El ruido y la furia, o del estalinismo al narcismo

el marxismo a debate
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x Balance. Cuadernos de historia del movimiento obrero.

Reseña  del producto editorial: GALLEGO, Ferran: “Barcelona, mayo de 1937”. Debate. Barcelona, 2007, 628 páginas.

La historia es un campo más entre los múltiples campos de batalla de la guerra de clases. Por esta razón es imposible que la historia, elaborada desde el mundo académico, copado por burgueses y estalinistas, pueda darnos un relato medianamente aceptable e inteligible sobre los llamados “Hechos de mayo de 1937”.

No enfrentamos, pues, a un libro de 628 páginas que trata sobre los Hechos de Barcelona en mayo de 1937, con pretensiones filosóficas, literarias y epistemológicas. Es un libro de síntesis (aunque su autor pretende de investigación) que, tanto por su tamaño como por su planteamiento, debería ser exhaustivo. Son más de cien páginas por cada uno de los días que conformaron la llamadas Jornadas de Mayo, entre el 3 y el 7 de mayo de 1937.

Lo mejor del libro es la exposición pormenorizada de las investigaciones (ajenas) de Godicheau y Pozo, y sobre todo su afirmación de que no existió en la Barcelona de 1936 una situación de doble poder. ¡Cuánto menosprecio por los laboriosos trabajos de investigación, que cualquier iluminado se atreve a apropiarse y mancillar para usar y tirar, como un klínex con el que se suena las narices!

No  por obvia, deja de ser notable la insistencia de Gallego en que mayo no fue un simple enfrentamiento de la CNT y el POUM contra las organizaciones gubernamentales y estatales, puesto que la CNT también estaba en el gobierno.

Aunque el libro pretende ofrecer una nueva interpretación de mayo del 37, no sale del marco del antifascismo. Gallego no puede entender que, para las organizaciones obreras, sumarse a la unidad antifascista suponía renunciar al programa y a los métodos de lucha del proletariado. Mayo del 37 empezó en realidad en julio de 1936, cuando los anarquistas aceptaron la colaboración con el gobierno de la Generalidad y el resto de partidos antifascistas, en lugar de coordinar y potenciar los comités revolucionarios para que éstos tomaran todo el poder e iniciaran un proceso revolucionario. Pero todo esto a Gallego le queda más lejano que el planeta Marte.

Porque la posición política de Gallego, estalinista, burguesa y frentepopulista, no puede sino lamentar que la unidad antifascista no fuera lo bastante fuerte y cohesionada como para permitir a los republicanos que intentaran ganar la guerra a los fascistas. No puede entender ni valorizar la situación revolucionaria vivida por el proletariado barcelonés.

UN LIBRO OTOÑAL

Las hipótesis y elucubraciones del autor abarcan hojas y hojas que se caen al suelo si el lector ha leído antes “Barricadas en Barcelona” (Espartaco) y “Barcelona, mayo de 1937. Testimonios desde las barricadas” (Alikornio). El de Gallego es un libro otoñal, que tras la caída de las hojas sobrantes (una 627) se queda más desnudo que Adán. Sólo le queda el precio, para taparse las vergüenzas, que sin embargo es lo bastante grande para hacerlo.

Hagamos la prueba otoñal a libro tan perecedero: las primeras 230 páginas intentan situar históricamente el inicio de la Guerra civil, sin decir ni aportar nada nuevo que no haya sido ya dicho. Su análisis internacional del estalinismo responde más al del eurocomunismo de los años setenta que al frentepopulismo de los años treinta: Gallego se equivoca en cuarenta años. Así, pues, aquellos que ya han leído otras historias sobre el tema pueden arrancar tranquilamente esas primeras 230 páginas, con lo cual reducimos el texto en una tercera parte. El resto está lleno de jeroglíficos epistemológicos y simbólicos que no importan a nadie más que a su autor, y posiblemente la capillita de cátedros que los han discutido con él. De hechos históricos que no hayan sido ya publicados en otros libros: nada; de interpretaciones novedosas o racionales, inteligibles y que aporten algún interés: nada. En las seiscientas y pico páginas no se explica ni la foto de la portada, el lugar exacto o la fecha en que fue tomada; eso sí,  se le dedica varias páginas de bobadas sobre no sé qué simbolismos.

Si Gallego no da este curso un aprobado general que me lo digan sus alumnos, porque en esta reseña se está ganando un cero patatero. El profesor Gallego ignora en su mamotreto de más de seiscientas páginas, dedicado sólo a las Jornadas de Mayo de 1937 en Barcelona, todo esto:

1.- La decisión de Companys de acabar con la CNT llegó al punto de solicitar reiteradamente al gobierno de Valencia el mando de la aviación (en manos de Sandino) para poder bombardear los cuarteles y edificios de Barcelona en poder de la CNT, siguiendo el detallado plan,  elaborado por José del Barrio (PSUC), aunque eso supusiera la incautación del orden público y defensa por el gobierno central.

2.- Y sin embargo Gallego, en su libro, llega a plantear al lector dudas sobre la estrecha relación existente entre Companys y el PSUC, cuando los hechos demuestran que José del Barrio se apresuró a planificar y concretar el plan de bombardeos que quería Companys para destruir, arrasar y aniquilar a la CNT.

3.- Escorza y Herrera mantuvieron en abril de 1937, cara a cara con Companys, unas tensas y decisivas conversaciones, previas a la formación de un nuevo gobierno, para resolver la crisis del gobierno de la Generalidad que estaba abierta desde primeros de marzo.

4.- Escorza respondió a la provocación del asalto de la Telefónica desde su coordinación y dirección efectiva del Comité de Investigación y de los comités de defensa.

Gallego no explica, ni puede explicar, en sus más de seiscientas páginas, ni el inicio ni el desenlace real de los Hechos de Mayo, sencillamente porque los desconoce. Imagínese el lector la imagen literaria que don Ferran Gallego podría haber esculpido, en blanco y negro, de un presidente de la Generalidad suplicando al gobierno central “español” aviones para bombardear al proletariado “catalán”. Hubiera podido citar, esta vez acertadamente, a Goethe y a Mefisto, junto a las tan numerosas como inapropiadas citas literarias que anegan su libro, la mayoría de ellas sin venir a cuento.

5.- ¿Cómo pueden ignorarse a estas alturas los trabajos de Anna Monjó sobre las colectivizaciones y la lucha por la socialización iniciada por los trabajadores barceloneses en la primavera de 1937? ¿Cómo puede escribirse un libro de investigación, como pretende Gallego el suyo, sin documentación de archivo?

6.- Ignora que el grado de enfrentamiento, antes de mayo, había llegado a tal punto que en una reunión de la Junta de Seguridad, efectuada en el Palacio de Gobernación, Aurelio Fernández (CNT) llegó a amenazar de muerte a Rodríguez Salas, poniendo en su cabeza una pistola. ¿Cómo no iba a romperse el gobierno de unidad antifascista?

7.- Ignora que a Martín “el cojo de Málaga”, anarquista que controlaba la zona fronteriza de Puigcerdá, fue asesinado por unos pistoleros contratados por altos cargos de la policía de la Generalidad. ¿Qué unidad antifascista había de conservarse en estas circunstancias?

8.- Ignora las causas reales de la dimisión del “conseller” de Defensa, el cenetista Isgleas, que no le voy a explicar, para no dejárselo todo hecho. Si quiere saberlo, que lea los libros que lo explican.

9.- Ignora la enorme implicación de Companys, y su complicidad con los soviéticos y los estalinistas, para dar un golpe que les permitirse la formación de un gobierno “fuerte”, capaz de deshacerse de una CNT, que aparecía como incapaz de controlar a sus “Incontrolados”.

10.- Pero, sobre todo, Gallego ignora el abecé del historiador. Ignora que la historia no se escribe disfrazando los hechos, que otros YA han explicado, con símbolos arbitrarios, aleladas teorías, entre extravagantes y anodinas, o  pedantes citas literarias y novelescas imitaciones; sino metiendo las narices en mil archivos e investigando entre los sucios y destartalados legajos para desvelar los hechos históricos que realmente sucedieron.

Luego, el descubrimiento puede escribirse en una línea, o en una breve nota a pie de página como hacen Godicheau, Pozo, Guillamón o el colectivo de Alikornio, para decir lo que  no dice Gallego en más de seiscientas páginas, ni tampoco diría en una enciclopedia de veinticinco mil páginas, por la sencilla razón de que lo ignora.

Son demasiadas cosas las que Gallego ignora y desconoce como para que su pedante librote sirva para algo más que para tirarlo a la papelera. Porque, le guste o no le guste, la historia se hace interpretando los hechos reales, y no con especulaciones, citas literarias, fantasías, o machaconas simbolizaciones de hechos no ocurridos y numerosísimas ignorancias, tan evidentes como importantes. El libro de Gallego es como la canción de verano, una operación de marketing totalmente ajena e indiferente al auténtico valor musical de la canción.

Y es que nos encontramos ante unos de esos libros que aunque pretende hacer balance histórico y presentar el estado de la cuestión sobre Los Hechos de Mayo, nace ya viejo  en cuanto llega a las librerías.

No cita, ni una sola vez, ni a Manuel Escorza ni a Josep Rebull.

Ni una sola vez, ni por casualidad: ignora su existencia, el papel que jugaron, lo que hicieron y dijeron, su papel en los acontecimientos reales.

Sin citar a Escorza es imposible comprender “la espontaneidad” de la insurrección obrera en mayo del 37; sin citar a Rebull, muy crítico con el comité ejecutivo del POUM, del que llegó a afirmar que no era un partido revolucionario, es imposible comprender la auténtica naturaleza reformista y frentepopulista del POUM, y el auténtico papel jugado por ese partido en mayo del 37.

INCOMPRENSIBLE SOLIPSISMO

Hay cosas que no se entienden, o que sólo se entienden en las cerradas tertulias académicas, y que sólo a éstas les interesa:

1.- ¿Qué es eso de que la Telefónica tiene una situación temporal y moral, además de espacial? (p. 438). A esto se le llama idealismo, y del barato.

2.- Qué es eso de que la CNT y la FAI han de responder con hechos, “pero deben imprimirles un valor simbólico”?  (p. 443). A esto se le llama simbolismo, del huero.

3.- ¿Qué es eso de que los hechos tienen voluntad de símbolo? (p. 406). Quizás sea cierto en el aula regentada por Gallego, pare él  y para sus sufridos alumnos. En el resto del planeta los hechos son acciones reales, y en ocasiones se convierten en hechos históricos, pero casi nunca son símbolo de nada. Gallego parece confundir la realidad de los hechos y de las acciones humanas, en un determinado momento histórico, con la simbología futura de éstos en la mente de un historiador narcisista burgués, que en 2007 publica un libro sobre mayo del 37. A esto se le llama solipsismo, o como decía muy gráficamente un pastor: “mejor una buena cabra que tantas farfollas mentales”.

Al libro le sobran todos esos espantajos epistemológicos, que además son legión, y le falta lo fundamental en un libro de historia: los hechos históricos y su interpretación racional y creíble.

RECAPITULEMOS LO QUE EL PROFESOR GALLEGO IGNORA

Gallego pretende haber escrito un libro exhaustivo sobre mayo del 37, pero ignora demasiadas cosas como para que su mamotreto pueda ser tal cosa:

Gallego ignora la brutal determinación de Companys de acabar con la CNT, que le lleva a exigir al gobierno de Valencia que Sandino, que mandaba la aviación, se ponga a las órdenes del presidente de la Generalidad.

Gallego ignora la estrecha complicidad de Companys con los estalinistas y los soviéticos, que se concreta en el detallado plan de José del Barrio, secretario militar del PSUC, para bombardear los edificios y cuarteles en poder de la CNT.

Gallego ignora las causas reales de la crisis gubernamental abierta a primeros de marzo, sobre la que tantas especulaciones hace, pero en este caso no se las voy a explicar: que lea  los libros de  investigación histórica de Alikornio y Espartaco

Gallego ignora que el enfrentamiento entre ERC y   CNT ha alcanzado tal magnitud, semanas antes de mayo, que en una reunión de la Junta de Seguridad Aurelio Fernández llegó a poner la pistola en la cabeza de Rodríguez Salas.

Gallego ignora la revolución de los comités y la resistencia de la militancia cenetista contra su disolución, al igual que la resistencia de los milicianos a la militarización.

Gallego ignora el combate de la clase obrera barcelonesa, en la primavera de 1937, contra las colectivizaciones controladas por la Generalidad, y en favor de la socialización, en los distintos sindicatos de industria.

Gallego ignora demasiados hechos históricos de relevancia como para permitirse tantas especulaciones y devaneos con los símbolos de los hechos. O, a lo mejor, es tanta ignorancia la que le lleva a especular tanto, y a ver tanto símbolo, y a colocar tanta cita literaria sin venir a cuento.

LA FOTO DE LOS TRABAJADORES DE LA MADERA

Dentro de las distintas corrientes historiográficas sobre la Guerra civil, Ferran Gallego se sitúa, sin duda alguna, en la escuela estalinista, tanto por militancia política como por vocación. Pero este ex-secretario del PSUC-viu ha ido evolucionando y levitando desde el suelo del estalinismo hacia las etéreas alturas del narcisismo, y  endiosado entre las nubes pontifica a diestro y siniestro, más allá de toda realidad, más allá de los hechos históricos; y así como Midas convertía en oro cuanto tocaba, Gallego transforma en símbolo cuanto mira. Del estalinismo al narcisismo.

Y es esa clave narcisista, que en algunas ocasiones alcanza las cumbres del solipsismo, la que nos permite comprender algunos párrafos esenciales del libro de Ferran Gallego. Así por ejemplo, en las páginas 591-592, cuando nos describe la foto de la cubierta, que encabeza y adorna el libro, nos hace un insufrible relato poético-novelístico de un local del sindicato de industria de la madera de la CNT, pero sin darnos en ningún momento los datos de rigor que cabe exigir a un historiador: lugar y fecha exactos. La descripción de los trabajadores en armas, tras la barricada, sigue ese estilo novelístico, tan inapropiado en un relato histórico, sin decirnos nada de esos trabajadores. Y todo esto para acabar humanizando el aire de la foto, la barricada, o una caja de fruta, que saben más que esos trabajadores, que no comprenden que están ahogando el antifascismo con sus propias manos. Pero la labor de un historiador, en lugar de la exposición novelística de tales majaderías poéticas, hubiera sido la de indagar y presentarnos los recientes combates de esos trabajadores de la edificación, madera y decoración, que habían constituido la Madera Socializada en la Asamblea reunida en el teatro Victoria el 25 de abril de 1937, esto es, sólo una semana antes de la toma de la foto. Esos trabajadores que Gallego nos presenta más inconscientes y bobos que las piedras de la barricada, o una caja de fruta, acababan de rechazar las limitaciones y sumisiones impuestas por el    Decreto de Colectivizaciones de octubre de 1936, y habían impuesto la socialización del sector de la Madera.

Después del 19 de julio de 1936, el Sindicato Único del Ramo de la Madera (CNT) racionalizó la producción suprimiendo los pequeños talleres, económicamente inviables, reorganizó la estructura productiva del sector, mediante la concentración y racionalización industrial, dando paso a los llamados “talleres confederales”, de amplias naves, con buena iluminación y ventilación, a los que se dotó de la maquinaria y especialización necesarias. Se estructuró además la producción de forma que no se dependiera de la materia prima exterior. A fines de 1937 el sector alcanzaba una cifra de ocho mil trabajadores.

El Sindicato de la Madera se opuso a cualquier tipo de intervención, financiación o ingerencia del Estado u otras instituciones oficiales, el burocratismo y la ineficacia. Se opuso, asimismo, al “capitalismo sindical” presente en algún sector de la clase obrera, ya que significaba el establecimiento de la desigualdad entre los propios trabajadores, según la empresa o ramo a que pertenecían, lo cual era contrario a los objetivos de la socialización: "Lo fácil, lo lógico para algunos hubiese sido hacer esas colectivizaciones que no son otra cosa que grandes cooperativas, en las cuales sólo las industrias con vida propia tendrán asegurada su existencia. Pero en cambio, dejan abandonadas a las pobres a sus propios medios, que no es otra cosa que crear dos clases: los nuevos ricos y los eternos pobres, ¡desigualdad que no se puede consentir! Nosotros aceptamos la colectivización de todas las industrias, pero con una sola caja, llegando al reparto equitativo. Lo que no aceptamos es que haya colectividades pobres y ricas..."

La Madera Socializada de Barcelona fue una agrupación que, a pesar de ser de las primeras en constituirse y de mantenerse en pleno funcionamiento hasta la entrada de las tropas franquistas, nunca se legalizó, manteniendo en todo momento una actitud contraria a cualquier presencia de la Generalidad, en la reestructuración de la actividad económica, tal como ya se ha indicado, y una posición crítica respecto al Decreto de Colectivizaciones.

Un historiador hubiera dicho todo esto sobres esos trabajadores de la Madera que hacían guardia tras la barricada, y hubiera investigado y explicado con mayor profundidad esa “curiosa” contradicción existente EN LA REALIDAD SOCIAL E HISTORICA entre la colectivización y la socialización. Pero el narcisismo, en ocasiones el solipsismo, conduce a Gallego por otros derroteros. Para Gallego, la caja de fruta es más consciente e inteligente que esos trabajadores de la madera que luchan por la socialización, porque Gallego no entiende que a esos trabajadores el antifascismo, esto es, la unión sagrada con la burguesía democrática, no les importa un carajo, ni siquiera una caja de fruta.

Cuando un historiador mira la foto de unos obreros tras una barricada ha de intentar explicar el combate que alienta y empuja a esos hombres; Ferran Gallego, por el contrario, como hace en todo su libro, utiliza un método narcisista con el que lo único que ve es su propia mirada complacida de dios-historiador; juez omnisciente sin más privilegio que el de no explicar nada, porque setenta años después “ya lo sabe todo”, aunque ya hemos visto que la lista de sus ignorancias es bastante extensa e importante.

EL RUIDO Y LA FURIA

El libro empieza y termina con la misma frase, tan anodina y somnífera como el mamotreto que abre y cierra, en la que se afirma que Barcelona está durmiendo la siesta, vayan ustedes a saber por qué. El autor no podía hallar una frase más desafortunada, porque en todo caso, en 1936 y 1937, fueron el ruido y la furia quienes azotaron la Barcelona obrera y revolucionaria.  El ruido de las bombas de la aviación fascista, del tableteo de las ametralladoras y fusiles tras las barricadas, de las sirenas que el 19 de julio llamaban a la insurrección revolucionaria. Narciso se encandila y dormita ante el espejo.

En resumen, otro producto editorial, que no libro de historia, de los que tanto abundan en la sociedad capitalista que nos ha tocado sufrir. Habrá que empezar a diferenciar, pues, entre los productos editoriales, servidos por el marketing de las grandes multinacionales, y los libros de historia, a menudo fruto del esfuerzo y el combate de pequeñas editoriales.

Balance. Cuadernos de historia del movimiento obrero.

Barcelona, mayo de 2007