La necesidad del socialismo. En el 90 Aniversario de la Revolución de Octubre

el marxismo a debate
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x  Antonio Liz

Son muchas las cosas que nos enseña la Revolución de Octubre, pero su primer legado es que la revolución socialista es posible. Este ejemplo imperecedero, sin parangón en la Historia Universal, es lo que no le perdonan sus enemigos, las diversas fracciones nacionales de la burguesía imperialista y sus mercenarios de la pluma y del micrófono.

Como este hecho es imborrable quieren mancillar su ejemplo haciendo un revoltijo del proceso histórico en vez de explicarlo en su complejo caminar. Así, el bolchevismo sería el padre del stalinismo y Stalin una criatura de Lenin y Trotski. ¡Qué ironía, el mayor asesino de comunistas convertido en alumno y discípulo de dos de los más grandes revolucionarios de la Historia Universal! ¡A dónde pueden llegar los historiadores del poder para justificar el capitalismo! Claro, de esta manera la Revolución Rusa habría sido una tragedia y sus líderes unos dictadores. Trabajadores, el socialismo no es posible. Por lo tanto, tenéis que soportar el capitalismo ya que es el sistema menos malo. Vuestras ansias de emancipación, de igualdad social, de armonía planetaria, son quimeras. Dejad de soñar. Bajad la testuz. El socialismo es una utopía.

Hoy el imperialismo capitalista extiende su dominio por todo el planeta. En el exterior del sistema, en la periferia, el hambre y la muerte, en sus manifestaciones más crueles, están al orden del día. Nadie, excepto los explotadores y sus lacayos, puede soñar, si acaso, el sueño es no morir de hambre hoy. Los niños que mueren por minuto no tienen ni la oportunidad de un sueñecito sin hambre que les permita soñar un mundo hermoso. Ellos nunca sabrán lo que es volar buscando la hermosura ya que el capitalismo los condenó antes de nacer. Otros mueren más grandecitos convertidos en niños-soldados para las guerras crónicas montadas por las multinacionales para defender el espacio donde roban. Así, pasar la adolescencia se convierte en una casualidad que continúa presidiendo la existencia con el sida e innumerables enfermedades más, con bombas sembradas como patatas, con la falta de un trabajo digno y permanente. En fin, y todo esto en un mundo donde las crisis son por sobredosis de mercancías innecesarias y no por incapacidad de producir alimentos y viviendas.

En el interior del sistema, en el centro, las plagas bíblicas no son nada comparadas con los fenómenos sociales de la prostitución, la drogadicción, el alcoholismo, la delincuencia, la corrupción. Aquí, en el centro, el capitalismo ejecuta a través de los aparatos ideológicos (el sistema educativo y los medios de comunicación) el ejercicio de la alienación, compañero inseparable, en las sociedades "civilizadas", de la explotación. En el centro esta explotación no puede ser descarnada, hay que enmascararla para que parezca que todos somos iguales ante la ley, que todos tenemos las mismas oportunidades, que si no estamos mejor es porque no queremos.

La caída de la Unión Soviética fue un golpe brutal para las aspiraciones de la clase trabajadora. La URSS era un Estado socialista deformado pero, al fin y al cabo, un punto de referencia, una bandera. Los ecos de la Revolución Rusa de 1917 aún llegaban a través de la propia casta burocrática ya que para mantener su status tenía que utilizar fraseología revolucionaria y mantener la propiedad estatal de los medios de producción. Para millones y millones de trabajadores la Unión Soviética era, a pesar de sus deformaciones, la cuna del socialismo y por eso la amaban. Idílicamente, pero la amaban, porque su sueño estaba allí básicamente representado. Para la izquierda marxista fue un mazazo porque ella sabía que con una revolución política bastaba. Para los stalinistas fue pasar página, se pusieron directamente al servicio de la reacción.

El derrumbe de la URSS trajo la caída en la desesperanza de millones de trabajadores del mundo occidental y tercermundista y una vida en "democracia" para los trabajadores del Este. La desesperanza no vino sola, la acompañó un retroceso de los salarios y de las condiciones laborales en el mundo occidental. En el Tercer Mundo se incrementó el cerco a Cuba para quebrar su osadía de enfrentarse al imperio en sus propias fauces, la prostitución y las carencias como fenómenos sociales vinieron con la desaparición de la Unión Soviética. En los países que fueran del "socialismo real" se dio una caída brutal en las condiciones de la existencia de la clase trabajadora, tanto que sus hijos pasaron a ser mano de obra barata para el mundo libre y bastantes de sus hijas fueron a engrosar los prostíbulos occidentales, mientras que los sectores de la burocracia desposeída ligada a los aparatos represivos del Estado pasaban a diversificar la mafia occidental.

Pero la Historia continuó. La justicia social es una necesidad material que no se puede frenar ni con un retroceso histórico tan gigantesco como la caída de la URSS y todo su entorno. Las generaciones nuevas no se conforman con sociedades viejas. Luchan, aunque a veces parezca que la desesperanza se extiende tanto que ahoga. Unos luchan para conquistar unas mejores condiciones de existencia y otros por explicar las causas de la derrota momentánea de la clase trabajadora. Van al unísono, aunque no se vea en un primer vistazo. Pero los frutos ya están aquí: nuevas revoluciones y nuevos revolucionarios, nuevos historiadores y nuevas explicaciones. Nuevos horizontes.

Las masas de Latinoamérica han puesto en el orden del día la Revolución socialista. No sólo Cuba no ha caído sino que otras tierras se unen al esfuerzo de luchar por un mundo sustentado en la justicia social. Los historiadores y teóricos de la clase trabajadora ya tienen a punto las explicaciones de lo que ocurrió para trasladárselas a las mujeres y hombres que van a la vanguardia de sus pueblos en la lucha por el socialismo. La teoría y la práctica, una vez más en comunión dialéctica, se preparan para comenzar un nuevo asalto a la fortaleza maloliente, nauseabunda, del capitalismo. Este empuje será mayor que el de 1917 porque mayores son las contradicciones.

Si la Primera y la Segunda Guerra Mundial vinieron dadas por las contradicciones entre los Estados imperialistas, y la Revolución rusa, alemana, española, china, cubana, chilena, entre otras, por las contradicciones sociales, en el mundo actual estas dos series de contradicciones no sólo no se han esfumado sino que se han elevado a la enésima potencia. Las guerras en la periferia son una constante porque no sólo el imperialismo no puede someter mansamente a los pueblos tercermundistas, por muy atrasados económica y políticamente que estén, sino porque, además, el capitalismo imperialista solo puede sobrevivir destruyendo y robando ya que no tiene otra forma de perpetuar su riqueza.

En el Mundo Occidental el imperialismo ya no está en condiciones de llevar a la matanza a millones y millones de jóvenes trabajadores, como hizo en las dos guerras mundiales. La Historia no se repite. El capitalismo ya no puede galvanizar a la juventud con cantos de sirena porque los jóvenes Ulises proletarios ya no están por la melodía patriótica. Así, el imperialismo no podrá volver a masacrar a la flor y nata de la población europea, a la juventud trabajadora. Estos son otros tiempos. Pero como no los puede degollar los intenta alienar. Pero esto sólo da frutos coyunturales, producto de la bonanza económica del capitalismo. La necesidad de tener una vivienda sin esclavizarse para ello y un trabajo que permita más que dormir en casa no la puede parar el metafísico más retorcido. La necesidad de una vida digna no se puede enterrar bajo montañas de discursos alienadores, bajo ninguna montaña.

La Historia, la maestra de la vida, nos enseña que la conquista del poder político por la clase trabajadora es posible siempre que exista una organización con influencia de masas que ejerciendo el método de la verdad, ver tal cual la causa de los fenómenos sociales, y teniendo miles de antenas, transforme en consignas políticas las sentidas necesidades del pueblo trabajador en tiempos de revolución. Para este aprender la Revolución Rusa y el Partido Bolchevique son los ejemplos más logrados que trajo el proceso histórico. Hay que beber en ella y en él para aprender el por qué de los éxitos como hay que beber en revoluciones fracasadas como la española para ver las fuentes de la derrota.

La Historia también nos enseña que la revolución socialista empieza habitualmente en los países atrasados (Rusia zarista, España, China, Cuba, Portugal, Venezuela, etc.), con la excepción de Alemania y el Mayo francés, pero que si no se extiende al Mundo Occidental, es decir, a los países más desarrollados económicamente del planeta, fracasará. Así, el internacionalismo socialista es una estricta necesidad para la lucha por el socialismo. El socialismo es la alternativa natural, histórica, al capitalismo. Como este nació en el seno de la sociedad feudal, aquel nace en el interior del capitalismo. Ahora bien, no es un proceso mecánico. El capitalismo sólo podrá ser sustituido a través de la lucha por el socialismo, si no fuese así perecería arrastrando tras de si a toda la Humanidad incrementando la barbarie y trayendo el holocausto. Pero la vida fluye por las venas de los millones y millones de desheredados de la Tierra. La necesidad de tener una vida basadaen la moral del trabajo y en la razón no la puede frenar el criminal capitalismo. Sólo hace falta la chispa que encienda la llama: ¿Venezuela?.

Antonio Liz es autor de la biografía "Trotski y su tiempo" (Editorial Sepha)