El 19 de marzo de 1942 se suicida en Tiflis el histórico dirigente comunista José Díaz

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Panadero de profesión, el sevillano José Díaz Ramos (en la fotografía) inició su carrera política en 1917 en las filas del anarco-sindicalismo dirigiendo una huelga de obreros del pan. Llegó a ser el secretario general del Partido Comunista de España, sustituyendo a José Bullejos, desde 1932 hasta su suicidio en 1942 fecha en que Dolores Ibarruri, Pasionaria, asumió el cargo. Hagan clic en "Leer más" para ampliar la información sobre este comunista ejemplar.

José Díaz Ramos (Sevilla, 1896 - Tiflis, Georgia, 1942) fue un político comunista español. Panadero de profesión, inició su carrera política en 1917 dirigiendo una huelga de obreros del pan.

Al proclamarse la dictadura de Primo de Rivera continuó la labor sindical en la clandestinidad. Desde 1927 su vida estuvo ligada a la construcción del Partido Comunista de España (PCE) y supo capitalizar el desencanto de los sectores más radicales y la rivalidad entre la Unión General de Trabajadores y la Confederación Nacional del Trabajo en beneficio del PCE.

En el IV Congreso del Partido Comunista celebrado en Sevilla en marzo de 1932 fue elegido para el Comité Central. En septiembre fue elegido secretario general.

Durante la guerra civil, José Díaz centró toda su actividad en el partido no ocupando ningún puesto oficial en la República, predominando en él la idea de la prioridad absoluta de la victoria militar como objetivo principal.

El deterioro progresivo de su salud hizo que se trasladara a la Unión Soviética en diciembre de 1938, siendo operado de un cáncer de estómago en Leningrado. En Moscú trabajó como miembro del secretariado del Komintern y al producirse, durante la Segunda Guerra Mundial, la invasión alemana se traslada a diversas localidades de la URSS hasta fijar su residencia, con la salud muy deteriorada, en el otoño de 1941 en Tiflis, capital de la república de Georgia. El 19 de marzo de 1942, en un ataque de dolor, se suicidó arrojándose por una ventana del quinto piso del hotel donde se alojaba.

Durante muchos años se especuló con el hecho de que había sido asesinado por sus discrepancias con Stalin, pero esta afirmación queda quizás desmentida al ser desclasificada la información de los servicios secretos soviéticos, tras la caída del sistema comunista, en la década de 1990.

Sus restos fueron repatriados por el PCE celebrándose el 30 de abril de 2005 en Sevilla un homenaje organizado por la organización nacional y regional del partido. Al día siguiente, 1 de mayo, antes de su traslado al cementerio, sus restos fueron trasladados al Ayuntamiento donde el alcalde leyó el nombramiento de Hijo predilecto de la ciudad otorgado por unanimidad de todos los grupos políticos municipales.

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José Díaz Ramos nació en Sevilla en 1896, en el seno de una familia obrera.

Empezó a trabajar a los once años, como obrero panadero, oficio que desempeñaba también su padre. Muy joven, ingresó en la CNT y con sólo dieciocho años ya era dirigente del sindicato sevillano de panaderos.

Participó en los enfrentamientos armados contra los pistoleros de la patronal, ganándose un gran prestigio entre la clase obrera sevillana.

En septiembre de 1923 la vida de José Díaz comenzaba a dar un importante giro. España conoció uno de esos acontecimientos históricos que realzan la sigularidad de su podrida casta dominante: un golpe de Estado que en realidad es un autogolpe patrocinado por la propia monarquía, entre otras cosas para tapar la sangría colonial en Marruecos y frenar el ascenso de la lucha obrera. Una vez más la oligarquía lanza a sus perros contra los sindicatos, la prensa, los locales, los derechos y, sobre todo, contra los proletarios más destacados.

Ante esta situación, son muchos los que, presa del pánico, simplemente echan a correr para escapar del país. Siempre dispuestos a arrodillarse, los reformistas tragan con todo lo que les echen y, especialmente, la UGT y el PSOE colaborarán a jornada completa con la reacción: Largo Caballero fue nombrado consejero de Estado. Como es costumbre, la CNT no mantiene una postura única; la actividad sindical se paraliza e incluso hay quien, como el periódico Solidaridad Obrera, también sigue la senda reformista y propugna la inhibición frente al golpe militar si los militares no atacan a la clase obrera: Si el golpe de Estado –decía Solidaridad Obrera el 18 de setiembre de 1923- no tiene por misión ir contra los trabajadores, contra las libertades que éstos tienen, contra las mejoras alcanzadas y contra las reivindicaciones económicas y morales que paulatinamente se han obtenido, nuestra actitud será muy otra que si todo esto, que es el producto de muchos años de lucha, se veja, no se respeta o se ataca. En este caso no podemos situarnos en el mismo plano que nos situaríamos en el precedente. Era una ingenuidad pasmosa creer que los militares no habían dado un golpe de Estado más que para atacar a la clase obrera en todos y cada uno de sus derechos.

No obstante, también hay quienes, como José Díaz, se preparan para hacerle frente con todas las armas a su alcance. En aquel momento José Díaz era un destacado dirigente de la CNT y del movimiento obrero en Sevilla. No estuvo de acuerdo con escapar al extranjero, como tantos otros hicieron. No quiso marcharse ni a París, ni a Lisboa, ni a Bruselas, ni a Buenos Aires. Fue irreductible en la crítica hacia los que huyeron sin causa justificada, como también con los que se quedaban tranquilamente en su casa, dejando a la clase obrera abandonada, o que ésta se amparara en la UGT, plagados de orientaciones reformistas, de colaboración plena con la dictadura. Su opinión fue la de quedarse en España, al pie del cañón, para continuar la lucha poniéndose al frente de la clase obrera sevillana, cuyas conquistas peligraban. Fustigó con energía a los que se escondieron con la excusa de que con la dictadura no se podía aplicar la táctica de la acción directa, y que no quedaba otro camino que el del colaboracionismo. Como otros muchos militantes cenetistas, propugnó que, no obstante la liquidación de las libertades de la clase obrera por los militares reaccionarios desde el poder, debía aprovecharse la más mínima coyuntura propicia para organizar a los obreros y, desde su organización y mediante la lucha, no abandonar sus conquistas. Sostenía el punto de vista de que había que pelear por cada reivindicación por pequeña que fuera.

Para José Díaz, el sindicalismo era un instrumento de lucha y combate de la clase obrera para la defensa y la mejora sus condiciones de vida y la conquista de sus reivindicaciones inmediatas. Siempre fue hostil a la actitud de los anarquistas vegetarianos y comodones que entonces se pusieron de moda, los que criticaban y nada hacían, a los entonces célebres ‘nietzcheanos’, que anatematizaban a las masas por su ‘materialismo’, porque éstas querían mejorar sus salarios, sus condiciones de trabajo y su nivel de vida. Se enfrentaba con quienes esparcían tales ideas porque él se consideraba parte integrante de las masas proletarias, con una confianza ilimitada en ellas, con gran fe en el pueblo. Llegó a ser intransigente frente a las inmoralidades de unos y otros.

Durante los seis años de dictadura de Primo de Rivera, de 1923 a 1931, la actividad política y sindical de José Díaz se manifestó allí donde había un motivo de efrentamiento con la dictadura y la monarquía. Organizó en Sevilla la distribución de propaganda antimonárquica y él mismo contribuyó a difundirla, porque de esta forma se incorporaban a la lucha otros sectores sociales, especialmente los universitarios, contra Primo de Rivera y Alfonso XIII, el rey felón, abuelo del actual Bobón. Participó en la organización de varias huelgas de su gremio, los obreros panaderos, por mejoras de salario que resultaron triunfantes. También intervino en la organización de la huelga de los obreros portuarios sevillanos, que lograron obtener un gran triunfo.

Estuvo a punto de ser asesinado en más de una ocasión a manos de las bandas de pistoleros organizadas por la gran burguesía y la policía le buscaba por su actividad sindical y solidaria, así que se tuvo que refugiar en un pueblo en las cercanías de Sevilla.

José Díaz llevó a la práctica la necesidad de enfrentarse a la dictadura militar con todas los medios a su alcance. Enviado por el Comité Nacional de la CNT, que se había refugiado en Sevilla, José Díaz se trasladó en 1925 a Madrid junto con otros militantes anarquistas para preparar un operativo espectacular: la ejecución del rey Alfonso XIII. En la capital subsistió vendiendo en la calle los roscos sevillanos que había aprendido a elaborar desde niño. Pero la policía los detuvo a los pocos días a la salida de un bar cuando se disponía a echar una carta al correo. La carta estaba escrita de forma que la policía no podía sacar nada en concreto. Él y su compañero fueron torturados durante tres días y conducidos por la policía a lasafueras de Madrid. Entonces el gobernador civil era el general Arlegui con el que se practicaba impunemente la ley de fugas, de la que estuvo a punto de ser víctima. Pero la policía no consiguió arrancarles ninguna confesión.

Ambos fueron trasladados a la vieja cárcel modelo de Madrid, donde José Díaz enfermó, quedándole como secuela una debilidad extrema y una úlcera gástrica que se le hizo crónica. Las condiciones de vida en la cárcel eran tan precarias y tan duras que aquella grave enfermedad le martirizó el resto de sus días y lo llevó a la tumba aún joven.

Permaneció 10 meses en la cárcel sin llegar a ser procesado por falta de pruebas. Los largos periodos de inactividad hacen de la cárcel un medio idóneo para la reflexión, de modo que mientras estuvo preso, José Díaz comenzó a analizar los puntos débiles del anarquismo, reflexionó sobre el derroche de energías de muchos dirigentes de la CNT y obreros anarquistas. Sus largas meditaciones le llevaron a la conclusión de que el anarcosindicalismo no disponía de una teoría revolucionaria ni la CNT tenía una política para organizar a las masas como fuerza capaz de conducir a los trabajadores al triunfo de la revolución.

La cárcel es también un inmejorable punto de contacto para que los revolucionarios empiecen a conocerse de cerca. En el tiempo que estuvo recluido en la Modelo de Madrid, el Socorro Rojo Internacional se ocupó de él y de su familia, gesto solidario que, en una situación tan precaria, impactó a aquel obrero anarcosindicalista. A través del Socorro Rojo Internacional José Díaz entró en contacto con los comunistas y, a partir de ese momento empezó un cambio radical en su ideología.

La solidaridad genera solidaridad. Cuando en agosto de 1926 sale en libertad, vuelve a Sevilla, ingresa en el Socorro Rojo Internacional junto con otros militantes sevillanos de la CNT (Adame, Barneto, Roldán, Delicado). José Díaz se preocupa por la represión y por los presos políticos, llegando a ser dirigente regional de la organización solidaria.

Por medio del Socorro Rojo Internacional, José Díaz traba relación con la dirección del Partido Comunista, que entonces residía en Bilbao. Por aquellas fechas fue detenido el responsable del Comité Regional del Partido Comunista. En aquella época en Sevilla había unos 15 ó 20 comunistas. José Díaz contacta con ellos e ingresa en el Partido Comunista. No fue un caso aislado. Los elementos más sanos y queridos de los obreros de Sevilla que procedían del anarcosindicalismo, pasan a las filas del comunismo. En Sevilla fueron muchos los anarcosindicalistas que en 1924 se negaron a autodisolver sus sindicatos, y que mantuvieron o rehicieron en forma autónoma. Ese fue el caso de Antonio Mije, también antiguo dirigente del Sindicato único de Alimentación; Barneto, del Sindicato de Portuarios; Manuel Delicado; Roldán, Núñez, etc. Poco a poco ese grupo con raíces sindicales fue integrándose en las filas comunistas.

Gracias a su trabajo y a sus grandes dotes organizativas, José Díaz consiguió que la organización sevillana fuese una de las más importantes del Partido Comunista. En la capital andaluza se produjo la simbiosis del movimiento obrero y sindical con el comunismo.

El primer trabajo de José Díaz fue escribir a los pueblos de los cuales tenía direcciones para tratar de reconstruir un Comité Regional provisional del Partido Comunista con nuevos militantes. En el Comité introduce a varios sindicalistas que pertenecían al Socorro Rojo Internacional y que por afinidad le seguían: Montesinos, Delicado y otros. Al poco tiempo, cuando ya reanudó la relación con algunas ciudades y pueblos de Andalucía, se celebró un pleno del Partido para nombrar nueva dirección; a este pleno acudió Adame como representante del Comité Central. En la nueva dirección regional que se nombró Jose Díaz fue designado Secretario Político.

Hacia 1928 José Díaz seguía siendo máximo dirigente del Socorro Rojo Internacional y, además, participaba en la dirección del Comité Regional del PCE en Andalucía como secretario político.

Como máximo responsable político comunista en Andalucía, José Díaz siguió dando muestras de su entrega a la causa revolucionaria. Gracias a su labor, la reorganización del Partido Comunista en Andalucía experimentó un gran salto y el movimiento sindical pronto pasó en su mayoría a ser dirigido por los militantes comunistas. Es la lucha de nuevo organizada en Sevilla por los mismos hombres aunque con distintos planteamientos políticos e ideológicos.

Asistimos al momento en que la dictadura se va debilitando y la censura para las reuniones es más suave y hay un fuerte despliegue de agitación comunista sobre los obreros de la ciudad, de la mano de los sindicalistas de siempre.

José Díaz se va a mantener durante todo el año 1928 en la lucha obrera, participando en la huelga de otoño por la subida salarial y organizando la huelga general en Sevilla cuando se iba a inaugurar allí la Exposición Íbero-Americana con una visita de Primo de Rivera, el dictador en persona.

El prestigio de José Díaz estaba cimentado en una lucha obrera y sindical ininterrumpida desde 1918. Lleva diez duros años en ella y es mucha la experiencia acumulada. Su trabajo es el mismo porque la situación para los suyos no ha mejorado, sin embargo, actúa de otra forma y dirige una nueva organización obrera. No lo vemos ocupando ningún puesto en el sindicato, pero aparece invariablemente en el momento duro de la lucha. Su nombre lo recoge una prensa que no tiene nada que ver con sus ideas y su movimiento; una prensa que, por ser abierta y muy explícita a la hora de dar la noticia, informa sobre el papel de unos hombres que escribieron la historia como luchadores obreros anónimos en Sevilla. Nos está acercando a la labor de los primeros comunistas sevillanos que han evolucionado del anarcosindicalismo y realizan ahora un trabajo político partidista.

Los gremios mejor organizados eran por este orden: los Panaderos, que están encuadrados en la Asociación La Aurora de la que fue elegido bibliotecario Antonio Mije García, en la reunión celebrada el 19 de octubre, y el 24 de noviembre fueron elegidos miembros de una Comisión reguladora del descanso dominical, José Díaz, José Oliveira, Antonio Mije y otros seis camaradas. Se reúnen los Confiteros, los Hortelanos y Jardineros y sus ramas afines, la Sociedad Unión de Obreros Metalúrgicos y de Tranviarios y Electromecánicos, los camareros y similares en la asociación La Constancia, los vaqueros, en la asociación La Pastora.

Métodos diversos se utilizaban para atraer a la lucha: el ya citado de la constitución de comités paritarios, la ayuda a enfermos para lo que se convocaba con frecuencia a través de la prensa, y dando conferencias formativas, sobre la organización obrera en el corporativismo. Esta era la pantalla de un movimiento clandestino. Se celebran varios actos públicos en Sevilla, en uno de los cuales el abogado sindicalista Fernando Balcera, asesor jurídico de la Sociedad Unión de Tranviarios, habló sobre el tema El momento social actual y los Comités Paritarios.

José Díaz y Celestino García, en representación de la Federación Nacional del Arte rodado, hablaron sobre los Comités Paritarios. La Sociedad La Unión de obreros tranviarios y electromecánicos de Sevilla que tenía su domicilio social en la calle Trajano, número 16, convocó este acto que tuvo lugar al dia siguiente a las doce de la noche para que sus asociados se enteraran de los provechos que al proletariado le proporciona la ley corporativa.

En agosto de 1929 celebró el PCE su III Congreso en París. El partido en esa fecha era insignificante en toda España y los acuerdos fueron muy radicales y sin viabilidad alguna, de ahí que los resultados del Congreso no tuvieran la menor eficacia. Se mantuvo el criterio de que había que potenciar la revolución democrático burguesa y formar un gobierno obrero y campesino.

En el mes de marzo del año 1930, el PCE celebró la llamada Conferencia de Pamplona aunque tuvo lugar en Bilbao. José Bullejos, su Secretario General, la orientó contra el sistema capitalista que estaba en crisis y sobre la perspectiva de que, de inmediato, se iba a producir la revolución socialista. Otros representantes de Sevilla y de Vizcaya tenían otras ideas y surgió un debate sobre el tema sindical en el que éstos se habían formado. Se pensó en la unidad sindical, pero a la cúspide de la UGT la consideraban, tras la dictadura con la que había en cierta medida colaborado, inapropiada; actuarían con la CNT, había que reconstruirla sobre una base nueva. Había que partir de los sindicatos de Sevilla, de Málaga, de Almería y de otras provincias andaluzas. Y se creó el Comité Nacional de Reconstrucción de la CNT y la Unión Local de Sindicatos que se agrupaba en la Unión Regional de Sindicatos de Andalucía, la cual se adhirió a la Internacional Sindical Roja.

Este giro político-sindical del Partido Comunista se debe muy especialmente a los obreros sevillanos que llevaban dos años luchando en este sentido.

En 1929 fue dirigente indiscutible en la huelga de panaderos de Sevilla, organizada por el sindicato La Aurora en la cual obtuvieron de sus patronos un aumento del 15 por ciento sobre sus jornales tras una dura lucha que llevó a cabo su Comisión Paritaria encabezada por José Díaz, Mije, García y Oliveira Barrera.

Durante el año 1930 la actividad obrera se acrecentó en Sevilla y se extendió por la provincia la influencia del sindicato panadero La Aurora y la de otros sindicatos que ya estaban dentro de la influencia comunista.

Estos sindicatos organizaron una visita de Bullejos a la ciudad para dar una conferencia de las muchas que se hacían entonces, utilizando a los comités paritarios como pantalla para mítines de cariz revolucionario. Así la conferencia de Bullejos se celebró en la calle Aurora, número 5, el centro de las cigarreras, que se había convertido en lugar de ebullición comunista. Bullejos no pasó desapercibido en la ciudad. Al día siguiente del acto, el gobernador civil Conde de San Luis, clausuró el centro a causa de su intervención.

Ese mismo año, José Díaz partió hacia la Unión Soviética, donde permaneció nueve meses estudiando en el Instituto Lenin, formándose como dirigente revolucionario. Allí le sorprendió la llegada de la República en 1931.

Durante la II República, en 1932, el general Sanjurjo intentó un golpe de Estado fascista que fracasó, y José Díaz destacó en los preparativos de las huelgas que se desencadenaron contra dicho intento.

Esta actividad revolucionaria le lleva de nuevo a la cárcel y mientras está en prisión se celebró el IV Congreso del Partido Comunista en Sevilla, en marzo de 1932, en el que fue elegido miembro del Comité Central.

Poco después, ya en libertad y en una sesión del Comité Central, fue elegido Secretario General, en sustitución de Bullejos quien, junto a Trilla y Adame fueron criticados por haber conducido el Partido por un camino ultraizquierdista y sectario, que lo mantuvo al margen de las masas.



Fuentes: Antorcha/ Wikipedia