El nacionalismo de izquierda y el acuerdo nacional

el marxismo y la cuestion nacional
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x Jose Maria Lorenzo Espinosa. Profesor de Historia (Universidad de Deusto) y miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna.

Aún cuando es un artículo pasado en tiempo es de actualidad y da una visión del proceso y desarrollo en el combate de las ideas dentro de las formas universales de los movimientos de liberación.

Una preocupación muy actual en la izquierda de cualquier latitud es la de debatir sobre su propia identidad. Teniendo en cuenta lo sucedido en los países del Este de Europa, es una preocupación generalmente aceptada. Esta inquietud, lógicamente, afecta también a la izquierda vasca - sea o no nacionalista - , pero en nuestro caso coincide además con otra menos actual pero no menos preocupante: la superación de la aparente antinomia socialismo versus nacionalismo. El nacionalismo vasco ha tardado bastante tiempo en asentar sus contenidos sociales, de los que su fundador se ocupó muy poco. Aunque lo mismo podríamos decir del marxismo o de sus creadores, por su escasa y a veces errónea atención a la cuestión nacional. Han debido ser, por tanto, las generaciones sucesivas quienes hayan abierto y desarrollado los debates que faltaban para completar las respectivas fundaciones. En nuestro caso, a pesar de la existencia de algunos precedentes importantes en los años veinte y treinta, lo cierto es que esta reflexión no se producirá de modo sistemático hasta los años sesenta y dentro del grupo de miembros de ETA(Krutwig, Txillardegi, Etxebarrieta...), que por entonces dieron forma ideológica a la izquierda abertzale.

Un articulo de Federico Krutwig, aparecido en la revista Branka en 1966 con el título de “Nacionalismo revolucionario”, iniciaba la serie de ensayos sobre la aplicación de esta forma de lucha antiimperialista a la realidad vasca. Entre esa fecha y 1970 la revista Branka, animada por Txillardegi y Krutwig, debatió amplia aunque también restrictivamente por las circunstancias de clandestinidad, este asunto que tomó el nombre de Frente Nacional Vasco. Finalmente, será la V Asamblea de ETA (1966-67) quien logrará incorporar al bagaje doctrinal vasco, por medio de los hermanos Etxebarrieta, los fundamentos básicos de este tipo de nacionalismo. 

La raíces del nacionalismo revolucionario proceden del propio Lenin y de Bakunin. Aunque Krutwig empieza por exponer los errores de Engels al supeditar la lucha nacional de los pueblos oprimidos a la coyuntura de la lucha obrera mundial, a pesar de que esta tuviera lugar en naciones ocupadas o colonizadas. Engels se oponía, por ejemplo, a las reclamaciones nacionales de los checos y otros pueblos eslavos, bajo el imperio austro-húngaro, porque los nacionalismos que la esgrimían estaban dirigidos por la burguesía y eran socialmente reaccionarios. En todo caso,veía en la lucha nacional un medio que pudiera ayudar a la lucha social muy indirectamente. Estaba convencido de que los pueblos pequeños, que no habían conseguido formar un Estado, debían de renunciar a sus pretensiones y diluirse en los pueblos grandes, dejando sus esfuerzos para la revolución social. 

Será Lenin, en cambio, el que introducirá importantes novedades en estas apreciaciones. Consideraba la lucha nacional como la lucha de liberación de todo el pueblo, no sólo de la clase burguesa y de sus intereses mercantiles, sentando así las bases teóricas del nacionalismo revolucionario. Lenin observa aspectos progresistas en los nacionalismos de los pueblos oprimidos y los diferencia de los nacionalismos imperiales de las grandes potencias. Estas observaciones ayudarán a dar un vuelco espectacular desde las filas del marxismo a la cuestión nacional. El fundador del Estado soviético, que mantuvo un conocido debate con Rosa de Luxemburgo acerca de esta cuestión y que encargó a Stalin, en 1913, un no menos famoso estudio sobre la cuestión nacional y el marxismo, creía que los socialistas deben de apoyar la lucha de liberación nacional de los pueblos oprimidos y que, los socialistas o comunistas pertenecientes a la nación opresora deben deentenderel justo derecho nacional de los oprimidos. Los partidos obreros estarían obligados a defender y predicar el derecho de autodeterminación. Esta actitud es el núcleo del internacionalismo proletario, de acuerdo con Lenin, uno de sus principales teóricos.

La doctrina leninista define el derecho de autodeterminación como el derecho de un pueblo oprimido a separarse del estado opresor y a crear su propio Estado. Si los partidos comunistas niegan este derecho, niegan en esencia al internacionalismo proletario. Partiendo de las teorías leninistas, después de 1945, se extenderá por todo el mundo colonizado la influencia de los partidos comunistas en general y del nacionalismo revolucionario en particular. El nacionalismo revolucionario será desde entonces una forma de lucha contra el imperialismo en la que participan los comunistas, socialistas y otros sectores de izquierda, en los pueblos sometidos al imperialismo -como fase superior del desarrollo del capitalismo- aliados a otras clases interesadas en la liberación nacional. De modo que con esta lucha, y dada la composición de las alianzas, se pueda alcanzar al mismo tiempo la libertad nacional y social. Los modelos de los años sesenta fueron quienes marcaron el camino, cuando parecían haberlo conseguido: China o Cuba, y sobre todo quien como Vietnam estaba en lucha con los EEUU para obtenerlo.

 

La revolución vasca

 

Sin embargo, en el caso vasco no aparecíantan claros los supuestos tercermundistas y las fases imperialistas que, como en Cuba, China, o Vietnam, propiciaban la aparición del nacionalismo revolucionario. En primer lugar, el desarrollo material de la sociedad vasca no facilitaba precisamente la aplicación de modelos subversivos pensados para sociedades campesinas subdesarrolladas y sobrexplotadas por las multinacionales representantes del país extranjero. En el desarrollo vasco, aunque dependiente del Estado español, muchos vascos de origen y apellido aparecían como los más beneficiados de la explotación social de los trabajadores. Una buena parte de los cuales además era de origen español.

En esta situación, que rompía con el esquema histórico del nacionalismo revolucionario, resultaba problemático que los militantes de la izquierda española entendieran la coyuntura vasca como asimilable a la de los países colonizados que, desde los años 50, estaban en pleno proceso de liberación nacional. En estos casos, el nacionalismo revolucionario era perfectamente inteligible porque la situación colonial estaba íntimamente ligada a la explotación social. En el caso vasco, por el contrario, al participar elementos de la propia nación vasca en la explotación social, como protagonistas y beneficiados, resultaba más complicado aceptar su aplicación o propiciar la aparición de Frentes Nacionales de Liberación. Peor aún: el papel jugado por la oligarquía de origen vasco en la construcción de España como Estado-nación, desde finales del siglo pasado, añadía una dimensión irregular y más confusión teórica a los debates sobre este asunto.

Según el nacionalismo revolucionario, la lucha nacional contra la ocupación extranjera une a fuerzas sociales diferentes, con distintos intereses, que difícilmente se agruparían sin la existencia de un enemigo común. Por eso el nacionalismo revolucionario tratará de priorizar los elementos de unión, los intereses nacionales comunes con la clases burguesa y, durante la fase independentista, subrayar los aspectos lingüísticos, culturales e incluso emocionales que pueden propiciar un acercamiento con la burguesía nacional, dejando en un segundo plano las diferencias y los antagonismos de clase. En el nacionalismo revolucionario se encuentran, por tanto, elementos de la pequeña y media burguesía o clases medias profesionales de ideología burguesa, con los que el proletariado difícilmente podría ir más allá de estafase inicial.  

Esta circunstancia es la principal diferencia entre nacionalismo revolucionario y nacionalismo burgués o revolución social entendidos por separado. La lucha del nacionalismo revolucionario, para alcanzar el doble fin de la liberación nacional y de la revolución socialista, se estructura de una forma diferente a la mera lucha del proletariado por la revolución socialista. El elemento que los diferencia es que mientras el proletariado en un país independiente luchará contra un enemigo interior, que forma parte de la misma nacionalidad,lengua, cultura, costumbres, leyes o historia - y que por tanto tiene una misma cosmovisión existencial básica aunque ciertamente relativizada y modificada por la pertenencia a clases distintas - , para los pueblos colonizados entendidos como colectivo nacional el enemigo principal es el expoliador extranjero. En estos casos de imperialismo tradicional, el extranjero ocupante es también y al mismo tiempo explotador social, a veces en alianza con otras clases o capas indígenas, pero siempre perfectamente definido como el otro, el extranjero, el invasor.

En los casos históricos de nacionalismo revolucionario hay un enemigo objetivo, en lo global social y nacional, que es el Estado extranjero ocupante. En el caso vasco, desde la existencia del nacionalismo con Arana, empieza a hablarse del español como extranjero y uno de los máximos intereses de Sabino Arana era evitar, a toda costa, la integración social de los emigrantes, impedir la confusión de razas y de conceptos nacionales. Pero el nacionalismo vasco sólo ha podido obstaculizar a medias esta identificación y confusión. La importante presencia de españoles en la sociedad vasca, acelerada con la desaparición de leyes viejas (Fueros) y la industrialización, ha hecho imposible la separación de las dos etnias y por tanto muy complicada la superación del problema social por los nacionalistas y al revés. Como consecuencia, se han abierto debates y desacuerdos sobre la consideración colonial de Euskalherria, o sobrequién es el verdadero agente de la explotación social. Y también sobre si esta coincide exactamente con la explotación nacional, una de las premisas exigidas por el nacionalismo revolucionario.

El nacionalismo revolucionario presentará como principal innovación estratégica la posibilidad de aceptar una alianza entre la clase oprimida y la opresora, dentro de las propias fronteras nacionales. Para ello tiene en cuenta que, además de la explotación social y económica, la clase obrera soporta también una opresión nacional. Se trataría de un marxismo antidogmático, en el que cada contradicción diferente debe de ser resuelta por métodos diferentes. O lo que es lo mismo cada situación concreta exigiría un análisis concreto. Sin renunciar al principio de que en toda sociedad capitalista la contradicción principal es la que enfrenta a burguesía y proletariado, en los casos de colonialismo esta contradicción está superada por la que opone al Estado ocupante y al pueblo ocupado. Según Mao: “En una nación en lucha contra un enemigo extranjero la lucha de clases toma la forma de lucha nacional, y bajo esta forma se manifiesta su unidad”. Es decir, el nacionalismo revolucionario entiende que en caso de invasión, guerra o agresión nacional, las diferentes clases se unen para hacer frente al invasor. En este supuesto, el enfrentamiento entre ocupante yocupado se convierte coyunturalmente en la contradicción principal y todas las contradicciones de clase en el interior del país, comprendida la anterior contradicción principal, retroceden pasajeramente a un segundo plano y ocupan una posición subordinada.

Siguiendo las pautas teóricas, por tanto, de autores como Lenin, Mao, o los teóricos vietnamitas de la época, los nacionalistas de izquierda de los sesenta intentaron una aplicación del nacionalismo revolucionario al caso vasco. La acción de este tipo de nacionalismo se encaminaba en primer lugar a asumir la lucha nacional, con el fin de desarrollar la contradicción fundamental en los sectores burgueses vascos y atraerles a una alianza nacional. También pretendía desarrollar la misma contradicción en los grupos de izquierda españoles, que deberían optar por situarse al lado de los intereses objetivos de la burguesía, representada en la situación colonial, o aceptar las posiciones leninistas apoyando la autodeterminación de los colonizados entre los que haba también una clase obrera sufriendo la doble explotación.

 

Conciencia de clase nacional

 

Las teorías sobre el Frente Nacional de Clase, fueron el resultado de los esfuerzos y debates del periodo de la V Asamblea de ETA. En sustancia, consistirán en la aplicación del nacionalismo revolucionario a la realidad vasca. En un informe preparado para la Asamblea, cuya redacción final estuvo en manos de los hermanos Etxebarrieta, se condensaba esta aportación.José A. Etxebarrieta y su hermano Txabi, excelentes conocedores de los textos de Lenin y de las posiciones tercermundistas-maoistas sobre el frente nacional de clases, dieron la forma definitiva al Informe cuyos principales elementos se discutieron en las dos partes de la V Asamblea.

Se decía en él que “no basta con una conciencia de clase, no basta una conciencia nacional, es necesaria una conciencia de clase nacional puesto que sufrimos tanto las estructuras capitalistas como las imperialistas”.

Las propuestas del Informe estaban encaminadas a superar las tendencias hacia una integración de ETA en un frente de clase español de izquierdas, que amenazaba con liquidar el contenido nacionalista de la organización. En este documento y en otro texto, denominado Ideología Oficial de Y, redactado por Txabi para la revista Zutik en 1967 se encuentra el primerintento teórico de dotar a ETA de una línea teórica en la que se puedan conciliar nacionalismo y socialismo, aunque en realidad la paternidad de este intento tiene su primer arranque muchos años antes. Desde 1923, Eli Gallastegi “Gudari” (primero en Aberri y luego en Jagi-Jagi) desarrolló un amplio debate en el seno del nacionalismo por el reconocimiento de la lucha de clases en esta ideología, hasta entonces dominada por la falsa fraternidad de clases, de la que se aprovechaban muchos capitalistas afiliados al nacionalismo. Gallastegi mostró públicamente su solidaridad con los comunistas tiroteados por la Guardia Civil y recibió las censuras de los sectores más reaccionarios del nacionalismo. En el debate que siguió a esta reacción el mismo “Gudari” teorizaba sobre la doble libertad y sobre la conciencia nacional de clase.

Años después, en 1962, José Antonio Etxebarrieta exiliado en San Juan de Luz convivió un año en la casa de los Gallastegi. Al regresar al sur de Euskalherria, el pensamiento del joven abogado abertzale que llegó a ser miembro de la dirección de ETA servirá para dotar a esta organización, y por extensión a todo el movimiento de izquierda nacional vasca, de un instrumento de análisis político en el que se recogían los principales elementos del nacionalismo de Gallastegi y las fórmulas de liberación nacional del marxismo-leninismo. Fue su hermano Txabi, el primer muerto de la organización, quien acuñó la definición de ETA como Movimiento Socialista Vasco de Liberación Nacional, en la que aparece por primera vez el concepto “socialismo” como denominación de un sector del nacionalismo vasco. También a Txabi Etxebarrieta se debe el concepto Pueblo Trabajador Vasco, donde Pueblo es la parte socialmente oprimida de una comunidad nacional. Pero en el caso vasco, Pueblo es “el conjunto de la nación vasca con respecto al Estado opresor”.

Este Estado opresor está al servicio de la oligarquía económica y entre esta se encuentra también la de origen vasco que, por tanto, tiene sus intereses nacionales fuera de Euskadi y es así “objetivamente extranjera y opresora”. El proletariado vasco está oprimido social y nacionalmente por una clase, a la que pertenecen burgueses españoles y vascos de origen que por su actuación política y económica se han desnaturalizado. La prueba es su españolismo objetivo. La burguesía de apellidos vascos, que se integra como clase social en la española, no tiene ningún interés en la lengua, la cultura vasca, en la independencia o en la recuperación de la soberanía. Esta burguesía forma parte de la alianza de clases que históricamente hizo posible la pérdida de las libertades vascas y por tanto el origen del nacionalismo y del llamado problema vasco.

En este plano, el concepto Pueblo Trabajador Vasco, acuñado por Txabi Etxebarrieta representa en la historia del nacionalismo la superación del falso enfrentamiento entre dos comunidades, con distinto origen étnico, que se encuentran en el mismo ideal revolucionario social y nacional. Los emigrantes españoles fueron apreciados sistemáticamente, a partir de los años sesenta, no por su origen sino por la actitud hacia la cuestión vasca y por sus aportaciones a los procesos de liberación nacional y social del pueblo vasco, en el que se integraron mayoritariamente. El racismo latente en los primeros pasos del nacionalismo vasco quedará sustituido por una diferente valoración étnica y social. Vasco será cualquiera, emigrante o no, que “venda su fuerza de trabajo en el País Vasco” y que quiera “nacionalizarse” vasco. Es decir, aprender o respetar su lengua, reconocer su cultura y sus costumbres, favorecer en suma y no oponerse al proceso de recuperación de la identidad vasca y de sus derechos históricos. Desde entonces, miles de emigrantes y luego sus hijos nacidos en Euskalherria se integrarán en la nueva sociedad vasca, en condiciones de igualdad nacional con los naturales del país, conformando lo que sin duda constituye el fenómeno sociopolítico más importante de la historia vasca desde la revolución industrial.

Txabi Extebarrieta, contemporáneo de este proceso y animador del llamado Frente Obrero de ETA, es el autor también de un articulo de vísperas del Aberri Eguna de 1967, que ensaya la unión del 1º de Mayo y del día de la Patria Vasca probando que la lucha obrera es lo mismo que la lucha nacional.

Dice Txabi “Todos los opresores del mundo son idénticos: el colonialismo yel imperialismo -que crean los problemas nacionales de los pueblos- son consecuencia del sistema capitalista”.“Nuestros amos y señores son los Estados francés y español.Todos sabemos que son capitalistas y que por favorecer sus intereses encadenan a Euskalherria”.

Por tanto el objetivo final del nacionalismo revolucionario en Euskadi será el socialismo vasco, que se alcanzará después de “liquidar la fuerza de los estados capitalistas francés y español, incluidos ciertos capitalistas de apellido vasco que con ellos colaboran". (porque) "el capitalismo no es únicamente enemigo del hombre sino también del pueblo”.

La propuesta del nacionalismo revolucionario de los hermanos Etxebarrieta, representaba la identificación plena entre los problemas sociales ynacionales, cuyo portador y agente sólo puede ser la clase obrera, como interesada en la doble liberación porque es la única que padece la doble opresión. Ya no se puede hablar de doble cara de la misma moneda sino de perfecta simbiosis de las dos luchas, hasta entonces separadas por un error de identificación. El nacionalismo revolucionario se convierte así en respuesta a la fase imperialista del capitalismo.

Después de los hermanos Etxebarrieta, surgirá en el seno de ETA otro de los teóricos que más ha aportado a la integración de la cuestión social en el nacionalismo. Se trata de José Miguel Beñaran "Argala", que llevó a la practica política los postulados teóricos de la V Asamblea y trazó el perfil del nacionalismo de izquierda en los años setenta. Para Argala :

"lo que nos une a los trabajadores (de cualquier latitud) es la pertenencia a una misma clase y no a una nación"

Desde este plano, la lucha de los trabajadores vascos por su liberación conjunta (nacional y social) se enmarca en todo un proceso universal revolucionario. Cualquier reivindicación y logro que pueda alcanzarse en esta lucha pertenece a la lucha mundial contra el imperialismo y ayuda objetivamente a las luchas de clase o de liberación nacional que llevan adelante los grupos o frente de liberación nacional de cualquier parte del mundo, porque el enemigo es el mismo: el capitalismo imperialista y sus distintos representantes.

 

El Acuerdo Nacional Vasco

 

El momento actual vasco se define por un acercamiento coyuntural de las distintas fuerzas nacionalistas: PNV, EA y HB, con la participación de grupos que como los comunistas vascos, del PCE o de IU, han oscilado históricamente entre el federalismo y el centralismo. La propuesta avanzada por HB en mayo de 1998 para discutir unas bases con las que llegar a un acuerdo que, superando el actual marco constitucional-estatutario, inicie la construcción nacional vasca al mismo tiempo que se busca el reconocimiento del derecho de autodeterminación y de la territorialidad, ha sido recogida en el Manifiesto de Lizarra-Garazi firmado por más de treinta organizaciones, entre partidos, sindicatos, movimiento sociales etc.

Si tenemos en cuenta todo lo dicho anteriormente, bien pudiera considerarse que este documento y el posible escenario de encuentro que abre entre las fuerzas interesadas en solucionar democráticamente el problema nacional vasco es el descendiente actual de las teorías nacional-revolucionarias de los años sesenta. El proyecto de Acuerdo Nacional bien pudiera ser una aplicación coherente y actualizada de lo que ya Eli Gallastegi llamó en su día "Frente Nacional Abertzale" y la V Asamblea "Nacionalismo revolucionario" . También debemos recordar que hace veinte años fue el propio Argala, junto a Telesforo Monzón, quien se esforzó por llegar a un acuerdo de este tipo entre las distintas fuerzas nacionalistas. Una aplicación actualizada de este proyecto la constituye la estrategia defendida hoy por la izquierda abertzale, con un primer paso consistente en la inclusión de fuerzas de izquierda en las candidaturas de Euskal Herritarrok.

Si observamos el programa presentado por esta agrupación a las elecciones vascongadas del 25 de octubre, podemos también leer lo sustancial de las reivindicaciones históricas del nacionalismo vasco de izquierda. En primer lugar, el derecho de autodeterminación unido al reconocimiento de la territorialidad vasca, pero también las reivindicaciones sociales que hoy ocupan a sindicatos y partidos de izquierda en toda Europa. Es decir, la reducción de jornada, el salario social, el reparto del trabajo y la riqueza etc. Ello prueba que la izquierda nacionalista vasca entiende que no sólo tenemos un problema nacional que resolver sino que además luchamos contra las mismas carencias y desigualdades sociales que el sistema capitalista provoca en el resto del Estado español y en Europa.

No podía ser de otra manera, porque el Acuerdo Nacional no es un pacto con la derecha para esconder las reivindicaciones sociales y laborales. El Acuerdo mantiene la dignidad de clase y las distancias sociales y no niega ni reniega de la lucha de clases. Tan sólo hace suyo el principio de los frentes nacionales de liberación que antes hemos citado, según el cual en un país ocupado la lucha de clases adopta la forma de lucha nacional. Y, desde este punto de vista, cree que debe de haber una primera fase la colaboración de clases en la construcción y liberación nacional. Pero en esta colaboración, como el programa de Euskal Herritarrok adelantaba y la actuación de sus electos probará, no se diluye ni se olvida en absoluto ninguna reivindicación social o económica que afecte a los trabajadores, desempleados, jóvenes, mujeres etc.

Por otra parte, uno de los pilares del programa de EH y del acuerdo nacional está representado por el Derecho de Autodeterminación. Para Rosa de Luxemburgo, en una sociedad clasista cada clase intenta autodeterminar de forma distinta a la nación. De ahí que los contenidos nacionales de los obreros sólo coincidan coyunturalmente con los de sus explotadores. Pero la autodeterminación como resorte político sería, por esta misma razón, un instrumento democrático válido no sólo en los supuestos coloniales o de imposición nacional, sino también en el proyecto de emancipación de la clase trabajadora. El derecho de autodeterminación, como derecho de los pueblos a decidir sobre su estatus político tiene una extensión inevitable a los contenidos sociales. Ya la Carta Atlántica, de 1941, pensando en una liberación de los pueblos de Europa sometidos al fascismo expresaba el derecho de las naciones a escoger su forma de gobierno.Aunque la Carta fuera una propuesta norteamericana, luego asumida en la fundación de las Naciones Unidas. lo cierto es que objetivamente ayudaba a la lucha social de los obreros contra las dictaduras fascistas. En esta forma política de liberación pueden encuentrar también los trabajadores el modo de avanzar en la conquista social de la igualdad y el reparto justo de la riqueza, acabando con las estructuras del capitalismo salvaje y pudiendo autodeterminarse, al mismo tiempo, desde el punto de vista sociopolítico como personas y como pueblo.