La negociación y la izquierda abertzale

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Decía el general prusiano Kart Von Clausewitz que “la guerra es un acto de violencia que debe obligar al adversario a ejecutar nuestra voluntad”.

Llevar al Estado a negociar ha resultado ser más difícil de lo previsto. Ésta es la cuestión central que marca la actual situación. Los tiempos se alargan y eso pone de relieve las diferencias que se aprecian entre distintas valoraciones (provenientes de Córdoba o de otros ámbitos) de la realidad que estamos viviendo y de cómo se debe afrontar el futuro de la izquierda abertzale.

Pero volviendo a la cuestión central, la negociación, ¿al Estado se le puede sentar a negociar?, es obvio que sí, pero… ¿se sienta el Estado en serio o por el contrario sólo plantea pistas de aterrizaje y tomas de temperatura? Creemos que lo acontecido en Loiola demuestra, de manera palpable, que es posible sentarlo en serio. Que se lo pregunten sino al PNV y a Josu Jon Imaz, en “sentido figurado” por supuesto.

A veces resulta extremadamente fácil recurrir, para justificar posiciones y criticar al conjunto de la izquierda abertzale y a ETA en particular, al proceso de paz de Irlanda del Norte. Eso, desde nuestro punto de vista, no es posible, no es justo en el actual estado de las cosas. La posición adoptada por el Gobierno británico poco o nada tiene que ver con lo que hace el Gobierno español. Puede y es verdad, que la izquierda abertzale nos muestre, en algunas cuestiones, su cara más inmadura pero en absoluto se puede comparar sus actuaciones frente a las irresponsabilidades de todo un Estado.

Desde el año 1987 muchos apreciamos cierto agotamiento de los movimientos populares en Euskal Herria, la demostración más notoria fue la incapacidad de desplegar una ofensiva política durante el período que duraron las negociaciones de Argel. Los partidos reformistas, en cambio, no perdían el tiempo y montaron su chiringuito con el Pacto de Ajuria Enea, financiando además los Gestos por la paz y convocando manifestaciones de todo tipo. Quizás la Unidad Popular no supo reaccionar, se quedó mirando los acontecimientos.

Así, diez años después, los acuerdos de Lizarra se prestaban como los idóneos para la lucha de masas, un nuevo tiempo, la unidad abertzale deseada. En realidad, nos gustaría que nos explicasen ahora y en aquel entonces qué supuestas dinámicas políticas, por otra parte necesarias, se hubieran podido llevar a cabo para hacer avanzar el proceso negociador con el Estado representado por el PP. ¿Y si el Imperio se planta?, ¿acaso pensamos que la lucha de masas y en último término, la desobediencia civil no va a tener consecuencias represivas para el que la ejerza y su familia?, ¿es que la lucha de masas no se ha agotado también, tal como evoluciona la sociedad? o ¿será que es más “cómoda” y más “éticamente” llevadera…? Estas y otras preguntas sería conveniente que las contestaran Aralar, EA y ELA sobre todo.

La izquierda abertzale, por ser honesta, ha salido dañada de los procesos de negociación política, el Estado se lo ha hecho pagar de muchas maneras y muy caro. En estos momentos ha recurrido a un método que le salió bien en el pasado pero que nosotros percibimos erróneo y que sólo servirá para prolongar innecesariamente el conflicto. No en vano, es bueno recordar lo sucedido con EIA y todo el bloque político-militar, salvando las distancias. El Estado apuesta por presionar duramente a la parte política de la izquierda abertzale con las ilegalizaciones, encarcelaciones y laminando la lucha de masas, creyendo que va a conseguir un giro en los acontecimientos. El Imperio calcula que será la propia izquierda abertzale la que va a arrinconar a ETA (ya que ellos y sus aliados regionalistas son incapaces).

Hablan políticos y periodistas, en todo tipo de tertulias y debates, de la supuesta debilidad de la izquierda abertzale. Desde EHK negamos la mayor y decimos que nos encontramos ante la más potente demostración de fortaleza de la izquierda revolucionaria vasca. La democracia burguesa española y sus secuaces saben que no pueden acabar con un proyecto histórico, incluso saltándose su propia ley y eso les hace ser más infames. Son tiempos de guerra de nervios y de mantener la cabeza sobre los hombros. Llegados a este punto, algunos y algunas debieran releer a Pertur.

 

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