Pierre Broué y los bolcheviques

el marxismo a debate
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x Pepe Gutiérrez-Alvarez

Este libro que abarca desde la fundación (1903) hasta los años sesenta, fue traducido y publicado por editorial Ayuso (Madrid) en los años setenta, y que actualmente se puede encontrar en la RED (sin este apartado), es uno de los más exhaustivo y riguroso que se han escrito sobre un partido que hizo la revolución, y que acabó en su mayor pare diezmado por la burocracia estalinista.

Estas notas eran muy propias de Broué que complementaba sus estudios con una suma de detalles y apéndices igualmente enriquecedores...En la transcripción ha marcado con negrita todos aquellos y aquellas que en tal o cual periodo pertenecieron a las diversas oposiciones, en especial a la más importante, la de izquierda. Justo es recordar que la filiación trotskista (“ortodoxa” durante bastante tiempo), no impidió a Broué ser un historiador serio y riguroso, y por lo tanto, en alguien que trata primero de comprender y luego juzgar. El lector de Kaos más interesado podrá encontrar en esta misma página un acercamiento a la figura de Broué, así como numerosos trabajos biográficos sobre algunos de los bolcheviques aquí citados, en especial sobre Lenin, Trotsky, Bujarin, y también sobre Rakovsky. Algunos pues son bastante conocidos, otros no tanto, y otros se desconocen sobre algunos de ellos se podrían añadir más datos, pero lo he querido dejar tal como estaba. Creo que una lectura detallada de todos ellos, permitirá hacernos una idea de un partido sobre el que, Jorge Semprún, un novelista y guionista comunista hispano-francés, escribió hace tiempo, desde una percepción que contrasta con las cretinadas denigratorias habituales entre nuestros actuales intelectuales y políticos en los medios:

“!Que destino el de aquel pueblo¡. En 1920, en el desorden y la esperanza y el hambre, bajo la consigna de revolución mundial, había desfilado por aquella misma Plaza Roja ante un grupo de hombres que llevaban indumentarias heterogéneas, de pie en la misma calle, o de pie en un camión a veces. Allí estaba Vladimir Illich Lenin, León Daudevich Bronstein Trotsky y Nicolai Bujarin, y Zinoviev, y Kaménev, y Piatakov, y los comandantes de la caballería roja, y los jefes de los guerrilleros, y los organizadores que separaban la sombra de la luz, de Arcanguelsk a Batum, desde el Extremo Oriente disputado a Kolchack, a los japoneses y a los intervencionistas, hasta la Ucrania arrancada a los guardias blancos. Tal vez también estaría allí Djugaschvili (nota=Stalin), un georgiano obstinado y oscuro, a quien la muchedumbre no reconocería, porque no era un hombre de aire libre, de asambleas abiertas y tumultuosas, sino los lugares cerrados de aparatos, de lámparas encendidas hasta muy avanzada la noche sobre circulares administrativas. ¿A quién se le hubiera ocurrido mirar a Djugaschvili en aquella época?. Pero no, eran los años en que todos los lenguajes estaban sometidos a la prueba de fuego de la realidad, en que Le Cobursier iba a construir la Casa de los sindicatos, en que se inventaban en Moscú y en Petrogrado el arte abstracto, el surrealismo, el cine moderno, los carteles políticos, en que dentro del torbellino de aquella grande y hermosa locura rusa que transformaba el mundo, se elaboraba la posible hegemonía de una vanguardia, no codificada por nauseabundos decretos emanados de las alturas, sino fundada en una coherencia real, aunque a veces vacilara entre las ideas y las palabras, los principios y la práctica. Rusia y el mundo, el arte y la política. ¿ Que podía representar Djugaschvili en esa tormenta, en esa invención perpetua y ese perpetuo replanteamiento de todo?. No, verdaderamente era una cagada de mosca en las páginas de la historia los raros hechos y actitudes de aquel Djugaschvili en esa breve época de arcos iris entre las dos inmensas bocas de sombra de la vida rusa…”

++ Artículo completo con las biografías