el marxismo a debate

El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre según el calendario juliano ruso) se producía uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia de la humanidad. Ese día, tras los acuerdos tomados en el Colegio Smolny por el Segundo Congreso Panruso de los Soviets, se producía la caída del régimen liberal burgués que dominaba Rusia desde febrero de ese año y se procedía al establecimiento de una sociedad socialista. Desde las jornadas de la Comuna de París de 1871, no se producía un fenómeno similar.

A principios del s.XX, Rusia era un enorme imperio, una cárcel de los pueblos. Hacía siglos que mandaban los zares, monarcas despóticos. En el campo, millones de campesinos vivieron bajo condiciones infrahumanas.

Pero a la vez, en las grandes ciudades existían fábricas que sobrepasaban las más grandes y avanzadas de Europa occidental, con decenas de miles de trabajadores industriales.

Dos razones habían decidido a Lukács a consagrar tanta energía a este problema. La primera, de orden más general, estaba vinculada al destino del movimiento comunista mundial; la segunda, más personal, estaba íntimamente ligada a su propia historia

Esta última afirmación, que ha sido puesta en duda por mas de uno de los Partidos que, en el Perú, se reclaman "herederos del Partido de Mariátegui", fue claramente establecida por éste, señalando " La revolución latinoamericana, será nada y más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista

Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores28 de septiembre de 1864, en una Asamblea Pública celebraba en Saint Martin's Hall de Long Acre, Londres K. Marx
Escrito: por C. Marx entre el 21 y el 27 de octubre de 1864.
Primera edición: Publicado en inglés en el folleto Addres and ProvisionalRules of the Working Men's International Association, Established September 28, 1864, at a Public Meeting held at St. Martin's Hall, Long Acre, London, editado en Londres en noviembre de 1864.

Para millones y millones de trabajadores la Unión Soviética era, a pesar de sus deformaciones, la cuna del socialismo y por eso la amaban. Idílicamente, pero la amaban, porque su sueño estaba allí básicamente representado. Para la izquierda marxista fue un mazazo porque ella sabía que con una revolución política bastaba. Para los stalinistas fue pasar página, se pusieron directamente al servicio de la reacción.

Fue la estrategia de derrota llamada "revolución por etapas", que quitó al proletariado toda iniciativa revolucionaria, viéndose así reflejado ante semejante espejo, como una clase incapaz de autodeterminarse, de no servir más que para ser mandada, en este caso por la pequeña-burguesía, por los pequeños y medianos patrones .Tal ha sido la nefasta filosofía política que inspiró los "frentes populares" en todo el mundo.

Los análisis y las valoraciones que sobre las causas del derrumbe del denominado “socialismo real” he podido sistematizar en una serie de publicaciones, en sus trazos fundamentales fueron delineados en los años ´90; aunque sus antecedentes se remontan a décadas anteriores (años ´60, ´70 y ´80…) cuando ejercía las funciones de secretario general del singular, fuera de serie, Partido Comunista Dominicano (PCD).

El marxismo, al igual que la misma Revolución Bolivariana no cayó del cielo azul, como maná importado, sino es simplemente histórico, es un producto histórico del actual modo de producción y destrucción, o sea del capitalismo. El marxismo es su verdadera negación dialéctica, es una parte intrínseca de la propia historia natural y humana, y de la auto-defensa revolucionaria de los trabajadores.

La revolución de Febrero había derrocado al Zar y con él, su feroz régimen, que hundía sus orígenes en la Edad Media. En apenas un mes, Rusia había pasado a ser una república. Pero no sólo eso. Los campesinos, obreros, y soldados, fruto precisamente de la revolución, estaban organizados en comités democráticos: los soviets.

En nuestra época, cuando la inmensa mayoría de la humanidad no ha conseguido aún las conquistas de la Revolución Francesa y, en escala mundial, asistimos a la lucha por repetir la hazaña de los sans-culottes en 1789, esa revolución democrática, para triunfar, debe ir más lejos, ser anticapitalista, desarrollarse en forma socialista.

“El terror no es lo mismo que la violencia: es, más bien, la forma de gobierno que llega a existir cuando la violencia, tras haber destruido todo poder, no adbdica sino que, por el contrario, sigue ejerciendo un completo control” [Hanna Arendt, Sobre la violencia]

Pero, si hubo un error metodológico común a todos, y que lamentablemente se ha heredado a la actual (tercera) generación trotskista internacional, ha sido el exacerbar las diferencias, hacer de toda discusión política, de toda diferencia e incluso matiz, un problema de principios, que servía para justificar rupturas irreconciliables. De ahí que los stalinistas inventaran el “slogan” denigratorio, pero hasta cierto punto cierto, de que “todo trotskista es divisible por dos”.

La contribución de Lenin a la teoría y práctica de la economía socialista es considerable. No se trata de que todas y cada una de sus apreciaciones conserven un valor científico.

Nacido en 1870, Lenin ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Kazan pero se graduó en San Petersburgo como alumno libre hasta titularse de abogado a los 21 años.

José Julián Martí y Pérez, el apóstol de la independencia de Cuba, escribió en abril de 1884 su inmortal articulo  “La futura esclavitud”, un análisis de un escrito homónimo de Herbert Spencer, en el cual nuestro héroe nacional hacía una crítica del socialismo de Estado que se defendía en la Inglaterra de esa época, pero muchas de cuyas manifestaciones hoy -123 años después- continúan observándose en nuestro país, a pesar de los fracasos de sus distintas variantes aplicadas en Europa en el Siglo XX.

Durante décadas, muchos trabajadores e intelectuales necesitaron “creer” en la URSS, en que Stalin más mal que bien, avanzaba hacia el socialismo. No fue así, la experiencia estalinista o postestalinista resultó tan agobiante que impidió el desarrollo de las alternativas que podrían haber hecho posible dicho avance.

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