Relaciones y correspondencia entre Andrés Nin y Ersilio Ambrogi (1930-1931)Ersilio Ambrogi (1930-1931)

el marxismo a debate
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x Agustín Guillamon (corregido y actualizado octubre 2007)

La revolución de octubre de 1917 dio el poder a los bolcheviques. La revolución rusa triunfó en uno de los países más atrasados de Europa, en plena guerra mundial. Todos los bolcheviques sabían que el futuro de la revolución dependía de su extensión internacional. La revolución rusa sólo podría consolidarse si triunfaba también en el resto de Europa.

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RELACIONES Y CORRESPONDENCIA ENTRE ANDRÉS NIN Y ERSILIO AMBROGI (1930 - 1931).


Agustín Guillamón


Publicado por "Balance. Cuadernos de historia del movimiento obrero" número 2.

Serie estudios e investigaciones.Barcelona, marzo 1994.

Corregido y actualizado, octubre 2007.

 

1.- INTRODUCCIÓN.

La revolución de octubre de 1917 dio el poder a los bolcheviques. La revolución rusa triunfó en uno de los países más atrasados de Europa, en plena guerra mundial. Todos los bolcheviques sabían que el futuro de la revolución dependía de su extensión internacional. La revolución rusa sólo podría consolidarse si triunfaba también en el resto de Europa.

El fracaso de la revolución en Alemania entre 1919 y marzo de 1923, y el alejamiento de la perspectiva revolucionaria en Francia e Italia, así como la consolidación del capitalismo en toda Europa, plantearon al partido comunista una situación de aislamiento e impusieron a la "construcción del socialismo" un horizonte nacional, limitado a las fronteras del imperio ruso.

La URSS no ha sido nunca un país socialista. En 1917 la revolución de octubre fue una revolución política. Ningún bolchevique pretendía que la revolución rusa pudiera consolidarse definitivamente, y mucho menos que pudiera instaurarse un modo de producción socialista, si la revolución no se extendía a los países más industrializados.

La NEP sólo supuso la creación de un capitalismo de Estado que gestionó la economía rusa a imitación de los métodos alemanes utilizados durante la guerra. Lenin habló, en todo momento, de la economía rusa posterior a 1917 en esos precisos términos de "capitalismo de Estado"[1][1], y siempre con la perspectiva de la extensión internacional de la revolución comunista, ya que por definición el socialismo es mundial, o no es socialismo.

Es cierto que en 1917 los bolcheviques tomaron el poder. Pero en 1923 el fracaso de la revolución en Alemania y el alejamiento de la posibilidad de una extensión mundial de la revolución comunista abrieron paso a la contrarrevolución. Contrarrevolución encarnada en la teoría del socialismo en un solo país, defendida por Stalin y Bujarín. El estalinismo triunfante, gracias a la consolidación del capitalismo y al fracaso de la revolución a escala internacional, llamó "socialismo" a lo que no era ni había recibido hasta entonces otro nombre que el de "capitalismo de Estado"[2][2]. Los partidos comunistas cambiaron de naturaleza: de partidos revolucionarios se convirtieron en partidos contrarrevolucionarios. No es una casualidad histórica que la plana mayor del partido bolchevique desapareciera físicamente en las purgas estalinistas de los años treinta.

El análisis riguroso, honesto e inteligente, del proceso histórico contrarrevolucionario vivido en la URSS, y de sus causas determinantes, se encuentra en la mejor tradición de la teoría marxista, y en ocasiones desde fecha muy temprana, en autores como Gorter, Bergmann, Amadeo Bordiga, Boris Souvarine, Anton Pannekoek, Paul Mattick, Ante Ciliga, Karl Korsch, Víctor Serge, Fritz Sternberg y Munis[3][3]. Todos ellos fueron, además de brillantes teóricos marxistas, militantes comunistas que sufrieron la contrarrevolución estalinista en carne propia. También podríamos citar alguna conocidísima novela de George Orwell[4][4] que simplifica, pero no falsifica, el complejo proceso histórico ruso e internacional, que llamamos estalinismo.

En todo momento diferenciamos entre estalinistas y comunistas, porque nos negamos a confundir y meter en el mismo saco a los verdugos y sus víctimas, tanto por cuestiones metodológicas como éticas. Verdugos fueron Stalin, Togliatti, Ramón Mercader, Orlov, Gero, Vittorio Vidali y quienes se llamaron y obraron como fanáticos estalinistas que hicieron o justificaron lo injustificable, ya fuera la tortura, el secuestro, o el asesinato; las purgas en el partido y en todo el país o el genocidio; el pacto Stalin-Hitler, o calificar de socialismo la supervivencia bajo el terror. Y víctimas fueron Nin, Berneri, Moulin, Landau, Trotsky y tantos otros que pagaron con su vida la fidelidad a sus principios, a sus sueños, y a su clase.

Ignorar hoy las tempranas denuncias de los teóricos marxistas antes citados no merece el calificativo de ceguera, ni presume inocencia alguna, sólo puede ser complicidad con la falacia estalinista, o bien tras la caída del muro de Berlín, y del telón de acero, un cántico a las virtudes de la democracia y la gloria eterna del capitalismo. Pero no es nuestro objetivo una crítica de las ideologías del capital, ni tampoco pretendemos con esta introducción nada más (ni nada menos) que situar históricamente los trazos fundamentales en los que se mueven entre 1930 y 1931 dos militantes comunistas, críticos con el régimen estalinista, que habían conseguido huir a tiempo de la URSS: el español Andrés Nin y el italiano Ersilio Ambrogi.

2.- ANDRÉS NIN[5][5].

Nació en 1892 en El Vendrell (Tarragona). Cursó estudios de Magisterio y ejerció de maestro en diversos Ateneos obreros. Empezó su militancia en el socialismo. Se inició en la lucha sindical a partir de la huelga general de 1917. Ingresó en la CNT en 1919 y ejerció cargos de dirección desde 1920. Tuvo la fortuna de salir ileso en un atentado de los pistoleros de la patronal. Delegado por la CNT, junto con Maurín, asistió al Primer Congreso de la Internacional Sindical Roja (ISR), celebrado en Moscú en abril de 1921. Estableció relaciones con sindicalistas revolucionarios en París (con Pierre Monatte) y Berlín (con Rudolf Rocker y otros) antes de llegar a Moscú, donde fue nombrado miembro del Comité ejecutivo (CE) de la ISR. Estableció su residencia en Moscú. Desde finales de 1923 hasta principios de 1926 viajó como delegado de la ISR a Italia, Holanda, Austria, Francia, etcétera... El viaje más fructífero fue el realizado a Italia, junto con Humbert-Droz, donde conoció a los principales dirigentes comunistas italianos y vivió la experiencia fascista. En Moscú se relacionódirectamente con los dirigentes del partido ruso: Zinoviev, Trotsky, Kamenev, Radek, Bujarín, etcétera, así como con los principales dirigentes de los partidos alemán, francés e italiano. De su estancia en Moscú (y de sus viajes como delegado de la ISR) nació la amistad personal, el conocimiento profundo y la camaradería con futuros elementos de la Oposición internacional, como el francés Alfred Rosmer, el austriaco-alemán Kurt Landau, y los italianos Virgilio Verdaro y Ersilio Ambrogi. Y por supuesto con Víctor Serge.

Desde 1926 tomó partido por la Oposición trosquista, lo que le valió a partir del VI Congreso de la Internacional Comunista (julio de 1928) el ostracismo, la vigilancia policial, la inactividad política y finalmente, en agosto de 1930, la expulsión del partido y de la URSS. Sólo su condición de extranjero y la fama internacional que le dio su cargo de alto funcionario de la ISR le libraron de la cárcel.

La Oposición comunista de izquierda internacional adquirió su primera forma organizativa en la Conferencia de diversos grupos tronquistas, celebrada en París en abril de 1930. En esa Conferencia se constituyó el primer Buró Internacional de la Oposición, en el que fueron nombrados los franceses Alfred Rosmer y Pierre Naville, el austriaco Kurt Landau, el norteamericano Max Shachtman, el español Andrés Nin y el ruso Markin (L. Sedov), hijo de Trostky[6][6].

En su viaje desde Moscú a Barcelona, tomó contacto en Berlín con Kurt Landau y Ersilio Ambrogi, con quienes asistió a una reunión de la Oposición alemana[7][7]. En París visitó al matrimonio Rosmer, aunque no estuvo muy al tanto de las divergencias existentes en el seno de la Oposición francesa[8][8].

A su llegada a Barcelona, en setiembre de 1930, mantuvo una correspondencia más o menos regular con León Trotsky desde Prinkipo, con Alfred Rosmer desde París, con Víctor Serge desde Moscú, y con Kurt Landau y Ersilio Ambrogi desde Berlín.

En Barcelona Nin era el único miembro de la Oposición internacional. El grupo más importante y con una labor teórica y organizativa más avanzada era el de Madrid, organizado en torno a Henri Lacroix y Juan Andrade. Una serie de malentendidos con la organización madrileña, y la táctica entrista de Nin en la Federación Catalano-Balear, dirigida por Maurín, llevaron al aislamiento casi absoluto de Ninen el propio seno de la Oposición comunista española[9][9].

Las críticas de Trotsky, compartidas en muchos casos por otros camaradas internacionalistas, como por ejemplo Ersilio Ambrogi[10][10], influyeron decisivamente en la ruptura de Nin con Maurín. A partir de esa ruptura se inició una colaboración decidida con el grupo de Madrid para potenciar la organización a escala nacional de la Oposición comunista de España (OCE), así como una prensa propia. Sin embargo ello suponía también renunciar a ganarse el grupo de Maurín y trabajar en un grupo ultraminoritario.

Nin aceptó la expulsión de Landau de las filas de la Oposición como un acto reflejo de defensa de la organización. Se resistió a la exclusión de Rosmer, y sólo el enorme prestigio de Trotsky le acercó temporalmente a Molinier, con quien rompió a los pocos meses ante la falta de ayuda financiera que éste le había prometido para asegurar la salida regular del semanario El Soviet. El caso Rosmer enfrió las relaciones entre Nin y Trotsky, que se interrumpieron en noviembre del 32. Podemos hablar de ruptura ya en abril de 1933, con la publicación en el boletín internacional de la Oposición de unos breves fragmentos de la correspondencia entre Nin y Trotsky, seleccionada y comentada por éste, y precedida de una introducción en la que Trotsky calificaba esa correspondencia de "polémica permanente"y en la que atribuía a Nin "una aceptación formal de los principios fundamentales de la actividad de la Oposición", pero también "un rechazo permanente a extraer las consecuencias necesarias".

La ruptura entre Nin y Trotsky, unida a la expulsión de Henri Lacroix de la OCE como alternativa a la dirección de Nin, así como la colaboración práctica de la Izquierda comunista (nuevo nombre de la OCE desde la III Conferencia) con el BOCde Maurín en las Alianzas Obreras, posibilitaron una aproximación de ambas organizaciones, que en setiembre de 1935 se fusionaron en un solo partido: el POUM.

La detención de Maurín, al inicio de la guerra civil, en la zona franquista, situó a Nin en la dirección del joven partido. Nin, aún sin abandonar un cierto radicalismo teórico, llevó a cabo una colaboración práctica con las instituciones de la Generalidad, ocupando la cartera de Justicia. Tras las Jornadas de Mayo, y pese a la evidente amenaza estalinista, no se tomaron medidas preventivas adecuadas para pasara a la clandestinidad. La dirección en pleno del POUM fue detenida el 16 de junio de 1937, en vísperas de la celebración del segundo congreso del partido. Nin fue apresado por la GPU, y trasladado a Alcalá de Henares, donde fue secuestrado y torturado. Finalmente fue asesinado en un descampado, a unos cien metros del kilómetro 17 de la carretera de Alcalá de Henares a Perales de Tajuña, por Orlov, Jusik y tres españoles, siendo espectadores y cómplices Gero y "Víctor"[11][11].

Julián Gorkin, Jesús Hernández, Jaume Miravitlles y Juan-Simeón Vidarte habían señalado ya a los posibles torturadores y a quienes dieron las órdenes, basándose siempre en confidencias, entrevistas y suposiciones pertinentes y racionales, que recientemente han podido ser probadas documentalmente[12][12]. La responsabilidad, a distintos niveles, de Vittorio Codovila, Palmiro Togliatti, Vittorio Vidali, Stepanov, Jesús Hernández, Vicente Uribe, José Díaz, "La Pasionaria", y otros altos dirigentes comunistas españoles en el plan de liquidación del POUM, y la campaña propagandística de justificación de la eliminación física de los "traidores" poumistas es innegable, como testimonia la prensa estalinista de la época. En cuanto a los intelectuales republicanos, o los militantes de base del PSUC, en una sociedad provinciana como la catalana de los años treinta, y aún más en ese pequeño mundo de la militancia política en el que todo el mundo se conocía, (y por lo tanto no se podía dudar seriamente de la sincera militancia antifascista de Nin y los poumistas) es más sórdido y difícil el determinar el grado de complicidad, y quizá sea más fácil de excusar.

La dirección del POUM fue juzgada por delito de espionaje y alta traición. Gracias al sacrificio de Nin, que no "confesó" crimen alguno a sus torturadores, fueron absueltos de esos delitos, que comportaban la pena de muerte, pero condenados por subversión contra el gobierno de la República. La desaparición de Nin y el fallo en el juicio contra el POUM fueron, y son, una denuncia moral irrefutable a la acción criminal y contrarrevolucionaria de los estalinistas en la guerra civil española.

3.- ERSILIO AMBROGI[13][13].

Nació en 1883 en el seno de una familia burguesa. En 1901, a los diecisiete años, se adhirió al Partido socialista italiano (PSI). Exiliado en París desde 1905 hasta 1909. Licenciado en Derecho en 1912. Participó en la Fracción abstencionista del PSI, liderada por Bordiga. Fue alcalde de una pequeña población de la Toscana desde 1920. Desde la alcaldía se enfrentó a los fascistas, y se produjeron varios muertos. En 1921 fue arrestado. Poco tiempo después fue elegido diputado comunista. Aprovechó la libertad condicional para abandonar Italia. En 1924 fue juzgado en rebeldía, y condenado a más de veinte años de cárcel.

Desde 1921 se convirtió en representante en Berlín de los comunistas italianos ante el partido comunista alemán. Facilitaba el viaje clandestino de los exiliados italianos a Rusia, o su regreso a Italia, vía Berlín. Mantenía un estrecho contacto con el aparato ilegal del partido y la Comintern. A principios de 1922 participó en las sesiones del Comité Ejecutivo Ampliado de la IC, y ocupó durante algunos meses el cargo de representante italiano en Moscú, hasta la llegada de Gramsci[14][14]. Se enfrentó agriamente a Zinoviev. La preparación del IV Congreso de la IC (reunido en noviembre y diciembre 1922) fue la excusa que se presentó para enviarlo de nuevo a Berlín.

La celebración del proceso contra Ambrogi en Roma, y la petición de extradición del gobierno italiano al alemán, obligaron a Ambrogi a exilarse en Rusia en junio de 1924. Con el nombre de Epidavros se convirtió en traductor del GPU, cargó que desempeñó desde 1924 hasta 1927.

A principios de ese año se inició el proceso de exclusión del partido por sus simpatías oposicionistas. En diciembre de 1927 escribió una carta a Trotsky para ponerse en contacto personal con él[15][15]. En mayo de 1929 Ambrogi, Verdaro y Silva fueron excluidos del PCUS, a causa de una carta dirigida por Germanetto a Iaroslavsky[16][16], que contenía un ultimátum de Togliatti.

A partir de su expulsión Ersilio Ambrogi buscó por todos los medios escapar de Rusia. Pero sólo consiguió volver a Berlín, ciudad que no podía abandonar por falta de visado. Llegó a Berlín en agosto de 1930, sólo algunos días antes que Andrés Nin[17][17], que sí disponía de documentación adecuada para viajar a París, y luego a Barcelona.

En una situación de semiclandestinidad consiguió establecer contacto epistolar con la Fracción italiana (bordiguista). En Berlín participó activamente en las reuniones de la Izquierda alemana, invitado por Kurt Landau[18][18]. En el primer semestre de 1931 tuvo una destacada intervención en la vida de la Fracción, con la discusión en el Boletín interno del llamado "proyecto Massimo" (v. nota 63). El ascenso del nazismo en Alemania le obligó a pedir el regreso a Moscú que efectuó en diciembre de 1932. El 30 de enero de 1933 Hitler era nombrado canciller del Tercer Reich. Luigi Ambrogi, con su mujer e hijos, se convirtió desde entonces en un rehén de la GPU, y quizá también en un agente a su servicio.

4.- TROSQUISTAS Y BORDIGUISTAS.

Es muy difícil fechar las críticas de Trotsky y Bordiga a la línea oficial de la IC. De hecho Bordiga había mantenido una actitud crítica desde el II Congreso de la IC, así como serias discrepancias con Lenin y Trotsky[19][19]. Discrepancias que no eran calificadas aún de herejías o ataques a ningún santo varón, sino como sano enfrentamiento entre posiciones políticas defendidas por revolucionarios que coincidían en el programa, aunque pudieran tener distintas perspectivas tácticas, que eran sostenidas con firmeza.

Tanto Trotsky como Bordiga acallaron sus crecientes discrepancias con la línea política de la IC entre 1923 y 1926.

Tanto uno como otro intentaron evitar su expulsión del partido. Esperaron en vano un giro en la situación mundial que les permitiera encabezar una fracción que recuperase la perspectiva de una revolución mundial[20][20].

En junio de 1924, durante la celebración del V Congreso de la IC, Trotsky aconsejó a Bordiga que aprobase la moción del XIII congreso del PCUS, que condenaba a la oposición trosquista, para evitar la expulsión de Bordiga y porque consideraban que todavía no había llegado el momento de crear una fracción internacional en la IC[21][21].

En febrero de 1925 Bordiga planteó de nuevo la polémica referente a la oposición rusa, al escribir un artículo titulado "La cuestión Trotsky"[22][22], que no sería publicado hasta julio de ese mismo año, tras la disolución del Comité de Entente, y como prueba del "infame espíritu fraccional y trosquista"[23][23] de la Izquierda del PCI, liderada por Bordiga, Damen, Fortichiari, Repossi y Grieco[24][24].

El 22 de febrero de 1926, en el curso de las sesiones del VI Ejecutivo Ampliado de la IC, se produjo el enfrentamiento entre Stalin y Bordiga a propósito de la cuestión rusa y el derecho de la Internacional a debatir los problemas internos del PCUS. La noche anterior Trotsky y Bordiga planearon el debate. Esa misma noche Stalin era asesorado por Togliatti[25][25].

Las relaciones entre Trotsky y Bordiga se estrecharon. En marzo de 1926 Trotsky respondió a una serie de precisiones de Bordiga sobre las acusaciones de Stalin y Bujarín a su actuación políticadesde 1923[26][26].

Bordiga en noviembre de 1926 vio su casa saqueada por los fascistas y fue confinado hasta 1929. En 1930 fue expulsado del PCI. Bordiga no volvió a la actividad política hasta 1943. Férreamente determinista, Bordiga estaba convencido de que la situación internacional era plenamente contrarrevolucionaria. El voluntarismo no lograría levantar un nuevo partido revolucionario, y mucho menos conseguiría cambiar la situación existente. Su posición ha sido con frecuencia muy mal comprendida y peor explicada[27][27].

Las relaciones de Trostky con la Izquierda del PCI empezaron siendo fraternales. Pero las fricciones y las discrepancias políticas fueron creciendo hasta desembocar finalmente en una delimitación política entre dos corrientes marxistas diferenciadas.

De hecho la decisión de fundar la Fracción de Izquierda del PCI, como organización distinta en ruptura con el PCI, en abril de 1928, se debió a la resolución del IX Ejecutivo Ampliado de la Internacional, que prohibía la militancia en la Comintern a quien apoyase políticamente a Trotsky.

A su regreso de Prinkipo, Alfred Rosmer se entrevistó con Ottorino Perrone (el líder de los bordiguistas exiliados) en Bruselas con vistas a la publicación conjunta de un órgano de discusión internacional bajo responsabilidad común

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