El XVII Congreso del Partido Comunista de China y la restauración del capitalismo

el marxismo a debate
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x Álvaro Rein en Sin Permiso

El sistema político chino (en cuya defensa a ultranza están interesados todos los dirigentes) no permite la articulación publica de plataformas políticas diferenciadas y la competición abierta entre ella. En Octubre de este año se celebrará el XVII congreso del Partido Comunista de China (PCCH), el segundo desde que la llamada “cuarta generación” de dirigentes encabezados por Hu Jintao asumiera el poder en el XVI congreso en 2002(1).

La tarea más importante de cada congreso es elegir a los miembros del comité central del PCCH de entre una lista de candidatos confeccionada por la dirección saliente del Partido. Los miembros de este nuevo comité central elegirán a su vez a los miembros del politburó y a los miembros de la permanente del politburó en base a una lista de candidatos preconfeccionada. Estos dos últimos órganos del Partido son los núcleos más importantes del poder político en China.

Aunque los dos lideres más importantes chinos (el actual jefe de estado y secretario del Partido Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao) continuarán en sus puestos hasta el próximo congreso en el 2012, la avanzada edad de muchos de los otros dirigentes actuales del Partido implica que al menos la mitad de los miembros del comité central y del politburó serán remplazados en este congreso.

Desde el 2002 dos grandes facciones político-clientelares comparten el poder en China, en un delicado equilibrio basado en el reparto de los puestos en los órganos centrales del Partido. La primera facción esta compuesta por aquellos dirigentes agrupados alrededor de la figura de Jiang Zemin (el ex primer secretario del Partido y ex presidente de la Republica) y la segunda facción a aquellos dirigentes del entorno de Hu Jintao.

De acuerdo a las reglas informales de sucesión del Partido, el XVII congreso marcará el comienzo del segundo y ultimo mandato de Hu Jintao como secretario general, antes de su jubilación en el XVIII congreso del 2012. El congreso de este año es, por lo tanto, la última oportunidad que tiene Hu de consolidar su poder político, aumentando la presencia de miembros de su facción en los tres órganos centrales del Partido para así poder maximizar su influencia en el proceso de elección de su sucesor en el 2012.

Históricamente, uno de los problemas más acuciantes del sistema político chino ha sido precisamente el de gestionar la sucesión del poder. Mientras Jiang y Hu fueron designados sucesores oficiales por los llamados “ancianos del partido” encabezados por Deng Xiaoping, el futuro sucesor de Hu -que será el líder de la futura “quinta generación”de dirigentes-, no podrá ya recurrir al apoyo de la desaparecida generación de viejos revolucionarios y a la enorme legitimidad que este apoyo confería en el pasado. Este sucesor, por lo tanto, se enfrentara a una tarea mucho más difícil a la hora de legitimar su autoridad y consolidar su poder.

Hoy sabemos que la dirección del PCCH empezó ya a elaborar las listas secretas de posibles sucesores para Hu como líder máximo de “la quinta generación” en 1997. (2) Los dos principales candidatos para suceder a Hu son Li Keqiang (actual secretario del PCCH en la provincia Liaoning) y Xi Jinping (el nuevo secretario del PCCH de Shanghai). La carrera política de Li lo sitúa claramente en la facción de Hu, mientras que Xi es más bien un independiente que cuenta con la simpatía de las dos facciones. A estos dos hay que añadir otros dos miembros de la facción de Hu, Li Yuanchao (secretario de Jiangsu) y Wang Yang (secretario de Chongqing) y un ferviente seguidor de la facción de Jiang, Bo Xilai (el actual ministro de comercio). Todos estos personajes forman ya parte del comité central pero no del politburó y, para poder realmente llegar a formar parte de la futura dirección del partido, tendrán que entrar en el politburó en el 2007.

La campaña anticorrupción como preludio del XVII congreso

En China, las recurrentes campañas anticorrupción siempre han servido mas como una oportunidad para eliminar a rivales políticos dentro del PCCH que para reducir la corrupción inherente al sistema político y que parece aumentar de año en año. En pleno período pre-congresual, Hu Jintao ha lanzado una nueva campaña cuya principal victima ha sido uno de los representantes más importantes de la facción de Jiang Zemin, el secretario del PCCH de Shanghai y miembro del politburó Cheng Liangyu. El verano pasado Cheng fue acusado de la transferencia ilegal de 439,5 millones de dólares del fondo de pensiones de Shanghai para financiar las inversiones de un famoso magnate inmobiliario que gestiona tres autopistas. El hijo y hermano de Cheng también parecen estar involucrados en varias tramas inmobiliarias ligadas al uso de los fondos de la seguridad social.

Cheng había sido uno de los principales críticos de la política de regulación macro-económica implementada desde el 2004 por Hu Jintao y su primer ministro Wen Jiabao para evitar un sobrecalentamiento de la economía. Se oponía sobre todo a la regulación de las inversiones inmobiliarias. Según los rumores de la prensa, Cheng había criticado duramente la política económica de Hu y Wen en una reunión del politburó de Junio del 2004, llegando incluso a pedir que Wen asumiera “responsabilidades políticas” por el posible dañó que su orientación pudiese hacer a la economía. (3)

El defenestrado Cheng ha sido finalmente remplazado por Xi Jinping, ex gobernador de la provincia de Zhejiang y uno de los favoritos a suceder a Hu Jingtao como líder máximo en el 2012. Al contrario que Cheng, Xi no es miembro de la facción de Jiang Zemin y su nuevo ascenso a secretario del Partido de Shanghai le dará derecho a formar parte del nuevo politburó elegido tras el XVII congreso de este año.

Xi es especialmente admirado por los neoliberales por su abierta simpatía hacia la mercantilización de la economía China. Este “joven”doctor en derecho, hijo de un veterano del Partido, ejerció de secretario del Partido en dos de las provincias mas mercantilizadas de China (Zhejiang, donde el sector privado abarca ya el 90% de la economía, y Fujian, donde abarca alrededor del 50%). Los representantes mejor informados del capitalismo mundial -como el ex director del banco de inversión Goldman Sachs y actual secretario del tesoro de EE UU, Paulson-, son plenamente conscientes de la futura relevancia política de Xi. Hace un año, en su primera visita a China como nuevo secretario del tesoro, Paulson comenzó su gira oficial cenando con Xi.

El otro modo tradicional a través del cual los políticos de Beijing historicamente han condicionado la composición de la futura dirección del Partido ha sido ejerciendo su derecho de nombrar y transferir a los dirigentes provinciales del PCCH. En efecto, Hu Jintao también esta en estos momentos implementando la tercera mayor rotación de personal administrativo a nivel local desde 1978. Desde julio del 2006 y hasta junio del 2007, 170.000 cargos provinciales y locales serán re-evaluados con posibilidad de cambio. Dado que todos los secretarios provinciales del Partido y vice-secretarios con rango de gobernador provincial (incluidos los alcaldes de ciudades con rango de provincia) tienen derecho a pertenecer al comité central, los cambios de personal que puedan acaecer a este nivel influirán directamente en la composición de las listas al comité central del XVII congreso.

Entre el 24 y 26 de Marzo, junto al anuncio de Xi como nuevo secretario del Partido en Shanghai, se anunciaron cuatro otros nuevos secretarios provinciales para Zhejiang, Shaanxi, Shandong y Qinghai) y un nuevo secretario para Tianjin. El nuevo secretario de Tianjin entrara seguramente en el politburó.

Las dos grandes familias de la burocracia China: sus políticas y origen socio-económico

La facción de Jiang Zemin es popularmente conocida por el simpático apelativo de “banda de Shanghai”, a razón de que la mayoría de sus miembros labraron sus carreras políticas en el seno de la burocracia del PCCH de Shanghai durante el mandato de Jiang como primer secretario del Partido en esa ciudad. La facción de Hu Jintao es conocida como los “tuanpai”, que en chino literalmente quiere decir los “miembros de la Liga de la Juventud Comunista (LJC)”. Como su propio nombre indica, los tuanpai esta compuesta de políticos que labraron su carrera en el seno de la LJC durante el mandato de Hu Jintao como secretario de esta organización a mediados de los años ochenta.

Esta primera descripción de las dos grandes (que no las únicas) “familias” políticas en la China de hoy, ya sugiere que, lejos de referirnos a facciones diferenciadas entre si por plataformas o ideas políticos bien definidas, de lo que estamos hablando es básicamente de dos amplias redes clientelares construidas en torno a figuras con poder político que repartir. Sin embargo, esta conclusión es solo válida en parte.

Esta claro que aunque lo quisiera alguno de los miembros de estas dos facciones, el sistema político chino (en cuya defensa a ultranza están interesados todos estos dirigentes) no permite la articulación publica de plataformas políticas diferenciadas y la competición abierta entre ellas. Sin embargo, existen pruebas suficientes para afirmar que el origen burocrático distinto de los miembros de cada una de estas familias ha condicionado en mayor o menor medida ideas o sensibilidades distintas que acaban influenciando las políticas que se implementan en China.

Al provenir de la metrópolis que mas se ha beneficiado de las oportunidades ofrecidas por la restauración del mercado, no debe extrañarnos que muchos de los miembros de la “banda de Shanghai” se cuenten entre los más fervientes partidarios de priorizar, sobre otras consideraciones, la liberalización y reestructuración de mercado. La mayoría de los tecnócratas de ideología neo-liberal, que dominan los principales organismos que implementan la política económica en China (el banco central, ministerio de finanzas y la comisión nacional de reforma y desarrollo), están también ligados por su carrera burocrática a esta facción.

La oposición del corrupto ex secretario de Shanghai Cheng Liangyu a las políticas de regulación del boom inmobiliario, descrita al comienzo de este artículo, es un ejemplo vivo de hasta que punto los miembros de la “banda de Shanghai” pueden llegar a elaborar un discurso político pro-mercado directamente ligado a la defensa de su posición social e intereses.

Recordemos también que fue bajo el mandato de Jiang Zemin, el líder de la “banda de Shanghai”, cuando entre 1995-2001 aproximadamente 67 millones de trabajadores chinos (el 40% de los trabajadores del sector público) perdieron su trabajo con la privatización o cierre de empresas públicas. El XV congreso del PCCH de 1997 en el que Jiang alcanzo la cima de su poder político también es conocido por el “congreso de las privatizaciones”. (4)

También fue Jiang y su grupo de confianza quienes idearon la famosa teoría de “las tres representaciones” en el 2000, bajo la que se legalizó la afiliación al PCCH de empresarios (hasta entonces incompatible estatutariamente). Se abrían así las puertas del Partido no solo a los capitalistas sino, más importantemente, se legalizaba la conversión de burócratas comunistas en capitalistas. (5)

De acuerdo a datos oficiales, alrededor del 30% de los empresarios chinos pertenecían al PCCH ya en el 2004, mientras que en el 1993 solo el 13% pertenecían al Partido. El 90% de este 30% eran ya miembros del PCCH antes de convertirse en empresarios. (6) ¿De donde han salido todos estos comunistas-capitalistas en tan pocos años? La propia Academia de Ciencias Sociales China nos explica que la mayoría de ellos eran miembros del PCCH que ejercían de directores de empresas públicas antes de que estas fuesen privatizadas y que, tras ser privatizadas sus empresas, no solo se adueñaron de ellas sino que mantuvieron su afiliación al Partido. Esta nueva clase de “capitalistas rojos” le deben directamente su existencia a la histórica oleada de privatizaciones bajo el mandato de Jiang en 1995-2001.Tan solo un año después, en el 2002, Jiang también empezó a elaborar una nueva ideología oficial -“las tres representaciones”- que legitimase y protegiese la posición de esta nueva clase social, cuyos intereses el Partido oficialmente ahora también tiene que defender.

Las encuestas oficiales también revelan que ya a finales de los años ochenta, miembros del PCCH comenzaron a convertirse en empresarios (las encuestas indican que entre 46-60% de los empresarios chinos eran ex miembros del Partido). Pero que, contrariamente a lo que viene ocurriendo desde los noventa, la mayoría de estos abandonaban el Partido tras convertirse en capitalistas (solo el 8.2% mantenían su carné del partido). La razón es que el PCCH todavía no legitimaba la compatibilidad entre las dos cosas y en 1989, por ejemplo, al poco tiempo de la masacre de Tiananmen y en plena ofensiva “conservadora”, el comité central emitió una circular que prohibía explícitamente la entrada en el PCCH de empresarios. (7)

Al contrario que los miembros de la banda de Shanghai, las carreras de la mayoría de los miembros de los “tuanpai” están ligadas a la administración de las provincias mas atrasadas de China. Prácticamente ninguno de ellos a hecho carrera en ningún organismo económico oficial. Su origen en la LJC también empalma con el de dos anteriores dirigentes clave en la historia reciente de China: Zhao Ziyang y Hu Yaobang, máximos exponentes en el pasado de un cierto liberalismo social y político que complementaba su liberalismo económico.

El primer ministro Wen Jiabao, que aunque no proviene de la LJC esta claramente alineado con Hu y los “tuanpai”, es sin duda alguna la personalidad política más interesante de este grupo. La preocupación por el desarrollo sostenible y el medio ambiente que refleja su política económica es algo claramente novedoso en la historia política de China, por mucho que sus políticas concretas puedan ser criticadas desde una posición ecologista más o menos coherente.

La otra gran preocupación de Wen ha sido el desarrollo de la economía rural y las condiciones de vida de los campesinos chinos. No hay que olvidar que uno de los grandes problemas del “milagro económico chino” ha sido la creciente desigualdad entre el ritmo de aumento de los ingresos urbanos y rurales. Los campesinos chinos -ya sea desplazados de sus tierras por especuladores inmobiliarios ligados a la burocracia local del Partido, arruinados por la insaciable presión fiscal de la administración local, o excluidos de un sistema de educación y sanidad mercantilizado-, han sido la principal fuente de conflicto social en los últimos años. El gobierno de Wen ha propuesto políticas concretas, como la abolición del impuesto agrario o limites sobre la expropiación de tierras agrarias para desarrollo inmobiliario, para afrontar estos problemas.

El objetivo de la estrategia económica del gobierno de Wen es equilibrar el modelo de crecimiento chino para hacerlo más sostenible a largo plazo haciendo que dependa menos del crecimiento desenfrenado de la inversión y más del consumo privado. Para ello debe conseguir reducir la enorme tasa de ahorro familiar que en gran parte financia la inversión a través del sistema bancario. Dado que la principal causa de la alta tasa de ahorro de las familias chinas es el aumento de la inseguridad social creado por la mercantilización del sistema de sanidad, la educación, la vivienda y las pensiones bajo el mandato de Jiang Zemin, no es de extrañar que una de las prioridades de Wen es reconstruir un sistema de bienestar público minimamente accesible.

En gran medida, la nueva “idea fuerte”de Hu Jintao y sus seguidores de crear una “sociedad socialista harmoniosa” es un intento de ideologizar esta nueva sensibilidad “social y ecológica” que va siendo plasmada en las políticas concretas de Wen. La “sociedad socialista harmoniosa” de Hu y Wen buscan evitar que las contradicciones sociales creadas por el milagro Chino amenacen la dictadura del PCCH y contrasta con la “teoría de las tres representaciones”de Jiang Zemin, cuya principal preocupación era legitimar ideológicamente el desarrollo de una clase capitalista en China y la mercantilización de la economía.

Estas distinciones han llevado a algunos de los mejores analistas de la política China a etiquetar a los “tuanpai” como el núcleo de una “coalición populista”, contrapuesta a una “coalición elitista” de la “banda de Shanghai”. (8) Sin embargo, en mi opinión, sería un gran error interpretar los distintos matices ideológicos de las dos facciones en el sentido de que la “banda de Shanghai” representase una especie de facción más procapitalista que los miembros de los “tuanpai”.

Las diferencias actuales entre las dos facciones tienen también poco que ver con la división entre “conservadores”y “liberales” en la dirección del PCCH en los años ochenta y principios de los noventa. El debate en aquellos años era si el objetivo de las reformas de mercado debía ser fortalecer y complementar el sistema socialista o hasta que punto estas reformas amenazaban el socialismo y implicaban una gradual pero irreversible restauración, más o menos encubierta, del capitalismo en China. Cuando Deng Xiaoping derrotó política e ideológicamente a los “conservadores” a principio de los noventa dejó claramente establecido un nuevo consenso que argumentaba que, lejos de amenazar la dictadura del PCCH, la mercantilización acelerada de la economía china era la mejor garantía de permanencia del Partido en el poder. (9) El nuevo consenso político creado por Deng, quedo plasmado en el histórico XIV congreso del PCCH en 1992 que proclamo abiertamente que el objetivo del proceso de reformas en China era, ni mas ni menos, que la instauración de un sistema de “socialismo de mercado con características China”. (10)

Todos los miembros de la clase dirigente china de hoy son básicamente hijos de ese consenso y comparten el objetivo común de restaurar el capitalismo en China, además de los principios liberales económicos más fundamentales.

El ejemplo más reciente de la conformidad de los “tuanpai” con los principios más fundamentales del capitalismo es la nueva ley de propiedad, aprobada en marzo de este año, que aunque sin duda contiene también ciertos elementos progresistas, no es más que un paso lógico en la progresiva integración legal e institucional de una nueva clase capitalista en China. (11)

Wang Zhaoguo, el vice-presidente del congreso y uno de los más destacados “tuanpai”, fue el encargado de tratar de justificar las evidentes contradicciones entre esta ley y los principios más fundamentales de un país que se dice socialista. Según Wang, el hecho que la nueva ley conceda por primera vez el mismo grado de protección a la propiedad privada que a la publica no contradice que el articulo 6 y 7 de la Constitución china declaren que el estado tiene el deber de defender el papel “dominante” del sector público, que es también la “fuerza motriz” de la economía y el sector que define el carácter fundamentalmente socialista del sistema económico en base a su peso dominante. El artículo 7 de la constitución también reza que es el deber del estado garantizar la consolidación y crecimiento del sector público de la economía, algo claramente en contradicción con las políticas privatizadoras que tuvieron su auge bajo Jiang pero que han continuado luego bajo Hu.

El hecho es que si empleamos la definición de la Constitución de lo que constituye o no una economía socialista, hace tiempo que China ha abandonado el socialismo. Si en 1998 el sector público abarcaba todavía el 57% de la economía china (excluyendo la agricultura), en el 2001 el peso del sector privado ya superaba al público (51.8% privado frente a 48.2% público). Desde entonces el sector privado no ha hecho más que aumentar su peso dominante sobre el sector público y en el 2003 la propiedad privada abarcaba ya el 57% de la economía frente a un 42.9% de la propiedad publica. (12)

Es cierto que la nueva ley de propiedad, como dice Wang, también intenta proteger lo que queda de propiedad pública de su robo incontrolado orquestado por los directores de empresas publicas en connivencia con las autoridades locales del PCCH. Pero dado que se proclama una ley socialista basada en el principio de mantener la posición dominante de la propiedad pública, llama la atención que no establezca ningún limite efectivo sobre la transformación de propiedad publica en privada, como por ejemplo si lo hace con respecto a la conversión de tierra agraria en propiedad inmobiliaria en base al principio claramente anti-mercantil de garantizar la autosuficiencia alimentaría. La nueva ley trata de regular la privatización de empresas públicas, no de limitarla, y se puede incluso argumentar que -al no poner limites efectivos al derecho de las autoridades locales chinas de decidir si las empresas bajo su control se privatizan o no-, deja libres a uno de los principales motores de las privatizaciones fraudulentas en los últimos años.

En lo que respecta a la reforma de las empresas estatales, no hay tampoco gran diferencia entre las facciones de Jiang y Hu. Los “tuanpai” comparten la idea básica de la “banda de Shanghai” de que merece la pena apoyar y mantener el control estatal sobre un reducido número de grandes empresas en sectores estratégicas de la economía (eso sí, la lista de sectores y de empresas va haciéndose cada vez más pequeña según pasan los años), pero que el 80% del resto de las empresas estatales básicamente sobran y deben ser o cerradas o privatizadas totalmente.

La prueba más reciente de este completo consenso ideológico en lo concerniente a las empresas estatales las ofrece el primer ministro Wen Jiabao en su discurso ante el Congreso chino de este año, en el que explica que hay que avanzar en el proceso de corporativización y conversión en sociedades por acciones de las empresas en las que el estado mantenga el control. Es decir, incluso las empresas públicas tienen que pasar a funcionar bajo el principio mercantil de priorizar la maximización de la rentabilidad y el valor de sus acciones sobre cualquier otra consideración. En lo que respecta a las empresas publicas en números rojos, Wen aclara que su gobierno las va finalmente a obligar a cerrar si, incluso después de haberlas “liberado”de su obligación de mantener programas sociales para sus empleados, no mejoran su rentabilidad.

El párrafo anterior sin duda contiene el principio básico que diferencia el papel del sector público en la antigua economía “socialista” China del nuevo “socialismo de mercado”. En los años cincuenta y sesenta, cuando se crearon muchas de estas empresas, el criterio principal del sector público era crear empleo estable ligado a la institución de todo un mini estado de bienestar (incluyendo la provisión de vivienda, sanidad y educación gratuita) financiado por cada empresa para sus empleados. Los principios de rentabilidad simplemente no le concernían al director de empresa, quien carecía casi por completo de cualquier capacidad de administración autónoma de los recursos y del presupuesto de la empresa que dirigía. Con el “socialismo de mercado”, el gobierno chino le ha concedido al director de empresa la autonomía de que antes carecía y le ha pedido explícitamente que cambie radicalmente de prioridades: nada le obliga ya a centrarse en el bienestar de sus empleados (lo políticamente correcto antes) y se le exige que empiece a idear modos de aumentar los beneficios de su empresa y mejorar su competitividad. Para ayudar al viejo burócrata del Partido en su nueva misión, el gobierno también permitir la entrada de inversores privados en su empresa para que le aclaren en qué se basan los nuevos incentivos.

Es cierto que el gobierno de Wen dice querer crear un nuevo y “moderno” estado de bienestar que, en vez de tener que ser financiado por las empresas públicas, sea sostenido directamente por el estado central. Pero no es menos cierto que mientras se ha avanzado a pasos galopantes en el desmantelamiento del viejo sistema de bienestar, este nuevo sistema del que tanto se habla bajo el reinado de los “tuanpai” brilla todavía por su ausencia. Mientras la financiación concreta de políticas sociales concretas no incremente de forma radical sus actuales niveles testimoniales, el discurso social de los “tuanpai” no será más que retórica.

Como hemos visto, la diferencia entre una facción y otra no consiste en su menor o mayor simpatía hacia un programa de restauración capitalista en China compartido por ambas. La diferencia fundamental entre las políticas de las dos familias viene marcado por el hecho de que los “tuanpai” han llegado al poder en el momento de mayores conflictos sociales y degradación del medio ambiente en la historia reciente del país. El origen de sus carreras les ha concienciado acerca de la urgencia de resolver o al menos aliviar estos problemas.

Sin duda muchos de los miembros de la “banda de Shanghai” ya se percataron de la acumulación de conflictos sociales bajo su reinado (1989-2002), pero sus iniciativas políticas claramente continuaron priorizando la liberalización económica por encima de todo. La misión de los “tuanpai” es restaurar cierto equilibrio, para “salvar” el proyecto de modernización capitalista chino de sus propias contradicciones, y así, salvar también el régimen político que defienden. La renovación generacional de la dirección del Partido, que comenzará con el congreso de este año y culminará en el congreso del 2012 no ofrece ninguna indicación de que el programa de restauración capitalista guiado por una dictadura férrea de Partido vaya a cambiar.

* Álvaro Rein es el heterónimo de un analista español especializado en las economías asiáticas, particularmente en la china. Ha publicado anteriormente en Sin Permiso “La política cambiaria china y los desequilibrios globales”.


Notas

([1]) La primera generación de dirigentes sería la encabezada por Mao, la segunda por Deng Xiaoping y la tercera por Jiang Zemin.
(2) Véase A. J. Nathan and B. Gilley, “China’s new rulers: the secret files”, 2002, Granta Books, Londres.
(3) Véase Cheng Li, “Was the Shanghai gang Shanghaid? The fall of Chen Liangyu and the survival of Jiang Zemin’s faction”, China Leadership Monitor, No. 20.
(4) Esta agresión sin precedentes contra el empleo público no quedó sin respuesta. En 1998, el número de conflictos laborales colectivos aumenté en un 65%, y el de trabajadores envueltos en estos conflictos se disparó en un 89%. Hasta el día de hoy, nunca más se ha vuelto a producir un aumento anual tal en la conflictividad laboral. La conflictividad laboral se apaciguó un poco entre el 2000 y el 2001, pero se disparó de nuevo en los dos años siguientes.
(5) Según la teoría de “las tres representaciones”, el PCCH debe de representar a “las fuerzas productivas avanzadas”, “la cultura avanzada” y “los intereses de la inmensa mayoría de la sociedad”.
(6) Véase “el libro azul de la sociedad China” del 2004 publicado por la Academia de Ciencias Sociales China.
(7) Véase W.K. Lau, “The 15th congress of the CCP: milestone in China’s privatization” Capital and Class, Summer 1999 pag. 66, http://findarticles.com/p/articles/mi_qa3780/is_199907/ai_n8851180
(8) Véase Cheng Li, “One Party, two factions: Chinese bipartisanship in the making?”, http://www.chinavitae.org/reference/conferencepapers/Li_Cheng.pdf
(9) En realidad, tanto la mayoría de los conservadores como la mayoría de los liberales identificaban “socialismo” con dictadura de Partido más que con la propiedad colectiva de los medios de producción. El debate sobre la compatibilidad entre reformas de mercado y socialismo era en realidad un debate sobre la compatibilidad del capitalismo con la dictadura del PCCH.
(10) Fue también en el congreso de 1992 cuando Hu Jintao entró en el politburo y su ejecutiva (catapultado desde su posición de secretario del Partido en Tibet) y Jiang Zemin fue oficialmente entronizado como secretario del partido (puesto que ocupaba desde 1989, cuando sustituyó al purgado Zhao Ziyang).
(11) Entre los elementos que acaso puedan calificarse como socialmente “progresistas” están los artículos sobre el suelo relacionados con la defensa de los derechos de los agricultores y residentes contra los abusos de los especuladores inmobiliarios y las autoridades locales.
(12) OECD 2005 Economic Survey of China http://www.oecd.org/dataoecd/10/25/35294862.pdf

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