LA CRISIS Y EUSKAL HERRIA

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Afirmaba el economista norteamericano y ex-vicepresidente del Banco Mundial, el Sr. Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001, que “esta crisis es fruto de la falta de honestidad de las instituciones financieras y de la incompetencia de los gobiernos que no intervienen en el mercado…

Honestidad, intervención en el mercado… quien planteara estas cuestiones hasta hace unos meses seguramente sería tachado de loco o de rojo trasnochado. Ahora, ministros de economía como el español, salen a la palestra y aseguran que la culpa de esta crisis la tiene la avaricia.

Algunos no damos crédito a lo que estamos viendo y escuchando. ¿Acaso, nadie sabía lo que estaba sucediendo?, es como si nos intentaran hacer creer que, en la Alemania de mediados de los treinta y hasta mediados de los cuarenta, los dirigentes del régimen nazi desconocieran que existían campos de exterminio, en donde millones de seres humanos eran asesinados por ser comunistas, homosexuales o judios.  

Hasta hace unos pocos años, economistas como el norteamericano mencionado y las clases privilegiadas de este planeta vivían en la euforia más absoluta. La URSS se desplomaba y las diversas izquierdas eran sometidas a una descalificación general a la que se añadían los propios errores y debilidades. Alguien habló por entonces del “fin de la historia”. El olvido, el silencio y el despreció se abalanzaron sobre los que aún creían que era posible construir otro mundo más justo.

Los “valores” del capitalismo, especialmente la economía de mercado, aparecían como una locomotora imparable. Sin el contrapunto del denominado “Socialismo Real”, el neoliberalismo se encargó de embarcarnos en una aventura globalizadora donde la especulación, para obtener la ganancia máxima, pasaba a jugar un papel preponderante en las relaciones económicas.. El Imperialismo, por fin, obtenía la recompensa merecida y necesitaba reducir el Estado al mínimo, pues suponía una amenaza a su expansión económica.

Años llevamos padeciendo el desmantelamiento del Estado (para el que lo tiene) como ente al que se le atribuía el papel de garante de los derechos inalienables de los ciudadanos y la protección de los sectores más desprotegidos de la sociedad. El Estado, de pronto, pasó a convertirse en un lastre para la economía moderna. Lo privado funcionaba mejor que lo público, lo privado optimizaba, lo público era deficitario. Sólo tiene derechos quien puede pagar y es consumidor. Las excelencias del mercado lo resolverían todo, empezando, por supuesto, por las necesidades más básicas y acabando por la libertad de elección. Elija entre estos productos de consumo. El Estado no podía inmiscuirse en los negocios, generaba distorsiones.

Pero la voracidad del sistema financiero especulativo ha puesto a cada uno en su sitio. Llegados a este punto, la única forma, según los expertos, de contener el hundimiento del sistema económico capitalista a nivel planetario, es recurrir a ese difamado ente, denominado Estado, que se encargará de tapar, con el dinero generado por el sudor de la clase trabajadora, el inmenso agujero económico dejado por los pobres banqueros y juntas de accionistas. Estamos contemplando el mayor robo de la historia de la humanidad y nadie pedirá responsabilidades por ello.

Aquí, en Euskal Herria, se ha ridiculizado, y aún se sigue ridiculizando, a quien habla de la construcción nacional vasca. Se machaca jurídica, política e ideológicamente a los que desean hacer realidad un Estado independiente y socialista frente a un proyecto mundial capitalista de unidad socioeconómica de mercado y cultural al cual, Euskal Herria, debe insertarse dentro de España y Francia. Aquí, algunos persisten (regionalistas y españolistas) en desacreditar al independentismo vasco sosteniendo que este país es inviable en su aspecto socioeconómico. En el ámbito cultural, los más “cosmopolitas” afirman que, en Euskal Herria, el euskera se impone a la fuerza como única lengua, mientras paralelamente, otros avisan del terrible peligro que se cierne sobre la Universidad del País Vasco, ya que puede llegar a convertirse en un centro de “localismos” absurdos. Nos niegan el derecho, que como nación y ciudadanos tenemos, de crear nuestro propio Estado y protegernos frente a este robo masivo. ¿Quién le hace el juego al Imperialismo galo-español y sigue las reglas marcadas por este capitalismo neoliberal? Ninguna crisis, por dura y prolongada que sea, supone que el hundimiento del capitalismo se vaya a producir. Al contrario, es un mecanismo de corrección. Las crisis suelen ser puntos de inflexión de la historia y de las evoluciones a largo plazo. La pasividad ante tales acontecimientos puede ser fatal para este país nuestro y su clase trabajadora.

No dejemos que nos pasen por encima. Luchamos para vencer.


Euskal Herriko Komunistak