el marxismo y la cuestion nacional

Las fuerzas de clara postura marxista y marxista-leninista, estamos convencidas –tal como lo enseña la experiencia histórica de lucha de otros pueblos y la propia nuestra– que el proceso de tránsito al socialismo exacerba las contradicciones de clase, produciendo nuevas definiciones, deslindes, reagrupamientos y recomposición de alianzas, cuyo desenlace estará en correspondencia con la correlación de fuerzas que logremos construir.

El idioma de una nación es, si así podemos decirlo, su alma, su carácter encarnado y exteriorizado en los sonidos: es el espejo donde más al vivo y con más fidelidad se reflejan su índole y tendencia, sus gustos y costumbres. Despreciar su idioma es despreciarse a si mismo.

Puede resultar paradójico que el Manifiesto Comunista saliera a la luz anunciando la revolución proletaria, en medio de una coyuntura europea, como la de 1848, en la que -a excepción de las expectativas relativas al movimiento cartista inglés-, lo que proliferan son los movimientos patrióticos de liberación y unificación nacional. En aquellas fechas, los húngaros, checos e italianos se oponen al dominio austríaco; los polacos, contra el dominio austriaco-prusiano-ruso, los irlandeses contra el dominio inglés, al tiempo que alemanes e italianos luchan por la formación de un Estado nacional unificado.

Ya lo decía Lenin en su El estado y la revolución y a pesar de ello seguimos en la misma tesitura, incluso entre los que hoy son ''marxistas''. El marxismo-leninismo en el Estado español ha sido amoldado a los intereses de la burguesía de manera que los revolucionarios son en primer lugar criticados por estos marxistas sacados de la cadena de producción del sistema.

al-Andalus es un momento peliagudo en la historia tanto andaluza como española, y que sea un tema delicado ya habla sobre este periodo en sí. Nadie contradice la historia oficial de la Hispania romana, nadie contradice la historia oficial del Siglo de Oro, pero en cambio en torno a al-Andalus y la “Reconquista” sí hay debate y no escaso, por lo que el hecho de que haya posturas encontradas nos ha de hacer pensar que algo no cuadra.

Otra aportación básica del andalucismo, es la que hizo Blas Infante, apostando decididamente por un andalucismo de las clases populares, concretamente de la clase jornalera, oponiéndose precisamente a la aristocracia y la burguesía agraria que por intereses de clase se posicionan al lado del nacionalismo español. La dependencia política, la opresión económica y la usurpación de lo andaluz, como algo característico como “español” vaciándolo de sus contenidos desemboca en la necesidad de crear un poder andaluz de clase.

Uno de los hechos de la lucha de clases mundial que ha cobrado, desde 1989, un impulso extraordinario es la cuestión de las nacionalidades oprimidas de Europa del Este y Asia Central que han empezado a luchar por la conformación de sus estados nacionales independientes. Este problema es parte de la revolución política que estremeció a la ex Unión Soviética y al este europeo barriendo los regímenes totalitarios stalinistas. Ha resurgido un poderoso movimiento de las nacionalidades y naciones oprimidas acalladas durante décadas por la burocracia.

En los años 20 los emigrados rusos anticomunistas distribuyen por todo el mundo el panfleto antisemita de Los Protocolos de los sabios de Sión, acusando a los judíos de ser los responsables de la Revolución Socialista de 1917 y preparando intelectualmente las grandes matanzas fascistas de judíos cometidas en los años 40. El ex teniente de la Ojrana Boris Brasol, emigrado en los Estados Unidos, tuvo un destacado papel en la difusión de ese panfleto. 

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El rodillo del imperialismo es implacable pero no indestructible, lo vemos cada día en Irak. El “tigre de papel” imperialista, como decía Mao Tse-tung, se enfrenta a graves contradicciones internas y externas. Recordemos aquello que dijo el gran patriota y socialista irlandés James Connolly, “el enemigo nos parece grande porque le miramos de rodilla, ¡levantémonos!”.

a partir de la I Guerra Mundial las potencias ganadoras entonces, Gran Bretaña y Francia, reparten la tarta, que es la herencia del Imperio Turco, y dividen el territorio árabe para franceses y británicos, Siria y el Líbano tocan al imperialismo francés, mientras que Palestina, Jordania y Arabia tocan al colonialismo Británico. Pues ésta es la mala suerte que nos tocó porque es justo el imperialismo británico quien facilita la inmigración judía y ayuda a la creación de un Estado Israelita, y además respaldado por la famosa declaración de 1917, firmada por el entonces secretario de estado, en la que dice que su Majestad (el Gobierno británico) promete la creación de un hogar nacional para los judíos en el territorio palestino, pero al mismo tiempo demuestra una cierta sensibilidad, diciendo que intentará no perjudicar los intereses de los habitantes nativos.

Nuestro crítico parte del siguiente planteo: “Si los obreros de la Ucrania soviética derrocan al estalinismo y restablecen un estado obrero genuino, ¿se separarán del resto de la URSS? No.” Y etcétera, etcétera. “Si los obreros derrocan al estalinismo” entonces podremos ver más claramente qué hacer. Pero primero hay que derrocar al estalinismo. Y para lograrlo no se debe cerrar los ojos ante el crecimiento de las tendencias separatistas en Ucrania sino darles una expresión política correcta “No volver nuestras espaldas a la Unión Soviética -continúa el autor- sino lograr su regeneración y restablecimiento como ciudadela poderosa de la revolución mundial; ése es el camino del marxismo.”

La cuestión nacional es un tema controvertido dentro de los procesos revolucionarios y la tradición marxista. Coexisten la comprensión, con la desconfianza, el apoyo resuelto, con el tacticismo y la retórica. El autor viaja por estos problemas y finalmente toma tierra en la cuestión vasca, y en la actitud solidaria que se requiere por parte de la izquierda del resto del estado.