Una aportacion a LA CUESTION NACIONAL ANDALUZA

el marxismo y la cuestion nacional
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El propio título de este trabajo explica mejor que nada su intención: se trata de aportar; de traer a mano una serie de análisis en torno a la cuestión nacional andaluza.

Pensamos que el momento actual es propicio para ello y las circunstancias lo sugieren, en primer lugar, porque no podemos dejar de observar el escasísimo debate ideológico de las organizaciones de izquierdas y nacionalistas andaluzas que casi siempre se traduce en una incapacidad de articular una táctica y una estrategia en la lucha por la liberación de Andalucía, es decir, en una incapacidad de dotar de perspectivas globales la lucha y de superar idealismos y estancamientos.

Pero las circunstancias también lo requieren tanto en cuanto la Constitución europea sea aprobada y aplicada, dando naturaleza legal y jurídica al gran capital imperialista europeo, representado fundamentalmente por Francia y Alemania y sus epígonos, ya sean viejos socios de la Unión Europea o nuevos, pertenecientes a los países incorporados del Este de Europa y balcánicos.

¿Qué va a ser de Andalucía, esa nación situada en el extremo sur occidental de Europa con tan especiales características tanto en lo cultural como en lo económico y lo social?

El rodillo del imperialismo es implacable pero no indestructible, lo vemos cada día en Irak. El “tigre de papel” imperialista, como decía Mao Tse-tung, se enfrenta a graves contradicciones internas y externas. Recordemos aquello que dijo el gran patriota y socialista irlandés James Connolly, “el enemigo nos parece grande porque le miramos de rodilla, ¡levantémonos!”.

OBJETIVO Y MÉTODO

“Nosotros venimos a vaciar nuestras ideas y sentimientos en los moldes del dolor de nuestra Andalucía hambrienta y vilipendiada, esclava de caciques y prostituta de toreros”

Blas Infante

El objetivo fundamental es profundizar de una manera científica y material en el hecho nacional andaluz, aún con limitaciones.

El análisis riguroso del hecho nacional andaluz ha de aportar a la construcción de una teoría para la liberación nacional y social de Andalucía que ponga en funcionamiento un amplio movimiento popular para la íntegra liberación del Pueblo Andaluz.

Pero para analizar necesitamos de un método, que en nuestro caso no es otro que el marxismo-leninismo, entendido como ciencia, como conjunto de conceptos, categorías y leyes elaborados por Marx, Engels y Lenin cuyo fin es interpretar la realidad para TRANSFORMAR la sociedad en su globalidad. Esta concepción del marxismo-leninismo se opone frontalmente a toda visión dogmática, estanca, ausente de cambios en la realidad. Gracias a la ciencia marxista sabemos y asumimos que el cambio es un fenómeno universal, absoluto; todo está en movimiento, en una continua contradicción, donde los elementos contrarios se unen y luchan[1].

Pero de nada sirve enunciar unos principios universales si no se concretizan en un tiempo y un lugar determinado, si no son aplicables a una realidad concreta, en nuestro caso, la realidad andaluza. Andalucía: una nación oprimida en lo económico, político y cultural por el Estado español, la superestructura de dominación creada por la oligarquía imperialista española acorde a sus intereses de clase, y oprimida también por esa confluencia de estados imperialistas y estados subordinados que es la actual Unión Europea[2].

Opresión económica. Tanto en cuanto esta nación no disfruta de la riqueza que produce, de la cual se apropia el imperialismo español y el capital internacional, además de capitalistas andaluces conectados con la oligarquía española y dicho capitalismo internacional.

Andalucía no dispone soberanamente de su riqueza, ya sea natural o producida por el trabajo de la clase obrera andaluza y las masas trabajadoras populares (pequeña burguesía del campo y la ciudad, etc.).

La economía andaluza es dependiente y subdesarrollada, históricamente ha sido así. La riqueza sustraída en el tiempo al Pueblo Andaluz, que no ha sido poca, ha servido para el enriquecimiento de una poderosa oligarquía fascista y reaccionaria: la oligarquía española.

Opresión política. El Pueblo Andaluz no puede dotarse de la superestructura política acorde a sus intereses.

La opresión política también es histórica, la Andalucía de hoy es fruto de una conquista. Incorporada a Castilla, y más tarde, a ese proyecto histórico de determinadas burguesías peninsulares llamado España (siglo XIX).

En la actualidad, la Constitución española de 1978 niega tajantemente la posibilidad de cualquier poder político soberano andaluz. Aunque fruto también de esa misma Constitución es la actual Junta de Andalucía y la Comunidad Autónoma de Andalucía, que no es en absoluto, un poder político soberano andaluz.

Opresión cultural. Las señas de identidad andaluzas están contaminadas; la oligarquía española durante el siglo XIX, desde sus inicios históricos hasta hoy, lleva manipulando a sus intereses de clase las señas de identidad nacional-cultural de Andalucía, creando con ellas la superestructura cultural española.

Nuestra cultura, nuestras señas de identidad como nación han sido ridiculizadas y desnaturalizadas. El “hecho lingüístico andaluz” (considerado por algunos como idioma) ha sido despreciado.

O no conocemos nuestras señas o, en algunos casos, las conocemos manipuladas.

Un pueblo, una nación que no puede conocer verdaderamente su identidad cultural no puede ser un pueblo combatiente, será un país de gente pasiva, sin coraje ni ilusión. Ese pueblo nunca será libre, será esclavo. No puede ser solidario, no contribuirá a la hermandad y a la unidad progresista de los pueblos porque no tendrá nada que ofrecer[3].

LA NACIÓN

En el libro “Un proyecto para Andalucía” de la federación de partidos de izquierda y nacionalistas andaluces Asamblea de Andalucía (libro conocido como “Libro Verde”), se definía a la nación como “un grupo humano dotado de una personalidad singular debido a una larga existencia en común, una lengua característica, un territorio definido, una cultura y unas tradiciones comunes. Es decir, un grupo humano homogéneo”.

En muchísimas organizaciones de izquierda y de liberación nacional siempre tuvo bastante peso el concepto de nación elaborado por J. Stalin: “Nación es una comunidad humana estable, históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de sicología, manifestada ésta en la comunidad cultural[4].

Como podemos observar ambas definiciones se parecen bastante, sin embargo, en el “Libro Verde” se apunta un factor al que Stalin da poca importancia en su obra: el hecho subjetivo, la voluntad de ser nación, una vez que se reúnen esas características antes expuestas.

¿Sería Andalucía una nación? Siguiendo a Stalin, “basta con que falte aunque solo sea uno de estos rasgos, para que la nación deje de serlo[5]. Esto viene al caso de que Andalucía vendría a reunir todas esas características excepto el idioma. Al respecto cabría decir que existe un incuestionable “hecho lingüístico andaluz”, característica distintiva del andaluz y marca identitaria de primer orden, y no solamente percibida por otros pueblos del Estado español, también por personas de fuera de éste[6].

Igualmente, Stalin (como Lenin) desarrolla el concepto de nación como categoría histórica (“la nación como todo fenómeno histórico, se halla sujeta a la ley del cambio, tiene su historia, su comienzo y su fin”), o mejor dicho, como categoría histórica del “capitalismo ascensional”, más claro aún, del periodo histórico del desarrollo de la burguesía como clase triunfante, imponiendo su modo de producción sobre otro/s modo/s considerado inferior y anterior, ya anticuado.

Posteriormente, el propio Stalin se encargaría de readecuar la reivindicación nacional a la fase histórica del imperialismo, en el que la burguesía deja de tener ese carácter de “ascensional”. Así lo hará en su polémica con el yugoslavo Semic, en la que Stalin aclarará que la cuestión nacional y el derecho a la autodeterminación han dejado de formar parte de la revolución democrático-burguesa (propia del “capitalismo ascensional”) para formar parte indispensable de la revolución socialista[7].

Esta aclaración de Stalin, por otro lado en consonancia con los textos que Lenin escribiera a partir de 1912 sobre la cuestión nacional y más tarde sobre la fase imperialista del capitalismo, es muy importante, ya que muchos marxistas han cometido el grave error de considerar de forma mecánica y dogmática las reivindicaciones nacionales como algo burgués (del “capitalismo ascensional”) y no como parte de la revolución socialista, en especial, las reivindicaciones nacionales de las naciones sin estado dentro de los estados imperialistas occidentales.

Sobre estos conceptos polemizará Lenin a cerca de la cuestión nacional, en primer lugar con el austriaco Otto Bauer, con el que también polemizó Stalin (“austro-marxista”, que defendía la “autonomía nacional-cultural” pero negaba el derecho a la autodeterminación nacional), y después con Rosa Luxemburgo (que consideraba desde un punto de vista economicista, el derecho a la autodeterminación como un lema burgués, también harán estas consideraciones en Rusia Piatakov, seguidor ucraniano de Trotski, y Plekhanov). Igualmente, cabría destacar la polémica con el Bund (marxistas judíos). Los ejes de las discusiones fueron la nación como fenómeno histórico, el derecho de las naciones a la autodeterminación, y el movimiento nacional como parte del movimiento revolucionario.

Siguiendo con la línea de la nación como categoría histórica, fácilmente llegamos a la conclusión de que las naciones no son realidades atemporales, tienen un devenir histórico[8]; las naciones se van formando, desarrollando y cambiando en el tiempo. Esto que parece tan obvio, sin embargo, y centrándonos en Andalucía, es muchas veces ignorado, así en el “Libro Verde” podemos leer: “nuestra existencia en común se cuenta por milenios”, “Si está claro que Andalucía es una nación, posiblemente la primera de occidente”, o las continuas referencias a los tres mil años de Andalucía entre otras afirmaciones por el estilo.

Se tiene una visión histórica lineal y uniforme que comenzaría en Tartessos, seguiría con la Bética, continuaría con Al-Andalus y se llegaría a Andalucía[9]. Este análisis presupone la existencia de una esencia, un “sustrato original andaluz”, muy pocas veces explicado, desde tiempos inmemoriales, casi prehistóricos, no afectado por los avatares de la historia, no sometido a cambios. Así, y bajo esta visión, Tartessos, la Bética y Al-Andalus no son sino manifestaciones accidentales de un único e idéntico pueblo que permanece hasta hoy.

Podemos convenir en que lo que hoy conocemos por Andalucía ha sido habitado desde muy antiguo, es más, en esta tierra se desarrolló desde muy temprano la agricultura y la vida urbana (podemos hacer referencia a la Biblia con sus “naves de Tharsis”, es decir, a las naves procedentes de lo que hoy se conoce por Andalucía)... Estamos de acuerdo en que todos esos periodos históricos se han influido mutuamente, y sin ellos, Andalucía no sería lo que hoy es, tal como la conocemos... Es legítimo que un andaluz hoy sienta como propio y esté orgulloso del esplendor cultural de la Bética, del Emirato y el Califato, del Taifa sevillano o del Reino Nazarí de Granada... Los andaluces de hoy no somos ajenos a todo ello. Pero lo que no es riguroso, siendo por tanto idealista y casi irracional, es que sometamos el pasado a intereses del presente. Todos esos periodos históricos presentan rasgos diferentes y distintivos entre sí[10]: diferencias territoriales, culturales, económicas, sociales, etc. No se pueden establecer equivalencias atemporales del tipo “Al-Andalus=Andalucía” o “Bética=Andalucía”, eso no es correcto, no son términos intercambiables porque son periodos históricos diferentes.

No hay esencias inmutables o sustratos originales inalterables, si existen periodos históricos que cambian o desaparecen.

¿De dónde viene el “esencialismo andaluz”? Es claramente una reacción, ¿a qué? A la negación que de Andalucía ha realizado históricamente el chovinismo españolista, o a la negación, no solo de Andalucía, sino de cualquier hecho nacional formulada desde un supuesto punto de vista “progresista universalista”, tan reaccionario en el fondo y, sobre todo, tan burgués e imperialista como el chovinismo de estado-nación o gran-nacional que no hace más que servir de falsa conciencia necesaria a los intereses de clase de tal o cual potencia imperialista cuando a ésta le interesa someter a su dictado una nación determinada.

El “esencialismo andaluz” se sigue reproduciendo porque aún perviven en determinados sectores del movimiento nacionalista andaluz ciertos esquemas del nacionalismo burgués clásico europeo, con sus tendencias idealistas a la glorificación atemporal del pasado. Por mucho que este mismo movimiento nacionalista y el propio Blas Infante hayan querido distanciarse de los esquemas del nacionalismo burgués clásico, con la famosa formulación de Infante del “nacionalismo antinacionalista”, el caso es que ha habido influencias, algo que por otro lado es normal y perfectamente comprensible.

En esa cuestión del “esencialismo andaluz” como reacción influye, muy decisivamente, toda la carga racista y xenófoba del chovinismo españolista contra el mundo arábigo-andalusí, contra el “moro”, es decir, contra un periodo histórico definitivo a la hora de entender la Andalucía actual.

Las naciones no son absolutas, la misma Andalucía que hoy conocemos, surgida a partir del siglo XIII con el inicio de la conquista castellana del Al-Andalus bético del Guadalquivir ha sufrido intensos cambios. Ni siquiera la Andalucía del 2004 es igual a la de 1974. ¿Cómo será Andalucía dentro de 50 o 60 años con todo el aporte de población inmigrante que está acogiendo? Sin duda alguna, la inmigración tendrá un papel importante en la futura formación nacional andaluza.

Ante todo lo expuesto nos podríamos preguntar ¿tienen hoy sentido las reivindicaciones nacionales? El psiquiatra revolucionario caribeño Frantz Fanon decía: “La reivindicación nacional, se dice aquí y allá, es una fase que la humanidad ha superado. Ha llegado la hora de los grandes conjuntos y los anticuados del nacionalismo deben corregir, en consecuencia, sus errores. Creemos, por el contrario, que el error, cargado de consecuencias, consistiría en querer salvar la etapa nacional”. El hecho de que hoy existen reivindicaciones nacionales en los cinco continentes no hace más que poner de relieve su actualidad, su necesaria discusión, y su justa resolución.

Siguiendo los esquemas leninistas a cerca del imperialismo como última fase del capitalismo (“capitalismo decadente”) es fácil comprobar que la etapa nacional de la humanidad no desaparece, por tanto las reivindicaciones nacionales tienen sentido, ya que el imperialismo, por su propia naturaleza, hace aumentar las contradicciones de tipo nacional, la opresión nacional, y la violencia contra las naciones. Pero las naciones tienen derecho a ser libres, ejerciendo el derecho a la autodeterminación.

El gran comunista catalán Joan Comorera escribía en 1944 unas reflexiones de plena actualidad hoy: “La nación como entidad de convivencia humana que tiende a la libertad y no a la dominación, a la cooperación y no a la explotación, morirá de muerte natural, en una perspectiva lejana, cuando su función histórica haya acabado. Del clan a la tribu, de la tribu a las ciudades libres y regiones feudales, de ésta a la nación feudal, de ésta a la nación burguesa y soberana, de ésta a la nación burguesa mediatizada por las finanzas internacionales. De ésta a la nación popular, a la nación socialista, los núcleos humanos unidos por razones históricas y factores geográficos determinantes que han ascendido peldaño a peldaño la escala del progreso humano, correspondiente a cada fase histórica, a modos de producción y relaciones de producción ascendentes. Y en la evolución histórica es evidente que únicamente en el seno de la civilización comunista plenamente desarrollada, la nación perderá su carácter progresivo, de entidad histórica necesaria, y en ascensión a fases superiores”.

Tenemos, pues, que las naciones pueden desaparecer de una forma reaccionaria: engullidas por el imperialismo, o de una forma progresista: en una situación, en un mundo que haya eliminado los motivos de la existencia de la opresión nacional, donde éstas puedan desarrollarse plenamente y en igualdad, sin violencias ni imposiciones.

 

HECHO NACIONAL Y CLASES

“El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario el ser social es lo que determina su conciencia”.

Karl Marx

Mucho se ha hablado de la incapacidad tanto de Marx como de Engels para comprender y enraizarse con las luchas del campesinado[11], las luchas de liberación nacional o las luchas por la emancipación de la mujer. Se argumenta que Marx y Engels consideraron como único factor el análisis profundo del modo de producción capitalista, de la base económica de la sociedad y de las relaciones de producción que constituyen dicha base, de ahí “El Capital”, y de ahí también, que la superestructura, las ideologías fueran secundarias[12].

Maticemos, sin embargo, lo dicho en el párrafo anterior. Marx y Engels dividieron las relaciones sociales en materiales e ideológicas, considerando que las relaciones sociales son, sobre todo, relaciones de producción, económicas, establecidas en el proceso de producción de bienes materiales. Las relaciones materiales existirían independientemente de la conciencia social y serían anteriores a los demás tipos de relaciones sociales. Por otro lado, las relaciones de tipo ideológica son derivadas de las relaciones materiales y están formadas por el conjunto de ideas e instituciones que tienen en común una base económica determinada. Así lo resume Engels en el “Anti-Dühring”: “La estructura económica de la sociedad en cada caso concreto constituye la base real cuyas propiedades explican, en última instancia, toda la superestructura de las instituciones jurídicas y políticas, al igual que la ideología religiosa, filosófica, etc., de cada periodo histórico”. Pero, ¡cuidado!, y aquí llega el matiz, en la contradicción existente entre la base económica y la superestructura, donde la primera es considerada como el aspecto principal y la segunda como el secundario, ambos aspectos de la contradicción no se mantienen siempre en las mismas posiciones, puede ocurrir y ocurre[13] que el aspecto principal pasa a ser el secundario y viceversa, así es la dialéctica. El propio Engels, de nuevo, afirma y matiza: “(...), por consiguiente, si alguien lo tergiversa transformándolo en la afirmación de que el elemento económico es el único determinante, lo transforma en una frase sin sentido, abstracta, y absurda. La situación económica es la base, pero las diversas partes de la superestructura (...) también ejercen su influencia sobre el curso de las luchas históricas y en muchos casos preponderan en la determinación de su forma”.

Por tanto, queda muy lejos de la verdad cualquier consideración del marxismo como una ciencia evolucionista vulgar y lineal, economicista y determinista.

En cuanto a Marx y Engels y sus relaciones con los movimientos nacionales de la época aclara mucho la postura de ambos revolucionarios a favor de la independencia total de Polonia e Irlanda. Para Marx y Engels estaba claro: en Irlanda y en Polonia era absolutamente necesaria la independencia política, la separación estatal, para que así el proletariado de estas dos naciones pudiera ejercer su papel histórico libres de cualquier opresión nacional[14].

Nada ha sido más dañino para el marxismo que el haber sido reducido a un mero análisis economicista del modo de producción capitalista, además de no comprender adecuadamente la relación siempre dialéctica, no estática, entre base y superestructura[15].

La visión economicista, mecánica y dogmática del marxismo hizo concebir a no pocas organizaciones revolucionarias que la lucha de clases (el motor de la historia que dijera Marx) se reducía a una lucha económica, un simple enfrentamiento laboral obrero-burgués, donde la política quedaba en un segundo plano, desechándose la lucha ideológica. La historia nos ha suficientemente demostrado que no basta únicamente con una revolución económica que de una forma evolucionista y lineal haga revolucionar la política y la ideología. La lucha de clases, como indiscutible motor de la historia, es mucho más que una lucha económica, y por supuesto mucho más que un conflicto laboral, es también, entre otras cosas, y en el contexto de una nación oprimida, una lucha de liberación nacional. Así, y considerando la lucha de clases en su globalidad, el genial comunista chino Mao Tse-tung afirmará que: “la lucha de liberación nacional es la forma fundamental que toma la lucha de clases en los pueblos oprimidos”.

La lucha de clases acoge en sí no solo las luchas obrero-burgués, también todas las demás contradicciones, todas las demás formas de opresión que se dan en una sociedad y en un momento histórico dado[16].

No hay duda de que las luchas de liberación nacional han estimulado la lucha de clases en su sentido económico y no solo en los países del Tercer Mundo, también en la desarrollada Europa, y si no valgan los ejemplos de Irlanda, Euskal Herria, Galicia, Catalunya, Escocia, Gales, o Bretaña para confirmarlo[17].

El “obrerismo economicista” ha sido perjudicial, en primer lugar, para la clase que quería defender. Aísla a la clase obrera de otros tipos de luchas en las que ésta ha de ejercer su papel, difundiendo que todo lo ajeno a la lucha obrera es burgués o pequeño-burgués, que lo primero es derrocar la base económica del capitalismo, que el resto se solucionará solo, con el simple desarrollo de las fuerzas productivas, como si éstas poseyeran propiedades mágicas e ideales. Se abandona así al movimiento de liberación nacional a su suerte, o peor, a las manos siempre inestables e inseguras de la burguesía nacionalista de la nación oprimida que con su chovinismo y populismo se acaba ganando al proletariado de la nación oprimida a sus posturas reaccionarias.

Se tacha al nacionalismo de burgués, sin más análisis, no importa que el propio Lenin dijera que “no tiene sentido hablar de nacionalismo en abstracto, sino que hay que distinguir entre el nacionalismo del pueblo oprimido y el de la nación dominante”. En nombre del internacionalismo proletario, de la acumulación de fuerzas y de la unidad internacional de la clase obrera no pocas veces se caerá en un chovinismo repugnante, según Lenin peor que el chovinismo de nación oprimida: el chovinismo de estado[18].

Por otra parte, el movimiento de liberación de la nación oprimida ha de estar alerta en no caer en las trampas puestas por la burguesía nacionalista. De nuevo dejemos hablar a Lenin para que nos resuma esta idea: “Si el marxista ucraniano se deja llevar por su odio, muy legítimo y natural, a los opresores rusos, hasta el extremo de hacer extensiva aunque solo sea una partícula de ese odio, aunque solo sea cierto distanciamiento, a la cultura proletaria de los obreros rusos, ese marxista irá a parar a la charca del nacionalismo burgués. Del mismo modo se deslizará el marxista ruso a la charca del nacionalismo no solo burgués, sino también ultrarreaccionario, si olvida, aunque solo sea por un instante, la reivindicación de la plena igualdad de derechos para los ucranianos o el derecho de éstos a constituirse en Estado Independiente”.

La liberación nacional de Andalucía no sólo será una lucha contra el enemigo principal: la asquerosa oligarquía española. También comprenderá una lucha contra los representantes andaluces de ésta, contra la burguesía andaluza del “Andalucía solo hay una” vinculada al aparato burocrático de la Junta, contra los tecnócratas andaluces del “capitalismo global virtual”, y demás carroña, porque en Andalucía hay burguesía, no lo olvidemos.

El irlandés James Connolly lo expresó de esta manera con respecto a la lucha de liberación irlandesa: “Si mañana derrotáis al Ejército inglés e izáis el pabellón verde de Irlanda sobre el Castillo de Dublín, pero no hacéis una Revolución Socialista, vuestros esfuerzos habrán sido en vano, Inglaterra os dirigirá siempre”.

 

LOS ORÍGENES DE LA OPRESIÓN NACIONAL ANDALUZA

Durante los años 70 del pasado siglo XX, comienza el estudio de una forma científica y rigurosa del hecho nacional andaluz. Pronto surgirá la polémica sobre el origen de la opresión nacional de Andalucía, articulándose dos teorías al respecto: 1ª) Andalucía como nación periférica oprimida, consecuencia del desarrollo desigual del capitalismo, y la 2ª) Andalucía como hecho colonial (“colonia interna” se matizará), donde el modo de producción capitalista apenas se ha desarrollado, Andalucía sería un país de “capitalismo ascensional”[19].

La primera teoría será defendida por las organizaciones nacionales de partidos estatales de izquierdas como el PTE, ORT, PCPE, MC, LCR, etc, y también por algunos sectores del antiguo PSA, con sus matices. La segunda será defendida por organizaciones nacionalistas andaluzas, por tanto, de ámbito exclusivamente andaluz, como determinados sectores del antiguo PSA, el FLA, Liberación Andaluza, FAL, etc[20]. A camino de ambas teorías se encontró el PAU-PTA, que acabaría integrándose en el PSA.

De la primera teoría deducirán estos partidos que la liberación nacional de Andalucía dependerá del triunfo a nivel de Estado español de la revolución socialista, quedando el movimiento de liberación nacional andaluz absolutamente dependiente de una táctica y una estrategia estatal española, sin vida propia y sin necesidades específicas que cubrir. De la segunda teoría habrá quien deducirá que todos los males de Andalucía son externos, negando una relación dialéctica entre elementos externos e internos; solo existirá la oligarquía española, sin su componente andaluz, y sus relaciones aunque tensas y tirantes con las burguesías nacionalistas vasca y catalana, no existirá la burguesía andaluza, ya que para algunos defensores de esta teoría los terratenientes al ser, en determinados casos, descendientes de la nobleza conquistadora castellana no pueden ser considerados como “auténticos” andaluces. Eso explicará la obsesión casi malsana que corroe a determinados sectores del nacionalismo andaluz en contra del nacionalismo catalán o vasco.

Ya en el año 1977, el Profesor Isidoro Moreno, en su época de dirigente del PTE-PTA, venía a dar una explicación bastante convincente a los orígenes de la opresión nacional andaluza, repasemos sus explicaciones:

“Se ha dicho que la gravísima situación de Andalucía se debe al “olvido”, “marginación”, “colonización”, falta de “burguesía” o de “espíritu emprendedor”, dando al problema un enfoque parcial e incorrecto, favoreciendo así los intentos de la burguesía regional”.

“Es un hecho histórico que el comienzo del subdesarrollo de Andalucía coincide con el inicio de la consolidación en España de un nuevo modo de producción, el modo de producción capitalista, que estableció una nueva forma de división social y regional del trabajo (...). Las razones del subdesarrollo andaluz no están en el pretendido –y falso- predominio de estructuras semifeudales, la escasa capitalización –que es, en todo caso, una consecuencia y no una causa del subdesarrollo-, o en la falta de significación o de “espíritu capitalista” de la burguesía de la región: Andalucía comenzó a sumergirse en el subdesarrollo porque ello favorecía a los intereses de clase de la burguesía de todo el Estado y en primer término de la propia burguesía terrateniente andaluza”.

“Pero expansión del capitalismo no es equivalente a desarrollo económico, y Andalucía es uno de los más evidentes ejemplos de ello. Como ya hemos señalado, precisamente el subdesarrollo andaluz tiene su origen no en una pretendida marginación sino precisamente en la integración plena de la región en el sistema capitalista español –e indirectamente mundial- y en la expansión de éste. Ello ocurrió, además, a pesar de que hasta mediados del siglo XIX Andalucía se encontraba en muy buena posición para haberse podido convertir en una de las regiones desarrolladas de España a partir de la consolidación de las relaciones de producción capitalistas. Además de su riqueza agrícola, en la primera mitad del siglo la región presentaba unos índices de industrialización realmente aceptables para la época. Baste decir, como ejemplo, que la primera siderúrgica que se crea en España es la de Marbella, en 1826, aprovechando el hierro de Sierra Blanca. Y todavía en 1869, en El Pedroso (Sierra Norte de Sevilla), existen tres altos hornos que daban ocupación a casi quinientos obreros”.

“La principal responsabilidad por el inicio y mantenimiento del subdesarrollo andaluz incumbe a la gran burguesía terrateniente andaluza. A ésta siempre le ha interesado tener nuestra región subdesarrollada para mantener la estructura en que basaba su poder y hacer posible su alianza estratégica –que dura ya más de un siglo- con los otros dos grandes sectores de la burguesía española: las burguesías industriales y financieras principalmente de Cataluña y Euskadi, y la ocupación conjunta del aparato político del estado para explotar, también conjuntamente, a todos los pueblos de España”.

“Nada, pues, de clientelismo, dependencia o sucursalismo respecto a las burguesías no andaluzas. Que el alto número de ministros andaluces habidos a lo largo de más de un siglo, pertenecientes o representantes directos de la gran burguesía terrateniente de nuestra región, no redundase en beneficio de Andalucía, posibilitando su desarrollo, es algo que no debe sorprendernos, ya que el interés de la oligarquía andaluza ha sido –y esencialmente sigue siendo- mantener a Andalucía en el subdesarrollo por las razones ya expresadas anteriormente. Al igual que el interés de los grandes capitalistas catalanes fue industrializar grandes zonas de Cataluña impidiendo, a la vez, que Cataluña luchase decididamente por hacer valer sus derechos nacionales; porque ello hubiera constituido una dificultad para su alianza con la gran burguesía no catalana”[21].

El enfoque de Moreno es correcto, relaciona dialécticamente elementos externos e internos. En la actualidad, se echa bastante de menos en Andalucía análisis de la rigurosidad de Moreno, desde un punto de vista de clase. El reto de tal análisis sigue pendiente, dispuesto a que alguien lo asuma.

Llegados a este punto, sería interesante ver, aunque de forma muy esquemática, cómo se ha ido desarrollando el movimiento nacional reivindicativo andaluz a lo largo de la historia. Podemos distinguir, en principio, cinco fases. Las dos primeras no se pueden considerar correctamente como “nacionales”, la tercera tampoco, aunque si “prenacional”, en cambio la cuarta y la quinta sí.

Primera fase. Inicio de la conquista cristiano-castellana del Al-Andalus bético (1212), hasta la caída del Reino Nazarí granadino (1492).

Se caracteriza esta fase por la decadencia política y militar, aunque no en otros aspectos, de Al-Andalus, sometido a una doble presión, tanto del norte peninsular ibérico (reinos cristianos, especialmente Castilla), como del sur, del Magreb (almohades y almorávides, actual Marruecos y Mauritania).

Las clases dirigentes andalusíes pagarán bien caro su desunión, sus rivalidades internas y su pasividad. Buen ejemplo de ello fue la amarga existencia del propio Reino de Granada: un estado vasallo, humillado por los reyes castellanos[22].

Segunda fase. Abarcaría del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII.

Serán muchos los acontecimientos que sacudirán Andalucía durante este periodo, fundamental en la formación identitaria de Andalucía:

· Las luchas de resistencia de los moriscos andaluces, sobre todo en la Andalucía oriental, además de las luchas anti-feudales, que ya venían protagonizando desde el siglo anterior los repobladores, sobre todo en la Baja Andalucía. Comienza también el proceso de asimilación cultural de los moriscos andaluces; ni que decir tiene, con los datos que hoy disponemos, que tal proceso fue bastante superficial en muchos casos y no llegó a triunfar del todo, como también fracasó, en parte, las “expulsiones masivas” de moriscos andaluces[23].

· Descubrimiento de América y florecimiento comercial de la Andalucía atlántica (Sevilla y Cádiz).

· Intento de independizar Andalucía por parte del Duque de Medina-Sidonia en connivencia con el morisco Tair Al-Horr durante el reinado de Felipe IV. El intento sería abortado por el Conde-Duque de Olivares[24].

· Durante esta época destacarán numerosos artistas andaluces tanto en la pintura, escultura, como en la literatura en lengua castellana.

· En estos siglos se irán desarrollando tanto el “hecho lingüístico andaluz” como el flamenco, en sus diferentes variantes.

Tercera fase. De 1835 (Junta Soberana de Andujar) a 1883 (Constitución andaluza de Antequera). Es la fase del movimiento republicano federalista andaluz.

Como apunta Antonio Zoido[25]: “(...) en cuanto aquellos territorios del Estado que habían tenido en siglos anteriores una vida propia, comenzaron a reclamar la libertad al calor de las conquistas de la revolución industrial, Andalucía exigió también, desde el primer momento, ese derecho a la existencia, sacando la voz de no se sabe dónde, como una prueba más de que, a pesar de todo seguía existiendo (...) en 1883, se plasmaba el primer proyecto de Estatuto de Autonomía, la Constitución de Antequera, como fruto de las corrientes antiabsolutistas, siempre vivas en Andalucía y que identificaban la caída del antiguo régimen con el paso a un estado federal puro, o sea, construido mediante pactos entre iguales

El movimiento de 1835 conocido como Junta Soberana de Andujar (por ser esta localidad de la provincia de Jaén donde se encontró la “junta central andaluza”) fue un movimiento que aglutinó a las actuales ocho provincias de Andalucía entorno a una serie de reivindicaciones burguesas y anti-feudales. Fue el inicio, el punto de partida de lo que años más tarde se conocerá como el movimiento republicano federal andaluz, cuya máxima expresión fue la citada Constitución de Antequera de 1883, concebida como un pacto federal soberano de Andalucía[26].

El movimiento federal andaluz coincidirá en el tiempo con el ascenso de la gran burguesía terrateniente andaluza y con los reiterados fracasos de la burguesía no terrateniente andaluza[27], en especial la industrial, además de con la acción expoliadora y dañina del capitalismo británico en Andalucía[28].

Podemos hacer el siguiente resumen del movimiento republicano federal andaluz:

· Clase/s dirigente/s: burguesía no terrateniente y pequeña-burguesía, intentando apoyarse, fundamentalmente, en la clase obrera del campo, los jornaleros.

· Influencias ideológicas: teorías federalistas del catalán Pi Margall, y también del anarquista Proudhon, y del anarquismo en general debido a sus concepciones federalistas y confederalistas.

· Personajes destacados: Francisco María Tubino, Pérez del Álamo, Angulo, y en un primer momento el gaditano Fermín Salvochea, que más tarde ingresaría en las filas del anarquismo andaluz, siendo considerado junto a Sánchez Rosas y a Pedro Vallina como uno de los “apóstoles del anarquismo andaluz”[29].

· Objetivo/s: consecución de una República Federal, en la cual Andalucía pacte de igual a igual su soberanía.

Mientras, el anarquismo se extenderá como la pólvora por toda la geografía andaluza, no solo el campo, protagonizando numerosas insurrecciones que sacudirán periódicamente Andalucía hasta casi la Guerra Civil, la más importante de ellas la de Casa Viejas en 1933. También será importante en Andalucía el desarrollo del anarcosindicalismo de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que tendrá, hasta la Guerra Civil, en Andalucía uno de sus principales bastiones junto a Catalunya.

Cuarta fase. El andalucismo, que irá desde los inicios del siglo XX hasta 1936, comienzo de la Guerra Civil española.

Es imposible comprender esta fase sin un personaje clave: Blas Infante, considerado como el “Padre de la Patria Andaluza”. Él, sin duda, su obra y acción, determinarán este periodo.

La burguesía terrateniente andaluza se encumbra en lo más alto, dominando al resto de las demás burguesías peninsulares. Aunque con la proclamación el 14 de abril de 1931 de la II República conocerá algunas dificultades que se agravarán con el triunfo electoral en enero de 1936 del Frente Popular.

A principios del siglo XX comenzará un interés, aunque algo vano y superficial, por la cultura y señas de identidad andaluzas, cuya máxima expresión serán los “Juegos Florales” organizados por el Ateneo de Sevilla, destacando las figuras de Méndez Bejarano y Antonio Machado Álvarez “Demófilo”.

A pesar de su protagonismo indiscutible, no resulta fácil resumir el pensamiento de Blas Infante, su carácter contradictorio e idealista lo impide en muchas ocasiones, y es que Infante no es más que hijo de una época, de unas circunstancias, y un lugar determinado.

De todos modos podemos dar unas pinceladas al respecto, tanto de Infante como del movimiento andalucista en general:

· Su carácter de clase será pequeño-burgués, aunque muy radicalizado a la izquierda, acentuándose la influencia anarquista[30].

· Vinculación de lo nacional y lo social, especialmente del problema andaluz por excelencia: el de la posesión de la tierra. La liberación de Andalucía ha de suponer necesariamente la redención del jornalero, su liberación.

· Comienzo de un serio interés por la cultura y los rasgos identitarios de Andalucía. Aproximación de Infante a la civilización andalusí.

· Huída de los esquemas del nacionalismo burgués clásico europeo. Al destacarse lo “oriental”, lo andalusí, lo africano, en lo andaluz se buscará una formulación diferente alejada de los esquemas europeos. Infante identificará a Europa con “barbarie y feudalismo”[31].

· Desconfianza en los partidos políticos[32]. El movimiento andalucista se articulará a través de las denominadas Juntas Liberalistas (referidas a liberación y no a liberalismo). No habrá relación jerárquica en el movimiento, nucleado en torno a los Centros Andaluces, dispersos por la geografía andaluza[33].

Los aspectos positivos de Infante y del movimiento andalucista saltan a la vista, destacando el de la creación de una conciencia nacional andaluza popular, vinculada a los problemas sociales, y solidaria[34].

El movimiento e Infante se mantuvieron en el federalismo heredado de la fase anterior, de la Constitución de Antequera, luchando durante la II República por el reconocimiento de un Estado Autónomo Andaluz dentro de una República de carácter federal (algo así como los “Estados Unidos de España o Iberia”, como el propio Infante sugeriría), aunque también es cierto que Infante tuvo algún que otro arrebato independentista, que generalmente se suele ocultar.

Entre sus aspectos negativos encontramos, como hemos señalado antes, su carácter contradictorio e idealista, lo que llevó a que Infante y el movimiento no formulará sus planteamientos con una mayor claridad. La aversión personal de Infante hacia los partidos también, mirado desde hoy, tuvo sus consecuencias negativas, su entrega se debería haber traducido en la creación de una organización política andaluza con un programa claro que ofrecer al Pueblo Andaluz, aún sabiendo de las muchísimas dificultades que esta organización hubiera encontrado en la Andalucía de la época[35].

Quinta fase. Nuevo nacionalismo. Iría de principios de los años 70 del pasado siglo XX hasta prácticamente la actualidad.

Con el concepto de “nuevo nacionalismo” no se pretende enumerar las características de tal o cual partido u organización determinada. Muchos de los rasgos del “nuevo nacionalismo” son compartidos por varios partidos y organizaciones, algunos incluso hoy desaparecidos (la mayoría).

El “nuevo nacionalismo” nacerá con el comienzo del fin del régimen fascista y genocida de Francisco Franco y su sustitución por una “democracia burguesa” sui generis. Con el desarrollo del capitalismo monopolista de estado en el franquismo se echarán las bases para la creación del Estado imperialista español “moderno”, ingresando en la OTAN, y en la CEE, hoy Unión Europea.

Por primera vez en la historia el movimiento nacional andaluz se convierte, en el periodo que va del 4 de Diciembre de 1977 al 28 de Febrero de 1980, en un auténtico movimiento popular de masas, que por diversos motivos acabará desarticulándose con la Constitución española de 1978 y con el Estatuto de Autonomía andaluz de 1981.

Características:

· A la pequeña-burguesía se incorporará activamente el movimiento obrero del campo y la ciudad, además de mujeres y jóvenes.

· Planteamiento de Andalucía como nación y del derecho a la autodeterminación, y en algunos casos, a la independencia de Andalucía.

· El marxismo, en sus diferentes variantes y algo vulgarizado, desplazará como influencia ideológica al anarquismo, que perderá bastante de la influencia que antaño ejerciera.

· Influencias tanto de nacionalismos populares de izquierdas de otros pueblos del Estado español, como de movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo[36].

· Conexión del movimiento nacional andaluz con los diversos movimientos sociales y populares: ecologistas, antimilitaristas, mujer, liberación sexual, etc.

· Inquietud por Andalucía, multiplicándose los estudios políticos, económicos, sociales y culturales sobre Andalucía.

· Recreación-idealización en algunos sectores del movimiento nacional andaluz del periodo andalusí.

LAS TENDENCIAS ERRÓNEAS HOY

Hoy existen dos tendencias erróneas en el movimiento nacional andaluz: el “ultrasoberanismo” y el “nacionalismo del agravio comparativo”. Existe, por otra parte, una tendencia errónea que afecta al desarrollo y expansión del movimiento nacional andaluz: el “ultraestatalismo” de izquierdas.

Consideramos como “ultrasoberanismo” todo discurso de reivindicación de la nación vacío de contenidos, donde la reivindicación nacional se convierte en un fin en sí mismo. El peligro de esta tendencia es la desvinculación que produce entre la reivindicación nacional y la social. Esta tendencia solo puede beneficiar a una clase: la burguesía. El discurso meramente nacionalista se bastaría a sí mismo.

El “nacionalismo del agravio comparativo” es el propio de la pequeña-burguesía y de otros sectores burgueses andaluces arrastrado desde los años 70 del siglo pasado hasta hoy. Este “nacionalismo” hunde sus raíces en la denuncia de los pactos de las burguesías vasca y catalana con la oligarquía, en esa capacidad de “negociar” e “influir” que poseen dichas burguesías, y que estos sectores burgueses andaluces debido a su debilidad no poseen. En realidad se desea ser como esas burguesías, se desean sus presuntos “éxitos” con la oligarquía, pero no pueden. Es el “nacionalismo” de la envidia cochina, de la frustración; es, por supuesto, chovinista, burgués, y victimista; es antivasco y anticatalán, y no pocas veces se ha puesto al servicio del españolismo más recalcitrante[37].

En el “ultraestatalismo” de izquierdas nos encontramos con el siguiente problema ya planteado en el “Manifiesto Comunista”: “Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen. Mas, por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación, todavía es nacional, aunque de ninguna manera en el sentido burgués”.

El problema, por supuesto, no reside en el manido y manipulado hasta la saciedad “los obreros no tienen patria”, ya que esta frase tiene su verdadero sentido en consonancia con lo que viene después (“constituirse en nación”). El problema está en el “elevarse a la condición de clase nacional, constituirse en nación”, surge la duda: ¿no querían decir Marx y Engels estado en vez de nación? ¿confundieron ambos términos? Opiniones hay para todos los gustos y las posibilidades de su interpretación abiertas.

Anteriormente ya tocamos de pasada, cuando hablamos del origen de la opresión nacional andaluza, de los problemas del “ultraestatalismo”: no valoración del marco nacional de lucha, subestimación de sus posibilidades y necesidades...[38]

El “ultraestatalismo” de izquierdas está motivado por la idealización del marco estatal de lucha y su función de acumulador de fuerzas revolucionarias. Se mimetiza hasta el último detalle la experiencia soviética de 1917 en una pretendida fidelidad al leninismo en muchos casos.

Pero justamente, la experiencia en el Estado español ha revelado una y otra vez la importancia de los marcos nacionales de lucha, pudiéndose concluir que los proyectos nacionales de izquierdas han tenido mucho más éxito, en todos lo sentidos, que los proyectos estatales[39].

Con estas argumentaciones tampoco se pretende absolutizar el marco nacional, ni considerar a todo proyecto estatal de izquierdas como “ultraestatalista”. ¿No será que ningún marco de lucha se basta a sí mismo y es absoluto? ¿No habría que tener en cuenta (si asumimos a Lenin) las coyunturas de todo tipo que pueden afectar al respecto?

 

¿NACIONALISTA? SÍ, ¿Y QUÉ?

“El nacionalismo no es una doctrina política, no es un programa. Si se quiere evitar realmente al país ese retroceso, esas interrupciones, esas fallas, hay que pasar rápidamente de la conciencia nacional a la conciencia política y social. La nación no existe en ninguna parte, si no es en un programa elaborado por una dirección revolucionaria y recogido lucidamente por las masas”

“El nacionalismo, si no hace explícito, si no se enriquece y se profundiza, si no se transforma rápidamente en conciencia política y social, en humanismo, conduce a un callejón sin salida”

Frantz Fanon

El sentimiento nacional es ambivalente, puede tener una interpretación revolucionaria o reaccionaria dependiendo de múltiples factores. Frente al sentimiento de clase, el sentimiento nacional es más difuso y amplio. No pocas veces el nacionalismo ha servido a los intereses de explotadores y opresores en sus planes de dominación, la II Guerra Mundial y la Alemania nazi tampoco están tan lejos en el tiempo. Con el nacionalismo, igualmente, determinadas clases dominantes han querido aliviar los conflictos de clase cuando éstos ponían en peligro su dominación, como en la dictadura argentina durante el mundial de fútbol de 1978.

También hemos visto, con todo lo acontecido en la última década en la antigua República Federal Socialista de Yugoslavia, como estados imperialistas han fomentado el odio entre las naciones yugoslavas, como han procurado reabrir viejas heridas que los pueblos yugoslavos trataban de cicatrizar, como han financiado feroces y xenófobas burguesías nacionalistas, como la croata por ejemplo. Vemos como los estados imperialistas occidentales, de una forma mentirosa, querían presentar a una persona, Milosevic, y a un pueblo, el serbio, como los únicos culpables, dibujando una imagen endiablada de Serbia, como si fuera un país lleno de locos sicópatas racistas. Ellos, a través de sus medios de comunicación, se atrevían, nada más y nada menos, a decirnos cuáles eran los nacionalismos “buenos” y cuáles los “malos”. Hoy, en el 2004, Alemania, USA, y Gran Bretaña han conseguido hacer de la antigua Yugoslavia un conjunto de fieles estados vasallos, con sus mercados bien abiertos al capitalismo occidental.

El nacionalismo lo mismo sirve a la locura imperialista de Bush, con sus “leyes patrióticas” o al fanatismo sionista de Ariel Sharon, que a los heroicos resistentes irakíes que luchan por la soberanía y el fin de la ocupación extranjera o a los guerrilleros palestinos en lucha por la tierra y la libertad. Por lo tanto hay que saber distinguir, y analizar situaciones concretas en su momento concreto. No valen las generalizaciones tipo “el nacionalismo es burgués” o “el nacionalismo es fascismo”, por un lado, o por otro creernos que todas las luchas nacionales que se dan son de liberación y antimperialistas.

El soviético B. N. Ponomariov escribió: “La creciente relevancia de los problemas de la independencia y la soberanía nacional –particularmente, en el contexto del capitalismo desarrollado- aumenta el peso relativo de las demandas patrióticas en la política de los comunistas, eleva el papel de éstos como los más consecuentes y firmes intérpretes de los verdaderos intereses de la nación, como factor de cohesión de todas las fuerzas progresistas de la sociedad en lucha por una salida democrática del atolladero a que ha llevado a esta sociedad el dominio del capital monopolista (...). La interconexión de lo nacional y lo internacional en el movimiento comunista y en toda la práctica revolucionaria se ha hecho aún más profunda y necesaria. Además, la solución de los mismos problemas nacionales y patrióticos de uno u otro país en un espíritu democrático y socialista depende en sumo grado del apoyo internacional de las fuerzas antiimperialistas”.

El movimiento de liberación nacional andaluz si de verdad es nacionalista, es decir, si de verdad pretende la liberación integral de Andalucía hasta sus últimas consecuencias ha de construir un proyecto revolucionario y transformador de país. Tal proyecto ha de ser conducido por la clase obrera andaluza y por todos los sectores oprimidos del Pueblo Andaluz, las diferentes burguesías no han de tener más protagonismo del justo y necesario en este periodo, de lo contrario no habrá una auténtica y verdadera liberación integral de la nación andaluza, caeremos en manos de tal o cual poder imperialista que nos utilizará según sus intereses. Nuestra soberanía no valdrá de nada[40].

Urge la creación de un amplio frente del Pueblo para la liberación de Andalucía, urge el fortalecimiento de la lucha por nuestra identidad nacional-cultural, tal como dijera Lenin: “En cada cultura nacional existen, aunque no están desarrollados, elementos de cultura democrática y socialista, pues en cada nación hay una masa trabajadora y explotada, cuyas condiciones de vida engendran inevitablemente una ideología democrática y socialista”. Urge crear formas válidas y respetuosas de integración e interacción con la inmigración que llega a Andalucía, creando una subjetividad positiva hacia Andalucía y sus derechos. Urge, también, el fortalecimiento del Frente Obrero, fundamental a la hora de crear una conciencia de clase nacional e internacionalista a la vez[41].

A ninguna potencia imperialista le interesa en la actualidad la liberación de Andalucía ni la de ningún otro pueblo oprimido en la Unión Europea[42], por tanto nuestro nacionalismo ha de ser necesariamente antiimperialista y popular. Hemos de tenerlo claro: la solidaridad internacional es fundamental. Nuestros aliados: los pueblos y los trabajadores del Mundo.

“Al pueblo los que ocupan el poder le tienen un miedo feroz.

Andalucía está honda, mucho más allá de los símbolos y los discursos andalucistas.

¡Ay! Si el pueblo pudiera hablar. ¡Ay! Si alguien le supiera oír...”

Juan Manuel Sánchez Gordillo, Alcalde de Marinaleda.

En Málaga a 10 de junio de 2004

 

BIBLIOGRAFÍA

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Otras publicaciones:

Revista “Andalucía en la Historia”, año II, número 4.

Antxon Mendizábal y Sagra López, “Materialismo histórico, lucha de clases y cuestión nacional”, en el Simposium “La izquierda en ebullición”, Algorta (Bizkaia), 1994.

Xoan Hermida (Partido Comunista do Pobo Galego), “Notas sobre liberación nacional y socialismo”, en el Simposium “La izquierda en ebullición”, Algorta (Bizkaia), 1994.

José Antonio Egido, “Marxismo y nacionalismo”, texto publicado en la web colombiana “Pa’ lante”.

Julen Zabalo, “La lucha por las libertades de las naciones oprimidas: un compromiso revolucionario”, en el Encuentro Internacional en Sokoa (País Vasco Norte) “La izquierda a las puertas de Europa”, 2004.

1.er Congreso del Movimiento Comunista de Andalucía (MCA), Febrero de 1983.



[1] En consonancia con el marxismo-leninismo, asumimos la teoría leninista de que estamos en la fase imperialista del desarrollo capitalista, “el capitalismo decadente”, sin que eso signifique que no tengamos en cuenta todos los cambios que, especialmente, desde el final de la II Guerra Mundial viene experimentando el capitalismo: desarrollo tecnológico (tecnologías de la información, etc.), cambios en la organización del trabajo, composición de la clase obrera, perdida de peso del proletariado industrial, etc.

[2] No nos olvidamos, por supuesto, de las bases militares norteamericanas en suelo andaluz: Rota y Morón.

[3] Blas Infante dirá: “Será entonces, cuando todos los andaluces conozcan su verdadera historia y esencia, cuando logremos llegar a obtener el poder necesario para exigir el respeto a nuestra personalidad, tan diferente de aquella que tratan de imponernos”. Por otro lado, el sociólogo andaluz José Mª de los Santos observará lo siguiente durante la Transición andaluza: “(...) es lógico que la cultura andaluza pueda ser analizada como cultura en la dependencia. Pero una cultura en la dependencia se caracteriza sobre todo por ser una cultura invadida, es decir, una cultura sometida constantemente a la influencia impositiva de sistemas culturales más poderosos (...). Y una cultura invadida resulta ser inevitablemente una cultura manipulada, extrodeterminada, condicionada desde el exterior. Finalmente, una cultura en la dependencia se configura como una cultura marcada por el hecho mismo de la dependencia”.

[4] Asumo, para evitar cualquier interpretación equivocada sobre Stalin, las palabras que una vez dijera el prestigioso historiador francés Pierre Vilar: “Un subterráneo terrorismo intelectual impulsa a pedir perdón por citar a Stalin. Esto quizá pueda explicarse, pero lo que no tiene explicación posible es que haya que encararse cualquier texto de Stalin con el ceño fruncido”. El citar a Stalin no es signo ni de devoción ni de aversión.

[5] Mucho se ha hablado sobre si las definiciones de Stalin son estrictas y restrictivas. Puede ser, pero estas definiciones, por ejemplo, previenen contra teorías de los “espacios vitales” fascistas, o contra “tierras prometidas” a un “pueblo elegido” del sionismo. Es decir, previene contra teorías voluntaristas sobre la nación tratando de objetibizar el hecho nacional. El histórico nacionalista andaluz José Aumente dirá al respecto de las teorías de Stalin sobre la nación: “hay que reconocer que en su mejor virtud está, dialécticamente, su mayor error”, por su excesiva rigurosidad.

[6] Recomendamos la lectura del libro “Sin ánimo de ofender” de Tomás Gutier y “Ehkardiyea l’ armáziga k’ai hugo!” , del mijeño Huan Porrah. De todos modos, mucho se podría hablar a cerca de lo qué es y no es un idioma, llegándose a veces a plantearse esta cuestión desde consideraciones más políticas que lingüísticas.

[7] Polémica citada por Mao Tse-tung.

[8] Pierre Vilar llegará a decir que: “No hay nación en sí, sino conciencias en formación”.

[9] Para el nacionalismo andaluz de tendencia islámica (Liberación Andaluza) el tiempo se habría parado en la conquista de Al-Andalus, por tanto la tarea sería liberar Al-Andalus de la opresión, como si todo lo que hubiera pasado después no contase. Andalucía es Al-Andalus, sin más.

[10] No olvidemos que tan Al-Andalus es o puede ser tanto la actual Córdoba como la actual Alicante.

[11] Recomendamos el interesante artículo escrito por el sociólogo norteamericano Teodor Shanin titulado “El Marx maduro y el “capitalismo periférico” en Rusia”, aparecido en el libro “Marxismo hoy”, a cerca de Marx y la cuestión campesina en la Rusia zarista.

[12] Muy oportunamente señala el sociólogo vasco José Antonio Egido al respecto que: “Únicamente los enemigos del marxismo pueden pretender que Marx se desentendió de la cuestión nacional. El hecho de que no tenga una teoría articulada al respecto es una muestra de su genialidad porque lo que cuenta en él son sus principios generales, de completa actualidad. Tampoco tiene una teoría cerrada sobre las clases y nadie duda de que es el pensador genial de la emancipación de la clase obrera. Si hubiese elaborado una teoría nacional cerrada y basada en la coyuntura de su época el tiempo la habría vuelto obsoleta”.

[13] Se puede decir que la superestructura social con todo el desarrollo de los medios de comunicación de masas y su función de crear ideología, cada vez está adquiriendo más relevancia e importancia como para no prestarle atención.

[14] “¿Qué debemos aconsejar a los obreros ingleses? A mi juicio, deben hacer del Repeal (ruptura) de la unión (entre Irlanda y Gran Bretaña) un punto de su programa”. Carta de Marx a Engels el 30 de noviembre de 1867.

[15] Estos problemas han tenido mucho que ver en la caída de la Unión Soviética, y en el actual proceso de restauración del capitalismo en la República Popular China. De la importancia de concebir la revolución socialista como algo más que una revolución económica ya advirtieron en su momento, contemplando el caso soviético, Mao Tse-tung y Ernesto “Che” Guevara.

[16] En esa concepción amplia y global de la lucha de clases habría que tener también en cuenta la lucha por la emancipación de las mujeres, la lucha contra las agresiones al medio ambiente, etc.

[17] Y también Andalucía, ya que se comprueba históricamente que en Andalucía a mayor conflicto de clases, en su sentido “obrero-burgués”, mayor conciencia nacional, y viceversa.

[18] El Partido Comunista de España ha caído en muchísimas ocasiones en ese chovinismo gran-nacional de Estado, pero peor aún ha sido el Partido Comunista Francés, del que se dice que es el más francés de todos los partidos franceses, valga como ejemplo que el PCF se opuso a la lucha de liberación de Argelia.

[19] Parecidas discusiones tuvieron lugar, por ejemplo, en los años 60 del siglo pasado en la organización armada vasca ETA, debido, sobre todo, a la fuerte influencia que esta organización recibió en sus inicios de los movimientos de liberación argelino, cubano y vietnamita fundamentalmente. Influencia que chocaba con la realidad económica y social vasca, desarrollada e industrial.

[20] Muchas veces se utilizará la palabra colonia referida a Andalucía sin reparar en lo que se quiere decir, de una forma confusa, lo vemos por ejemplo en textos del Movimiento Comunista de Andalucía o del Partido Comunista del Pueblo Andaluz. Por otro lado, habría que decir que existían y existen organizaciones de izquierdas que no consideran nación a Andalucía, como por ejemplo, el Partido Comunista de España (reconstituido) (PCER-GRAPO) que afirman que “Andalucía es una región de Castilla”, es decir, un planteamiento que ni el derechista y españolista Partido Popular se atreve a hacer, y que el nacionalismo andaluz es un invento de la burguesía, en fin, planteamientos cuando menos ultramontanos. También es el caso del PCOE (Partido Comunista Obrero Español) que afirma sin más que “Andalucía es una región”, y niega el derecho de autodeterminación para Andalucía.

[21] Estas citas están sacadas del libro de Isidoro Moreno, “Andalucía: subdesarrollo, clases sociales y regionalismo”. En la actualidad, Isidoro Moreno prácticamente ha abandonado el marxismo como método de análisis, aunque en la actualidad, Moreno no utilizaría la palabra “región” para referirse a Andalucía como hace en estas citas.

[22] Recordemos el pago de las “parias” del Reino de Granada al de Castilla.

[23] Recomendamos la serie de artículos “Los Moriscos de Andalucía” aparecidos en la revista “Andalucía en la Historia”, año II núm. 4.

[24] Este intento coincidió en el tiempo, aproximadamente, con los intentos independentistas de Catalunya y Portugal.

[25] Artículo de Antonio Zoido “Avance hacia el pasado”, aparecido en el libro “El siglo de Blas Infante (1883-1981)”.

[26] Por ejemplo, la Constitución andaluza de Antequera tiene un contenido mucho más soberanista que el actual Estatuto de Autonomía de 1982. Basta con comparar ambos textos para sacar conclusiones.

[27] Sería interesante añadir que en estos años y debido al problema claramente social, que no criminal, que representaba el bandolerismo andaluz, se creara en Andalucía en 1845 la Guardia Civil.

[28] Se puede decir que todo el Estado español fue una “colonia británica” durante gran parte del siglo XIX. En Andalucía hubo, como en la India, destrucción de telares, eso sin hablar de la salvaje expoliación minera o del control de puertos tan importantes como el de Málaga o el de Cádiz. En esta cuestión, resultan interesantes las palabras del sociólogo vasco Justo de la Cueva sobre la acción del capitalismo británico en Euskal Herria: “1º) Los nacionalistas españoles tienen razón cuando niegan que el Sur de Euskal Herria sea o haya sido una colonia de España. 2º) Los independentistas vascos de Sabino Arana a ETA tienen razón cuando denuncian que la agresión española ha destruido por la fuerza de las armas el régimen jurídico-político propio vasco y ha colonizado al Sur de Euskal Herria que, por ello, debe luchar para conseguir su soberanía nacional, su independencia. 3º) Esas dos afirmaciones pueden ser y son verdad a la vez porque lo que la agresión española hizo es convertir el Sur de Euskal Herria en una neocolonia (minera) del auténtico Imperio de la época (el británico) (...)”.

[29] Según el libro de Jacques Maurice “El anarquismo andaluz” .

[30] Era muy conocida la amistad de Infante con el cenetista Pedro Vallina, ambos colaboraron en la candidatura revolucionaria republicana andaluza. El movimiento andalucista se vio muy influenciado por el anarcosindicalismo de la CNT, sin embargo, esa influencia no fue, en absoluto, reciproca.

[31] Aunque no se puede negar que hubo ciertas influencias del nacionalismo burgués clásico europeo como ya antes hemos señalado, con respecto a la idealización del pasado. Pero también en la búsqueda de símbolos colectivos andaluces: bandera, escudo, himno, etc.

[32] Ya hemos señalado que, a pesar de ello, participó en candidaturas electorales.

[33] Cabría hacer mención al Partido Republicano Autonomista Andaluz, de Ricardo Majó, pero su importancia fue muy escasa.

[34] Blas Infante fue solidario con las reivindicaciones de todos los pueblos del Estado, siendo especialmente sensible a las reivindicaciones catalanas.

[35] Si es cierto que las dificultades no eran pocas, siguiendo al Profesor Lacomba, nos encontramos con las siguientes complicaciones: carencia de una fuerte conciencia popular andaluza, el desinterés de partidos tanto de izquierdas como de derechas por la cuestión andaluza, la inexistencia de un partido político andaluz, la propia realidad social andaluza de la época, o el mismo subdesarrollo y dependencia tanto política como económica de Andalucía.

[36] Por razones obvias de proximidad geográfica y cultural hubo influencias en el movimiento nacional andaluz de los movimientos de liberación del Magreb, del Sahara, Argelia, y muy especialmente de la revolución libia de Gadafi.

[37] Sin negar ni por un momento que muchos de esos pactos entre la oligarquía y las burguesías vasca y catalana han sido perjudiciales para Andalucía, no es menos cierto que estas burguesías con sus reivindicaciones han estimulado la discusión sobre el modelo de Estado español, algo que el “nacionalismo del agravio comparativo” es incapaz de provocar, y cuando esas discusiones se han producido este “nacionalismo” se ha alineado en no pocas veces con el españolismo.

[38] En la actualidad, determinados sectores pertenecientes al movimiento por la III República española acusan graves problemas de “ultraestatalismo”, ya que tal reivindicación no se vincula al derecho de los pueblos del Estado a la autodeterminación. Simplemente, hay sectores de ese movimiento que lo único que pretenden es sustituir a un Rey por un Presidente de la República, pero manteniendo el modelo de Estado actual, y por supuesto, el sistema capitalista.

[39] Nos referimos tanto a proyectos nacionales reformistas y socialdemócratas como Esquerra Republicana de Catalunya o Bloque Nacionalista Galego, que nos interesan menos, como a proyectos transformadores y combativos, el caso más claro, la izquierda abertzale, especialmente la Herri Batasuna de la década de los 80 del siglo pasado, y también a proyectos nacionales revolucionarios y transformadores en los Països Catalans, Galicia, o Canarias. Mientras, desde el Frente Popular de 1936, los proyectos estatales de izquierdas no han terminado de despegar, a pesar de ciertos “éxitos” momentáneos de Izquierda Unida. Por supuesto cuando hablamos de “éxito” no nos referimos exactamente a “éxitos electorales”, sino a movilización y lucha popular.

[40] Por eso nos parece negativo lo siguiente escrito en el “Libro Verde”: “Pero existe un nacionalismo humano, lógico, universal (...). Es aquél que pretende representar a los miembros de la nación en virtud de sus intereses materiales y culturales que, como personas, comparten. Pide a sus miembros que pongan en un segundo lugar los intereses que tienen en común con algunos de sus ciudadanos y antepongan los que comparten con todos los otros miembros de la nación”. Pero resulta que en las naciones hay clases con intereses irreconciliables, y por ejemplo, la liberación nacional es vista de manera diferente según la clase a la que se pertenezca. La nación no es ajena a la clase, el proyecto nacional lleva siempre implícito el proyecto de una o más clases, no podemos caer en nacionalismos abstractos, sino luchar por un proyecto de liberación nacional y de clase. La historia ha demostrado ya suficientemente cuáles son las clases verdaderamente interesadas en la liberación nacional de un país oprimido y qué clases levantan la bandera del nacionalismo para oprimir a la nación trabajadora y vender los intereses nacionales y la soberanía al primer estado imperialista que esté dispuesto a comprarla.

[41] En este sentido hay que estimular la creación de una auténtica Intersindical Andaluza, donde confluyan todos los sindicatos andaluces de clase y combativos.

[42] Podríamos preguntarnos de qué ha servido realmente el famoso y poderoso lobby irlandés de los Estados Unidos. La isla de Irlanda sigue dividida. La ausencia de violencia, como sabemos, no significa necesariamente que haya justicia.