo del absolutismo, sólo entre ella y el absolutismo son imposibles los compromisos, sólo en la clase obrera puede encontrar el democratismo un partidario sin reservas, sin indecisiones, sin mirar atrás. En 1905, en plena lucha contra el absolutismo zarista, Lenin se preguntaba: "¿Puede el obrero consciente olvidar la lucha democrática en aras de la lucha socialista o la lucha socialista en aras de la lucha democrática?. No. El obrero consciente se llama social demócrata porque ha comprendido la relación que existe entre una y otra lucha".([12])

Lo que aporta la clase obrera al combate contra la opresión nacional

"Para la clase obrera, decíamos en el Zutik! 32, no se trata simplemente de retornar la lucha nacional de la burguesía. Para la burguesía, liberación nacional es un objetivo político dentro del cual se puede seguir manteniendo la explotación de clase. Para la clase obrera, el fin de la opresión nacional es un objetivo democrático a satisfacer para todo el pueblo en su proceso de lucha hacia el socialismo.”

Es decir: No simplemente vivifica una lucha ya existente, sino la transforma, dándola un con tenido revolucionario, socialista. Una vez cumplido el plazo de que dispuso la burguesía para encontrar, como decíamos más atrás, una salida a! problema, la clase obrera, única clase incondicionalmente democrática no debe limitarse a apoyar el contenido democrático-general (no socialista) dado por las clases medias a su combate, sino, en primer lugar, debe arrebatar a la burguesía la bandera de defensora exclusiva de dicho contenido para llevarlo hasta sus ultimas consecuencias.

¿Pero en que se materializa esto? ¿que aporta la clase obrera a la lucha por la libertad nacional cuando, arrebatando a la burguesía la bandera que esta había antes monopolizado, acude a dicha lucha para encabezarla?.

Aporta su propia concepción revolucionaria, científica, de la lucha y destruye, paralelamente, la representación ideológica burguesa de la lucha. Es decir: destruye las concepciones, mitos y falsificaciones que la burguesía empleaba para engañar a las masas vascas y arrastrarlas a un combate que no era el suyo.

En Euskadi, la ideología de esas clases medias se llama nacionalismo burgués y su tronco, su raíz, es el interclasismo. Dicho interclasismo lo refuerza con diversas connotaciones, la más relevante de las cuales es el chovinismo. En cuanto a los métodos de lucha directamente derivados de dicha ideología, el proletariado debe combatir en la hora actual, tanto las concepciones pacifistas como las basadas en la violencia individualista.

 

Frente al interclasismo, lucha de clases

La ideología constituye, junto con el nivel político y económico, uno de los tres niveles esenciales de toda formación social. En una sociedad de clases, la ideología es siempre una ideología de clase, determinada en su contenido por la lucha de clases. Su operatividad práctica depende justamente de su capacidad para ocultar su origen de clase, para presentarse, universalizada, como común a varias clases. Mediante dicha universalización, la clase que ha segregado una ideología se justifica a sí misma y trata de encelar tras de sus particulares intereses a otras capas o clases.

En Euskadi, el nacionalismo gran-español es una de las manifestaciones de la ideología de la clase dominante, la alta burguesía. En respuesta a este nacionalismo ultrareaccionario, las clases medias vascas, han puesto en pie otra ideología, la ideología nacionalista vasca.

Tales clases medias, poniendo el acento en la diferenciación antes que en la igualdad, tratan de extender a todos los sectores populares de la colectividad nacionalmente oprimida sus particulares formas de conciencia social, su particular concepción ideológica. El señuelo utilizado preferentemente es el de los "intereses nacionales". Presentan como tales a sus particulares intereses anti-proletarios y anti-monopolistas.

Muy significativamente, el llamamiento que con motivo del proceso de Burgos dirigió" el "Gobierno Vasco" de Leizaola "a todo el pueblo vasco", precisaba, por si cabían dudas:- "Llamamos a patronos y obreros...". La burguesía nacionalista es consciente de que por si sola, es decir, sin el apoyo de la clase mas numerosa y combativa, el proletariado
 (al que trata de arrastrar) su fuerza a la hora de plantear una alternativa al franquismo es nula. Su posición de clase le hace a la vez necesitar y temer la fuerza de la clase obrera. Si la clase obrera no se moviliza, el capitalismo monopolista seguirá imponiendo su Ley. La burguesía nacionalista sabe que eso significa para ella seguir desplazada de la junta rectora de la economía, relegada al furgón de cola de los explotadores. Pero la burguesía nacionalista sabe también que si el proletariado se moviliza contra la opresión a que está sometido, corre el riesgo de verse desbordada por la acción revolucionaria de éste, acabando con sus privilegios de clase explotadora.

Es por esta razón que la burguesía nacionalista tiene y tendrá siempre una actitud vacilante, aplicando una política centrista. -

En el llamamiento del "Gobierno Vasco" que acabamos de citar, se expresaba el deseo de que los actos de protesta contra el juicio de Burgos "se mantengan dentro de las normas de convivencia que han caracterizado siempre las acciones de masas de la resistencia vasca".

De la necesidad de, a la vez, arrastrar y contener a las masas revolucionarias deriva la incapacidad de la burguesía nacionalista para dirigir ninguna clase de combate verdadero por la libertad de Euskadi. Si, como hemos dicho antes, toda ideología tiende a contagiarse a otras clases, en la ideología nacionalista esta característica se destaca de un modo particularmente neto. El llamamiento a "patronos y obreros" trasluce esta concepción interclasista: patronos y obreros vascos y en cuanto tales, se nos quiere hacer creer, de intereses convergentes.

"Hagamos primero una Euskadi libre y ya veremos luego si socialista o capitalista", se oye a menudo repetir, incluso a organizaciones llamadas "socialistas". Pero preguntamos: Esa Euskadi, que será de momento?; Es decir: si se aplaza para mas tarde la transformación socialista de la sociedad vasca, esa Euskadi por la que se apuesta, qué será?; No puede ser "ni-socialista-ni-capitalista". Y si todavía no es socialista, será, necesariamente capitalista. Se apuesta, pues, por la perpetuación de la explotación del hombre por el hombre. Ningún consuelo nos producen a el hecho de que ese hombre que explota sea vasco. Es que no lo son también quienes hoy nos explotan?.

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La opresión nacional se ejerce sobre el conjunto de la nación. Pero eso no disminuye o aplaza las contradicciones entre las distintas clases que forman la colectividad nacional: "En cuanto a los elementos democráticos en las nacionalidades oprimidas...todo el mundo sabe y ve que en el seno de estas categorías de población las contradicciones de clase son mucho mas profundas y fuertes que la solidaridad de todas las clases de semejante categoría contra el absolutismo y en pro de instituciones democráticas" ([13])  

Entiéndase bien: No se trata de una renuncia de principios a tratar de integrar los elementos democrático burgueses de la nacionalidad oprimida en el combate contra la opresión nacional y demás formas de opresión política. Pero tampoco de dejarse integrar en el combate reformista de tales elementos.

 En aras del apoyo de unos cuantos miles de pequeños comerciantes, abogados, técnicos pequeños industriales, etc., el proletariado no puede renunciar a su punto de vista independiente, rebajando una y otra vez los objetivos para impedir la deserción de dichos aliados. Una política basada en las concesiones para evitar la desbandada de esos aliados solo provocará el contagio, al propio proletariado, de las vacilaciones que la ocasionan. Y significará de hecho el abandono, una vez más, en manos de la burguesía, del papel dirigente de la clase obrera. "Solo el proletariado puede ser el luchador de vanguardia" por la libertad política y por las instituciones democráticas porque, en primer lugar la opresión política recae sobre él con la máxima dureza, no habiendo en esta clase nada que la atenúe..." ([14])

 

Frente al chovinismo, solidaridad de clase

Como hemos dicho, el interclasismo se encuentra a la base de la concepción nacionalista. Dicho interclasismo es reforzado por el chovinismo, tanto en el sentido de glorificación de lo autóctono como de rechazo de lo extranjero, considerado como intrínsecamente malo.

En nuestro anterior Zutik recordábamos algunas de las manifestaciones recientes de este maniqueísmo. En "La insurrección en Euskadi" publicado en 1964 se habla de "los españoles que, en tanto que españoles, lo mismo da que sean de derechas como de izquierdas". En el artículo de Sarrailh "Nacionalismo revolucionario", aparecido en "Branka" n° 1 (1966) se contraponen como polos de la contradicción fundamental lo vasco (= progreso) contra lo español (= a reacción). En un cuadro incluido a modo de resumen, Basconia se identifica con: vascuence, socialismo, propiedad social, euskaldunidad y progreso. En el otro polo se identifica España con: castellano, feudalismo-burguesía, propiedad burguesa y feudal, hispanidad, reacción. Todavía hoy, determinadas corrientes nacionalistas han "resuelto" el problema de compaginar nacionalismo con marxismo mediante la identificación pura y simple de la reacción como "los españoles", de tal manera que los burgueses explotadores vascos dejan de serlo (vascos) pues "carecen de una verdadera conciencia nacional". Pueden así seguir usándose los viejos clichés y la lucha sigue presentándose como "entre Euskadi y España". El truco es tan elemental como eficaz. A medida que se va comprendiendo que algunos vascos son enemigos, se les borra la carta de naturaleza y se les apunta al otro lado de la raya. Ya no son vascos, sino objetivamente españoles". A medida que estas corrientes nacionalistas "de izquierda" (en las que por tanto tiempo ha estado anclada nuestra organización) vayan avanzando, bajo la presión del desarrollo de la lucha revolucionaria, hacia posturas mas progresistas, iremos viendo como son traspasados al otro lado de la raya, al lado de los "españoles", quienes todavía ayer eran aliados importantísimos. Al PNV por ejemplo se le comienza a reprochar el ser un partido burgués y "por tanto" español .

Del racismo archirreaccionario de Sabino se ha pasado a formas más refinadas de interclasismo. La religión, en tanto que ideología tendente a identificar mágicamente a ricos y pobres, fue en una época, junto con el racismo, el principal reforzamiento del interclasismo nacionalista. Hoy, este factor ha perdido parte de su importancia, pero el chovinismo, especialmente el chovinismo anti-español, sigue a la orden del día, incluso como hemos visto, en las corrientes más avanzadas del nacionalismo actual.

"El chovinismo de la burguesía —decía Marx— hace cien años, no es otra cosa que la vanidad, atribuyendo una fisonomía nacional a todas sus pretensiones. El chauvinismo es un medio... (de) esclavizar a los productores de cada país, azuzándolos contra sus propios hermanos de los demás países; el chauvinismo es un medio de impedir la colaboración internacional de la clase obrera, primera condición de la emancipación de ésta . ([15])

En la gran huelga minera de 1.890 de la que hemos hablado antes, una de las reivindicaciones principales era la eliminación de los barracones obligatorios. Los obreros eran obligados a vivir en unos barracones de madera construidos cerca de las vetas de explotación, agrupados según el origen: barracones de aragoneses, gallegos, de vascos, etc. Los capataces azuzaban continuamente a unos barracones contra otros, tratando de dividir y enfrentar a los trabajadores entre si. "Los aragoneses son unos vagos que no quieren trabajar", decían a los mineros vizcaínos. Y a los venidos de fuera "Lo que quieren los vascos es echaros de Vizcaya". Los patronos provocaban estos enfrentamientos conscientes de lo sensibles que unos y otros eran a ese tipo de demagogia. Algunos de tales patronos, —el más importante de los cuales era, en la zona de Somorrostro, Gallarta, La Arboleda... el "Vasquista" Lezama Leguizamon— militarían años después en las filas del partido fundado por Sabino Arana. Este escribiría, cuatro años después de la gran huelga, en la crónica de sucesos del periódico "Bizkaitarra": "No hace mucho surgió en una de las minas del Oeste un conflicto entre trabajadores euskerianos y maketos huelguistas... Estos últimos, vagos por naturaleza y pretendiendo que se les subiera el jornal, querían obligarles a los nuestros a dejar el trabajo y declararse como ellos en huelga".

En un reciente número de "Alderdi", boletín del PNV, se nos recordaba que el primer objetivo interno era "la destrucción de las ideologías y organizaciones extranjeristas”. ([16]) Mediante este truco puede ser considerado como ideología "extranjerista" toda concepción que no concuerde con los intereses de esas clases medias burguesas a las que el PNV representa. "Déjense de ideas socialistas, que son anticristianas y anti baskongadas" aconsejaba Sabino Arana en 1.897 a sus correligionarios.([17])

El proletariado, al encabezar la lucha contra la opresión nacional, debe, antes que nada, combatir todas estas formas de conciencia social emanadas de la burguesía, todo este sistema de representaciones imaginarias. El nacionalista toma respecto a la existencia de la lucha de clases distintas posturas, todas ellas idealistas: desde quienes pura y simplemente las niegan hasta quienes, admitiéndola en general, consideran que nuestro caso constituye una "excepción histórica". Distintos ideólogos burgueses se han encargado de montar el andamiaje necesario para tal construcción. Será así como oiremos hablar, como de una categoría histórica, de la "secular democracia vasca"; o deducir de ciertas características especiales del desarrollo del ciclo feudal en Euskadi consecuencias excepcionales destinadas a demostrar que, en nuestro caso, la revolución, no es necesaria para lograr la igualdad y la justicia. "Para que la justicia e igualdad se realicen en la sociedad bizkaina, decía Sabino Arana, no es necesario recurrir al socialismo... Estos sagrados nombres están indeleblemente esculpidos en la historia de nuestra raza, en las doctrinas de nuestros padres, en la bandera nacionalista".

En la actualidad no se formula de una manera tan primitiva, pero el tronco ideológico sigue siendo el mismo. El señor Uzturre nos decía en el "Alderdi" de abril: "Para decirlo de una vez: no todo es lucha de clases en nuestro pueblo"([18]). Hoy se admite que es necesario el socialismo (contra el que se proclama no estar) pero se aplaza ese combate para una etapa posterior. Incluso no señala el papel predominante del proletariado en el proceso de lucha, pero no se ex plica de qué manera podrá la clase obrera desempeñar tal papel si debe disimular la especifidad de sus intereses de clase para atraerse a la "burguesía nacional". Tras el biombo de los "intereses del pueblo" se esconden o aplazan mágicamente las muy reales contradicciones existentes entre las distintas clases de la colectividad nacional.

Insistimos en que sólo la revolución podrá acabar con la opresión nacional que pesa sobre nuestro pueblo. Y la revolución no significa el ocultamiento de los enfrentamientos de clase, sino, por el contrario, su exacerbación. Y al mismo tiempo, en cuanto que la revolución pasa por la destrucción del Estado burgués español (tarea en la que están interesados todos los pueblos peninsulares) las contradicciones superestructurales creadas entre tales pueblos por causa de unos intereses que no son los suyos, no deben ser agudizadas, sino por el contrario, resueltas.

Tales contradicciones y enfrentamientos interpopulares existen. Pero mientras para el chovinista se trata simplemente de constatarlo y resaltarlo, el revolucionario socialista debe tratar de ver cuál es la raíz de su existencia. Y es desde esta perspectiva que nos preguntamos: acaso el obrero español tiene algún interés en que se mantenga la opresión nacional en Euskadi? Se beneficia en algo el campesino andaluz de la opresión lingüística a que está sometido el baserritarra vasco ? No son más bien los intereses de la clase dominante (es decir: De la gran burguesía peninsular, sea castellana o vasca, andaluza o castellana) los que ocasionan la opresión nacional ejercida contra nuestro pueblo?.

En toda sociedad, la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. Por eso el chovinismo gran español está enraizado en amplios sectores de las masas populares españolas. Pero no nos debemos contentar con constatar este hecho. Debemos analizar si tal chovinismo beneficia en algo a las masas populares del resto de los pueblos sometidos al Estado burgués español. Y recíprocamente, el hecho de que frente al nacionalismo español las clases medias vascas hayan opuesto una respuesta ideológica igualmente nacionalista y chovinista, no debe hacer olvidar a los obreros y masas populares de los demás pueblos peninsulares que nada absolutamente hay en los intereses del proletariado y pueblo trabajador vasco que les incline a secundar el archirreaccionario chovinismo "antiespañol" que ha caracterizado en mayor o menor grado a todas las corrientes nacionalistas.

El nacionalismo, tanto el de la nación grande como el de la nación oprimida, han contribuido a crear barreras entre los pueblos, dificultando su entendimiento y fomentando el mutuo recelo. Tales recelos solo desaparecerán definitivamente con la desaparición de la causa que los ha engendrado que es, en último término, la existencia de la opresión nacional. Pero ya desde ahora los revolucionarios deben esforzarse por educar en los principios del internacionalismo a los obreros y masas populares tanto de la nación grande como en la nación oprimida, con vistas a lograr la paulatina desaparición de tales recelos y desconfianzas, resaltando lo absurdo de cualquier forma de chovinismo tanto por una como por la otra parte.([19])

Tal educación deberá ir dirigida, de cara a los obreros y pueblo de la nación oprimida, a combatir toda forma de egoísmo nacional, a resaltar la necesidad de la solidaridad de clase con sus hermanos de los otros pueblos del Estado, a resaltar el interés de la unión voluntaria no solamente cara al enemigo común sino, además, de cara a la construcción de la futura sociedad socialista y comunista que, como señaló Marx, sólo podrá ser inter-nacional. "El comunista de una nación pequeña... puede pronunciarse tanto a favor de la independencia de su nación como a favor de su incorporación al estado vecino... Pero deberá luchar en todos los casos contra la mezquina estrechez nacional, contra el aislamiento nacional, contra el particularismo, porque se tenga en cuenta lo total y lo general por la supeditación de los intereses de lo particular a lo general.([20])

Al mismo tiempo, el revolucionario consciente debe también educar a los obreros y masas populares de la nación opresora o grande contra toda forma de chovinismo. Poniendo el acento especialmente "en la prédica de la defensa de la libertad de separación de los países oprimidos. De otra manera no hay internacionalismo. Tenemos el derecho y el deber de tratar de imperialista o de canalla a todos los nacional-demócratas de una nación que no realice tal propaganda"([21])

Porque la lucha contra la opresión nacional de Euskadi afecta también a los obreros de la nación opresora, especialmente a sus luchadores mas conscientes. Lenin insistía mucho en este punto: "el nudo de la cuestión de la autodeterminación de las naciones reside, precisamente en nuestra época, en la actitud de los socialistas de los países opresores". ([22])

Y esto, porque como hemos visto al principio el problema de la opresión nacional no puede plantearse geográficamente, al margen de las clases, como el efecto del centralismo de una determinada región. El centralismo no es el monopolio de Castilla o de cualquier otra región, sino un efecto necesario del desarrollo de la burguesía y del capitalismo. El centralismo es un conjunto de intereses políticos, económicos, financieros, militares... de una clase; intereses que son compartidos por las clases explotadoras de todos los pueblos del Estado.

Por eso mismo, los revolucionarios se esforzarán por eliminar desde ahora cuantas sospechas, recelos, desconfianzas, etc. puedan contribuir a enfrentar entre sí a los obreros de la nación oprimida. Intentando coordinar el máximo posible de fuerzas contra el enemigo de clase, verdadero fomentador de tales recelos y de su causa última, la propia existencia de la opresión nacional.

Frente al pacifismo, violencia revolucionaria

La política que mejor ilustra la postura pacifista es el "Estatutismo" tradicional del PNV, consistente en la humilde suplica a una hipotética futura república burguesa (o quizás a un postfranquismo "menos troglodita, más civilizado" Areilza) de ciertas concesiones que, sin complicar demasiado las cosas, puedan contener la rebeldía de las masas populares .

Política de espera, que, desde la guerra, ha pasado por dos fases. En los años cuarenta las esperanzas de la burguesía peneuvista se centraban en la "inminente" intervención de los supermanes de la democracia USA, quienes, junto con sus socios ingleses, se aprestaban al "estrangulamiento definitivo del régimen de Franco”. El presidente del "Gobierno Vasco” declaraba en 1.942: "El triunfo del campo democrático... asegurara los beneficios de la libertad para todos porque en primer término lo garantiza la potencia de la gran nación americana unida al imperio británico" ([23]). Embebidos en esta política, los cada vez mas burocratizados dirigentes del PNV se limitaban en el interior a organizar el reparto de alcaldías y otros cargos "para el día de mañana". De cara a la juventud se define como objetivo programático el "mantener en ella la llama nacionalista". Ningún objetivo concreto de lucha. Incluso las actuaciones externas tienen más bien un carácter "testimonial", característica que ha sido típica de la trayectoria del PNV en los últimos 50 años. No se concibe la movilización de masas como acto de lucha, sino como demostración de la cuantía de sus adeptos. Desde la época de las peregrinaciones monstruo a Lourdes hasta, por ejemplo, el Aberri-Eguna de Gernika, los jelkides peneuvistas no han sabido nunca que hacer con las masas convocadas una vez reunidas. Y mucho menos que hacer con ellas al día siguiente de la manifestación.

La actividad "diplomática" ha sido por el contrario su especialidad. Nunca han regateado esfuerzos para contentar a los "paladines de la democracia"([24]). Cuando éstos lanzan la ofensiva de la "guerra fría" y el anticomunismo, Leandro Carro, que había sustituido a Astigarrabia como representante del Partido Comunista en el "Gobierno Vasco", es excluido del mismo. Todavía hoy, dirigentes del PNV suelen explicar esta medida como "inevitable" dado el contexto internacional".

Una vez desvanecidas las esperanzas en la intervención aliada y en el "estrangulamiento" diplomático del franquismo, los burócratas del PNV no vanan sin embargo su postura de no lucha. En estos últimos tiempos su tradicional política de espera se ha visto reforzada por la, cada vez más, ostentosa capitulación de otros sectores de la oposición. Se han así encontrado (o creído encontrar) con que tenían mas razón de la que ellos mismos habían imaginado y se aprestan, esperanzados, a volver a las urnas. No son en absoluto de extrañar las consignas pacifistas, desmovilizadoras, que han acompañado sus proclamas para los "Aberri-Eguna" en los últimos tres años. Ya sea el "vasco", por Euskadi permanece en casa" del año 69 o las campestres excursiones del año pasado. Y aun este año, cuando, tras Burgos, no han tenido mas remedio que convocar manifestaciones, lo han hecho con voces de orden como las que, en recuadro bien visible, reproducía el "Gudari" de marzo: "Contra la provocación: serenidad; contra la represión: firmeza; contra los rumores: Radio Euskadi".

El proletariado debe combatir esta política claudicante de la derecha nacionalista, política de hacer méritos ante los poderosos, de no asustarlos, de ganarse el derecho a ir con los menos brutos de entre ellos a unas elecciones "democráticas" (con López Bravo, Areilza y Cía. de árbitros). En el "Berriak 5" reproducíamos las declaraciones de un antiguo dirigente del PNV: "Nos batimos por una España dotada de una estructura similar a la de la república federal Alemana ... una especie de "Land" vasco del tipo del actual Baviera".

Es importante que sepamos comprender la razón última, de clase, de estas posturas. En las actuales condiciones, la libertad nacional de Euskadi presupone la Revolución. La derecha nacionalista teme la revolución. Por eso, una y otra vez, necesariamente claudica. Necesariamente, pues la claudicación está en el fondo de su reivindicación de clase, en el fondo de su naturaleza de clase. Emplazada entre la presión revolucionaria de las masas por una parte y el sistema por otra, necesita creer en las posibilidades de evolución de éste. Es decir: creer en la posibilidad de que el sistema ceda voluntariamente, por sí mismo, sin enfrentamiento y sin violencia.

Pero esta creencia es puramente imaginaria, ideológica.

Las masas obreras y populares saben por propia experiencia que el poderoso jamás renunciará" voluntariamente a sus privilegios. Que para defender tales privilegios (del explotador y del opresor) cuentan con todo un poderoso aparato de leyes, policías, ejército. ... que constituyen, en su conjunto, el Estado. Sin destruir tal Estado, ninguna democratización verdadera es posible. Podrán, todo lo más, embellecer con ciertas concesiones de detalle el viejo edificio fascista. Pero la libertad de Euskadi es bastante más que "una concesión de detalle".

El propio proceso de radicalización de la lucha en los últimos años nos ha confirmado de una forma absoluta que ninguna libertad de Euskadi es posible sin romper ese engranaje de Estados de Excepción, leyes represivas, policía, propaganda fascista...([25]). No se trata de cambiar un tribunal malo por otro menos malo; un ejército de la burguesía por otro ejercito burgués, una policía por otra policía "no represiva". Todos esos instrumentos forman un entremodo, un mecanismo, que es el Estado, y cuya misión es precisamente, mediante la represión, impedir la revolución. Frente a ese terror sistemático, institucionalizado, solo la destrucción del Estado mediante la violencia revolucionaria podrá traernos la democracia y la libertad nacional. Solo así será libre Euskadi. "Debemos propugnar entre las más amplias masas la insurrección armada sin velar el problema con grandes "preliminares", cualquiera que sean sin recurrir a tapujo alguno. Ocultar a las masas la necesidad de una guerra encarnizada sangrienta y exterminadora ... es engañarse a si mismo y engañar al Pueblo" ([26]). A lo que podríamos añadir: ocultar a las masas que ninguna solución mágica va a acabar con la explotación; que, por el contrario, son ellas mismas quienes con su lucha habrán de sacudirse el yugo de la represión; que esta lucha no va a ser corta ni fácil, sino larga, difícil, complicada... es engañarse a si mismo y engañar al pueblo. Porque no basta el heroísmo individual de unos pocos sino que por el contrarío, es necesaria la acción revolucionaria masiva de miles y miles de hombres conscientes.

 

 

 

[1] Hemos dicho que nos proponemos analizar aquí una cuestión política y tal como se presenta en la actual etapa histórica. Prescindimos por tanto de la posible “prehistoria” de la opresión nacional. Incluso de si se puede o no hablar con rigor de tal “prehistoria”. Prescindimos pues de las relaciones entre los distintos pueblos o nacionalidades, antes de la constitución de as naciones como unidades políticas. En cuanto problema político, la apreciación nacional aparece con el capitalismo. Queda por tanto fuera del marco del presente trabajo la crítica a determinadas concepciones ahistóricas y anticientíficas que pretenden encontrar en ancestrales “odios étnicos” el origen de la opresión nacional.

[2] "La consecuencia fatal de estos cambios ha sido la centralización política. Las provincias independientes o ligadas entre sí por lazos federales, pero teniendo intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes, han sido reunidas en una sola nación, bajo un solo gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase, una sola tarifa aduanera". (Marx- Engels: Manifiesto. 1848).

[3] Mas mal que bien. La prueba está en si reciente despertar de movimientos nacionalistas en toda Europa: Bretaña, Gales, Irlanda del Norte, Occitania, etc. Cuando aquí decimos “resolver" el problema nacional, debe entenderse mas bien, "dar una salida" a dicho problema. El propio Engels, dando la cuestión por definitivamente cerrada, cita el caso de los vascos como ejemplo de asimilación. Es dudoso que un siglo después se hubiera atrevido a firmar tan contundente juicio. Por otra parte, los métodos que la burguesía emplea para "resolver" el problema no son nada idílicas: Recordemos, por ejemplo, las matanzas de campesinos en Euskadi Norte bajo Napoleón.

[4] "Separatismo, señores, significa y es Revolución. Y ni yo, ni creo que vosotros tampoco encontrareis en Euskadi aquellos Maceo, Gómez, Rizal... Aquí, en Euskadi, se disfruta de un buen vivir y aunque a veces se habla de separatismo en un rato de buen humor, se piensa muy cuerdamente en la mujer, en los hijos, en los ahorros que se guardan en el banco, y no nos dejamos seducir..." (E. de Landeta Aburto, conferencia pronunciada en Bilbao el 5 de Mayo de 1923)

[5] Un ejemplo: En abril de 1907 se celebraban en Bilbao elecciones a diputados en Cortes. Se presentaban: Pablo Iglesias por los socialistas. Fernando María Ibarra por los carlistas, el abogado Pedro Anitua por el P.N.V. y un republicano: Pallarés. Un grupo de "personalidades" del P.N.V. promovió una campaña para que se votase por Ibarra, en contra de la disciplina electoral de su partido alegando que "las derechas estarán mucho mejor representadas en Madrid a través de la amplia coalición carlista que con nuestro partido, todavía joven y débil". Los apellidos de los promotores de la campaña (Horn Areilza, Chalbaud, Viar, Zabala, Rotaeche, Arriaga, Epalza, Landeta, Sota...) los veremos luego repetirse en puestos claves: En el B.B. Batzar elegido en 1916 (Rotaeche y Zabala), en los candidatos a diputados en 1918 (Zabala, Chalbaud, Rotaeche. Sota, Epalza), en el Consejo de Administración de la revista "Euzkadi" (Horn Areilza). etc.

[6] Una de las escisiones es la que da origen a Jagi-Jagi. Su consigna actual (que aparece siempre en su órgano "Sabindarra" y en los libros de su máximo ideólogo actual, "Matxari") sigue siendo "Muera España". Esta tendencia del nacionalismo vasco más radical, que tiene su origen en Luis de Arana Goiri, y que se ha caracterizado siempre por su abstencionismo respecto a la política electoral o de otro tipo realizada "a través de Madrid", no es extraña a algunas de las corrientes que se han manifestado en el pasado de E.T.A. Todavía en el verano de 1967, cuando iniciábamos la campana H.A.I., pro frente nacional, utilizamos numerosos argumentos de unas hojas publicadas en 1965-66 por Jagi-Jagi con el título "Frente Nacional Vasco". Tales argumentos siguen siendo hoy utilizados por el grupo fraccionalista excluido de nuestra organización el año pasado. A nuestra juicio, este grupo es el heredero actual de dicha corriente radicalista pequeño-burguesa iniciada por el hermano de Sabino Arana, continuada por el grupo "Askatasuna", en 1910, escisión de los "descamisados" en 1914, grupo "Aberri" en el 23, etc. Todas estas corrientes fueron siempre minoritarias dentro del campo nacionalista por obra y gracia de la tradicional habilidad del P.N.V. para convertir su propia mediocridad en virtud a la hora dé capitalizar "sensatamente" las distintas corrientes enfrentadas entre si, antes de que estas llegasen a consolidarse.

[7]  ..."pero de ello no se deduce en modo alguno que los comunistas deban renunciar a la lucha inmediata y más decidida por todas esas reivindicaciones, (renuncia que sería hacer el juego a la burguesía y a la reacción) sino precisamente lo contrario: La necesidad de formular y satisfacer todas esas reivindicaciones no de modo reformista sino revolucionarios no limitándose al marco de la legalidad burguesa, sino rompiéndolo; no conformándose con discursos parlamentarios y protestas verbales, sino arrastrando a las masas a la lucha activa, ampliando y atizando la lucha por toda reivindicación democrática fundamental hasta llegar al ataque directo del proletariado a la burguesía, es decir a la revolución socialista". (Lenin: "La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación")

[8] Lenin: "Qué" hacer?". 1902.

[9] Lenin: "La consigna de los Estados unidos de Europa".


[10] Lenin: "La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación”.

[11] Lenin: "La consigna de los Estados Unidos de Europa"

[12] Lenin: "Socialismo pequeño-burgués y socialismo proletario", 1905.

[13] Lenin: "Las tareas de los social-demócratas rusos"

 

[14] Lenin: "Las tareas de los social-demócratas rusos"

[15] Marx: Esbozo de "La guerra civil en Francia", 1871.

[16] “El P.N.V.: Su desarrollo", por I. Munatones, en Alderdi n° 262, Abril 1971


[17] "Las pasadas elecciones", artículo aparecido en "Baserritarra" n° 5, 30 Mayo 1897 .

[18] "Sozial arasoa". Uzturre, "Alderdi" 262'alea

[19] "Debemos antes que nada examinar y resolver la cuestión principal. ¿Puede un obrero o un campesino ruso considerar como enemigos suyos a un alemán, un francés, un inglés, un judío ... independientemente de su clase? Puede desconfiar de un representante de otra nación por el único motivo de que hable distinto idioma, tenga la piel de distinto color, o porque tenga distintos hábitos y costumbres? Desde luego que no. No puede ni debe. El obrero francés, alemán o negro son proletarios, exactamente igual que lo es el obrero ruso. Sea cual sea su lengua, unos y otros son explotados por el capitalismo rapaz. Son todos ellos camaradas de miseria, de opresión, de injusticia. Puede el obrero ruso amar mas a un capitalista ruso únicamente porque éste le insulta en su lengua materna, porque le sacude puñetazos al estilo ruso o zurre a los huelguistas con un Knout auténticamente ruso?. Desde luego que no. (Bujarin y Preobrajensky: "El ABC del comunismo")

[20] Lenin: "Balance de la discusión sobre el derecho eje las naciones a la autodeterminación”.

[21] Lenin: "Balance de la discusión sobre el derecho eje las naciones a la autodeterminación”.

[22] Lenin: "La cuestión de la paz"

[23] J.A. Aguirre "Cinco conferencias"

[24] Como consecuencia de los servicios prestados a los americanos durante la guerra mundial por un grupo de marinos vascos que interceptaban documentos nazis en la ruta hacia Argentina, se establecen relaciones entre el servicio especial de espionaje del P.N.V. [el organismo "S") y el "Servicio de inteligencia" americano. Con la llegada del ultrarreaccionario John Foster Dolles a la Secretaría de Estado y la creación por el hermano de éste, A. Dalles, de la CÍA, las relaciones se convierten en la puesta a disposición de ésta de los archivos del organismo "S", algunos de cuyos servicios pasan a depender directamente de los americanos. Como comentábamos en el Zutik! 47 (Nov. 67) el propio Aguirre reconocería años después: "Los americanos nos engañaron". Por otra parte, en la lista que en la revista "Romparta" publicó en 1958 figuraba, entre los organismos financiados por la CÍA —ya directamente, ya por medio de "fundaciones"— un sindicato de estudiantes vascos creado por el P.N.V.

[25] Todo el Estado es una enorme máquina encargada de reprimir a la inmensa mayoría, a los explotados y oprimidos. Unas veces directamente (ejército, policía, leyes, tribunales..) y otras indirectamente, a través de los mecanismos de manipulación integración (prensa, propaganda, televisión...) Este conjunto de aparatos constituye al mismo tiempo la expresión política o ideológica de la clase en el poder, los capitalistas. Estos, que lo saben, llaman a la policía cada vez que una huelga o protesta obrera estalla. Recordemos las relaciones directas de Gondra y Alonso Vega durante la huelga de Bandas. Por otra parte, el control de la clase dominante sobre los distintos aparatos de manipulación es estricto. Por no citar más que un ejemplo: Entre los cinco principales accionistas del periódico de Bilbao "El Correo Español" figuran ya directamente, ya a través de consejeros comunes, las siguientes empresas: Banco de Vizcaya, Altos Hornos de Vizcaya, Sevillana de Electricidad y Compañía Metropolitana de Madrid (Dato del libro "Informe sobre la información", de M. Vázquez, recientemente reeditado)

[26] Lenin: "Las enseñanzas de la insurrección de Moscú".