Los límites del desarrollo del socialismo en la Unión Soviética (I): Construir el socialismo sobre

el marxismo a debate
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Pablo G.V - Militante de Comunistas 3

’Imposibilidad objetiva’ o ‘dificultad añadida’: estas son las respectivas respuestas de mencheviques y bolcheviques ante la pregunta de si es posible construir el socialismo sobre una base económica agraria. O dicho de otro modo, ¿puede un campesino sacado del medievo construir el socialismo?

“Es absurdo decir (...) que un socialismo planificado centralmente es «imposible ». Si la Unión Soviética creó una organización económica que ha durado tres cuartos de siglo enfrentada con una permanente hostilidad internacional y una invasión alemana y que consiguió industrializar un enorme país casi feudal, alimentar, vestir, alojar y educar a sus ciudadanos y crear una estructura científica de nivel mundial no debería hablarse de « imposible». Pero lo contrario de «imposible» no es lo «óptimo»

David Schweickart, economista socialista

 

Bolchevismo versus menchevismo

’Imposibilidad objetiva’ o ‘dificultad añadida’: estas son las respectivas respuestas de mencheviques y bolcheviques ante la pregunta de si es posible construir el socialismo sobre una base económica agraria. O dicho de otro modo, ¿puede un campesino sacado del medievo construir el socialismo?

En caso de escoger la primera opción ‘imposibilidad objetiva’, se puede argumentar en su favor que saltar una etapa histórica de desarrollo porque así lo ponga el Boletín Oficial del Estado, no implica necesariamente que se haya superado de forma material. Siguiendo esta línea argumental nos encontramos con un primer problema: ese análisis mecanicista no digiere las leyes de la dialéctica. De todos es sabido que en la Historia se presentan multitud de situaciones donde el carro se pone delante de los bueyes. La Dialéctica nos advertiría que si se sostiene, desde el marxismo, una crítica ‘universal’ a los cambios sociales establecidos ‘por decreto’, implícitamente estamos ‘decretando a priori’ un punto de acceso histórico al socialismo. ¿Qué nivel de desarrollo de las fuerzas productivas tiene ‘esa puerta’ al socialismo? ¿es medible?. Las aristas de este debate nos llevan incluso a cuestionar la supuesta “neutralidad” del propio desarrollo de las fuerzas productivas, ya que no sólo trae avances científico-técnicos aprovechables para el socialismo (y para la reducción de jornada laboral), sino que conlleva elementos destructivos “de clase” y de “lógica de lucro” que abarcan desde la pauperización relativa y/o absoluta de la clase obrera (aumento de la explotación) hasta la destrucción de la naturaleza.

Y es que este debate no es en absoluto baladí. Ni ahora, ni en épocas más gloriosas del movimiento obrero. En su día, la posibilidad de construcción del socialismo en las condiciones rusas era lo que separaba el dogmatismo de la II Internacional del bolchevismo. No ha faltado quien desde un marxismo purista ha encasillado al bolchevismo en el socialismo utópico, haciendo caso omiso a la batalla ideológica frontal que descargaron contra el anarquismo y al infantilismo de ‘izquierdas’ comunista. El propio Gramsci en “La Revolución contra ‘El Capital’” advertía como los bolcheviques habían preferido vivir el marxismo como filosofía de la praxis y no simplemente como un análisis estático de la lógica de acumulación de el capital, donde efectivamente, en dicho libro, se apuntaba la tesis de que cuanto mayor grado de proletarización de la sociedad y mayor desarrollo de las fuerzas productivas, más inminente era la oportunidad histórica de construir el socialismo. Pero ese es un análisis que por exigencia del rigor científico se hizo con bajo premisas de la lógica del capital en estado puro, manteniendo como dicen los economistas el ‘ceteris paribus’ (permaneciendo el resto de variables constantes). Y su interés estriba en eso, en su rigor en lo teórico. Pero desde luego, recibiríamos un buen tirón de orejas de los que apoyaron con entusiasmo la experiencia de la Comuna de París, Marx y Engels, si intentamos hacer una interpretación mecánica de esos textos. ¿O es que en París de 1870 existía un formidable nivel de desarrollo de las fuerzas productivas?

Antes mencionamos a Gramsci, pero conviene aproximarnos un poco más. En ese sentido, cobra capital importancia que ya en 1917 nuestro teórico tiene la clarividencia de criticar al marxismo evolucionista de la II Internacional. Su reflexión un tanto arriesgada pero no menos ‘original’, es la siguiente: Los hechos han reventado los esquemas críticos según los cuales la historia de Rusia hubiera debido desarrollarse según los cánones del materialismo histórico. Los bolcheviques reniegan de Carlos Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado. No obstante hay una ineluctabilidad incluso en estos acontecimientos y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan el pensamiento inmanente, vivificador. No son marxistas, eso es todo; no han compilado en las obras del Maestro una doctrina exterior de afirmaciones dogmáticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista, lo que no muere nunca, la continuación del pensamiento idealista italiano y alemán, contaminado en Marx de incrustaciones positivistas y naturalistas”2.

Lenin y los suyos no dejaban de contraargumentar a los “socialdemócratas” que lo más importante de la teoría de Marx es la dialéctica de la historia, incluso puestos a sacar citas, el mismo Engels habló de una revolución en Rusia como pistoletazo de salida de un proceso revolucionario mundial, y por su parte, Marx escribió sobre la “revolución proletaria combinada con la guerra campesina”, todo un presentimiento de la alianza obrero-campesina leniniana. Así pues, el debate dentro del bolchevismo comenzaba con la superación de los dogmas de los Plejanovs y Kaustkys; la clase obrera podía dirigir, en alianza con los campesinos, un proceso revolucionario que necesariamente tenía que pasar por una fase previa para cumplir la tarea pendiente de la industrialización y la reforma agraria, históricamente adjudicada al programa de la burguesía, y por otro, crear las bases materiales políticas-económicas de la construcción del socialismo, donde la explotación del hombre por el hombre no sea posible.

Los dogmas de la II Internacional, no exentos de la interferencia del ‘institucionalismo’ como fenómeno de corrupción de los partidos obreros que veían la posibilidad de tener su cuota en el presupuesto del Estado burgués, se podían resumir en tres: 1) la imposibilidad de la dirección política de los intereses de la clase obrera sobre una base popular mayoritariamente campesina. Lo cuál es absurdo porque implícitamente se está sosteniendo que es materialmente imposible una dirección política de una minoría social de clase sobre la mayoría social. ¿No es precisamente esa la ‘oligarquía’ (gobierno de una minoría) la ‘norma histórica’ de las sociedades hasta 1917?. 2) La imposibilidad de construir el socialismo sobre una base material económica pobre y semifeudal. Siguiendo esa lógica nos llevaría a relativizar todo, preguntándonos: ¿Existe también la imposibilidad de construir la base material que haga posible el socialismo? ¿No puede existir “desarrollo” bajo el paraguas de las relaciones de producción socialistas?. 3) Sin el apoyo gubernamental de los países desarrollados es imposible el desarrollo del socialismo. Semejante dogma no puede tener rango de ley histórica, ya que sería establecer una relación de dependencia directa hacia a los gobiernos de los países desarrollados, infravalorando el papel del sujeto político del país subdesarrollado. Sin embargo, nadie niega que la victoria definitiva del socialismo sobre el capitalismo tendrá un carácter mundial, pero de ningún modo es aceptable que una supuesta ‘revolución planetaria’ o una ‘revolución socialista occidental’ sea un primer paso insoslayable para esa victoria, como así afirmaba Trotsky y los mencheviques.

En cuanto al grado de madurez de las condiciones objetivas, los bolcheviques no miraban únicamente a Rusia, sino que medían el grado de madurez del capitalismo a escala internacional, teniendo en consideración “tres clases de fenómenos, que se relacionan y condicionan entre sí, a saber: 1º, la base económica y técnica del capitalismo y sus formas de organización; 2º, la correlación de fuerzas de clase (...) 3º, el grado de cultura ideológica del proletariado. Ni que decir tiene que los marxistas ortodoxos no plantearon el grado de cultura ideológica del proletariado desde el punto de vista de que el proletariado sólo podrá tomar el poder después de haber creado su propia cultura”3.

El primer gran éxito de los bolcheviques consiste en abrir un profundo cortafuegos entre la burguesía aristocratizada y las masas campesinas, estableciendo así una división en dos trincheras, la aristocracia terrateniente y la burguesía, por un lado, y frente a ella, el exiguo proletariado y las gigantes masas campesinas. Esta política de alianzas tenía una base objetiva, el antagonismo terrateniente-campesino, y por otro lado, la subordinación de la débil burguesía a la aristocracia, que a su vez permitía restar influencia de la burguesía hacia los campesinos, lo cual abonaba el terreno para unir a los campesinos con los obreros en la causa del socialismo, aunque fuera inconscientemente. Al frente burgués-terrateniente tras la toma del poder se deben sumar los 9 ejércitos imperialistas que invadieron a la Rusia bolchevique. Tras la revolución soviética, no sólo las masas se rebelan contra la oligarquía, sino que su propio instrumento de dominación, su brazo armado: El Estado, se convertirá en su propio azotador; fenómeno que va a extender el miedo de toda la burguesía internacional por el precedente establecido. Las grandes propiedades industriales son nacionalizadas, así como la tierra, que es repartida en “usufructo” para aquellos campesinos que la demandaron durante siglos. Probablemente convirtiendo la “necesidad en virtud”, se establece el “comunismo de guerra” un modelo basado en la reproducción simple del capital, la militarización del trabajo y el sistema de contingencia (requisa de productos agrarios para alimentar a la ciudad). En este contexto, de “trueque obligatorio” entre el campo y ciudad, así como de orientación de la producción hacia los objetivos militares inmediatos, se hizo posible una medida de castigo a la burguesía, en concreto, a su capital financiero. El nuevo gobierno soviético ordenó la producción masiva dinero (billete y moneda) para crear una hiperinflación que hiciera desintegrar todo el valor que tuvieran los activos financieros de la burguesía. Todo el pánico que debieron sentir esos grandes ricos y banqueros tuvo que ser directamente proporcional con el entusiasmo popular de los campesinos ante sus nuevas tierras. Sin embargo, ese entusiasmo campesino fue decayendo por la requisa obligatoria de los producción agrarios. Más adelante ese malestar de la mayoría de la población, dio razones al gobierno soviético para introducir la NEP en un principio para salvaguardar la política de alianzas obrero-campesina, y al final, como estrategia de transición al socialismo. Finalmente, y a modo de conclusión sobre el conflicto bolchevique-menchevique, podemos resumir la gran aportación teórica de Lenin de la siguiente manera. Consiste en desligar las condiciones objetivas para la toma del poder de las condiciones objetivas para la construcción del socialismo. De ésta interpretación deducimos que mientras en 1917 eran más favorables las primeras que las segundas, hoy en día, en los países centrales ocurre lo contrario. Y como remate final y como materialista dialéctico, Lenin demostró que sí era posible desde la toma del poder crear las bases materiales del socialismo4. De esta forma se resolvía la aparente contradicción que frecuentemente acusaban a los bolcheviques de “faltar el respeto” a El Capital y el Materialismo Histórico.

¿Cómo financiar la industrialización?

Según estudia la Economía Política, toda sociedad agraria mercantil cuando se industrializa, pasa por dos periodos:

  • Un periodo A, caracterizado por la acumulación del capital en el campo. Este ahorro agrario es captado por las ciudades a través de los bancos, generando un proceso indirecto de creación de dinero.

  • Un periodo B, caracterizado por la acumulación del capital en sectores no agrarios pero financiado en gran medida por los incrementos de productividad agraria vía precios. Pese a los incrementos de producción y productividad, los agricultores deben endeudarse o demandar ayudas públicas para compensar la caída de beneficios.

El periodo A tiene como base el atraso tecnológico, unos precios agrarios altos y una mano de obra masiva y barata. El periodo B, en cambio, ya se ha producido un salto cualitativo, donde la dinámica de innovación tecnológica e incremento de productividad son una constante, en consecuencia, aparece el consumo industrial del campo y los precios agrarios caen por debajo de los precios industriales (tijera de precios). El salario en el campo sube y en la ciudad sigue siendo más elevado. Ello hace reforzar el éxodo rural cuya causa principal es la sustitución de capital por trabajo por el aumento de la productividad. En otras palabras una expulsión de jornaleros en contra de su voluntad. Aquí podemos encontrar la causa objetiva del ludismo.

Esta explicación la introducimos para entender el debate sobre la industrialización en los años 20 en la URSS; cuya grandeza estriba en ser un proceso totalmente consciente a diferencia de otros, hasta la fecha, que fueron consecuencia de la propia dinámica de acumulación que genera el mercado capitalista y la rapiña imperialista.

De la NEP como “programa de reconstrucción” a “programa de transición”

La NEP vino a reestablecer e impulsar la acumulación del capital en el campo. El comunismo de guerra actuaba como un círculo cerrado económico donde no existía reproducción ampliada del capital. La NEP reestableció las relaciones mercantiles-monetarias, la libertad de venta del excedente, e incluso, introdujo ventajas económicas a los campesinos como fue su liberación de la imposición fiscal medieval, que existía desde siglos atrás como base económica de la dominación terrateniente. Las deudas de los campesinos con los bancos fueron condonadas. Esta medida fue altamente beneficiosa al conjunto de la economía porque hizo descender los precios agrícolas sustancialmente, aproximadamente un 20% según Malafeyev5. Esto compensó los efectos de incremento de costes agrícolas por la muerte de muchos campesinos en la Primera Guerra Mundial y la guerra civil.

El sistema de contingencia, donde el ejercito rojo requisaba la producción agrícola para alimentar a las ciudades, fue sustituido por el famoso impuesto en especie (primera medida de la NEP) a consecuencia del descontento generalizado y las revueltas campesinas que se extendían por todo el país. En ese contexto era imposible consolidar el poder soviético sin paliar la hambruna y recuperar el nivel de vida a cotas anteriores a la guerra civil.

Es en esta época de recuperación económica cuando Lenin cae enfermo y muere. Lenin abandona las tareas de la dirección política del proceso revolucionario soviético habiendo realizado previamente una reformulación de la NEP, considerándola ahora mucho más que una reconstrucción económica. El objetivo político era implantar un sistema productivo y político superior al prerrevolucionario. Ya no se trataba de negar mecánicamente al capitalismo, sino aprovecharse de sus adelantos científicos en la organización del trabajo, la tecnología y el mercado como intercambio descentralizado, así como del estímulo de la competencia entre dos sistemas el socialismo y el capitalismo en una misma sociedad... en transición. ¿Qué papel tenía el Estado? Desde luego que no era neutral, era un Estado “de clase” que tomaba parte del proceso orientando la economía hacia el impulso del sector socialista, para que se avanzara el desarrollo sobre dos piernas: la electrificación (fuerzas productivas) y los soviets (poder exclusivo del proletariado). En uno de sus últimos trabajos “Sobre la Cooperación” afirma que tendrán que pasar dos o tres décadas antes de pensar de cambiar de modelo de transición socialista, lo que nos dá la medida de la confianza que tenía Lenin en la NEP como modelo de transición, cuyo principal teórico reconocido por el propio Illich fue Nikolai Bujarin. La NEP establecía un monopolio de la industria y los sectores estratégicos al Estado socialista, mientras que en las esferas del comercio y la agricultura establecía una coexistencia del sector socialista (cooperativas y Estado) y el sector privado capitalista.

Lenin recuerda en esta época " que ya en 1918 considerábamos el capitalismo de Estado como una posible línea de repliegue ", "un paso adelante ante la crisis interna". En 1921, Lenin incorpora a su pensamiento la experiencia práctica, lo que "nos ha enseñado el desarrollo objetivo de la revolución ", deduciendo así la única línea estratégica posible en la transición al socialismo dadas las condiciones precapitalistas de las que se parte y sin ayuda exterior. Lenin sostiene que el único camino es la construcción "de sólidos puentes que, en un país de pequeños campesinos, llevan al socialismo a través del capitalismo de Estado, no basándonos directamente en el entusiasmo, sino en el interés personal"6. “El capitalismo de Estado es incomparablemente superior, desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso en primer lugar. Y en segundo lugar, no tiene nada de temible para el poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el poder de los obreros y de los campesinos pobres”7.

Bujarin criticó a Lenin el uso abusivo del término "capitalismo de Estado" para calificar a la NEP. "Capitalismo de Estado" era un modelo de capitalismo bajo dirección de la burguesía que en Occidente empezada a surgir debido a las necesidades de desarrollo y centralización de recursos. Lenin lo explica así en 1922: "El capitalismo de Estado, tal como lo hemos implantado en nuestro país, es un capitalismo de Estado original. No corresponde al concepto habitual del capitalismo de Estado. Tenemos en nuestras manos todos los puestos de mando, tenemos en nuestras manos la tierra, que pertenece al Estado. Esto es muy importante, aunque nuestros enemigos presentan la cosa, como si no significara nada. No es cierto. Hemos conseguido ya que nuestros campesinos estén satisfechos y que la industria y el comercio se reanimen. El Estado proletario tiene en sus manos no sólo la tierra, sino también las ramas más importantes de la industria. Ante todo hemos cedido en arriendo sólo cierta parte de la industria pequeña y media, pero todo lo demás queda en nuestras manos. Por lo que se refiere al comercio, quiero destacar aún que tratamos de crear, y estamos creando ya, sociedades mixtas, es decir, sociedades en las que una parte del capital pertenece a capitalistas privados - por cierto, extranjeros -y la otra parte, a nosotros. En primer lugar, de esta manera aprendemos a comerciar, cosa que necesitamos, y, en segundo lugar, tenemos la posibilidad de liquidar estas sociedades, si así lo consideramos necesario. De modo que no arriesgamos nada. En cambio, aprendemos del capitalismo privado y observamos como podemos elevarnos y que errores cometemos".8

Si tenemos que elegir una única tesis que no fuera cuestionada por aquellos que participaron en los debates sobre industrialización de los años veinte en el Comité Central del Partido Bolchevique sería aquella de que: "podemos edificar el socialismo incluso sobre esta miserable base técnica". Bajo las prioridades leninianas del "desarrollo de las fuerzas productivas y la consolidación del poder soviético", surgieron dos debates paralelos y transversales que fueron la base teórica de las pugnas entre los líderes soviéticos. Preobrasenski, se preguntaba: "¿el desarrollo de la industria estatal y la reconstrucción de toda su base técnica puede gravitar sólo sobre sus hombros de tres millones de obreros de nuestra industria o debe ser compartido también por los 18 millones de haciendas campesinas?" . El profesor mexicano, José Valenzuela Feijóo, lo contesta parcialmente: "En suma, las metas de acumulación no se pueden sustentar, del todo, con cargo a los recursos propios. El sistema, por ende, debe lograr el faltante de excedente fuera de su ámbito. En países dependientes o colonizados, o bien, en sus "colonias internas " o hinterland nacional: las formas no socialistas de producción vigentes en el país. Para el caso ruso, esto equivalía a pensar en la economía campesina mercantil y, dentro de ésta, en sus estratos productores de excedente: kulaks y campesinos medios, básicamente. Excedentes externos: el "despojo colonial-imperialista ". Este mecanismo, que fuera tan importante en los primeros tiempos del capitalismo y que aún hoy ,aunque bajo otras formas, sigue teniendo un gran peso, resulta o debe resultar ajeno al socialismo"9.

Lo que no conoció Lenin fue el conflicto entre precios agrícolas y precios industriales, que se apareció como una emboscada en el camino del socialismo en pleno gobierno del tándem Bujarin-Stalin. Se produjo una ‘tijera de precios’, donde los precios agrarios se hincharon por motivo especulación llegando a alcanzar niveles superiores que los precios industriales, lo que actuaba como una tenaza sobre la financiación de la industrialización a través de un Periodo B que poco a poco se iba adoptando. Suponía un retroceso al periodo A con la particularidad de ser un proceso carente de ‘estrategia’. Los kulaks (campesinos ricos) ponían en peligro la reproducción de la clase obrera industrial al establecerle unos precios especulativos, abasteciendo mínimamente al mercado. Los campesinos medios y ricos, podían sobrevivir con autoconsumo, pero las ciudades no. De esta forma intentaban doblegar al gobierno soviético, junto a su política de beneficiar a los precios de la industria, por la vía de almacenar los productos agrícolas para alterar los precios de mercado.

Un objetivo común: La reproducción ampliada del capital industrial socialista

Conviene tener en cuenta el factor que suele estar ausente en los libros de los historiadores burgueses: la presión imperialista. En boca de Iosef Stalin se pronunciaron estas premonitorias palabras: “Nos hallamos a una distancia de cincuenta o cien años por detrás de los países más adelantados. Debemos cubrir esa distancia en diez años. O lo hacemos o acabarán con nosotros”. Es decir, se hacía urgente por razón de supervivencia del nuevo régimen establecer una industria militar desarrollada, con las consiguientes infraestructuras e industrias adyacentes, para plantar cara al imperialismo. En consecuencia, había una razón exógena al proceso de transición socialista que inducía la aceleración de la industrialización con fines defensivos.

Es en este contexto realmente existente donde se produjo el debate de la industrialización y no en otro. En un primer momento Stalin se alineó con Bujarin, pero finalmente viró hacia las posiciones “de izquierda” que anteriormente fueron defendidas por Trotsky. Stalin, con la misma habilidad que demostró en la II Guerra Mundial para evitar un frente común anticomunista de aliados y nazis, consiguió mantenerse en el centro político del partido. Cabría hacer con cierto fundamento una acusación de oportunismo, pero no es menos cierto que la realidad había cambiado: la paz civil durante la NEP y el crecimiento económico estaban poniéndose en peligro con la “crisis de las tijeras”.

Todos los dirigentes y teóricos compartían el objetivo final de la reproducción ampliada del capital industrial socialista y la mecanización del campo. En lo que se refiere a ésta segunda, el modelo legado de la primera reforma agraria soviética iba a empezar a dar problemas si no se conseguían economías de escala para que la acumulación del capital agrario se acelerara. La NEP estableció una tendencia positiva en ese sentido, pero fue lo suficientemente lenta como para que el partido bolchevique viera la necesidad de introducir reformas. El problema de fondo se puede sentenciar con la siguiente frase de Marx: “la gran propiedad agraria está condenada por la Historia y la pequeña por la Ciencia”. Parecía que se había conseguido el ‘indulto’ de la Historia, pero la Ciencia estaba dispuesta a cuestionar su viabilidad.

La discrepancia estribaba en los medios, la estrategia y las clases sociales que debían participar en el proceso. ¿Era posible tomar un ‘atajo histórico’ al socialismo desarrollado siendo éste atajo compatible con el mantenimiento del poder soviético?

Preobrazhensky con su teoría de la “acumulación originaria del capital”, intentó aplicar el esquema de Marx de los orígenes del desarrollo industrial capitalista para el caso soviético. Ello le indujo a pensar que si las dos fuentes principales de financiación industrial del capitalismo eran el saqueo de pueblos colonizados y la explotación de los campesinos vía mercado, entonces la única vía posible que respetara el internacionalismo proletario era financiarse a cargo de recursos propios. Concretamente, en su expresión que “cabalgara sobre los hombros de los campesinos”. Apostaba por un modelo donde la convivencia y competencia entre socialismo y capitalismo se hiciera por sectores económicos: agrario=capitalismo, industria=socialismo, donde abiertamente se explotara al campo con precios relativos superfavorables a la industria. La “crisis de las tijeras” venía a imposibilitar este modelo, pues ese plus de sacrificio campesino aceleraría una ‘revolución’ contra el poder soviético, convirtiendo a éste en representante exclusivo de una minoría de la población concentrada en las ciudades. Asimismo dejaría desamparados a los campesinos pobres y vulneraría la alianza leniniana obrero-campesina. Este modelo quedó descartado.

Stalin versus Bujarin10

Bujarin, economista al igual que Preobrazhensky, advertía que "el proceso de acumulación en la industria socialista no puede perdurar sin acumulación en la economía campesina ". "Las capas acomodadas de campesinos e incluso aquellos grupos que tienden a hacerse acomodados tienen miedo acumular. Existe una situación en la que el campesino teme construirse un techo de chapa porque tiene miedo de ser calificado de kulak; si compra una máquina trata de hacerlo deforma que los comunistas no se den cuenta. La técnica avanzada se ha hecho clandestina". Bujarin apostaba por profundizar el modelo NEP. Profundizar el periodo A, alentar la acumulación en el campo. Tan famosas como descontextualizadas fueron las palabras de Nikolai cuando dijo: “acumulad, enriqueceos”. La idea de Bujarin se apoyaba en la tesis de la financiación de la industria en función del nivel de desarrollo agrario, pues la liberación de mano de obra agraria y el consumo industrial agrario, dependían directamente de un proceso de aumento generalizado de la productividad en el campo. Sin un poder adquisitivo creciente en el campo- según Bujarin-, era imposible financiar los altos precios de los medios de producción (bienes industriales). Bujarin había señalado el nudo del problema, aunque su análisis era insuficiente ya que subestimaba las ventajas de la planificación central sobre una base económica desestructurada y anarquizante. Tampoco tuvo en cuenta el exiguo pero progresivamente creciente consumo industrial público de empresas en permanente creación (autofinanciamiento del sector industrial). Sin embargo el modelo de Bujarin tuvo un gran desarrollo y una estrategia bastante definida, sería un error minusvalorarlo por su fondo teórico. Nikolai sostenía que el camino de transición avanzaba con la competencia sobre relaciones de mercado entre el socialismo y capitalismo. Y que ésta convivencia competitiva se resolvería a través de la vertebración estatal del sector financiero-bancario y la superioridad del sistema socialista sobre el capitalista, que progresivamente acabaría siendo absorbido el sector privado por el sector socialista mediante de un aplastamiento vía mercado –inferioridad productiva- y vía deslegitimación popular –conciencia socialista-. Necesariamente había que crear un modelo productivo atractivo para los campesinos pobres, y ese modelo era un cooperativismo voluntario apoyado financieramente por el Estado. Al campesino había que ganarle garantizándole ‘poder’ y mayor ‘bienestar material’. El objetivo político-económico de Bujarin consistía en transformar la lucha de clases por vía económica en lucha competitiva entre empresas socialistas y empresas capitalistas. Según el materialismo histórico, el socialismo debe superar al capitalismo en el ámbito productivo e ideológico, pero Bujarin subrayaba que eso sólo se haría posible dentro de una larga fase de transición donde convivirían los dos sistemas. Bujarin creía en una transición donde la naturaleza del socialismo fuera quien determinara su dinámica, en detrimento de la violencia política “de clase”.

Stalin reprendió el modelo bujarinista y contestó a su “enriqueceos campesinos” por “nuestro lema es ‘acumulación socialista’”. El modelo staliniano no tiene nada de simplismo como se destila en multitud de análisis, sino que tiene un modelo de acumulación perfectamente coherente. Este modelo tiene tres pilares: 1) el control de la demanda agraria de productos industriales (los medios de producción en los koljoses eran del Estado y el Partido marcaba los ritmos), 2) Había que proletarizar al campo a través de una colectivización acelerada, realizando una tercera revolución en forma de guerra de clases donde los sectores burgueses agrarios, potencialmente proimperialistas, fueran liquidados con la finalidad de aumentar el poder del partido y de no volverse a repetir una situación como la “crisis de las tijeras”. 3) Establecimiento de un “complejo único estatal” transversal al campo y la ciudad que centralizaría todos los recursos y regularía administrativamente los fondos de inversión y los salarios, para así marcar los ritmos de oferta y demanda con la priorización de la inversión, implantando un modelo de “contracción del consumo” personal, donde los salarios agrarios serían los más perjudicados. El inexcusable éxito de la colectivización fue el logro de “paro 0”. Una nueva novedad histórica que forma parte esencial de la identidad de la civilización socialista. Datos concretos: en 1929 había 11,5 millones de trabajadores desempleados, a principios de 1931, no existía ninguno. Así se mantuvo hasta el hundimiento de la Unión Soviética.

A pesar de que el modelo bujarinista mantenía un esquema más acorde con las bases del materialismo histórico y las necesidades económicas a largo plazo, finalmente triunfó el modelo staliniano en lo teórico y en la praxis por razones de urgencia que imponía el estado de lucha de clases. Como nos recuerda Mao Tse-Tung: “Lo urgente generalmente atenta contra lo necesario”. La victoria de la II Guerra Mundial es la prueba histórica definitiva.

Colectivización e industrialización acelerada

En julio de 1932, el 60% de las propiedades campesinas estaban colectivizadas. Según científicos soviéticos de los años 70, la colectivización forzosa creó un gran malestar en el campo, especialmente entre el campesinado medio. Sin embargo no llegó a ser un trauma colectivo que perviviera en el tiempo. Fruto de ese malestar, en aquella coyuntura se produjo una gigantesca destrucción de fuerzas productivas, incluyendo la muerte de ganado como forma de protesta para castigar al régimen. Es extraordinariamente difícil, ante la ausencia de datos contrastados y la distancia en el tiempo, establecer una mínima la línea de demarcación de la lucha de clases en el campo. Lo que si podemos hacer es negar los ‘extremos imposibles’: ni se puede decir que un puñado de bolcheviques impusieron una dictadura contra todo el campesinado, ni voluntariamente todo el campesinado pobre y medio se reveló contra los oligarquía agraria (kulak)11. Teniendo el dato de que hasta el propio Stalin criticó la vehemencia y la rapidez del proceso, debió ser un proceso extremadamente violento, dentro de la fiesta general del régimen por la victoria del socialismo en el campo.

El brazo ideológico de la colectivización fueron los más de 25.000 voluntarios bolcheviques urbanos que fueron a extraer datos de la realidad rural, a supervisar los cambios y a estimular un nuevo estilo de trabajo tanto en el ámbito productivo como en los métodos de dirección. Según Ludo Martens: “Los 25.000 debieron de lanzarse de inmediato al combate integral contra el burocratismo del aparato local y contra los excesos cometidos cuando se inició la colectivización. Zakharov, uno de los 25.000, escribió que no se había hecho ningún trabajo preparatorio entre los campesinos y que, en consecuencia, no estaban nada preparados para la colectivización. Muchos se quejaban de los actos ilegales y la brutalidad de los cuadros rurales. Maskovskaia se quejaba por la ‘actitud burocrática’ de los cuadros a los campesinos’ y decía que los funcionarios hablan de la colectivización ‘con un revolver en la mano’. Baryshev afirmaba que un gran número de campesinos medios han sido ‘deskulakizados’. Naumov se puso del lado de los campesinos que atacan a los cuadros del Partido porque ‘se han apropiado de los bienes confiscados a los kulaks’”12. Así pues esta juventud voluntaria staliniana estuvo combatiendo el burocratismo en el campo y se ganaron la confianza de las masas campesinas. Esta es una muestra del tipo de dirección política que tenía el sistema soviético en la época de Stalin: se basaba en un populismo13 entendido este como la alianza entre el líder orientador y su gigantesca base popular, siendo objeto de represión toda la estructura intermedia burocrática. Sin duda era más probable ser fusilado teniendo carnet del partido que sin él. Esta misma lógica consiguió el mantenimiento del poder soviético, pero introdujo elementos de arbitrariedad con los consiguientes costes en destrucción de cuadros comunistas que no comulgaban con la dirección política staliniana pero que se mantuvieron leales a la patria socialista.

Éxito relativo del modelo staliniano

El partido bolchevique consiguió implantar el modelo staliniano, y funcionó en esa coyuntura. Se destruyó en tanto que clase a la burguesía agraria, se proletarizó a los nepman, y a pesar de la caída del PIB agrario se consiguió garantizar el abastecimiento de las ciudades (se superó el freno político de los especuladores agrarios) y se cumplió gran parte del primer plan quinquenal en lo que se refiere a las macrocifras de la industria pesada. Stalin exhibió una gran demostración de fuerza teórica por la vía de la verdad de los hechos: En la Rusia subdesarrollada, una vez liberada de los frenos feudales al desarrollo de las fuerzas productivas, se podía industrializar aceleradamente a través de los ejes de planificación, el impulso de la ciencia y la organización militar de la economía. En concreto demostró como el pilar fundamental de la industrialización era sustancialmente la autofinanciación de la industria, por el gran plusvalor generado por los millones de trabajadores que se iban incorporando a clase obrera industrial, y no tanto por el bombeo de la plusvalía relativa del campo, como así inducía el esquema bujarinista. Una vez establecida la paz civil en el campo, la financiación agraria de la industrialización se reestableció a sus niveles naturales como le corresponde a toda sociedad que transita hacia una civilización industrial. A la sazón sorprende que el trauma de la colectivización no fue tan grave por los testimonios de investigadores extranjeros en los años 60 y 70.

El modelo staliniano dio una respuesta militar al imperialismo nazifascista, a la sazón quede nuestra gratitud por todo el esfuerzo del pueblo soviético y sus dirigentes, pero también hipotecó el desarrollo del socialismo con sus leyes propias y su dinámica, al establecer un sistema hipercentralizado que estrangulaba el intercambio descentralizado, la iniciativa y la creación individual y popular. La iniciativa popular salvo en periodos concretos de ‘entusiasmo de masas’ como en la II Guerra Mundial o el movimiento stajanovista, no encontraba mecanismos ‘normales’ que pudieran alimentar permanentemente a la economía soviética. La planificación central se convirtió en un fin en sí mismo, y no en un instrumento de la economía socialista. No obstante, es justo reconocer que la URSS post-Stalin vivió en gran parte “de las rentas” – en sentido figurado- del modelo de acumulación que le había legado la tercera revolución promovida por Stalin. A partir de entonces, el conservadurismo y las reformas de poca ambición se hicieron política de Estado, lo cual contribuyó al estancamiento relativo de las últimas décadas en todos los órdenes, que contrasta con el ritmo espectacular de desarrollo que mostraba la economía soviética y los países del COMECON14 en los años de “reconstrucción” tras la II Guerra Mundial, llegando a superar a los países capitalistas en su particular “época dorada”. La semilla de los límites del socialismo estaba en su interior.

Los problemas que acarreaban la fusión de El Partido con el Estado, la minusvaloración del papel de los mecanismos descentralizados de intercambio y el despilfarro de iniciativa social, se reflejaban en los ciclos económicos de la economía soviética que tenían más que ver con los conflictos políticos internos que con causas estrictamente económicas (excluyendo por catástrofes naturales). Esto hacía establecer un modelo desarrollo económico desequilibrado, no sólo por el dogma de la inversión por la inversión – en parte justificado por la amenaza imperialista-, sino por la coexistencia de sectores muy desarrollados con otros poco desarrollados como la industria de bienes ligeros (de consumo). También quedó aparcada la introducción de la revolución en el ámbito de la familia patriarcal, así como la recuperación del espíritu de los soviets como institución popular. En lo que se refiere a la calidad de vida, a pesar de que “la elevación del bienestar material de los ciudadanos soviéticos” estaba en todos lo manuales para garantizar la adhesión popular hacia el socialismo, su elevación fue bastante lenta y siempre con un barniz de paternalismo de Estado. Ahora bien, es incuestionable que garantizó las necesidades básicas de un ser humano a todas y todos los ciudadanos soviéticos. Por otro lado, el principio de justicia desigual, o lo que es lo mismo, la remuneración en función de su esfuerzo laboral, debió de perfeccionarse por vías no administrativas-jerárquicas. Pero eso ya sale de los límites de los objetivos del presente trabajo.

La desoladora caída del muro de Berlín nos mostró como el ‘sentimiento de pertenencia’ de las masas al socialismo brilló por su ausencia, y probablemente también en algunas décadas anteriores. Zinoviev apunta que el orgullo patriótico y soviético sí que fue una institución popularizada en las primeras décadas de la Unión Soviética, como símbolo de la amistad entre los pueblos y la lucha común para desarrollar el país.

Volviendo al presente, el socialismo aparece en algunos países exsocialistas como la antigua RDA como un recuerdo agradable para muchos trabajadores que prueban el día a día del capitalismo neoliberal. Pero en otros casos, se recuerda como una sociedad cerrada que limitaba el desarrollo individual. Hoy toca mirar al futuro. Un futuro que Venezuela ya nos abre camino con su contribución renovada a la causa del socialismo.

¿Qué hacer de cara a la construcción del socialismo del siglo XXI? Poco puedo recomendar más allá de que nos orientemos hacia la praxis, hacia nuestra realidad actual. ¿Y que hacer con ‘la losa’ del socialismo del siglo XX? Empecemos por reconocer la esterilidad de todo ejercicio de nostalgia dulcificadora, pero tampoco comulguemos con ruedas de molino ante la crítica maniquea izquierdista que desperdicia la experiencia pasada y ayuda a reproducir la ideología anticomunista. Lo más recomendable, productivo y materialista: aprendamos de la experiencia.

 

Pablo G.V. Militante de Comunistas 3.

 

Madrid, 18 de junio de 2007