MARXISMO

Cuando examinamos desde el nivel económico más general la experiencia social de lo ocurrido en Rusia, estremece comprobar la similitud entre la forma socialista adoptada por la URSS con la correspondiente al capitalismo y a sus rasgos distintivo: a) relación entre trabajadores no propietarios con propietarios no-trabajadores (similitud), b) los capitalistas expropiados y un solo capital en el Estado-Partido (diferencia).

“Es absurdo decir (...) que un socialismo planificado centralmente es «imposible ». Si la Unión Soviética creó una organización económica que ha durado tres cuartos de siglo enfrentada con una permanente hostilidad internacional y una invasión alemana y que consiguió industrializar un enorme país casi feudal, alimentar, vestir, alojar y educar a sus ciudadanos y crear una estructura científica de nivel mundial no debería hablarse de « imposible». Pero lo contrario de «imposible» no es lo «óptimo»

Lenin polemizó con sus adversarios dentro de la socialdemocracia rusa lo mismo que con sus propios partidarios, entre otras cosas porque la polémica y la libertad de tendencias fue algo connatural al socialismo de su tiempo; segundo, no se empezó a oponer “leninismo” y “trotskismo” hasta la confrontación de la primera Oposición de izquierda con la dirección en 1923, o sea que Lenin no tienen da que ver con este debate. Los adversarios de Trotsky se han dedicado a definir una continuidad entre la lucha política de Trotsky en esta época y el “trotskismo” de 1904 a 1917.

Puede resultar paradójico que el Manifiesto Comunista saliera a la luz anunciando la revolución proletaria, en medio de una coyuntura europea, como la de 1848, en la que -a excepción de las expectativas relativas al movimiento cartista inglés-, lo que proliferan son los movimientos patrióticos de liberación y unificación nacional. En aquellas fechas, los húngaros, checos e italianos se oponen al dominio austríaco; los polacos, contra el dominio austriaco-prusiano-ruso, los irlandeses contra el dominio inglés, al tiempo que alemanes e italianos luchan por la formación de un Estado nacional unificado.

Es decir, las cosas se repiten porque fracasan. Haces algo mal y tienes que repetirlo para que la segunda vez salga bien. Yo sigo siendo marxista en un sentido irónico: ¿acaso los mejores libros marxistas no son siempre historias sobre un fracaso? Por ejemplo: Trotsky escribió sobre el fracaso de la revolución de Octubre, Marx sobre las causas del malogro de la comuna de París… Siempre se trata de narrar un fracaso; más aún, se trata de corregir los errores.

Publicamos a continuación una carta que hemos recibido de un compañero de Ecuador donde reflexiona muy acertadamente sobre el "movimiento bolivariano" que está invadiendo América del Sur y cuyo máximo protagonista es Chávez acompañado en el reparto por Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, junto con veteranos reconvertidos a la nueva causa: Castro en Cuba y Ortega en Nicaragua

Feyerabend, pese a citar profusamente a Marx y a Lenin, al inicio de su ensayo, no puede ser catalogado como marxista, pues en esta corriente el racionalismos juega un papel relevante. En cambio, parece muy inspirado por la obra del filósofo alemán Kierkegaard, de corte claramente irracionalista.

Y es que en pocas ocasiones como en ésta -el evento convocado por los Amigos de Mariátegui- surge la posibilidad de abordar un tema poco trabajado en nuestro tiempo: el que vincula las vidas de dos insignes personalidades que -cada uno en su momento, y en su contexto concreto- aportaron creadoramente al pensamiento universal, y hoy asoman cada vez más ligados al destino de nuestros pueblos.

En el año 1.972 aparece un trabajo colectivo dirigido por V.V. Zagladin con el título "El Movimiento Comunista Internacional" que contempla lo siguiente: "Los fundadores del marxismo-leninismo señalaban que es preferible para la clase obrera la toma pacífica del poder, un desarrollo pacífico de la revolución, ya que ese camino responde mejor a los anhelos humanitarios y a los ideales de los comunistas.

No enfrentamos, pues, a un libro de 628 páginas que trata sobre los Hechos de Barcelona en mayo de 1937, con pretensiones filosóficas, literarias y epistemológicas. Es un libro de síntesis (aunque su autor pretende de investigación) que, tanto por su tamaño como por su planteamiento, debería ser exhaustivo. Son más de cien páginas por cada uno de los días que conformaron la llamadas Jornadas de Mayo, entre el 3 y el 7 de mayo de 1937.

"Nada hay de más poderoso en la sociedad, que una idea a la que le ha llegado su tiempo" Víctor Hugo

Pues bien, en nuestra época, ese tiempo ha llegado y no es el tiempo de una idea: es el tiempo de una realidad. Tiempo del Socialismo y realidad de los problemas de su construcción.

Particularmente deslumbrantes son los ejemplos de Marx: “Una silla con cuatro patas cubierta de terciopelo, es decir, un objeto que sirve para sentarse, se convierte en un trono por la naturaleza de su valor de uso”. O éste con que describe “la fuerza divina” del dinero: “Soy feo, pero puedo comprarme la más bella de las mujeres. Así pues, no soy feo, en la medida en que el efecto de la fealdad, su fuerza repulsiva, es anulada por el dinero. Soy un lisiado, pero el dinero me da 24 piernas...”.

Bajo largo silencio quedó el hecho de que en 1926, poco antes de su detención, había escrito al ejecutivo de la IC para protestar contra la decisión estaliniana de dejar fuera a Trotsky, y no porque estuviera de acuerdo con Trotsky, sino porque le resultaba irresponsable, en pleno fracaso de la Revolución en Europa, quebrantar la unidad del grupo dirigente de 1917, o de lo que de él quedaba. Y el hecho de que, tres años después, sus compañeros de cárcel habían condenado sus tesis opuestas a la línea de 1929, y lo habían aislado.

Lo más interesante del texto reside en que en esa polémica el joven Lenin —sin haber profundizado todavía en el pensamiento dialéctico de Hegel, como lo hará con notable lucidez en sus anotaciones a la Ciencia de la Lógica durante la primera guerra mundial— indaga sobre El Capital de Marx. En esa tarea focaliza su mirada sobre una categoría teórica que será fundamental para los estudios del capitalismo latinoamericano: la de “formación económico social”. La reflexión y la conceptualización de Lenin acerca de la “formación económico social” contienen matices y perspectivas no siempre coincidentes con los análisis que de la misma han desarrollado Louis Althusser y Marta Harnecker en sus célebres manuales.

Sin embargo, lo fundamental, es que Marx hizo teoría para analizar con profundidad el sistema de explotación capitalista y para demostrar que el proletariado es la clase revolucionaria que enterraría ese sistema, mientras Lenin hizo toda su teoría en función de la construcción de un partido de clase como instrumento de la toma del gobierno y la instauración de una sociedad socialista. En tanto Marx busca libremente, Lenin construye y domina un partido, encabeza una revolución y busca construir una nueva sociedad. 

Este libro que abarca desde la fundación (1903) hasta los años sesenta, fue traducido y publicado por editorial Ayuso (Madrid) en los años setenta, y que actualmente se puede encontrar en la RED (sin este apartado), es uno de los más exhaustivo y riguroso que se han escrito sobre un partido que hizo la revolución, y que acabó en su mayor pare diezmado por la burocracia estalinista.

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