Marxismo y cuestión nacional

el marxismo y la cuestion nacional
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x Pepe Gutiérrez-Álvarez

Tanto Maurín como Jordi Arquer seguían el criterio de las tres fases de la cuestión catalana: burguesa/monárquica, pequeñoburguesa/republicana, y finalmente la obrera/socialista. Para ellos, y también para Nin, esta última se iniciaba después de 1934 a condición de que la clase obrera se unificara por un proyecto de hegemonía. Un primer bosquejo de este esquema ya fue formulado por Maurín en 1931 en La Batalla y, de manera más detallada en su obra, Hacia la Segunda Revolución (1935), que sería reeditado años más tarde como Revolución y contrarrevolución en España, y que es seguramente, el trabajo más elaborado sobre la revolución española de los años treinta.

La reedición en catalán de Els moviments d´emancipació nacional (Ed. Base, Barcelona), de Andreu Nin, publicada originariamente en 1935, es una de las nuestras mayores aportaciones históricas al “fet nacional”…

Aunque escrita 1935, está nueva edición de la obra clásica ya de Andreu Nin, tomada de la edición catalana de París (1970) que preparó Joseph Benet que formó como Oriol Puigvert, de la que ha tomado el prólogo de Wilebaldo Solano como lo que es, un documento histórico, y a la que se le ha añadido un elaborado prólogo de Pelai Pagès, se añade a la línea de recuperación editorial emprendida por la Fundació Andreu Nin que ya contaba con la puesta al día de La revolución española, los escritos de nin sobre la crisis española de los años treinta, igualmente prologada por Pelai Pagès, quien, por otro lado, está preparando una puesta a punto de su biografía de Nin, y que acaba de editar en Renacimiento de Sevilla La guerra y la revolución en Cataluña, producto de un trabajo de investigación de muchos años

En espera de la más difícil reedición de otras aportaciones del área plumista como las de Joaquín Maurín o Jordi Arquer, este libro -por cierto magníficamente editado- es ya de pro sí una buena representación de la calidad de la aportación de los marxistas catalanes, aportación que se inicia con el famoso proyecto de tesis de la Federación Comunista Catalano-Balear, que supone una primera toma de conciencia del problema catalán y en el despunte de algunos análisis sobre su proceso histórico como algo no estrictamente burgués. Esto explica que luego en el Bloc Obrer i Camperol (BOC), convergieran grupos comunista nacionalistas como los liderados por Jordi Arquer y Joseph Rovira, cuya importancia a quedado un tanto minusvalorada por Nin y Maurín, ambos formado inicialmente en la CNT catalana donde también se detecta una veta de preocupación sobre la misma cuestión, sin ir más lejos en Salvador Seguí y Joan Peiró.

Sin embargo, el mayor alcance del debate sobre este hecho se dará a continuación de la crisis revolucionaria de 1934 y de la crisis del régimen autonómico, un momento en el que los grupos marxistas comienzan a identificar la cuestión nacional con la obrera. La fase histórica de la burguesía, con el fracaso histórico de la Lliga catalanista y la actitud finalmente claudicante de ERC, cuyo programa social ni tan siquiera puede considerarse como moderadamente socialdemócrata (y que ya había actuado contra la CNT), parecía llegar a su fin, proyectándose, así, un horizonte socialista sobre el ocaso de la hegemonía de la pequeña burguesía en lo tocante a la construcción de una comunidad nacional autónoma. Las críticas de los comunistas que se consideraban también nacionalistas, estaba dirigida con la Ezquerra al tiempo que denunciaban las contradicciones socialistas, comunistas oficiales y de la CNT.

Tanto Maurín y Nin sobresalen como analistas de un proyecto de autodeterminación nacional que, aunque enteramente deudores del aporte leninista, tratan de desarrollar con mayor o menor acierto a las condiciones específicas de la península ibérica. Conocida es la conferencia que ofreció el segundo en el Ateneo madrileño de junio de 1931, donde llego a decir con bastante audacia: “Somos separatistas. Pero no separatistas de España sino del Estado español. En España hay una pugna entre el Estado y las nacionalidades oprimidas [...1. Sólo cuando el Estado semifeudal esté destrozado, podrá formarse la verdadera unidad ibérica, con Gibraltar y Portugal, incluso”

El horizonte era una república confederal, pero Nin discrepaba en el punto de la separación: “El separatismo defendido por Maurín –dirá- es una herejía marxista. Los comunistas no podemos fomentar un movimiento separatista. Es la época de mayores discrepancias entre Nin y Maurín, en la que el primero se sitúa en una línea “bloquista” coincidentes con las tesis de matriz bujarinianas del VI Congreso del Komintern. Tanto Maurín como Jordi Arquer seguían el criterio de las tres fases de la cuestión catalana: burguesa/monárquica, pequeñoburguesa/republicana, y finalmente la obrera/socialista. Para ellos, y también para Nin, esta última se iniciaba después de 1934 a condición de que la clase obrera se unificara por un proyecto de hegemonía. Un primer bosquejo de este esquema ya fue formulado por Maurín en 1931 en La Batalla y, de manera más detallada en su obra, Hacia la Segunda Revolución (1935), que sería reeditado años más tarde como Revolución y contrarrevolución en España, y que es seguramente, el trabajo más elaborado sobre la revolución española de los años treinta.

El lector encontrará repetido estos criterios en Els moviments d´emancipació nacional, obra didáctica que comprende ya una sistematización de las posiciones de la Izquierda Comunista después de las rectificaciones operadas por un estrecho andreu nin en relación a Euzkadi (gracias a las contribuciones de los hermanos Arenillas), y Galicia, donde el POUM estaba empezando a conocer un importante impulso en 1936. Maurín llegó a comparar, no sin cierto esquematismo, la evolución del problema nacional con el desenvolvimiento del problema agrario siguiendo al pie de la letra las tesis de Lenin. En su opinión, al igual que los campesinos al asaltar las tierras llevan, en una primera fase, a la revolución burguesa, la revolución nacional se fue gestando de la misma manera. Argumenta que después de repartidas las tierras viene la colectivizaciones. Por la misma dinámica, solamente mediante un proceso de separación y autodeterminación puede venir la “auténtica» unidad de los pueblos hispánicos”. El resultado sería una Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas. Ni que decir tiene, Maurín está totalmente influido por el modelo de la revolución rusa, con las medidas avanzadas por Lenin que firmará la libertad de todos los pueblos, incluido el judío, que no tenía un territorio propio.

En este libro, Nin desarrolló el más temperado y claro alegato en favor de la cuestión nacional de toda la historia del marxismo ibérico. El equilibrio entre nacionalismo e internacionalismo (antigua contradicción del marxismo histórico) era visto de este ángulo “Si el proletariado no reconociese el derecho a la autodeterminación, su internacionalismo sería una palabra vacía, y la solidaridad de clase entre los trabajadores de las nacionalidades oprimidas y los de las naciones dominantes sería imposible”. Sus criterios sobre la nación es perfectamente marxista leninista; negó el principio de las nacionalidades» tal y como lo hiciera –erróneamente- Engels, distinguiendo también entre naciones históricas y no históricas. También consideró el lugar del movimiento obrero desde el siguiente punto de mira: “La constitución de Estados nacionales responde, pues, a una tendencia propia de la evolución de la sociedad capitalista y constituye un hecho progresivo susceptible de defender. Pero no quiere decir, no obstante, que cada nacionalidad, sin distinción, deba constituirse en Estado. El proletariado revolucionario debe oponerse a todas las formas de opresión nacional.”

Situado sobre la base del esquema de las tres etapas del nacionalismo catalán propuesto por Maurín y, sin asumir una posición independentista que durante un tiempo llego a blandir Maurín, Nin creyó ver en la situación catalana y española las condiciones prerrevolucionarias objetivas para iniciar un progreso de hegemonía obrera sobre la cuestión nacional, tarea que respondía igualmente a sus concepciones sobre una mayoría social de hegemonía proletaria en la que podría ser incorporada la base social popular de ERC. Tal concepción había sido la desarrollada por la escuela trotskista (en la sobre este extremo destacará Roman Rodolsky, autor de un celebrado trabajo crítico en Engels, y que fue publicado en su día por fontamara), que se vio impelido a responder al nacionalismo “gran ruso” de Stalin que cínicamente se justificaba arguyendo la superioridad del “internacionalismo proletario, nombre artístico del Estado soviético dominado por la burocracia.

Está claro que este libro fue escrito en la perspectiva abierta por la posibilidad de una fase de iniciativa socialista animada por un frente único que abarcara al movimiento obrero y asumiera tareas democráticas que habían sido asumidas por la pequeña burguesía republicana…Sin embargo, la derrota de
la Alianza Obrera, aceptada a medias tintas por los socialistas de izquierda, y rechazada por la franja más sectaria de la CNT, frustró las perspectivas abiertas, lo mismo que la división obrera facilitó que la revolución social que atravesó el territorio catalán (y valenciano) y se trasladó a Aragón, no tuviera una expresión gubernamental, más todo lo contrario. De ahí que el viento restaurador que siguió las jornadas de mayo del 37 se llevará por delante hasta la amplia autonomía conseguida por Cataluña.

La edición de este libro que se encontraba descatalogado desde hacía varias décadas, supone una contribución capital para la recuperación de una memoria asesinada que tuvo un capítulo muy importante en la cuestión nacional en general, y en la cuestión catalana en particular. Los jóvenes insumisos sensibles a esta cuestión que citaban a Nin ahora podrán contar con su mayor contribución sobre este punto…